ANALISIS DE ELEMENTOS MAYORES
4.3. ANALISIS MORFOLOGICO
El relieve de la hoja de Tamajón es la consecuencia directa de la actuación de los procesos exter- nos sobre un sustrato con determinadas características litológicas y estructurales. Por tanto, el análisis morfológico tendrá en cuenta, por un lado, la disposición estructural de los materiales (geomorfología estática) y, por otro, los procesos externos que han actuado sobre dichos mate- riales, dejando su huella en el terreno.
4.3.1. Estudio morfoestructural
Desde el punto de vista morfoestructural, son tres los dominios que conforman el relieve de la hoja y son :
- Sistema Central, representado por el sector meridional del Macizo o Sierra de Ayllón que ocupa gran parte de la superficie de la hoja, principalmente en sectores septentrionales y suroccidental.
- Mesa de Almiruete, situada en el sector suroccidental de la hoja. Está constituida en su ma- yoría por materiales mesozoicos. El relieve resultante es una amplia mesa que contrasta cla- ramente con los relieves metamórficos dominantes.
- Cuenca del Tajo : en el cuadrante sureste de la hoja, donde aparece bordeando la sierra de Ayllón. Está constituida por afloramientos dispersos de materiales detríticos de edad tercia- ria, coronados por las facies conglomeráticas de la “Raña”.
El primer dominio, mayoritario dentro de la hoja, es conocido según algunos autores que han es- tudiado el sistema Central (CAPOTE et al., 1982) como el sector más oriental del mismo o co- mo complejo Somosierra - Ayllón. Este complejo se sitúa al E de la falla de Berzosa y se caracte- riza por un predominio de las series ordovícicas y posteriores, un metamorfísmo de bajo grado y la ausencia de cuerpos plutónicos tardíos. La tectónica es polifásica, reconociéndose varias direc- ciones de plegamiento.
Este conjunto que constituye el zócalo antiguo, donde la diversidad de materiales y direcciones estructurales es la principal característica, las formas estructurales se difuminan a nivel cartográ- fico y el resultado es un conjunto elevado, muy incidido por la red de drenaje, donde las diviso- rias son muy acusadas y los valles muy profundos. En el mapa se han señalado los principales re- saltes que dan algunas capas competentes como sucede con la cuarcita armonicana. También se han señalado las crestas, por lo general con escarpes de más de cien metros a ambos lados. Por otra parte en el sector de los relieves cretácicos de la mesa del Almiruete es donde la morfología horizontal ofrece sus mejores ejemplos : escarpes estructurales, replanos y cuestas. En otros pun- tos del mapa se reconocen además resaltes de capas duras y cerros cónicos. En los materiales ter- ciarios se han cartografiado algunos replanos estructurales.
Por último, la observación de la red de drenaje induce a pensar en el importante control estruc- tural en el instalación y encajamiento de la misma puesto que se reconocen tramos muy rectilí- neos, en determinadas direcciones, y cambios bruscos en los perfiles longitudinales (Figura 4.1). Como se observa las principales direcciones son N-S y NO-SE, coincidentes con las principales es- tructuras. Son las que adoptan los principales cauces y los tramos de mayor recorrido. También se observan grupos de direcciones E-O, NE-SO.
La morfología de la red de drenaje es del tipo detrítico, subtipo angular, de densidad media - al- ta. Este tipo de redes es característico de zonas muy homogéneas, la influencia de la fractura- ción y de la estructura. En este sentido aunque hay una gran variedad litológica, la intensa frac- turación y los procesos de metamorfísmo, han conferido al conjunto una cierta homogeneidad. 4.3.2. Estudio del modelado
A continuación se describen el conjunto de formas tanto erosivas como sedimentarias que apa- recen en la hoja como consecuencia de la actuación de los procesos externos sobre el sustrato existente.
4.3.2.1. Formas fluviales
Dentro de las formas fluviales de carácter sedimentario sólo se han diferenciado fondos de valle
y terrazas. Los primeros ofrecen formas estrechas, alargadas y serpenteantes, aunque a veces pueden ser bastante rectilíneas. No destaca ninguna en particular pues son todas de las mismas dimensiones, llegando pocas veces a superar los 100 m de ancho. Dada la naturaleza del área madre, los depósitos son de carácter silíceo con gravas y arenas de cuarzo y cuarcita.
