Capítulo 3. Aproximación cuasi-etnográfica al narcocorrido desde la noción de mediador
3.2. El narcocorrido como intermediario
3.2.1. Antecedentes de la noción de mediación
Bruno Latour reconoce que el trabajo de Michel Callon, “Algunos elementos para una sociología de la traducción: la domesticación de vieiras y los pescadores de la Bahía de Saint Brieuc” fue uno de los pioneros en este abordaje. En este texto, Callon propone lo que denomina “sociología de la traducción”, donde postula “el principio de simetría generalizada”46, del cual sostiene:
Similar al principio de simetría de D. Bloor pero considerablemente ampliado. Su objetivo no es sólo explicar los puntos de vista y argumentos enfrentados en una controversia científica o tecnológica en los mismos términos, pues sabemos que los ingredientes de las controversias son una mezcla de consideraciones sobre la Naturaleza y la Sociedad. Por esta razón requerimos que el observador use un mismo repertorio cuando las describa (1995, p. 261).
Callon sugiere que al asumir este principio, “la regla que debemos respetar es no cambiar de registro cuando nos movemos de los aspectos técnicos del problema estudiado a los sociales” (pp. 261-262). Es decir, que debemos de abandonar toda distinción a priori entre sucesos naturales y sociales. Se debe de seguir “a los actores para identificar como éstos definen y asocian los diversos elementos mediante los que construyen y explican el mundo social, sea éste natural o social” (p.262). En este texto, Callon describe una red de actores y relaciones entre pescadores, vieiras y científicos. Reconoce y da la misma importancia a las características y conexiones que establecen los no-humanos. Define una compleja red de “interrelaciones en la que la Sociedad y la Naturaleza están entrelazadas” (p.262). Si bien esta propuesta se enmarca en el campo conocido como sociología del conocimiento científico, van más allá de lo que es una reflexión sobre la ciencia y abarcan un problema más general. Cuestionan “dicotomías que tradicionalmente han poblado los
46 Según Domènech y Tirado (1998), este principio será el concepto central de la propuesta de la
Teoría del Actor-Red. Desde una sociología simétrica, se apuesta por reconocer que los factores sociales no son suficientes para explicar la dinámica de la sociedad. Es preciso recurrir a medios heterogéneos. Dicho de otro modo, “para explicar lo social […] hay que dejar de lado la preocupación exclusiva por las relaciones sociales y tomar en consideración a los actantes no humanos (Latour, 1991b), así como los procedimientos técnicos en los que éstos están involucrados” (Domènech & Tirado, 1998, p. 23).
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análisis sociológicos: naturaleza-sociedad, sujeto-objeto, macro-micro” (Domènech & Tirado, 1998, p. 13). Las características que tradicionalmente se imputan a los actores humanos aparecen ahora relacionadas con elementos no-humanos y la diferenciación entre niveles de explicación se vuelve inservible.
En otro de sus trabajos, Callon estudió la introducción del coche eléctrico (VEL) en Francia. Nuevamente, sugiere que en el proceso de esta innovación, “las consideraciones técnicas, científicas, sociales, económicas o políticas están inextricablemente ligadas a un todo orgánico […] están permanentemente entrelazados en un tejido sin costuras” (1998, p. 144). En continuidad con “el principio de simetría generalizada”, Callon comenta:
Renault movilizaría su pericia en la producción de automóviles tradicionales […] el gobierno también sería enrolado: este o aquel ministerio subvencionaría a estos ayuntamientos interesados en la tracción eléctrica […] Hay consumidores, movimientos sociales y ministerios […] sería erróneo limitar el inventario. También hay acumuladores, pilas, electrodos, electrones, catalizadores y electrolitos, pues si los electrones no hiciesen su parte, o si los catalizadores se contaminasen, el resultado no sería menos desastroso que si los usuarios rechazasen el nuevo vehículo (pp. 146-147).
Para Callon, ninguno de estos ingredientes puede situarse en una jerarquía o distinguirse según su naturaleza. Sugiere la noción de “actor-red”, que permite caracterizar “la concepción de asociaciones heterogéneas”. En este caso, los elementos que aparecen en la cita anterior, quedaron engarzados en una misma cadena. Según Callon, el actor-red no es reducible ni a un simple actor ni a una red. Se compone de “series de elementos heterogéneos, animados e inanimados, que han sido ligados mutuamente durante cierto período de tiempo” (p.156). Como se ve en los trabajos de Callon, ningún elemento se excluye, nunca son estables o predecibles, tampoco están perfectamente definidos, “ya que las entidades de las que se compone, sean éstas naturales o sociales, pueden en cualquier momento redefinir sus identidades y relaciones mutuas y traer nuevos elementos a la red” (p. 156). Así, un actor-red, es “simultáneamente, un actor cuya actividad consiste en entrelazar elementos heterogéneos y una red que es capaz de redefinir y transformar aquello de lo que está hecha” (1998, p. 156). Esto es definido como “la apuesta por la heterogeneidad”. Lo cual implica “conceptualizar las entidades sociales y naturales que pueblan nuestra vieja realidad como construcciones, como producciones o emergencias de redes heterogéneas, de entramados compuestos por materiales diversos” (Domènech & Tirado, 1998, p. 25).
