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Capítulo 3: Los actores

3.6. Análisis de las dinámicas de los actores

Harvey (2013) actualizó los postulados de Lefebvre sobre la producción en el espacio urbano. Indicó que la redistribución urbana conlleva cambios en los estilos de vida, ya que mercantiliza la calidad de vida a través de la adquisición, el turismo, el ocio cultural apoyado en el saber, y el requerimiento a los bienes de representación, siendo matices transformadores fundamentales de la riqueza administrativa urbana. Según Harvey (2013), la tendencia que se da en las cavidades del mercado cuando otorga reputación de autonomía de selección es permitir al capital utilizar prácticas perversas y tramposas que se expanden en todo el espacio geográfico de la zona histórico-turística de Barranco.

Actualmente, según Harvey (2013), la organización urbana se quiebra ante la ciudad fragmentada que tiende a la pugna por el espacio público. La consecuencia de este progresivo alienamiento en el reparto de la riqueza y la autoridad se observa en la configuración espacial de la ciudad con la aparición de cercos y la privatización del espacio público, siendo protegido por el dominio político con el consentimiento de la clase media-baja afectada por este proceso. De este modo, surgen los movimientos sociales urbanos para sobreponerse al abandono y remodelar la ciudad representando una forma de ciudad diferente a la que quieren mostrar los agentes privados y la Municipalidad, junto con otros agentes estatales. A partir de este surgimiento, las municipalidades prueban nuevas maneras de realizar lo urbano a partir de liberar el mandato.

La edificación a gran escala ha provocado, según Harvey (2013), la demolición mediante la expropiación del derecho a la ciudad de la sociedad urbana. En resumen, Harvey (2013) indicó que el modelo neoliberal de mercado ha originado movimientos sociales urbanos (como se refirió a partir de Castells y Delgado en el marco teórico) que resisten estos procesos de

gentrificación, la devastación del medioambiente y el hábito de expropiar con violencia (puede ser simbólica) para expulsar a los vecinos y rentabilizar el suelo (Delgado, 2011)12.

Por ello, Harvey (2013) indicó que hay lucha política, social y de clase en esta transformación urbana. Así, propone analizar la gentrificación no desde el punto de vista económico-capitalista, sino a partir de los actores que intervienen en este proceso, descritos en este capítulo, junto con sus dinámicas relacionales. La condición humana de la ciudad se manifiesta a partir de las prácticas de sus actores en cada espacio, incluso, los cercados, los supeditados a control social y los expropiados por interés privado y público gubernamental. Dentro de la conflictividad citada, la administración municipal tiene la responsabilidad de abastecer de bienes públicos a los vecinos. Para ello, estos vecinos y la mayoría de actores posibles deben actuar políticamente para resistir, lo cual se explicará con más detalle en el siguiente capítulo.

Los actores son importantes al ser los protagonistas en la disputa por la elaboración y la ordenación a la entrada del espacio público. En ese sentido, Harvey (2013) mencionó las alternativas para conservar los bienes comunes, por ejemplo, en el caso estudiado, el patrimonio arquitectónico. Uno de los grupos principales, representado por los vecinos, trata de proteger su preciado bien ante la gentrificación. Para ello, se enfrenta al aumento del precio del alquiler, del valor de las propiedades o de los impuestos municipales, mientras los agentes inmobiliarios muestran unas características idealizadas del distrito al público objetivo que

12 De la introducción de El espacio público como ideología, Catarata, Madrid, 2011. Se puede consultar en el siguiente enlace (blog personal del autor):

desean. Una vez logrado el objetivo devastador, los vecinos no son únicamente expulsados del distrito, sino que los bienes patrimoniales se degeneran y se olvidan.

Uno de los riesgos que comporta esta resistencia y que Harvey (2013) señaló es la atracción de los agentes inmobiliarios, los fondos de inversión y los nuevos vecinos con mayor poder adquisitivo hacia ambientes significativos, cautivadores y atractivos. Es decir, a mayor carácter colectivo del grupo social, más factible es que sea atacado por procesos gentrificadores. Por ello, es importante la clase que se apodera del patrimonio público, que estaba en manos de la clase realizadora de este patrimonio, como acción política que se incorpora a esta disputa por el espacio público apoderado por el poder político a través de la Municipalidad que tasa el beneficio de sacar este patrimonio por rendimiento inmobiliario. Harvey (2013) se cuestionó la necesidad de modos imaginativos del manejo de poder del colectivo de vecinos para preservar este patrimonio y conservar su valor.

