4. RESULTADOS Y ANÁLISIS
4.1. ANÁLISIS DESCRIPTIVO
Los espacios educativos formales y no formales, son territorios de permanente convivencia, pues son lugares de encuentro, de experiencias, de descubrimiento, de construcciones, de conocimiento personal y de los otros. Por ello, se consideró
pertinente desarrollar un proyecto en una población donde a partir de la observación, se evidencio la presencia de una crisis de valores, desde el irrespeto, la agresión física y verbal, la falta de solidaridad, de comunicación, de intereses y reconocimiento hacia el otro, aspectos vitales para la construcción y desarrollo de una sana convivencia. El proyecto se desarrolló en un espacio educativo no formal: Corporación Hogares Club Michin, sede Diana Turbay, donde se hacía necesario trabajar la convivencia como un motivo de reflexión y acción, a través de estrategias lúdicas que permitan mejorar las relaciones entre pares. Esto, bajo el propósito de trasformar las conductas que estaban mediadas por agresiones físicas y verbales, burlas, insultos, molestias al otro, dificultades para compartir, irrespeto a la palabra e ideas del otro, lo que generaba conflictos y discordia entre los niños y niñas.
Se propusieron y desarrollaron estrategias pedagógicas, lúdicas y didácticas que posibilitaran fortalecer y promover la convivencia, para generar precisamente un
espacio de convivencia armónica y agradable para todos, que permitiera una formación integral, desde el desarrollo individual y colectivo, basándose en relaciones sanas consigo mismo y con los demás
El presente proyecto se llevó a cabo con niños y niñas de edades entre 8 y 10 años, conformando a lo largo de dos años un grupo muy variado, puesto que son niños y niñas con características, habilidades, fortalezas, personalidades, relaciones, conflictos, sentires, pensamientos y dificultades muy variadas.
Aunque convergen en un interés fundamental el cual es el gusto por el juego, por lo que se encontraron puntos en común para desarrollar un sin fin de actividades que les permitieran acercarse entre todos, puesto que este grupo en especial presentó una recurrencia en relaciones conflictivas. Es importante resaltar que la asistencia fue un punto fundamental para evidenciar el proceso que tuvo cada uno de los niños y niñas frente a los objetivos y finalidades de este, evidenciando sus cambios y avances tanto intra e interpersonales.
El presente análisis, evidencia el proceso, los hallazgos, los logros y los resultados que se dieron durante del desarrollo del proyecto, compilados mediante técnicas e instrumentos tales como: observación, taller/planeación, registros audiovisuales/ fotos y videos y principalmente diarios de campo, análisis abordado desde los conceptos y categorías que enmarcan el proyecto.
Estos diarios de campo fueron construidos tras cada sesión desarrollada, en un periodo de año y medio, recuperando lo sucedido en estas, siendo esta información relevante para las finalidades del proyecto y desarrollados en el marco de los
conceptos: conflicto, lúdica y convivencia, que enmarcan el proyecto, para un total de 22 intervenciones.
CONFLICTO
Partiendo de la premisa que, los conflictos son indiscutiblemente parte inherente de la convivencia de los seres vivos, en el marco de que somos diferentes en nuestra manera de pensar, de ser, de habitar, de existir, en las actitudes, las preferencias y demás características diversas, siendo inevitable que surjan confrontaciones en la convivencia de manera cotidiana, muchas veces con el propósito de atacar, invisibilizar o eliminar la contraparte.
Hay que aclarar que todos los desacuerdos no constituyen un conflicto, este solo surge si alguna de las partes o ambas, conciben a la otra como un obstáculo, haciendo entonces del desacuerdo una amenaza para uno o para todos, teniendo también en cuenta que no todos los desacuerdos son negociables y no todos los conflictos son solucionables, sino que depende de la madurez de las partes convivir con diferencias y con discrepancias.