Callon sugiere una nueva herramienta metodológica, de la cual resalta que “otra forma de aprender de la sociedad […] es seguir a los innovadores en sus investigaciones y
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proyectos” (p. 162). Invita a concebir y a cuestionar la naturaleza misma del propio análisis sociológico. Resalta que practicar una sociología capaz de seguir a la tecnología a lo largo de su elaboración, “significa reconocer que el objeto de estudio apropiado no es ni la sociedad misma ni las así llamadas relaciones sociales, sino los actores-red, que dan lugar, simultáneamente a la sociedad y tecnología” (p.163). Se trata pues, de explorar “la sociedad en proceso de construcción” (p.164). Su propuesta, permite “describir, de una forma dinámica, asociaciones heterogéneas dadas y seguir el paso de una configuración a otra” (p.165). Esta propuesta, exige la elaboración de descripciones in situ. Observando la actividad de los actores en un escenario concreto. Sirve como ejemplo, la estrategia de Bruno Latour y Steve Woolgar (1995), de convertirse en parte de un laboratorio científico, para seguir a detalle los procesos del trabajo científico. Dice Latour, “la única forma de entender la realidad de los estudios de la ciencia es fijarse en lo que mejor se la da a dichos estudios, esto es, poner suma atención en los detalles de la práctica científica” (2001, p. 38).
Cuando Latour, habla de un colectivo de humanos y no humanos en un mismo pliegue, sugiere cuatro formas de explicar la noción de mediador. Como lo suele hacer, se vale de ejemplos simples y conocidos, con el fin de “demostrar que es imposible hablar de ningún tipo de dominio en nuestras relaciones con los no humanos, incluyendo el supuesto dominio que ejercen sobre nosotros” (2001, p. 211). El ejemplo de partida es la controversia de La Asociación Nacional del Rifle en Estados Unidos. Latour pone en tensión las posturas y explicaciones encontradas de las perspectivas materialistas y sociológicas. “Las armas matan a la gente” dice la primer postura. Mientras que desde la segunda sostienen “Las armas de fuego no matan a la gente; la gente mata a la gente”. Dice Latour, que el error de ambas posturas, consiste en “partir de esencias, bien la de los sujetos, bien la de los objetos […] este punto de partida hace imposible que valoremos tanto el papel mediador de las técnicas como el de las ciencias” (p.215). El primer sentido que Latour otorga al término de mediación es el de “programa de acción”, que serían “la serie de metas, pasos e intenciones que un agente puede describir en una historia” (p.213). Aquí, a los artefactos se les reconoce por su “carácter activo y a menudo polémico” (p.368). Latour se pregunta: “¿cuál de los dos, pistola o ciudadano, es el actor de esta situación?”. Se trata del “desplazamiento, deriva, invención o mediación: la creación de un lazo que no existía con anterioridad y que en cierta medida modifica a los dos iniciales” (p.214). Es lo que Latour llama “traducción”. Con este ejemplo, Latour concluye que “no
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son ni las personas ni las pistolas las que matan. Los diversos actantes47 deben compartir la
responsabilidad de la acción. Y este es el primero de los cuatro significados de la mediación” (p. 216).
Para el segundo significado, Latour sostiene que “la acción es una propiedad de entidades asociadas” (p.217). Expone como ejemplo los aviones y los vuelos: “Los Boeing 747 no vuelan, son las compañías aéreas las que vuelan” (p.231). Dice Latour: “volar es una propiedad que pertenece a toda una asociación de entidades que incluye los aeropuertos, los aviones, las plataformas de lanzamiento y las ventanillas expendedoras de billetes. Los B-52 no vuelan, son las Fuerzas Aéreas estadounidenses las que vuelan” (p.218). Para Latour “la acción no es una propiedad atribuible a los humanos sino a una asociación de
actantes, y este es el segundo significado de la mediación técnica” (p.218).
El tercer significado de la mediación, es lo que Latour denomina “cajanegrización reversible”. Como expliqué antes, la noción de caja negra, refiere a “un proceso que vuelve completamente opaca la producción conjunta de los actores y los artefactos” (p. 219). Es necesario reconocer que la composición de los actores es variable. “Algunas veces los objetos parecen estables, otras parecen agitados, como un grupo de seres humanos afanándose en torno de un artefacto estropeado” (p.220). Latour usa como ejemplo un proyector estropeado en una conferencia. Explica que “el proyector puede considerarse compuesto por un único elemento, por ninguno, por cientos de ellos, por un montón de humanos o por ningún humano, y cada parte, a su vez, puede contar por una, ninguna, por muchas, por un objeto o por un grupo de objetos” (p.221).
