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3 Antecedentes de la Banda Municipal de Valencia

Aunque algunos autores relatan que la abundancia de bandas de música en Valencia es debido al carácter de sus gentes, su instinto musical y su facilidad para la fiesta; nosotros pensamos que las bandas valencianas no han surgido como una generación espontánea, sino que tienen una tradición formada por múltiples elementos tan diversos como la iglesia, los ayuntamientos, el ejército, la alta aristocracia, los partidos políticos y los gremios.

La presencia de instrumentistas de viento en la capital del Turia se remonta a tiempos muy remotos. Además de los primitivos músicos que aparecen dibujados en los vestigios de cerámica encontrados en Liria,225 durante el reinado de Alfonso VI de Castilla, con el mítico Cid, ya existían juglares y ministriles en Valencia. Estos artistas se reunían en número suficiente para formar pequeñas bandas o coblas, como se las llamaba entonces.226 Había dos grupos de ministriles, los que tocaban instrumentos de viento y percusión, también llamados “instrumentos altos”, y los que tañían instrumentos de cuerda y tecla, llamados “instrumentos bajos”.227

Durante la Valencia medieval, para paliar los estragos de los bandoleros, había una norma que ordenaba que circulasen a oscuras por la ciudad rondallas de tocadores y cantadores.228

225 Entre los diversos restos arqueológicos encontrados en el cerro de San Miguel de Liria, cabe destacar

un vaso de cerámica, donde aparece pintada una escena de danza compuesta por dos flautistas junto a tres varones y cuatro damas que están entrelazados por las manos. El primer flautista toca una flauta simple, mientras que el segundo toca una especie de aulos o doble flauta. (Cfr.: Alonso Tomás, M.: Historia de la música en Llíria, Llíria, Ajuntament de Llíria, 1991, p. 18).

226 Blasco, F. J.: La música en Valencia, apuntes históricos, Alicante, Imp. Sirvent y Sánchez, 1896, pp. 7

– 10.

227 Ros Pérez, V.: “Juglares, trovadores y ministriles. La música en las cortes”, en AA. VV.: Historia de

la música en la Comunidad Valenciana, Valencia, Editorial Prensa Valenciana, 1992, p. 89.

73 Fue a partir del medievo cuando estos instrumentistas comenzaron a tener importancia debido las festividades celebradas en Valencia. Por ello no es de extrañar que cada vez fuesen un grupo más numeroso.229

Durante la conquista de Valencia aparecen instrumentos de viento y percusión en cada uno de los ejércitos. Mientras que los moros llevaban en su ejército trompetas, atabales, clarines y cajas; el rey Jaime I llevaba en el suyo trompetas y añafiles.230

A partir de la reconquista, la corporación municipal valenciana contrató a diversos grupos de ministriles para actuar en las grandes solemnidades, festejos y actos oficiales. Prueba de ello fue en 1328, donde para la coronación de Alfonso IV en Zaragoza, Valencia envió en representación de la ciudad a un grupo de instrumentistas uniformados con ricas vestiduras, los cuales causaron una gratísima impresión:

“Presididos de nuestros heraldos, de nuestros clarines, tambores y dulzainas y otros instrumentos músicos, los seis síndicos de Valencia salimos de la posada, inmediata a la iglesia de San Salvador (de Zaragoza) ricamente vestidos, y bien enjaezados los caballos, con nuestros escuderos y acompañamiento, ordenados de dos en dos. Éste fue el principio de la fiesta, y así que nosotros salimos recorriendo la ciudad, salieron todos los demás, dirigiéndonos al palacio de la Aljafería. No se había oído jamás tal ruido y estruendo de trompas y toda clase de instrumentos, cuyos sonidos atronaban el espacio en todos los ámbitos de la ciudad...”231

La primera parte del siglo XV fue una época de prosperidad. La ciudad pasó de tener en el año 1418 un total de 40.000 habitantes a tener en 1483 un censo de 75.000.232 Este incremento de la población tuvo sus repercusiones en el campo de la música. Así, en 1450 había un grupo de ministriles contratados por el Ayuntamiento, los cuales tocaban en lo alto de las torres de la capital

229 En el año 1258, asistieron a la procesión de San Dionisio solo dos trompadors (sic) un tabaler y una

cornamusa. En 1367 se había incrementado en 14 músicos, mientras que seis años más tarde habían treinta y uno, y en el año 1380 eran un mucho más grupo numeroso. También en 1431 asistieron a una procesión en Valencia trompetas, trompadores, tabales, cornamusas, flautas, así como otros instrumentos de cuerda, los cuales sonaron delante de la bandera de la ciudad antes de la procesión. (Cfr.: Ruiz de Lihory, J.: La Música en Valencia, Diccionario Biográfico y Crítico. Valencia, Tip. Domenech, 1903, pp. 143 – 144).

