Al hablar de anarquismo yiddish hacemos referencia a un movimiento obrero con una red internacional de numerosos grupos, uniones sindicales, periódicos e imprentas de tendencia anarquista desarrollado por las comunidades judías migrantes procedentes del Este europeo a finales del siglo XIX. Entre todo lo que podríamos considerar como manifestación de anarquismo judío, sin duda es el anarquismo yiddish el que mayor relevancia tiene dentro del anarquismo, no sólo por su especificidad judía sino porque, como tal, llegó a constituir una de las redes más estables y con más fuerza del movimiento anarquista en general, contando entre los más activos del anarquismo británico y estadounidense48. De esta red, Londres (East End) y New York (Lower East
Side) constituyen, sin lugar a dudas, los dos principales centros neurálgicos. Y serán el
Arbeter Fraynd de Londres y el Fraye Arbeter Stimme de New York, los dos periódicos de mayor tirada y estabilidad.
A pesar de la irradiación de estos dos centros geográficos, se trata de una red internacional acéfala, tejida gracias a los trazados de los trayectos migratorios y los vínculos nacidos de ellos49. Carece por lo tanto de una organización como tal. En cada
lugar el anarquismo yiddish se articula de manera diferente con el movimiento obrero y anarquista local, aunque repite más o menos los mismos patrones y referentes. No vamos a desarrollar aquí las especificidades históricas de cada contexto. Para obtener una panorámica de la dimensión del movimiento y sus publicaciones, pueden
48En el Congreso Anarquista Internacional de Amsterdam de 1907, Rudolf Rocker acude como portavoz
del movimiento judío de Londres. Emma Goldman relata la situación de Estados Unidos, en la cual destaca la prevalencia de los grupos inmigrantes entre el anarquismo, destacando entre ellos los de lengua yiddish y lamenta la escasa participación de los propios estadounidenses (esta será, de hecho, la principal razón que le empujará a lanzarse a la propaganda en inglés – cfr. Goldman, 1996). Finalmente Karl Walter viene como portavoz del movimiento inglés, cuyas limitaciones (especialmente destacadas en la versión francesa de las actas del congreso) contrastan con la vitalidad del grupo judío (cfr. actas de la 2º y 3ª sesión del Congreso Internacional de Amsterdam de 1907).
49“La mayoría de los inmigrantes judíos del Este de Europa que llegaron a Gran Bretaña continuaron su
trayecto tarde o temprano hacia Estados Unidos u otros países de ultramar. Llevaron consigo hacia Estados Unidos, Argentina o Sudáfrica las ideas socialistas que habían adquirido en Londres. Formaron grupos en sus nuevos hogares y mantuvieron contacto con su grupo original en Gran Bretaña, que se mantuvo como tierra madre del movimiento. Importaron el Arbeter Fraint y otra literatura y cuando podían nos enviaban un aporte económico. Londres fue un centro de difusión para el movimiento obrero revolucionario judío. Los vínculos alcanzaban desde Londres a todos los países donde hubiera un amplio número de inmigrantes judíos, e incluso más tarde hasta sus hogares originales en Rusia y Polonia, donde los primeros grupos anarquistas clandestinos empezaron a formarse en Bialystock, Grodno, Vilna, Warsaw, Lodz y otros lugares” (Rocker, 2005 [1937]: 66).
consultarse los anexos II y III y para su estudio más detenido nos remitimos también a las obras de referencia en cada caso50.