Latour menciona que el cuarto significado de la mediación es la “delegación”. Esto lo explica a través del ejemplo de un “guardia durmiente”, una banda rugosa en un campus universitario “que reduce la velocidad de los coches (o que los deteriora)” (p.225). Con la presencia de este elemento que se encuentra en el mismo lugar día y noche, Latour se pregunta: “¿dónde están los ingenieros?, ¿dónde está el policía”. En un primer momento tenemos “un ingeniero ausente, una banda rugosa que está constantemente presente” (p.225). Sin embargo, al referir a “delegación”, lo que sucede es que “la acción efectuada hace tiempo por un actor y desaparecido sigue estando activa aquí, hoy y en mí” (p.226). Es decir, la banda rugosa no está compuesta sólo de materia; está repleta de ingenieros, de rectores y legisladores, combinando sus argumentos con la gravilla, el cemento, la pintura y los cálculos de rigor. Dice Latour: “La mediación, la traducción en técnica que intento
47 Latour explica que el uso de la palabra “actor” se suele restringir a los humanos. Por su parte,
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comprender, reside en ese punto ciego en el que la materia y la sociedad intercambian sus propiedades” (p.227). Lo que actúa al mismo tiempo viene de muchos otros lugares, de actores distantes y lejanos (Silva, 2010).
Para Latour (2001), la noción de una mediación social es una noción vacía si no se precisa en el significado de los términos “mediación” y “social”. Una de las primeras premisas que Latour deja clara en “Reensamblar lo social. Una introducción a la teoría del actor-
red”, es que si bien la mayoría de los científicos sociales se refieren a “lo social” como una
cosa homogénea, “es perfectamente aceptable designar con el mismo término una sucesión de asociaciones entre elementos heterogéneos” (2008, p. 19). Donde la tarea es el rastreo de asociaciones y relaciones que no son sociales en sí mismas. Latour sugiere que en el seguimiento de las conexiones se deberá reconocer la agencia y los roles que cumplen los no-humanos. Deben ser actores. Se debe mantener la noción de “simetría”. Donde ser simétrico significa “no imponer a priori una asimetría espuria entre la acción humana intencional y un mundo material de relaciones causales” (Latour, 2008, p. 113). Para Latour, “no hay ningún sentido plausible en el que puedan distinguirse los artefactos, las corporaciones y los sujetos” (2001, pp. 235–236). Además, Latour reconoce que lo social no puede ser tomado como una condición estable a lo largo del tiempo. Es una condición inestable y cambiante. De ahí la necesidad de que los vínculos sociales tienen que ser rastreados siguiendo sus movimientos.
Latour plantea la noción de “mediación” en contraposición a la de “intermediario”. Para él, los mediadores:
No pueden considerarse sólo uno; pueden funcionar como uno, nada, varios o infinito. Sus datos de entrada nunca predicen bien los de salida; su especificidad debe tomarse en cuenta cada vez. Los mediadores transforman, traducen, distorsionan y modifican el significado o los elementos que supone que deben transportar (Latour, 2008, p. 63).
En este sentido, Latour plantea que en el seguimiento de los mediadores hay que presentar el relato de su acción. Para hacerlo, es necesario hacer evidentes sus conexiones y sus rastros observables. Es decir, “hay que presentar el relato de su acción” (2008, p. 82). Hay que situarse in media res. Así como no se distinguen los elementos que componen el “mundo social”, tampoco será necesario definir con anticipación quiénes son realmente los actores, qué es lo que realmente los hace actuar y cómo actúan. En la lógica de la mediación, siempre se darán muchas situaciones nuevas e impredecibles. Desde la Teoría del Actor-Red se “describe un mundo hecho de concatenaciones de mediadores en el que se puede decir que cada punto actúa plenamente” (Latour, 2008, p. 91). En esta
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concatenación de mediadores, se permite que se incorporen elementos no-humanos. Se trata de extender la lista al momento de realizar las descripciones.