La diversidad de personas que conforma la sociedad nos hace ser diferentes unos de otros en modos de pensar, aptitudes y preferencias insertas en la cotidianidad de la vida social formando parte de la convivencia entre los individuos y ante tales diferencias se hace inevitable que al interior de estas relaciones surjan conflictos, los que se ven estigmatizados en nuestra cultura como negativos a la persona tildándolos de “conflictivos”, ante este titulaje las relaciones sociales se ven interferidas apoderándose del temor y la desconfianza, lo que no permite el crecimiento personal ni social, “ Una sociedad, una comunidad, una congregación o una familia sin conflicto es una entidad exenta de diversidad y capacidad para crecer. (Lederach, 1990, P.19)
Bajo un ejercicio de observación en Michin, se evidenció que en todas las edades están presentes problemas convivenciales, pero que era una problemática más arraigada en el colectivo de 8 a 10 años, como lo mencionó la pedagoga encargada Marydith Ochoa, al momento de iniciar la práctica formativa en la institución.
Al compartir la intencionalidad del proyecto, los niños y niñas reconocieron que las relaciones entre sí no son “buenas”, comentando que no se respetan, no se ayudan, no se toleran y se agreden tanto física como verbalmente, generando conflictos entre pares, conflicto que retomando a Cascon (2001) se refiere a “Aquella situación de disputa o divergencia en que hay una contraposición de intereses (tangibles), necesidades y/o valores en pugna, entre dos o más partes”. (p.6).
Por ello se decidió abordar el conflicto, primero desde su resolución, segundo desde la expresión de las emociones, tercero desde la escucha y el diálogo y por último desde la diversidad y el reconocimiento, como se especificara a continuación, partiendo de lo evidenciado desde lo observado, lo comentando por los niños, niñas y la
pedagoga encargada. Resolución del conflicto
En un primer momento, se hizo necesario apuntar a disminuir compartimentos que afectaban la convivencia y la integridad de cada ser, siendo un trabajo constante y permanente, que requiere de perseverancia pues, “Hasta el momento, la educación no
ha podido hacer mucho para modificar esta situación. ¿Sería posible concebir una educación que permitiera evitar los conflictos o solucionarlos de manera pacífica, fomentando el conocimiento de los demás, de sus culturas y especialidad?” (Delors, 1996). Aunque es imposible evitar los conflictos, si se pueden buscar maneras adecuadas de abordarlos y alternativas para prevenirlos.
El hecho de que la mayoría de los niños y niñas tomaran consciencia sobre sus actos y palabras, reflexionando sobre lo que estos podrían causar en sus compañeros y que tan bueno sería hacer ciertas acciones o comentarios, fue crucial para lograr un cambio real. Niños y niñas al ser conscientes de las problemáticas convivenciales del grupo, decidieron empezar a proponer soluciones para reducir estos conflictos y quien mejor que ellos para hacerlo.
Colectivamente decidieron que tendrían un valor central, reconociendo la amistad como un paso fundamental, una amistad basada en el compartir, en no hacer sentir mal al otro y velar porque nadie lastime a un compañero, e intervenir cuando haya un
conflicto y buscar una solución buena entre todos. Consideraron importante dar ejemplo, en cuanto a, no hacer lo que no quieren que les hagan y pensar en el otro antes de actuar y hablar.
Muchos de ellos mencionaron el respetar; respetar los útiles, respetar el cuerpo, en cuanto no dar golpes ni ser bruscos, respetar el espacio y quedaba prohibido decir groserías y burlarse de alguien. El respetar la palabra era un punto central, pues hay que escucharse para conocerse, para comprender lo que dice o quiere el otro,
dialogando sin violencia cuando haya diferencias de por medio.
Carlos, de 10 años, uno de los niños participantes del proyecto, tras observa y escuchar material sobre un lamentable ejemplo de convivencia escolar, afirmo que, “Esta actividad me hizo pensar en que hay cosas que no sabemos del otro y que siente, porque nos cuesta mucho escuchar, porque es como si no nos interesa lo que nos cuente y pues si es importante” (Diario de campo #7).