Hablamos de un período determinado de tiempo, que oscila aproximadamente entre la última década del siglo XIX en el que la orientación anarquista se va haciendo explícita entre los socialistas judíos y las dos guerras mundiales. En el caso de Londres, el año de 1914 marca una fractura determinante y, tras la primera guerra mundial, la presencia del anarquismo prácticamente desaparece; la tendencia será a una integración en la política y el sindicalismo judío con el sindicalismo local y, entre los sectores más radicales, su progresiva incorporación al partido comunista (Smith, 1990). En el caso de los Estados Unidos el declive es más progresivo. Con el ocaso de sus compañeros londinenses, se convertirá en la referencia internacional pero también se resentirá de la nueva configuración internacional: con un mayor control migratorio pierde el flujo de nuevos militantes, las nuevas generaciones tienden a una americanización y, a nivel político, se verá castigado por la ascendencia creciente del comunismo y del sionismo (Zimmer, 2010). Sólo la revolución española logrará reavivar la mecha del anarquismo por unos años. Pero su fracaso, el avance del fascismo y la constitución del Estado de Israel, serán el marco de una desarticulación del movimiento anarquista a nivel internacional y de la reducción del anarquismo específicamente yiddish a una presencia prácticamente testimonial (aún cuando el periódico Fraye Arbeter Stimme aún se publicará hasta 197751).
El hecho que nos interesa retener aquí para reflexionar es la evidencia de la condición judía en el marco del pensamiento anarquista y su articulación como red autónoma articulada en torno a la yiddishkayt. Las dos preguntas que surgen inmediatamente es ¿por qué siendo anarquistas consideraron su condición judía? y ¿cómo se combina esa adscripción con el internacionalismo que profesan?
Para esbozar una respuesta a la primera pregunta hemos de dirigir nuestra atención, más allá del anarquismo, a los albores del socialismo entre la población judía, ya que es en este momento cuando se sientan las bases para la militancia específicamente judía (cfr. Minczeles, 2010) a partir de las cuales se desplegará más tarde el anarquismo con cierta
50Véase nota 22 en la introducción a esta primera parte (pág. 33)
51Este periódico detenta de hecho el título de periódico de más duración de la historia. Hay otros diarios
que se publicaron aún con posterioridad a esta fecha (Problemen, Frye Shtime, Oyfgang) pero son periódicos en Israel que carecen de la repercusión y el prestigio de los que otrora tuvieron los dos citados y que carecieron de la proyección internacional que tuvieron los otros y tampoco tuvieron el enfoque político que aquéllos tuvieron. Ni siquiera el Fraye Arbeiter Stimme tenía ya en el momento de su cierre el tiraje que tuvo en la época de Yanovsky como redactor.
naturalidad (Fishman, 200452). Para ello debemos pues remontarnos algo más en el
tiempo.
Es en efecto, en los inicios del socialismo judío donde se manifiesta ya la tensión entre su perspectiva internacionalista y su trabajo específico con los obreros judíos. Aaron S. Liberman, a quien William J. Fishman considera el padre del socialismo específicamente judío, se mueve de hecho toda su vida en esta contradicción entre su atracción por el “pueblo judío” con el que se siente comprometido y su convicción socialista internacionalista53. La experiencia judía conduce necesariamente a un manejo
político de ambos horizontes.
El primer intento (frustrado) de unión obrera judía será el de Aaron Liberman en Londres en 187054. Y el propio Liberman será responsable de la publicación del primer
intento de periódico socialista: el Ha-Emet, publicado en hebreo en Viena (1877)55.
Siguiendo a Liberman Morris Winchevsky lanzará las dos primeras tribunas socialistas en yiddish56 en Inglaterra. En 1876 aparece en Londres la primera organización obrera
judía (Unión Socialista Judía de Londres), que se marcaba como objetivos la expansión del socialismo y la unión de los trabajadores judíos. El dilema se plantea entonces entre “trabajar por la unidad socialista a través de una organización de trabajadores más amplia o bien crear inicialmente un partido socialista judío que trabajara en coordinación con sus contrapartes no-judías” (Fishman, 2004: 107). Será la segunda opción la que durante varias décadas marcará la pauta, siempre buscando una articulación con el movimiento obrero local e internacional. El mismo año de 1876 Liberman escribe y envía a Rusia su “Call for Jewish Youth”, que constituye el primer manifiesto socialista judío. En él asienta las tres ideas fundamentales de ese socialismo distintivo (Fishman, 2004: 110): resaltar el conflicto de clases en el seno de la
52La obra de Henri Minczeles Les mouvement ouvrier juif. Récit des origines (Minczeles, 2010) aborda
los albores del movimiento obrero judío en Europa del Este hasta 1897, año en que se funda el Bund. La de William Fishman, por su parte -East End Jewish Radicals. 1875-1914 (Fishman, 2004)- aborda los inicios del socialismo judío en el caso específico de Londres.