Hablar de mediación es hablar en términos de continuidad, secuencialidad, relevo y asociación de mediadores (Hennion, 1986, 2002, 2010). Siguiendo a Latour, “la continuidad de cualquier curso de acción rara vez consistirá de conexiones entre humanos (para lo que bastarían, de todos modos, las capacidades sociales básicas) o conexiones entre objetos, sino que probablemente irá en zigzag de unas a otras” (2008, p. 112). Así, se forma una red heterogénea en la que los objetos también son mediadores (Gomart & Hennion, 1999). Latour (1998) reconoce que esto es posible encontrarlo en la vida cotidiana, en prácticas diminutas. Lo explica utilizando un problema como puede ser el deseo de un director de hoteles que quiere evitar la pérdida de llaves de las habitaciones. El director añade a las llaves avisos orales, escritos y finalmente pesos metálicos. El éxito de su objetivo sólo es posible con el constante mantenimiento de la sucesión de objetos acumulados. Sólo gracias a que el director quiere que vuelvan sus llaves, se los recuerda a sus clientes a viva voz, cuelga carteles y añade peso a la llave, finalmente, disciplina a sus clientes. Otro ejemplo se encuentra en una comparación que hace Antoine Hennion (2003) entre un grupo de aficionados al vino y otro de amantes de música. Explica que ya sea para disfrutar de una buena copa o de una canción, los aficionados al hablar de su gusto despliegan una red de mediadores para realizar su actividad, en la que es posible encontrar técnicas de compra y degustación, un reconocimiento como pertenecientes a los clubs o grupos organizados con quienes comparten su afición, uso de un vocabulario técnico, el desarrollo de un oficio crítico de las actividades que realizan en donde se establecen modelos de evaluación, entre otros. En las dos actividades se relacionan cuerpos, espacios, tiempos, conocimientos, aprendizajes, prácticas, dispositivos técnicos; la acción, en este caso el gusto o pasión por la actividad se encuentra ampliamente distribuida y se lleva a cabo en todos los intersticios de la secuencia de mediadores que participan.
Siguiendo algunas de las ideas expuestas hasta este punto, Lasén y Martínez (2001) apuestan por un cambio de óptica para el estudio de la música. Se interesa en la música electrónica y toma como punto de partida las propuestas de los estudios de la ciencia y tecnología:
Su replanteamiento contra-intuitivo de las categorías de sociedad y ciencia; la sociología como ciencia de la sociedad, bien que entendiendo la noción de sociedad no como una categoría que, al modo de un concepto-dosel, sería el explanans de todo lo que cae bajo su jurisdicción, sino como aquello a ser explicado: la asociación o articulación de multiplicidades, la asamblea/ensamblaje de actantes heterogéneos en disposiciones múltiples (2001, p. 130).
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Lasén, se propone describir la red de creación musical. De la que resalta que es caracterizada por “la fluidez o hibridación entre creación, difusión y recepción, red formada por tecnologías digitales y analógicas, platos y mesas de mezclas, vinilos y CDs, Internet, DJs, productores, públicos y cuerpos, discotecas y sistemas de sonido, pastillas y rayas” (2004, p. 1). Para Lasén, la música electrónica constituye un engranaje de condiciones y relaciones en los que los sonidos se producen y circulan. No se establece a priori una distinción entre el músico y el público, entre producción, difusión y recepción, sino que todo entra en un mismo sentido de relaciones. El sonido no sigue una línea que va del intérprete al público, sino que los envuelve y sorprende. En los clubes, raves, las fiestas, entran en relación “un ambiente, una atmósfera, la combinación del lugar, de la música y de la masa rítmica de los que bailan” (2004, p. 10). La creación musical es indisociable del lugar y de la situación de la escucha (Lasén, 2003). Es una creación colectiva de diferentes elementos articulados, móviles como el propio trabajo del DJ en continuo movimiento (Lasén & Martínez, 2001).
En la actualidad, el narcocorrido se actualiza y sostiene de gran cantidad de soportes materiales. Los eventos musicales en los que se recrea el narcocorrido emergen ante la presencia de elementos mediados y secuenciados uno tras otro. Cuando Los Tigres del Norte (2003) dicen: “A mí me gustan los corridos, porque son los hechos reales de nuestro pueblo. Sí, a mí también me gustan, por que en ellos se canta la pura verdad. Pos ponlos pues. Órale ahí van”, se muestra la relación entre actividades aparentemente de naturaleza humana, por ejemplo, gustar o cantar. Posteriormente se dice “poner la música”. Es justo en este punto en el que la actualización de la música pasa por innumerables intermediarios. Siguiendo a Hennion, alguien o algo debe hacer la música, un disco, un instrumento, un artista o un reproductor. La música no se presentará sin la concatenación de mediadores. Para que un narcocorrido cuente con la aceptación de un público, hacen falta más que palabras. “Son una infinidad de mediadores humanos y materiales asociados que entran en juego para que el narcocorrido se manifieste, sea aceptado y se mantenga en la sociedad sinaloense que lo produce y lo incorpora en sus eventos musicales cotidianos” (Burgos, 2011b, p. 107). En lo que sigue expondré la lógica de la mediación musical.