Para conseguir los objetivos de resistencia, Harvey (2013) mencionó que hay dos tipos de acciones políticas, en el caso estudiado bajo el paraguas de la Agenda 21: las que tratan de forzar al Estado a procurar servicios públicos con objetivos públicos, y las que intentan corporativizarse para apoderarse, consumir y perfeccionar estas herramientas políticas a su alcance para ampliar y regenerar las características patrimoniales comunes no comercializadas. Asimismo, identifica a productores culturales, que en el caso estudiado equivalen a la categoría de artistas y agentes culturales. Con respecto a ellos, Harvey (2013) señaló que tienden a temas artísticos, la importancia del aprecio, la existencia colectiva y el sentir hacia ellos o al artivismo. Esta afirmación no es gratuita porque es cierto y el análisis etnográfico lo corrobora. Hay un vínculo entre el capital mundial, el desarrollo local que pretenden las autoridades político económicas del municipio y el proceso de valorizar la cultura y el mérito artístico.

Un patrón indicado por Harvey (2013), y que se observó durante la investigación, es la conducta en la administración urbana de unir el poder público, encarnado en la municipalidad; con la estructura de la población civil, que recae en este caso en los líderes vecinales; y las rentas privadas, provenientes de los agentes privados, especialmente de los agentes inmobiliarios; que provoca alianzas que fomentan una “mejora urbana”. Es cierto que estas alianzas se van modificando según la correlación de poder en cada momento.

El objetivo del capital es acaparar todo el distrito a partir de los proyectos locales que significan la singularidad del distrito. Según Harvey (2013), y corroborado durante la investigación, se estima la peculiaridad, la legitimidad, el distintivo y la innovación del movimiento de oposición que posibilita el progreso cultural local contrario a la forma de hacer de este capital, estimulando hábitos culturales desobedientes al orden establecido por su condición de particularidad, imaginación y legitimidad.

En este contexto y en estos espacios públicos urbanos, se organizan movimientos de resistencia, si no lo hicieron anteriormente. Por ello, Harvey (2013) identificó las dificultades del capitalismo para intentar incorporar, englobar, comercializar y acuñar estas singularidades y patrimonios culturales colectivos y, de este modo, obtener beneficios exclusivos. Esto origina, según Harvey (2013), como en el caso estudiado, que los agentes privados se beneficien del trabajo artístico en su propio provecho. La preocupación de los vecinos es resistir la expropiación de este patrimonio cultural colectivo para validar sus características y representación artística como opción. Esta disputa fragmentada, como indicó claramente Harvey (2013), fomenta que los líderes vecinales inquietos por la cultura y la identidad distrital se opongan a los planes del capitalismo neoliberal instalado en el espacio geográfico de la zona turística de Barranco. Así, promueven alternativas que vinculan socialmente a los vecinos para resistir este proceso de gentrificación. Esta organización vecinal es fundamental para mantener las luchas de resistencia en Barranco.

Por ello, los líderes vecinales, y Harvey (2013) se anticipó a esta visión, no abordan el derecho a la ciudad como algo establecido, sino a partir de su restauración y regeneración como elemento político con un concepto distinto para, de este modo, eliminar la escasez y la disparidad social. Así, el objetivo de esta resistencia es detener la gentrificación como creadora de la devastación urbanística histórica del distrito de Barranco.

Como se puede observar en este capítulo, se analizaron descriptivamente las categorías de actores que habitan y compiten por el espacio público de la zona turística de Barranco. Asimismo, a través de Harvey (2013), se estudiaron sus dinámicas relacionales. Para explicar de una forma sencilla esta compleja configuración de relaciones y categorizaciones, y que es variable con el tiempo, se elaboraron cuadros y esquemas. En el capítulo 4, se enlazará el proceso de gentrificación con la estrategia de resistencia política a través de su elemento principal de coordinación: la Agenda 21, que normativiza la estrategia simbólica de la realización de los murales mediante el artivismo.

Ahora, este tipo de procesos políticos que mantienen una participación ciudadana importante y en los cuales los argumentos y demandas ciudadanas son abordados, es imprescindible hacerlos escalar. Las alianzas de movimientos urbanos que cruzan el espacio físico europeo pueden, por ejemplo, ejercer un poder político importante dentro de los escenarios ya existentes donde la competencia interurbana es aplicada hoy en día por políticas neoliberales.

David Harvey Entrevista para el blog Derecho

a la Ciudad de Flacso-Ecuador 28 de marzo de 2016