230 Blasco, F. J.: La música en Valencia, apuntes históricos, op. cit., p. 13. 231 Idem, p. 15.

74 para animar a la muchedumbre que circulaba por las calles en las noches de gran solemnidad.233

Fue durante esta época cuando la ciudad de Valencia consideró necesario tener a su servicio a un grupo de trompeteros y timbaleros con carácter permanente.234 Hasta entonces estos músicos no tenían carácter oficial, además del Ayuntamiento les contrataban diversas instituciones gremiales. Para evitar este tipo de incidentes, en fecha del 23 de noviembre de 1524, el Consistorio valenciano decidió tener permanentemente a su servicio a un grupo de ministriles que solamente actuasen en nombre de la ciudad, percibiendo un sueldo fijo.235

La acogida que tuvieron estos músicos fue tan satisfactoria que en el año 1544 el Ayuntamiento hubo de rebajar a seis el número de ellos por el agravante circunstancial que podía significar en los oficios.236

Respecto a la música militar valenciana, a partir de los siglos XIII y XV, las antiguas milicias valencianas comenzaron a mostrar una rica variedad en sus desfiles y actos oficiales. Solían exhibir numerosos instrumentos, como timbales, tamboriles, atabales, trompetas, cornamusas y tamborinos; los cuales se situaban sonando delante de la bandera real.237

También los ministriles de las capillas musicales de las diversas iglesias que había en Valencia hicieron su aportación al desarrollo de la música de

232 Sanchis-Guarner Cabanilles, M.: La Ciudad de Valencia, op. cit., p.169.

233 Ruiz de Lihory, J.: La Música en Valencia, Diccionario Biográfico y Crítico, op. cit., p. 144.

234 En un principio, este grupo de ministriles estaba formado por tres trompeteros y tres timbaleros, pero

finalmente se formó una cobla de tres trompeteros y un timbalero. Estos cargos eran muy solicitados, ya que además de su buena retribución económica requerían poco trabajo. (Cfr.: Idem, pp. 147 – 148).

235 Idem, p. 134. 236 Idem, p. 138.

237 Querol Roso, L.: Las Milicias Valencianas desde el siglo XIII al XV. Contribución al estudio de la

organización militar del Antiguo Reino de Valencia, Castellón, Sociedad Castellonense de Cultura, 1935, p. 115.

75 viento en la capital del Turia.238 Como prueba de ello, en 1560 el Arzobispo de Valencia Francisco de Navarra creó cuatro plazas de ministriles que habían de tocar “chirimie, sacabuig, flautes, cornetes, orlos e trompón (sic)”.239 Estas

plazas se incrementaron a un total de ocho en el año 1580, lo cual daba una gran policromía sonora a la capilla musical.240 A su vez, estos ministriles tocaban como solistas o conjuntamente con el coro.241

Fue durante esta época cuando la música instrumental dentro de las capillas adquirió cierta independencia con el coro.242 Asimismo, se introdujeron nuevos instrumentos musicales,243 lo cual debió enriquecer el colorido musical de estos grupos. Los músicos, aunque tenían habilidad en el manejo de dos o más instrumentos, no tenían un sueldo fijo, sino que dependían de las actuaciones musicales.244

No es de extrañar que si estos ministriles actuaban independientemente del coro formasen algún grupo para amenizar y dar solemnidad en algunas procesiones, como la del Corpus o la de San Vicente.

Aparte de estos grupos musicales, en Valencia y en otras ciudades había numerosos grupos de ministriles contratados por diversas casas aristocráticas, como la Alfonso el Magnánimo. El Duque de Calabria desde siempre tuvo gran inquietud por su capilla musical. Por ello intentó conseguir de

238 Si bien el canto a capella fue fundamental y predominante, una de las características más importantes

dentro de la polifonía hispana del siglo XVI era su acompañamiento por instrumentos de viento.

239 Climent, J.: Historia de la Música Valenciana, Valencia, Rivera Mota, 1989, p. 27.

240 El número de ministriles variaba en cada capilla, según las necesidades y las posibilidades de cada

lugar. Generalmente solían ser dos instrumentos sopranos, como la chirimia o el cornetto, y dos instrumentos más graves, como el sacabuche, el bajón o el serpentón.

241 Climent, J.: Historia de la Música Valenciana, op. cit., p. 27.

242 Si bien anteriormente, en algunas parroquias que no tenían órgano utilizaban un oboe, bajón o un

serpentón para acompañar a la melodía.

243 Villalmanzo, J.: La música en la parroquia de los Santos Juanes de Valencia durante el siglo XVIII,

op. cit., p. 17.