Todo lo que sucede en el espacio escolar tiene consecuencias en el proceso de construcción de sociedades estables, pues se educa para una ciudadanía plena mediante la edificación de comunidades educativas plurales, regidas por normas de participación democrática, en las que se da prioridad al método de la negociación entre las diversas posiciones y se rechaza toda forma de solución de los conflictos naturales por la violencia o el autoritarismo. (Carneiro, 1996, p. 231).
Todas estas inactivas trascendieron a toda la casa, pues los niños y niñas del colectivo velaban porque sus demas compañeros no se irrespetaran y no discutieran, siendo mediadores, aconsejando y brindando soluciones. En el marco de la resolución del conflicto, Randall (1999) propone que;
Para ello se tienen que mejorar las habilidades de comprensión de los conflictos, la comunicación y el saber cómo resolver sus propios problemas. Adicionalmente, modificar y/o mejorar actitudes y valores de autoestima, confianza, tolerancia, diversidad, respeto, responsabilidad, cooperación, y participación. Dichas habilidades, actitudes y valores pacíficos destacan el rol fundamental de las relaciones que establece el joven con amigos,
familiares, compañeros de trabajo: permitiéndole así efectuar una mejor convivencia, y un desarrollo personal y social (p.12).
De igual manera y sumado a esto, trabajar en la resolución de los conflictos es algo que debe hacerse de manera constante y desde todos los ámbitos, la casa, la escuela, el barrio, pues requiere un trabajo continuo y de todas las partes, si se quiere
transcender a la cotidianidad, pues la convivencia y el conflicto están presentes en todos los espacios en los que nos movemos día a día.
Expresión de las emociones
Se reflejó en los compartimientos de niños y niñas, la necesidad de trabajar el tema de las emociones, mediante el cual niños y niñas trajeron a colación aquellas
situaciones y acciones que los enoja, los lastiman o los entristece. Se remitieron a su experiencia directa tanto en sus casas, como en el colegio y en la Corporación. Muchos de ellos tienen malas relaciones con sus familiares en casa, mediada por las malas palabras, las ofensas o incluso los golpes.
Tanto en el colegio, como en la Corporación Michin niños y niñas reconocen que se han sentido tristes y enojados, pues sus compañeros suelen ser “malos” con ellos, tratándolos de maneras despectivas, con ofensas, con burlas, con malas palabras o con golpes. Muchos de ellos resultan llorando o enojados por estas acciones, otros
reaccionan golpeando a sus compañeros pues comentan que los invade la ira y no se puede controlar, por lo que es necesario empezar a darle un buen manejo a las emociones y sus múltiples expresiones.
Jesús de 10 años, participante del proyecto comentó que; “Yo a veces quisiera mejorar eso, porque es que me da mal genio y no me controlo, me da mucha ira y no respeto a nadie, ni a las profes, resulto poniéndome muy bravo y golpeando a los demas o a algo, no me controlo” (Diario de campo #2). Por ello el trabajo de las emociones se centró en;
adquirir un mejor conocimiento de las propias emociones; identificar las emociones de los demás; desarrollar la habilidad para regular las propias emociones; prevenir los efectos nocivos de las emociones nativas; desarrollar la habilidad para generar emociones positivas; desarrollar la habilidad de auto-motivarse; adoptar una actitud positiva ante la vida; aprender a fluir etc. (Bizquerra, 2005, p.97)
Fue vital brindar herramientas que permitieran el reconocimiento, la compresión y manejo de las emociones propias y las del otro, fue un punto fundamental en el desarrollo de los niños y niñas como individuos sociales y emocionalmente competentes.
Logrando así un cambio en sus acciones, palabras, lenguaje corporal y maneras de expresión, logrado desde el conocimiento y conciencia de lo que estas acciones pueden generar en el otro y en sí mismo, mediante estudios de caso de situaciones cercanas a ellos, problemáticas sujetas a soluciones construidas por ellos mismo, audios e
imágenes que reflejen los sentires de los niños y niñas y el relato de ellos mismo frente a sus emociones, sensaciones y pensamientos que evocan ciertas situaciones o
relaciones con el compañero.
