Desde el punto de vista de la morfoanatomía de la familia son escasos los trabajos que aportan datos sobre los caracteres macroscópicos y aun menor, de los caracteres microscópicos de especies nativas argentinas de esta familia. Las obras clásicas de anatomía (Solereder, 1908 y Metcalfe y Chalk, 1972), informan caracteres anatómicos generales de las hojas, cortezas y maderas, comprendiendo la mayoría de los géneros de la familia. Basado en Engler (1931), Webber (1936) analizó de forma sistemática el leño de 58 especies representantes de la familia, describiendo caracteres macroscópicos y sobre todo microscópicos del leño de especies del género Picramnia, Alvaradoa, Picrasma y Castela, especies todas pertenecientes a climas tropicales y subtropicales. Asimismo, se incluye en dicha publicación una clave de maderas para identificar las diferentes subfamilias que integraban el grupo Simarubées, descripto inicialmente por Jadim (1901). Relativamente pocas maderas de Argentina han sido ilustradas micrográficamente, a pesar de las ventajas evidentes que ello representa para su reconocimiento. O’Donell (1937) realiza un estudio comparativo de la anatomía del leño de tres especies nativas argentinas: A. subovata (A. amorphoide), P. palo
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amargo (P. crenata) y C. coccinea y considera que, a pesar de las diferencias climáticas con
las regiones tropicales, se registran algunos caracteres anatómicos de índole general que concuerdan con los citados por Webber (1936) al analizar el leño de dichas especies pertenecientes a climas tropicales y subtropicales. Respecto a caracteres microscópicos de cortezas, sólo se circunscriben a la especie A. altisssima, en base a las descripciones de Müller (1908). Por otra parte, Di Sapio y col., (1997) analizaron caracteres anatómicos de cortezas y leños de A. altisssima, Quassia amara y C. tweedii a fin de contribuir al conocimiento y delimitación de las citadas especies. Con el propósito de facilitar la identificación rápida de maderas duras, Wheeler y col., (1986, 1989) generaron una base de datos con caracteres microscópicos de las mismas, incluyendo el género Picramnia, Alvaradoa y Ailanthus. En lo concerniente a hoja, Jadin (1901), Solereder (1908) y Metcalfe y Chalk (1972), describen características de los tricomas, nectarios extraflorales, canales secretores, entre otros, en diferentes géneros de Simaroubaceae. Existen numerosos trabajos que se ocupan del estudio anatómico y fisiológico de los nectarios florales y extraflorares, glándulas y tricomas glandulares de A. altissima (Bory y Maczulajtys, 1978; Clair-Maczulajtys y Boris, 1983, 1985; Kowarik y Säumel, 2007; Shi y col., 2011). Fernando y Quinn (1992) y Xifreda y Sanso (1998) estudiaron la anatomía del pericarpio y la morfología polínica de distintas especies representantes de la familia como aportes taxonómicos y sistemáticos que contribuyeron a la re-circunscripción de la familia. Por último, Arambarri y col. (2008) describen la anatomía foliar de árboles y arbustos de la provincia Biogeográfica Paranaense donde se encuentra P.
crenata, de la región de las Yungas describieron las hojas de A. subovata (Arambarri y col.
2009), y de la región Chaqueña semiárida destacaron los caracteres xeromórficos de hojas de
C. coccinea (Arambarri y col., 2011).
La carencia de estudios estructurales en relación al hábitat de estas especies hizo necesario la ampliación de las investigaciones morfo-anatómicas de los órganos vegetativos en relación a diferentes condiciones ambientales, basándonos en el concepto de que el fenotipo es una expresión de la interrelación entre genotipo y ambiente (Schlichting y Smith, 2002). Muchos caracteres morfológicos están claramente relacionados con las condiciones ambientales. Las variaciones morfoanatómicas en respuesta al ambiente se expresan mejor en la hoja, por lo que el espectro de variación de la anatomía foliar provee una indicación de la plasticidad ecológica de cada especie (Roth, 1984). Con respecto a la corteza, a pesar de la riqueza de características y peculiaridades que nos ofrece su anatomía, rara vez se la utiliza
para consideraciones taxonómicas. Varios autores señalan la importancia de sistematizar su estudio tanto a nivel macro como microscópico, definiendo los elementos útiles para el reconocimiento de las especies (Garlant y col., 2002). El espesor de la corteza es un carácter propio de la especie y está altamente influenciado por los factores ambientales. El número de peridermis acumuladas en el ritidoma es indicativo de algunas condiciones del medio; cuando el vegetal requiere de una mayor protección ante condiciones extremas, se acumulan mayor
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número de capas protectoras de súber, hasta un límite característico para cada especie (Roth, 1981; Trockenbrodt, 1994).