76 forma constante a los mejores músicos, los cuales estaban más bien pagados en aquella capilla que en cualquier otra.245 Esta capilla llegó a reunir hasta un

total de ocho trompetas, dos atabaleros y catorce ministriles.246

En el último estudio publicado sobre esta capilla, se afirma que en el año 1546, aparte de los cantores, organistas y arpistas, había ocho ministriles y diez músicos entre trompetas y tambores.247

Asimismo, deberíamos citar a los gremios como percusores de las primitivas bandas valencianas. Éstos, a la hora de celebrar las festividades de sus santos patronos solían hacerlo acompañados de tambor y dulzaina, lo cual daba una especial vivacidad a las procesiones, donde cada gremio desfilaba con música de atabales, dulzainas y juglares.248

Ya entrados en el siglo XVIII, la música instrumental en Valencia realizó una variedad de situaciones para los numerosos propósitos, muchos de los cuales también contribuyeron al desarrollo del movimiento bandístico. Durante este período, los instrumentos de viento más utilizados en las capillas musicales eran los cornettos, trompas, sacabuches, oboes y chirimías.

Pero fuera de las capillas también se hacían conciertos de música instrumental en los salones privados de los nobles y burgueses. Estos conciertos cada vez se hicieron más frecuentes durante la segunda mitad del siglo XVIII.

También en la misma etapa, la música instrumental comenzó a ser un elemento imprescindible en las calles y plazas durante las celebraciones civiles

245 Alberola i Verdú, J. A.: Introducció i ús de la trompa a les capelles musicals valencianes, Benaguacil,

Consolat de Mar, 2000, p. 22.

246 Roca Traver, F. A.: El Monasterio de San Miguel de los Reyes, València, Ajuntament de València,

2000, p. 68.

247 Climent, J.: Historia de la Música Valenciana, op. cit., p. 23.

77 y populares.249 Ello trajo consigo una creciente demanda, lo que obligó a los músicos de capilla a trabajar en el terreno profano.

Con toda probabilidad, algunos grupos de intérpretes aficionados, aparte de tocar en la iglesia o en las casas aristocráticas, también se unieron por su cuenta para interpretar música instrumental en sus ratos de diversión, lo cual dio como origen la creación de algunas primitivas bandas.250 Estas agrupaciones incluían a los ministriles empleados en la iglesia, grupos instrumentales empleados en los teatros y músicos que se formaron en las nuevas academias de música o en las casas aristócratas y burguesas de Valencia. Es de suponer que estos grupos de instrumentistas pronto se involucraron en las celebraciones festivas cívico-religiosas para actuar en las procesiones.

Dentro del romanticismo, hay que decir que la música valenciana del siglo XIX no fue ajena a los numerosos cambios sociales y políticos nacionales, como las invasiones napoleónicas, las pérdidas de las colonias y los continuos cambios de gobierno, entre otros.

Debido a las invasiones napoleónicas, en el siglo XIX comenzaron a proliferar en Valencia las bandas de música, su expansión fue progresiva a todos los pueblos y comarcas del alrededor.251 Este crecimiento, relacionado con la popularidad que habían adquirido las agrupaciones militares, creó la necesidad percibida dentro de los municipios de organizar conjuntos similares

249 Peris Silla, M. del M.: “La música instrumental del siglo XVIII”, en AA. VV.: Historia de la Música

de la Comunidad Valenciana, op. cit., p. 243.

250 En numerosas ciudades los grupos instrumentales del siglo XVIII se anticiparon a las bandas de

música del siglo siguiente.

251 Napoleón había invadido España en 1808 cuando estableció a su hermano José Bonaparte como Rey

de España, el cual reinó hasta 1813. Durante este período de conflicto, las bandas militares de las naciones europeas que estaban en guerra eran muy prominentes. Estos legados resultantes de las bandas militares francesas empezaron a florecer en España a principio del siglo XIX.

78 para las ocasiones festivas. Estas bandas cívicas tuvieron un desarrollo progresivo a finales del siglo XIX, donde ofrecieron un repertorio musical de óperas y zarzuelas al público valenciano.