Las terrazas también tienen una escasa representación. Las que aparecen pertenecen todas al al- to Jarama y se han reconocido hasta tres niveles a +5-7 m, +12-15 m y +20 m. Son afloramien- tos de muy pequeño tamaño y con escarpes bien conservados. La naturaleza, al igual que en los fondos de valle, es mayoritariamente silícea.
Las formas erosivas son mucho más abandonadas puesto que se trata de una zona de relieves abruptos con grandes interfluvios y altas zonas de montaña. La red de incisión es muy densa y en- tre barranco y barranco deja unas divisorias muy acusadas en forma de aristas, como se observa en casi todo el Macizo de Ayllón. El encajamiento fluvial también da lugar a hoces y cañones co- mo sucede con todo el alto Jarama y gran parte del río Sorbe, en el sector más oriental. También en los sedimentos terciarios del cuadrante SE de la hoja se reconocen formas erosivas de carácter
fluvial, pero en este caso se trata de escarpes, arroyada difusa, cárcavasy cabeceras de cárcavas.
4.3.2.2. Formas de gravedad
Están representadas por coluviones canchales y deslizamientos.
Los coluvionesson abundantes y aparecen tanto al pie de las laderas como a alturas intermedias,
dando bandas paralelas a los cauces u orlando algunas cabeceras. Alternan con los canchalesde
los que se diferencian por un mayor o menor porcentaje de finos. Los canchales ofrecen clastos de mayor tamaño, a veces de orden métrico, y aunque la matriz es bastante escasa, siempre con- tienen algunos finos. Algunos son de gran tamaño. La naturaleza, tanto de unos como de otros, depende exclusivamente de la litología del sustrato, por lo que hay un predominio de fragmen- tos de rocas metamórficas. Los mejores ejemplos se localizan en los cuadrantes NE y SO. Los deslizamientosaparecen de forma dispersa y escasa en el cuadrante NO. Son de muy pequeño tamaño pero aparecen con una morfología bastante clara en la que se diferencia perfectamente la cicatriz de despegue y la masa deslizada. Son de carácter mixto entre rotacionales y solifluidales.
4.3.2.3. Formas kársticas
Se desarrollan exclusivamente sobre los materiales calcáreos de la mesa de Almiruete por medio de una serie de dolinas de pequeño y mediano tamaño y un lapiaz poco desarrollado. La natu- raleza calcárea de los sedimentos, la existencia de una superficie casi llana y la fracturación, con- tribuyen a la formación de estos procesos.
4.3.2.4. Formas poligénicas
Se consideran formas poligénicas, todas aquellas que necesitan dos o más procesos para su for- mación. En la hoja de Tamajón, se han diferenciado : superficies, Raña y glacis.
En relación a las superficies, el Sistema Central ha sido objeto de numerosos estudios por parte de algunos autores, pero entre los más interesantes hay que destacar los de SCHWENZNER (1936) en los que reconoce cuatro niveles de aplanamiento correspondientes a otros tantos epi- sodios de arrasamiento. Son una "Superficie de Cumbres" y tres "Superficies de la Meseta", la primera post oligoceno y pre-tortoniense, la segunda finimocena y dos pliocenas.
Años más tarde, SOLE (1952) se inclina más por un arrasamiento total con diferentes fases de desnivelación posteriores. PEDRAZA (1973 vuelve al modelo de SCHWENZNER, pero destaca los movimientos desniveladores como responsables últimos de la morfoestructura en bloques. Existen también otros trabajos como los de GARZON (1980) y FERNANDEZ GARCIA (1987) que defienden que las superficies más bajas o rampas también conocidas como "Superficies de tipo pediment", serían el resultado de un proceso exhumatorio de las antiguas superficies, enterra- das por los sedimentos terciarios. Lo que si se mantiene, en uno u otro caso, que se trata, regio- nalmente, de un relieve de superficies escalonadas hacia la cuenca.
En la hoja de Tamajón, sobre el Sistema Central, se reconocen dos superficies: la Superficie de Cumbres y la Superficie de la Paramera. La primera se limita a unos pequeños retazos en el cua- drante NE, situados por encima de los 1.900 m, en la Sierra del Robledal. La segunda, o Superficie de la Paramera, también tiene pequeño desarrollo y puede observarse en el cuadrante SO, en el sector de Peña de la Cabra, con una cota aproximada de 1.800 m. Aunque debido al escaso des- arrollo de estas superficies en la hoja, no es fácil definir sus características, la literatura existente al respecto señala que además de la cota, las principales diferencias entre una y otra, son de ca-
rácter edafológico predominando, en la Paramera, los suelos de tierra pardo subhúmeda y xero-
ranquers. Se presenta, además, como rellanos escalonados o como superficies aplanadas en re- tazos. En general se desarrollan sobre la culminación de las alineaciones secundarias.