53Si por un lado manifiesta la necesidad de que el socialismo tenga en consideración las características
específicas de cada grupo nacional para poder llegar a un adecuado contacto con él (Fishman, 2004: 101), por el otro se declara un acérrimo internacionalista sin concesiones “que conoce únicamente a hombres y clases -¡nada más!” (…) “Odio el judaísmo igual que odio a todas las demás nacionalidades... Soy un internacionalista. Sólo amo a las masas oprimidas, si no no tomaría el nombre de socialista.” (Fishman, 2004: 101).
54El sindicato Kol ba'al hamelokho hkaverim, socialista, lanzado en 1870, apenas duró 3 meses (Izrine,
1998a: 27).
55Ha-Emet, periódico en hebreo dirigido fundamentalmente a su distribución en Rusia.
56Primero el Der Poylisher Yidl (1884) que tiene como objetivos facilitar el conocimiento de la lengua
yiddish e inglesa, acercar a a las cuestiones internacionales y orientar a los migrantes recién llegados. Ante los desacuerdos con el otro editor se separará y fundará en 1885 el Arbeter Fraynd (Véase anexo III)
comunidad judía57; resaltar la aportación de los trabajadores judíos al socialismo58; y
redirigir el viejo populismo de Zemlya i Volia hacia la necesidad de implicarse con el pueblo judío como requisito para la emancipación. Tan sólo unos años más tarde, el antisemitismo vendrá a reforzar esta defensa de un socialismo específicamente judío. Los pogromos de 1882-1884 vendrán a intensificar el debate entre los socialistas judíos en la zona de residencia: la incapacidad del socialismo para hacer frente a los pogromos, cuando no los justifica o los alienta estratégicamente (Ingerflom, 1982), precipita la necesidad de un socialismo que pueda dar cuenta de los problemas específicos de la población judía (Minczeles, 2010). El socialismo ruso y polaco, impregnados de nacionalismo, parecen poco receptivos cuando no directamente contraproducentes para tales objetivos. De ahí que en este socialismo temprano se haga progresivamente patente la necesidad de una organización socialista específicamente judía.
En la zona de residencia, ese primer socialismo girará hacia una orientación marxista y socialdemócrata y desembocará en la constitución del Bund en 1897. Ya hemos señalado como habrá que esperar algo menos de una década para ver entrar los primeros tentáculos del anarquismo en Rusia. En Occidente, en cambio, será el anarquismo el que durante varias décadas marcará la pauta del movimiento obrero judío.
En 1890, cuando el grupo del Berner Street Club (que era quien editaba el Arbeter Fraynd y abarcaba a todas las tendencias socialistas) se escinde en dos -social- demócratas de un lado y anarquistas del otro59- es el grupo anarquista el que constituirá
la sección predominante en el club y en el periódico. Ante esta posición de desventaja, los social-demócratas optarán por un acercamiento al movimiento obrero británico60;
posición que, según Fishman, la población judía interpretó como una auto-inmolación y una muestra de inferioridad (Fishman, 2004: 206). El caso de Estados Unidos no es muy diferente. Zimmer señala que los pioneros del anarquismo yiddish giran hacia el anarquismo directamente en Estados Unidos a través de la influencia de los grupos
57“Es por vuestra culpa que nos hemos visto expuestos a la calumnia. Vosotros, los especuladores
internacionales, que habéis ensuciado nuestros nombres, vosotros no sois de los nuestros.”
58“Ha llegado la hora para las masas trabajadoras del pueblo judío de unirse a este gran trabajo. La
fraternidad humana no conoce división entre naciones y razas; sólo conoce trabajadores útiles y nocivos explotadores”
59Los social-demócratas -véase Arbeter Fraynd en el anexo III-fundarán el periódico Fraye Welt, al que
seguirá Vekker. Finalmente irán marchando todos a lo largo de los años 90 a Estados Unidos.
