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Análisis Psicológico de la Paternidad

CAPÍTULO II: LA PATERNIDAD

3. Análisis Psicológico de la Paternidad

Es cierto que, el varón cuando acontece el nacimiento de un hijo experimenta: impresiones, afectos, sensaciones y emociones, implicando según García Castro (1992: 154) hasta ahora “un tema frecuentemente relegado a un segundo plano por el papel predominante que se concede a la madre en la reproducción humana”, en el cuidado de los hijos y en los temas domésticos, así también se ha excluido y menospreciado el significativo rol del padre en los primeros días de vida de su hijo. Esa exclusión e inadvertencia del rol que desempeña el padre para su familia, a partir del nacimiento de su hijo, para Álvarez Merino y Kloppe Villegas (1986: 41) es parte de un mito, pues, afirmar que las mujeres, por poseer el llamado instinto maternal, son las únicas capaces de establecer un vínculo con su hijo recién nacido, no tiene fundamento, ya que, no se encuentra según Álvarez Merino y Kloppe Villegas (1986: 41) “razón alguna que impida que el papel maternal pueda ser desempeñado por varones”, y creemos, como se ha expuesto anteriormente, que “la falta de habilidad de los hombres para la crianza de los hijos es esencialmente un fenómeno cultural”. Que la madre prevalece sobre el varón, en el cuidado de los hijos, es tan arcaico, como lo expresado por García Castro (1992: 154), con respecto a que “la paternidad es un proceso complementario a la maternidad” y que comprende instintos de apareamiento y aprovisionamiento.

Ergo, según Álvarez Merino y Kloppe Villegas (1986: 41) la relación o lazo afectivo que se constituya “dependerá del comportamiento del adulto, de la calidad de su sensibilidad, de la implicación emocional que establezca con el niño”. De tal forma que, no podemos decir que, la paternidad únicamente responde a condiciones

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instintivas, debido a que, “la capacidad para criar a un niño, para amarlo y mostrarle cariño, es fundamentalmente una cuestión de personalidad”.

Existen tres teorías tradicionales acerca de la paternidad, analizadas por Álvarez Merino y Kloppe Villegas (1986: 44) que se han ceñido generalmente al “modelo clásico de padre ausente o distante”, dichas teorías son:

3.1.Teoría psicoanalítica

Mediante la cual, Sigmund Freud expresa que, para el bebé, la zona oral es la zona principal de placer, pues se encuentra relacionada con actividades como lactar, chupar, comer, morder y tragar; por lo tanto, por ser la madre quien alimenta y cuida del hijo, desarrolla un papel preponderante, ignorando al padre completamente, apareciendo éste a los cinco años de edad del niño.

Esta teoría resalta la importancia y el papel primordial de la madre en el desarrollo infantil, por ser ella la persona que habitualmente alimenta al niño, y teniendo en cuenta que, la zona oral en el bebé es la más importante, Freud señala consecuentemente, que el rol del padre se vea relegado hasta los cinco o seis años de edad del hijo.

3.2.Teoría de la deprivación materna

Denominada también Teoría de la carencia de relación con la madre. J. Bowly, crítico de los orfelinatos, señaló que, la causa básica y fundamental de los múltiples problemas que presentan los niños, en lo que corresponde a su desarrollo social y de personalidad, se debía a la falta o carencia de la madre. El destacado psicólogo, famoso por sus teorías en la década de 1940, estableció que el vínculo madre-hijo es esencial y necesario para que el menor desarrolle su personalidad sin mayores problemas ni alteraciones, desconociendo totalmente

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la importancia del padre en el desarrollo del niño, pues J. Bowly ni si quiera menciona al padre, ni como colaborador secundario en el desarrollo del menor.

3.3.Teorías biológicas

Estas teorías indican que la falta de cercanía y proximidad del padre con sus hijos, en cuanto a la crianza de estos, está sujeta a condicionamientos biológicos, a causa de que, el varón no estaría bien dotado biológicamente para participar de modo activo en el cuidado de los hijos. Es así que, las mujeres son preparadas durante el embarazo y el parto para el comportamiento maternal, a través de cambios hormonales (el mito de la preparación biológica, es, como se ha mencionado: Un mito).

En contraposición a lo expuesto líneas arriba, está aconteciendo una redefinición tanto de la paternidad como de la maternidad, según Álvarez Merino y Kloppe Villegas (1986: 43) debido a “los cambios ideológicos, tecnológicos y económicos que están apareciendo en nuestra sociedad actualmente”; cambios que, de acuerdo con Oiberman (1994: 68) verifican la imposibilidad de “pensar que la causa de la aparición del amor paternal tiene relación sólo con la incorporación de la mujer al mercado laboral”, ya que, “este cambio en la actitud del hombre hacia sus hijos está relacionado con la identidad masculina”.