Existe una tercera superficie que, aunque no se desarrolla en la hoja de Tamajón, sí lo hace en la
cercana de Sepúlveda y muy próxima al límite con ésta. Es la conocida como Rampa o superficie
de tipo pedimentque desciende en forma de glacis erosivos desde aproximadamente los 1.300 m hasta los 1.100 m. La característica principal de esta superficie es su morfología en orla, alre- dedor del Sistema Central, ofreciendo un mayor o menor desarrollo en longitud según los dife- rentes sectores. Aunque se trata de un plano inclinado, con cierta concavidad en el sector más próximo al relieve, en detalle es bastante irregular debido a la incisión de los arroyos y a la pre- sencia de pequeños relieves de tipo "inselberg".
Otra de las formas importantes incluidas en este grupo es la Raña. Procedente del sector más oriental de Somosierra y de la Sierra o Macizo de Ayllón, en la hoja de Tamajón sólo está repre- sentada por pequeños retazos sin entidad cartográfica dispersos a lo largo de su límite meridio- nal. Por las características que presenta, no sólo aquí, sino en las vecinas hojas de Riaza y Sepúlveda se trata de un sistema deposicional algo más complejo de lo que a primera vista pue- de parecer. En la hoja de Sepúlveda (NO) se ha observado un pequeño escalonamiento en los de- pósitos lo que permite considerar más de un episodio en su formación. Esta circunstancia ya ha sido puesta de manifiesto en otros sectores de la Cuenca del Duero, como en la Sierra de Honrubia-Pradales (ORDOÑEZ, et al, 1976, I.T.G.E., 1987), también en la Cuenca del Tajo (PEREZ GONZALEZ y GALLARDO, 1987) y en particular en la vertiente meridional del Sistema Central, al sur de Tamajón, en la hoja de Valdepeñas de la Sierra, nº 485 (I.T.G.E., 1990), aunque en estos casos los criterios de separación de los dos episodios, además de geomorfológicos son composi- cionales, concretamente basados en la fracción pesada.
Este planteamiento pone de manifiesto la problemática datación de estos depósitos dentro del área estudiada. Por una parte autores como PEREZ GONZALEZ y GALLARDO (1987) e I.T.G.E. (1990) consideran que la Raña, al sur de Somosierra y Ayllón es un piedemonte escalonado que se instala en el Villafranquiense medio, por lo que su edad estaría comprendida entre los 2,5 y 1,8 m.a. Lo cierto es que el carácter azoico de estos sedimentos dificulta la datación, razón por la cual hay que recurrir a criterios geomorfológicos para situarlos en el tiempo, al menos de una manera relativa. Según MOLINA et al (1986), la base de la segunda etapa se situaría entre el Plioceno y Pleistoceno y, a partir de estos depósitos, se desarrollaría y encajaría la red fluvial. Para MARTIN SERRANO (1991) la Raña constituiría "el final de un episodio y/o el comienzo de otro, es decir una articulación sin rupturas de ambos" representando los primeros piedemontes con expresión morfológica y que ocasionalmente coincidiría con el techo de las "series ocres" del sec- tor septentrional de la Cuenca del Duero. Esta hipótesis, con la que los autores de este trabajo manifiestan su coincidencia, supone una diacronía en los depósitos de la Raña de unos bordes a otros de las cuencas.
Por último, dentro de las formas poligénicas, hay que tener en cuenta los glacis. En esta hoja se han diferenciado dos tipos: de cobertera y erosivos. Tanto unos como otros están íntimamente relacionados con la evolución y encajamiento de la red fluvial en la vertiente norte de la Cuenca del Tajo. Los glacis con depósito están bien representados en el límite suroeste de la hoja, en la vertiente occidental de la Peña de las Cabras. Están constituidos por un conjunto de bloques, gra- vas y cantos de cuarcita, neises, cuarzos, etc., con una matriz arcilloso - arenosa roja, muy simi- lar a la de la Raña. Los glacis erosivos, aparecen con cierto desarrollo, relacionados con la cuen- ca del arroyo de los Parameros, afluente del Jarama y en la que dan lugar a un aplanamiento ge- neralizado entre los 1.1900 y 1.200 m. Sobre estas pequeñas planicies se sitúan las localidades de Majaelrayo, Robleluengo, Campillo de Ranas y Espinar.