60“Llevar [a las masas trabajadoras judías] […] al nivel espiritual de las clases trabajadoras avanzadas de
las tierras en las que viven” y “organizar a los trabajadores judíos y capacitarlos, como compañeros de la misma clase que las clases trabajadoras nativas, para tomar parte en la lucha de clases de la tierra en la que viven”. En 1892 el periódico Vekker, sucesor del Fraye Welt, publicaba lo siguiente “desechad vuestras costumbres asiáticas... abandonad vuestra estrafalaria lengua y aprended la lengua de la tierra en la que vivís... mejor aún, cuando sea posible entrad en los sindicatos ingleses!” (Fishman, 2004: 206)
germanos, y cómo en 1888 el primer grupo anarquista judío (Pionire der Frayhayt) toma como modelo el movimiento obrero londinense (Zimmer, 2010: 43-49).
Lo que nos interesa destacar aquí es en primer lugar que el anarquismo yiddish se instala en un terreno ideológicamente despejado y no experimenta por lo tanto una contradicción entre la cuestión judía y la aspiración internacionalista, gracias fundamentalmente a la trayectoria ya en marcha de un movimiento obrero judío autónomo61. Es continuador de la trayectoria obrera judía y no directamente una
innovación.
Y en segundo lugar, es importante señalar que este anclaje en la comunidad lingüística no sólo sirve pragmáticamente como banderín de enganche en las comunidades judías, sino que implica también una yiddificación de los propios anarquistas judíos. Zimmer recoge muy claramente este intercambio al reflejar el perfil rusófono de los intelectuales que conformaron el grupo anarquista Pionire der Frayhayt62, quienes frecuentaban los
círculos de inmigrantes rusos y germanos e incluso las primeras reuniones las hacían en ruso. La predisposición frente al yiddish era más bien negativa y sólo una vez en Estados Unidos y a través de su compromiso político aprendieron (o desarrollaron) su conocimiento del yiddish. El despliegue de la cultura y la lengua yiddish va así inherentemente entreverado con un compromiso social y político. No es de extrañar que fuera un anarquista (Alexander Harkavy) uno de los pioneros en la estandarización de los diferentes dialectos del yiddish y autor del primer diccionario inglés-yiddish ya en 1898 (Zimmer, 2010: 30-49).
Si nos adentramos ahora en la segunda pregunta que lanzábamos a este anarquismo yiddish - ¿cómo se compagina esa adscripción con su compromiso internacionalista? - la respuesta apunta en dos direcciones; ambas vinculadas a la yiddishkayt. Es decir, el internacionalismo se piensa en todo caso desde el bagaje compartido de la cultura y la lengua yiddish, entendida ésta no como una cultura o lengua de manera neutra sino desde la condición de opresión de la población judía, por cuanto tiene un acercamiento a la cultura no conservador con la tradición sino emancipador.
Dicho esto, cabe distinguir, aunque de manera completamente interrelacionadas, por un lado una estrategia política de autonomía desde la yiddishkayt que permite saltar directamente al espacio internacional sin mediaciones y, por otra parte, una
61Véase en el anexo II y III los grupos Berner Street Club, Knights of Labour y Arbeter Fraynd Club y el
periódico Arbeter Fraynd.
62Roman Lewis, Hillel Solotaroff, Isidore Prenner, Max Girdzshansky, Moyshe Katts, Saul Yanovsky,
comprensión de la yiddishkayt como una cultura en resistencia; es decir, una cultura ajena a conceptos como territorialidad o estatismo y que aporta así un distanciamiento crítico ante los modelos socio-políticos de los lugares de acogida. En ambos casos la
yiddishkayt permite una proyección internacional sin por ello caer en la tendencia asimilacionista. Vayamos por partes.