Estas nuevas manifestaciones, siguiendo a Oiberman (1994: 68) como por ejemplo la inclusión del padre en el parto y el otorgamiento de permisos por paternidad, son parte de la “revolución de la masculinidad –fenómeno que se perfila como un hecho social del fin del Siglo XX–“, que se opone al hecho tajante acerca de que “la capacidad paternal quedó reprimida” debido a estereotipos que la misma sociedad ha impuesto;

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en atención a lo cual, hace falta el “redescubrimiento de las auténticas potencialidades masculinas no ejercidas”.

Asimismo, Oiberman (1994: 68,) ha señalado que, para que los varones abran paso a los sentimientos, y bajo el enfoque de que la industrialización convirtió el hombre en una máquina productiva, alejándolos de sus hijos y sus familias; el comportamiento de los varones atravesó los siguientes patrones: En los años 50 aparece el “macho fuerte”, de pocas palabras y mucho silencio, proveedor pero sin oportunidad para desarrollar su sensibilidad, y se mantiene alejado de sus hijos En los años 60 aparece el hombre que reflexiona sobre la paternidad, y en la década de los 70 apareció el “hombre sensitivo”, quien paulatinamente toma conciencia de su responsabilidad con sus hijos aquí se muestra la capacidad del padre de estar junto a sus hijos, pero equiparando e igualando sus funciones a las alas de la madre.

Ahora, con respecto a la importancia del padre para su familia, en la primera etapa de vida de sus hijos, se han realizado diversos estudios, que indican indiscutiblemente que no sólo la madre cumple una importante función para el bienestar de su hogar y de sus hijos; esto a raíz que, padre y madre cumplen roles y funciones distintas en el desarrollo de la personalidad de los hijos, o, en otras palabras, las interacciones maternas y paternas no tienen el mismo significado en la vida psíquica de los niños, consecuentemente Oiberman (1994: 70) menciona que “los padres no pueden ser considerados ocasionales sustitutos maternos”, debido a que, “las interacciones maternas y paternas, tienen implicancias diferentes en la vida psíquica de los niños”. Es así que nos encontramos con estudios modernos de la paternidad, tales como:

 Oiberman (1994) refiriendo a los estudios realizados por Parke y Tinsley (1987) y Winnicott (1975), pudo verificar que, el varón representa no sólo un

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apoyo emocional de la madre en el periodo posterior al nacimiento de su hijo, sino que también, ella necesita el apoyo de su pareja para poder dar de lactar correctamente a su bebé. El padre puede observar las necesidades de su hijo, no obstante ello, el soporte que puede brindar a su mujer puérpera1 y a su hijo

recién nacido se ve perturbado ante las largas jornadas de trabajo, y su consecuentemente, limitada permanencia en el hogar.

 En otra investigación, Oiberman (1994) citando a Berman y Pedersen (1987), se concluyó que, los bebés de aproximadamente cinco meses de edad que sostenían una cercana relación con sus padres, podían estar en presencia de otro adulto sin mayor problema; es por eso que en incontables veces se ha dicho que, es el padre el que inserta a su hijo a la sociedad, pues es un intermediador o separador, entre el bebé y su madre.

 Con respecto a la presencia del padre en el natalicio de su hijo, la misma autora citando a Palkovitz (1985), una investigación que hablaba acerca de que, en los últimos años se podía observar un aumento de la presencia y participación del padre en el nacimiento de su hijo. Decía que, el contacto temprano del papá con su hijo intensifica y favorece el amor paterno. Además, se percató, en que aquellos padres que sostuvieron en brazos a sus hijos recién nacidos, jugaban más con sus hijos a diferencia de los que no habían tomado parte de esa experiencia.

 Por su parte, Sloninsky (1962: 15) en un estudio señaló que, “la inducción activa de la paternidad, determina en el hijo el mejor desarrollo de los

1 El puerperio es el período de la vida de la mujer que sigue al parto. Comienza después de la expulsión

de la placenta y se extiende hasta la recuperación anatómica y fisiológica de la mujer. Es una etapa de transición de duración variable, aproximadamente 6 a 8 semanas, en el que se inician y desarrollan los complejos procesos de la lactancia y de adaptación entre la madre, su hijo/a y su entorno.

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siguientes modos y atributos: Vigor de carácter, firmeza de propósitos, decisión y tranquilidad, responsabilidad, sentido positivo de la realidad, ambición e impulso creador”. Con respecto a las facultades mentales, la misma inducción, estimula y condiciona en el niño, un mayor desarrollo de: Lucidez, agudeza, agilidad, e inteligencia práctica, aptitud lógica y matemática, y racionalidad. Además, el autor verificó que, “cuando el padre (…) haya sido muy cercano y expresivo hacia el hijo desde la pequeñez de este (primeros meses), el mismo desarrolla muy bien (o exageradamente) su capacidad lógica y su racionalidad, y entre éstas, su aptitud para la matemática”.

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