Escucha y diálogo
La escucha fue otro punto a fortalecer. Si bien costaba mucho estar en silencio y prestar atención cuando otro compañero hablaba, se evidenciaba un desinterés por las cosas que dijera o se invalidaba lo que decía. Esta escucha se consideró en el marco de:
“entender, comprender o dar sentido a lo que se oye. La escucha efectiva tiene que ser necesariamente activa por encima de lo pasivo, ya que, hace referencia a, la habilidad de escuchar no sólo lo que la persona está expresando directamente, sino también los sentimientos, ideas o pensamientos que subyacen a lo que se está diciendo. Para llegar a entender a alguien se precisa asimismo cierta empatía, es decir, saber ponerse en el lugar de la otra persona” (Marcuello, citado por Moreno, 2006).
Mediante el uso de las estrategias lúdicas sesión tras sesión, se logró una escucha activa, que diera paso a la construcción del diálogo, bajo una forma de comunicación que permitiera el intercambio de información y la comunicación con pensamientos y sentimientos.
El factor que permitió este proceso en mayor medida, fue el trabajo cooperativo, pues de una manera cercana y agradable para ellos, se hacía necesario escuchar al otro y dialogar con él, desde las múltiples actividades propuestas en todas las
intervenciones. Mediante la escucha y el diálogo, niños y niñas adoptaron el papel de emisor y receptor, intercambiando papeles, pues esto hacía sentir al otro escuchado, comprendido y reconocido, además de brindar la oportunidad de conocer al compañero y construir con él o llegar a un acuerdo, que tenga en cuenta ambas partes.
En este sentido, se hizo necesario concientizar a niños y niñas, que no solo se trata de escuchar las palabras del otro, sino que tras de ello hay que hacer también una lectura de sentimientos, sensaciones, ideas, emociones y pensamientos, susceptibles de empatía, compresión y de acogimiento, para poder interactuar y construir
conjuntamente, lo que;
favorecer el intercambio de ideas y puntos de vista, considerar el conocimiento como el resultado de la mutua interacción, estando, por tanto, abierto a crítica y a considerar que las nuevas ideas pueden poner en duda e incluso cambiar las que se tenían previamente (Lago, 1990 . pp.56-57)
y con ello, expresar al otro que se le escucha, siendo esta la manera de mostrar reciprocidad e interés sobre lo que está contando. Para evitar el surgimiento de conflictos y darles un buen manejo, niños y niñas tuvieron que comprender y apropiar que aunque muchas veces no se esté de acuerdo con lo que el otro dice, se debe validar, demostrando que es aceptable lo que se dice y que se entiende, aunque no se esté totalmente de acuerdo.
Diversidad y reconocimiento
Un fuerte desinterés hacia el otro mediaba las relaciones, no importaba que le pasara, que necesitara o como se sintiera, pues se tenía un pensamiento muy
egocéntrico, donde solo lo que yo digo, lo que yo pienso y lo que yo siento es válido y no interesaba como pudo haber hecho sentir al otro con mis actitudes y acciones. Sara de 10 años, participante del proyecto, define sus relaciones como conflictivas porque siente que: “siempre todos están peleando, diciéndose palabras feas, dándose golpes, burlándose del otro, no le importa a nadie como se puede llegar sentir el compañero con las malas acciones que hacen, yo en muchas ocasiones he llorado cuando me molestan, intento que no hagan sentir mal a los demas” (Diario de campo #7). Emergía ponerse en el lugar del otro, comprender como se siente cuando tenemos acciones ofensivas y discriminatorias frente a él y quizás esta sería una manera de reconocerlo.
Para potenciar esto, se recurrió a llevar audios e imágenes de lo que conocemos como “Bullying”, donde otros niños y niñas de otros contextos se sentían tristes y desesperados al no poder evitar que sus compañeros fueran agresivos, groseros, que se burlaran de ellos, que los excluyeran, etc.