Vicente Ruiz Monrabal nos explica de la siguiente forma la transición del ejército en la Comunidad Valenciana a las bandas civiles:

“...Cuando estas músicas militares fueron disolviéndose o retirándose de los pueblos, estaba sembrada la semilla para imitarlas y despertado el deseo de crear grupos bandísticos locales para dar solemnidad a los actos cívicos y religiosos. Algún componente de las Bandas Militares se quedaba en el pueblo o era invitado a quedarse para iniciar la preparación musical de algunos vecinos de profesiones humildes...”.252

Por otra parte, también existían bandas de origen religioso, donde el director era el maestro de capilla u organista de la parroquia:

“ ... en todos los pueblos había un organista titular, muchas veces nombrado después de una oposición; en otras partes, las más numerosas, este cargo era simultaneado con el de maestro de escuela o sacristán. Lo cierto era que ello obligaba al interesado a demostrar que trabajaba, y uno de los medios principales para hacerlo era la formación de coros y posiblemente también de conjuntos instrumentales. (...) Era por tanto un músico que vivía del pueblo y para el pueblo; que tenía en sus manos la parte cultural-musical de los ciudadanos y en sus manos estaba la abundancia y dignidad de manifestaciones culturales que, al mismo tiempo, podrían proporcionarle una consideración y material entre los ciudadanos...”. 253

Así pues, no es de extrañar que aparezcan algunos nombramientos como director de la música municipal y maestro-organista, o bien maestro de capilla-organista y director de la música municipal.254

A principio del siglo XIX en Valencia existían diversas bandas de música. Junto a las militares,255 habían otras civiles como las de los “Veteranos de la

252 Ruiz Monrabal, V.: Historia de las Sociedades Musicales de la Comunidad Valenciana: les Bandes de

Música i la seua Federació, Tomo I, op. cit., p. 32.

253 Climent, J.: Historia de la música contemporánea en Valencia, op. cit., p.137, 144.

254 Como prueba de ello, las disposiciones para cubrir el cargo de maestro de capilla-director de la música

municipal en Vinaroz, en el año 1857, fueron publicadas en el Diario de Barcelona, la Gaceta de Madrid y el Boletín Oficial de la provincia de Castellón. (Cfr.: Ros Pérez, V.: “Els organistes valencians i els primers directors de les nostres bandes de música”, en Música y Pueblo, Valencia, Federación de Sociedades Musicales de la Comunidad Valenciana, Año 1985,Nº 44, pp. 19 – 21).

255 En la ciudad de Valencia las bandas militares se pusieron muy de moda entre sus habitantes. Solían

hacer parte de sus actuaciones al aire libre, sobre todo en el Paseo de la Glorieta y en las serenatas que se ofrecían a los dignatarios locales. Además, participaban en una gran variedad de eventos sociales, como las procesiones religiosas y las ceremonias cívicas. Su repertorio era muy ecléctico, es decir, trabajos compuestos por sus propios directores, transcripciones de piezas que estaban de moda y música popular. Un aspecto interesante era el sabor del público hacia la música descriptiva, donde se solía narrar escenas de batallas o eventos patrióticos.

79 Libertad”,256 la del “Cuerpo de Bomberos”, la de los “Asilados de la casa de la Misericordia”, la de la “Casa de la Beneficencia” y otra banda que era popularmente llamada en Valencia “la Banda del Oli”.257 Esta última era la que asistía y acompañaba a la Corporación Municipal en los diversos actos oficiales.258 José Ruiz de Lihory nos afirma lo siguiente al respecto:

“En 1800 se creó la banda de música de los Asilados en la Casa de Misericordia, por iniciativa del Inquisidor Fiscal D. Nicolás Rodríguez Lazo. Y pocos años después el Ayuntamiento aceptó los servicios y autorizó para que llevara el nombre de Banda Municipal á la dirigida por el Sr. Izquierdo. El pueblo la conocía por la música del oli, porque ordinariamente ensayaban en la ya derruida lonja del aceite”.259

La abundancia de estas agrupaciones musicales fue la chispa que desencadenó en el Ayuntamiento de Valencia la creación de una Banda de Música sufragada por el Consistorio Municipal.

256 La Banda de Veteranos de la Libertad procedía de las antiguas milicias encargadas de velar por la

libertad y defensa de la Constitución. A finales del siglo XIX de la parte castrense de los veteranos no quedaba más que el uniforme y un estado catarroso en sus individuos, del que sobrevino el calificativo de “banda de la tos”. Todos sus militantes eran viejos, pero gozaban de cierto predicamento debido a los cargos y empleos de carácter honorífico que desempañaban. Sus componentes vestían traje militar con espadín y no faltaban en ninguna procesión, fiestas populares y corridas de toros. (Cfr.: Las Provincias, 3 de marzo de 1945).

257 La banda del aceite.

258 Vidal Corellá, V.: El maestro Santiago Lope, Valencia, Conservatorio Superior de Música y Escuela

de Arte Dramático de Valencia, 1979, p. 24.

259 Ruiz de Lihory, J.: La Música en Valencia, Diccionario Biográfico y Crítico, op. cit., p. XXXVIII.

Existe otra hipótesis en la que se piensa que el nombre de “Banda del Oli” se debe a que fue fundada por un olier, es decir, por un comerciante con tienda de aceite. (Cfr.: Las Provincias, 3 de marzo de 1945).

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