2.3 La economía social de mercado
2.3.1 Antecedentes y construcción de la terminología
Durante mucho tiempo en nuestro país hemos sufrido por el fracaso constante de los modelos económicos impuestos, sean estos los clásicos mercantilistas o los siempre promovidos modelos proteccionistas extremistas, es frente a esta situación que, desde lo contemplado en la Constitución de 1979, lo que años más tarde fue ratificado por le Constitución de 1993, se estatuyó la Economía Social de Mercado.
Fue frente a los mercados libres instruidos en el mundo, que surgió la imperiosa necesidad de regular la ya de por sí complicada relación mercantil internacional –y doméstica también-. Dicho modelo ha sido expuesto de muchos modos en doctrina, la Fundación Konrad Adenauer elaboró una compilación de trabajos sobre este punto, el más relevante de ellos nos sirve para explicar qué se entiende por Economía Social de Mercado:
“La Economía Social de Mercado se basa en la organización de los mercados como mejor sistema de asignación de recursos y trata de corregir y proveer las condiciones institucionales, éticas y sociales para su operatoria eficiente y equitativa. En casos específicos, requiere compensar o corregir posibles excesos o desbalances que puede presentar el sistema económico moderno basado en mercados libres, caracterizado por una minuciosa y extensa división del trabajo y que, en determinados sectores y bajo ciertas circunstancias, puede alejarse de una competencia funcional. Descarta como sistema de organización la economía planificada centralmente” (RESICO M. F., 2010, pág. 107).
La Economía Social de Mercado como término descriptivo de la situación antes mencionada fue propiamente acuñada por primera vez en la obra intitulada
WirtschaftslenkungundMarktwirtschaft, (Dirección económica y economía de mercado, en castellano), gestada a partir de las ideas esbozadas por el autor Alfred Müller Armack. En la obra que fue publicada en 1946, se expuso también el quid de la Economía Social de Mercado, lo que hasta ahora parece vigente: “combinación del principio de la libertad de mercado con el principio de la
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Para este autor, “el marco referencial es el concepto de la libertad del hombre complementada por la justicia social”. Es sin duda el ámbito social de la economía lo importante para este nuevo modelo que busca rectificar esos escollos que siempre existieron en la actividad económica. Como se encuentra en doctrina –ampliamente- la Economía Social de Mercado nació como una nueva corriente que suponía ser un encuentro entre el fomento de la iniciativa individual, la productividad, la eficiencia, la tendencia a la auto regulación, con los aportes fundamentales de la tradición social de solidaridad y cooperación, añorados por la clase mayoritaria, principios estos que se basan necesariamente en la equidad y la justicia en una sociedad cualquiera. En suma, se intenta implementar una combinación entre la libertad de acción individual dentro de un marco de responsabilidad personal y social.
Sin duda, el modelo no parece estar equivocado, las realidades de los países latinoamericanos han sido importantes para demostrar que el crecimiento económico se condice siempre con la implantación de un modelo semejante al expuesto. Probablemente ello es el principal motivo para que el modelo dado se arraigue en un país.
Si seguimos a Müller Armack, es relevante conocer que este autor expuso un diseño del concepto político de la Economía Social de Mercado como una idea abierta y no como una teoría cerrada. Igualmente, las obras del reiterado economista detallan que la dinámica de la Economía Social de Mercado exige necesariamente una apertura frente al cambio social. Dicho ello, es obvio que la idea central por la que se acuña la expresión “Economía Social de Mercado” fue compensar a las partes menos beneficiadas de la actividad económica y que por recursos propios no podrían obtener mayor ventaja.
Las nuevas corrientes que también se amparan en el antiguo modelo y que suponen la vanguardia aún exponen que lo impuesto por los autores antes citados, lo que hizo fue asignar mayor énfasis a la Economía de Mercado:
“…con sus lineamientos fundamentales de estabilidad y libertad monetaria manteniendo con ello una moneda fuerte y sólida, un régimen económico de amplia competencia, bajo el cual no podrían progresar los monopolios
ni el proteccionismo, ni los subsidios, ni los privilegios. La rentabilidad de las empresas dependía de su eficiencia, de su competitividad, y solamente podían lograr utilidades por medio de la reducción de costos de operación y de producción, aumentando la productividad y elevando los salarios reales” (BARRETO, 2005, pág. 47).
La implantación de la Economía Social de Mercado suponía ser una “competencia perfecta”, la misma que debía liderar la actividad económica mundial y que venía seguida del ejemplo alemán, que serviría como ejemplo a la comunidad internacional. La rentabilidad de las empresas dependía de su eficiencia, de su competitividad, y solamente podían lograr utilidades por medio de la reducción de costos de operación y de producción, aumentando la productividad y elevando los salarios reales. Es así que su enorme desarrollo y su estabilidad política han contribuido para que este sistema económico sea el más idóneo para los países en vías de desarrollo como el nuestro.
El concepto de “Economía de Mercado” del siglo XIX se basaba, teóricamente, como se ha dicho en lo que se dominó “competencia perfecta”. En otras palabras, en el libre juego de la “oferta y demanda”, sin las interferencias de los monopolios, oligopolios, carteles, tarifas arancelarias y arancelarias, fijaciones arbitrarias del tipo de cambio y de cambios múltiples, precios oficiales arbitrarios para las mercaderías y servicios, distorsiones de precios, acaparamientos especulativos con expectativas inflacionarias y devaluaciones. Crecientes déficit fiscales fabricados con la maquinita de imprimir billetes(BARRETO, Economía Social de Mercado con Desarrollo Económico y Social sostenido., 2006, pág. 47).
Estos hechos explicados por los doctrinarios alemanes citados antes, dio paso a generar una corriente internacional que diera cuenta de la existencia de ese consenso internacional sobre las ventajas de este nuevo modelo y a ello, al estar reflejado en las Constituciones de cada Estado, se denominó Constitución Económica.
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acepta que el mercado es el mejor sistema para propiciar el progreso económico, porque incentiva la competencia creadora e impulsa la innovación, pero a su vez se sostiene que el Estado debe garantizar que los mecanismos del mercado funcionen en un marco de responsabilidad social, cuyas alteraciones nocivas deben ser controladas y corregidas para garantizar la libre competencia, que debe ser la esencia del sistema.