La primera de estas estrategias quedó especialmente bien ilustrada en los primeros pasos del socialismo judío en Rusia y la emergencia del Bund. El contexto de emergencia del Bund es el de la II Internacional (1890-1923), que había decidido articularse en función de los Estados-nación existentes. Y este enfoque territorial-nacional fue de hecho la base del rechazo de Engels de una representación autónoma judía yiddish (Minczeles, 2010: 125). Esta organización en clave nacional era relativamente sencilla desde la perspectiva francesa, británica o alemana. Sin embargo, la zona de residencia, donde surge el Bund, constituía un territorio atravesado por profundas fracturas nacionales. El criterio nacional en la organización constituía una fuente importante de confrontación. En 1889 se había constituido el PPS (Partido socialista polaco) con un fuerte componente nacionalista. El PPS constituye de hecho un modelo para los socialistas judíos (Minczeles, 2010: 88) toda vez que, tanto desde los socialistas polacos, como desde los socialistas rusos, se trata de cooptar al potente movimiento obrero judío para reforzar su propia organización. Es precisamente la lucha de poder entre los diferentes grupos socialistas y su incapacidad para acoger la especificidad del caso judío lo que impele a los socialistas judíos a organizarse de manera autónoma. Esta reivindicación de autonomía no es sin embargo, en su caso, de vocación nacionalista, sino por el contrario, una estrategia para esquivar esos enfoques nacionales y ubicarse en el plano internacional63. En ese contexto, un internacionalismo socialista que obviara el
particularismo judío corría un importante riesgo de verse fagocitado en uno de los dos polos nacionalistas: el ruso o el polaco. De hecho, las posiciones que rechazaron la especificidad judía y abogaron por una posición explícitamente internacionalista fueron características de enfoques rusófonos64. El socialismo judío se ve así abocado a
desarrollar un enfoque nacional para mantener un horizonte internacionalista.
Ahora bien, las fronteras entre esta vocación de autonomía y el nacionalismo, como es fácil suponer son muy tenues. Es ilustrativo de este hecho el discurso de Martov en la celebración del 1º de mayo de 1895 en Vilna, que fue el que sentó las bases para una
63De hecho el Bund sería una de las organizaciones judías que de manera más explícita se mantuvo
perseverante en una actitud antisionista.
organización socialista judía. En él se ilustra bien ese potencial a la vez nacionalista de su percepción nacional: “Mientras que el mundo esté dividido en Estados, la tarea urgente, para cada nación, consiste en ganar, si no su independencia política, al menos la plenitud de sus derechos […]. El desarrollo de la consciencia nacional va a la par con el desarrollo de la consciencia de clase” (la cursiva es mía). (cfr. Minczeles, 2010: 97)65.
El germen nacionalista está pues presente, y resulta razonable suponer que si no se desarrolló fue fundamentalmente por la emergencia del sionismo que succionó esta tendencia. Las diferencias entre el sionismo y el Bund tienen fundamentalmente que ver con la yiddishkayt; con la adscripción al territorio y la cultura específica de la población vinculada a un territorio concreto (Doykayt), frente al intento sionista por reconstruir una identidad judía de nuevo cuño y su proyecto de construcción de un Estado-nación; un proyecto que además terminaría por dar la espalda a la tradición política yiddish en favor del nuevo Israel articulado sobre el hebreo moderno. Sin embargo, en esa concepción nacional de la yiddishkayt late lo que se llamaría el “territorialismo”, es decir, la apuesta por la constitución de una autonomía política para esa nación articulada en torno a la yiddishkayt que no necesariamente tendría que ser Palestina. Así en 1904, Zithlowsky, recorre Estados Unidos junto con Ekaterina Breshko-Breshkovskaia, para propagar el Partido Socialista Revolucionario Ruso y divulgará lo que él llama el “nacionalismo judío progresista”: un nacionalismo que aboga por el desarrollo de la nación yiddish y la apuesta por su autonomía política en un territorio autónomo. Este territorialismo, entendido desde una perspectiva comunal, seduciría a buena parte de los socialistas y anarquistas judíos (Zimmer, 2010: 83).
Curiosamente, el movimiento anarquista estuvo en especial consonancia con esta forma de entender la yiddishkayt. Resulta relevante las dificultades del anarquismo en aquel momento para salir del patrón nacional a la hora de leer ese diferencial cultural. La comunidad judía se equipara, por la similitud con otras comunidades migrantes a un