En los últimos años ha habido un aumento del interés por el estudio de la anatomía ecológica de la madera con el fin de entender posibles mecanismos evolutivos del xilema (Bailey y Tupper, 1918), y tendencias filogenéticas (Carlquist, 1975, 1980). Se han obtenidos resultados prometedores mediante la comparación de la incidencia de varias características anatómicas de la madera en floras leñosas, o diferentes tipos de vegetación desarrolladas en diferentes medios ecológicos, a través del análisis de los patrones de variación dentro de géneros o familias con una gran amplitud ecológica (Weber 1936; Carlquist, 1975, 1977; Baas, 1976, 1982). Según Bass y col. (1983), en todos estos estudios se ha supuesto tácitamente que la mayor parte de las variaciones de las tendencias ecológicas observadas se fijan genéticamente, y que las mismas son el resultado de la selección. Por otro lado, la plasticidad fenotípica es un gran componente de las características anatómicas de la madera, y puede contribuir a las tendencias ecológicas observadas. Por tales motivos, se han realizado diferentes estudios anatómicos estructurales de maderas priorizando el análisis del efecto de algunos parámetros ecológicos como humedad, temperatura, estacionalidad, altitud y distribución geográfica sobre caracteres anatómicos cuantitativos como diámetro de poros, frecuencia de vasos, grado de agrupamiento de los vasos, longitud de elementos vasculares y tamaño de punteaduras intervasculares. También se ha hecho énfasis en la presencia de engrosamientos y tipos de placas de perforación, así como de un sistema de conducción subsidiario representado por elementos traqueales imperforados (Lindorf, 1994). Las tendencias ecológicas han sido interpretadas como el resultado de adaptaciones funcionales a factores ambientales y al considerar el transporte de agua como una de las principales funciones del xilema (Zhang y col., 1992), es lógico esperar que los estudios ecoanatómicos estén orientados hacia aspectos relacionados con los elementos de conducción. Los estudios ecoanatómicos han buscado conocer cómo varían algunos elementos xilemáticos ante cambios en las condiciones del medio donde crece la planta (Baas, 1976; Baas y col., 1983; Baas y Carlquist 1985; Carlquist y Hoekman 1985; Zhang y col., 1992; Villagra y Roig, 1997; Moglia y López, 2001). Lindorf (1994, 1997) y León (2001), entre otros, tomaron como elemento básico de análisis los índices de vulnerabilidad y mesomorfía propuestos por Carlquist (1977), con los cuales se busca determinar el grado de seguridad o eficiencia que presentan los elementos de conducción que se desarrollan en un medio determinado.
No existen hasta el momento trabajos que abarquen en forma integral el conocimiento sobre los caracteres ecoanatómicos de los órganos vegetativos, (hoja, pecíolo, tallo, leño, corteza) de ninguna de las especies propuestas para el estudio de la presente tesis. Se especula aportar nuevos datos anatómicos que avalen los nuevos reordenamientos taxonómicos propuestos para esta familia por Cronquist (1944;), Fernando y Quinn, (1992,
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1995), y en relación al último sistema de clasificación APGIII (Haston y col., 2009).Las hojas, y principalmente las cortezas y maderas, de las especies de la flora de Argentina han sido poco estudiadas desde el punto de vista micrográfico,por tal motivo, el estudio exo y endomorfológico brindará aportes para la futura elaboración de farmacopeas herbarias locales que brindarán un conocimiento avalado en forma científica de las especies utilizadas en medicina popular y que facilitarán el control de calidad de las mismas, teniendo en cuenta que el análisis micrográfico de las especies biológicamente activas, es requisito indispensable en las Farmacopeas Herbarias.