Frente a esto, Sara de 9 años, participante del proyecto, expreso que: “todas las personas somos necesarias para los demas, pues todos somos buenos en algo y nos ayudamos, lo que pasa es que no debemos incomodar a los demas con cosas que los ponen bravitos o tristes, debemos de no hacer ese tipo de cosas si vemos que el otro se siente mal, hay que respetarnos” (Diario de campo #22).
Se evidencio y se compartió colectivamente el supuesto, de reconocer que el otro es necesario y que además se debe pensar en él, pues hay actitudes, gestos o
comentarios que no son agradables y que afectan a los otros, y he ahí la reflexión sobre el sentido de la responsabilidad de ética fundamental en las conversaciones, los
diálogos, gestos y escucha son aspectos esenciales en las relaciones con el otro (Echevarría, 1994).
Niños y niñas comprendieron lo perjudiciales y dañinos que son ciertos tipos de acciones para los demas y para sí mismos, identificándose con algunos de los personajes, ya sea la víctima o el victimario, pues “La violencia no es solamente un problema que afecta a los individuos que la practican, ya que enfrente de este sujeto malhumorado, insensible y cruel se encuentra siempre otra persona que, sin quererlo, se convierte en víctima” (Ortega y Mora, 1997, p.7).
Los niños que suelen encontrarse en el lugar de víctima, expresaron como se sienten y que los lastima, mientras que los victimarios reconocieron que practican algunas de esas acciones y que se arrepienten de haber hecho sentir mal a los demás, que deben trabajar para mejorar ciertas actitudes y ofrecen una disculpa.
De igual manera, bajo las actividades cooperativas que se realizaron, se logró
y un beneficio, reconociendo que cada uno tiene habilidades y fortalezas que complementa las debilidades del otro, siendo necesario e importante para lograr finalidades colectivas y pensar en comunitario.
Se concluye entonces, que en el trascurso del desarrollo de las sesiones, se evidencio la disminución de comportamientos agresivos como golpes, malas palabras, insultos, burlas y demas, mediante actividades lúdicas de movimiento corporal,
medicaciones artísticas, juego libre y trabajo cooperativo, “Trabajar con los demas me gusta, porque hay gente con la que casi no hablamos y en un ejercicio grupal, se va haciendo una amistad gracias a la confianza que podemos tener en ellos, porque demuestran que son buenos con nosotros cuando los necesitamos”. (Sara, 10 años, Diario de campo #5)
Poniendo a prueba los sentidos y las emociones, los conflictos disminuyeron, pues “principios básicos como el diálogo, el aprendizaje cooperativo, la solución de
problemas, la afirmación de sí mismo, el establecimiento de normas y fronteras en un marco de democracia participativa, la empatía y apertura, la comprensión y manejo de la agresividad y la violencia, la promoción de modos de confrontación no violentos, la resolución de un conflicto debe residir en las partes involucradas y en sí mismo” (Uranga, 1998, p. 14.), apuntando al desarrollo de la resolución de conflictos. Los conflictos entre pares iban en un ir y venir, en muchas sesiones se lograban erradicar y se construían pasos significativos, pero en otras se volvía a recaer y volvían a estar presentes, por lo que es necesario realizar un trabajo continuo, permanente y paciente, considerando que tener un solo día la semana, del cual solo se trabajaba una hora, no es suficiente, pero si es una gran oportunidad, que se evidenció construye grandes cambios y mejoras.
LÚDICA
En este marco se hizo servicio de la lúdica, para desarrollar y mejorar en los niños y niñas sus habilidades, actitudes y manejos de resolución del conflicto. Teniendo en cuenta que esta, desde sus múltiples maneras de materializarse, genera en ellos un goce y un disfrute, logrando fomentar y potenciar la socialización e integración entre ellos, entendiendo la lúdica como una dimensión del desarrollo humano, siendo libre y espontánea.
Este clima de lúdica contribuyo a que el niño y niña desarrolle capacidades de manejarse de manera autónoma, propositiva y con iniciativa, resaltando que los niños y