Subcapítulo I: Hábitos de lectura 2.1.2 Definición de hábitos
2.7. Estrategias de lectura
2.7.1. Antes de la lectura Ideas generales
Solé nos presenta un marco de intenciones y criterios:
En cierta manera, son repetitivos o deducibles de la información anterior, por lo cual trataré de resumirlos mucho. Insiste en la idea de que la lectura ha de ser una actividad placentera y que, en todo caso, hay que distinguir las situaciones en las que simplemente se lee de aquellas en que se trabaja la lectura. Que nunca debe plantearse como una actividad competitiva (quién lo hace mejor), que debe ser una actividad significativa y formalmente variada (oral, colectiva, en vez alta, silenciosa) y que es imprescindible que el docente se implique en la misma actividad de lectura que propone, porque es “difícil que alguien que no encuentre gusto en la lectura sepa transmitirlo a los demás” (Solé 2000, p. 78)
Luego insiste la autora en el tema de la motivación que depende básicamente de los objetivos de la lectura concreta (no leer porque hay que leer), de que el alumno sienta la tarea interesante y que es capaz de abordarla con éxito. Importante que pueda leer textos por placer y otras de manera más funcional (proyectos, consultas, resolución de dudas). Ampliar, pues, los objetivos de la lectura y restringir el uso (abuso) de la lectura en voz alta. A este propósito, Soler cita a Colomer y Camps (Enseñar a leer, enseñar a
comprender) que indican que la lectura en voz alta debe obedecer a un propósito, ya que es absurdo que los estudiantes tengan que escuchar en la voz de un compañero o compañera
el texto que todos y todas tienen delante de las narices. Apunta finalmente la autora una idea importante: acercar la lectura escolar a la lectura real: aquella en la que el lector, en silencio, va construyendo a su manera el significado del texto.
Sobre los problemas humanos que tienen que sufrir las personas que leen mal, me parece magnífico el siguiente fragmento:
“No se puede pedir que tenga ganas de leer aquel para quien la lectura se ha convertido en un espejo que le devuelve una imagen poco favorable de sí mismo. Sólo con ayuda y confianza la lectura dejará de ser para algunos una práctica abrumadora y podrá convertirse en lo que siempre debería ser: un reto estimulante.”(Solé, 2000, p. 80)
Los objetivos de la lectura.
Los objetivos que pueden plantearse los lectores frente a un texto pueden ser muy variados:
- Leer para obtener una información precisa. Leemos para localizar algún dato que nos interesa: la fecha de nacimiento de un autor, un número de teléfono, etc. Una mezcla de “barrido” a través de la información y minuciosidad cuando se encuentra aquella que interesa. La autora recomienda los periódicos para realizar este tipo de actividad.
- Leer para seguir instrucciones. Hay que leerlo todo y además comprenderlo. Cuando lo que se quiere hacer es colectivo, la comprensión debe ser compartida. La metacomprensión se facilita porque el alumno o alumna se ve obligado a controlar su propia comprensión.
- Leer para obtener una información de carácter general. Interesa saber de qué va un texto. Lectura muy libre en la que no estamos presionados por una búsqueda concreta. Es lo que hacemos con las noticias y otros textos periodísticos. Vamos decidiendo si leer sólo el titular y, en función del interés, seguir con la entradilla, seleccionar párrafos, frases, etc.
Solé (2000, p. 82) sostiene que este tipo de lectura es muy útil para fomentar la “lectura crítica”, ya que “el lector lee según sus propios intereses y propósitos formándose una impresión del texto y sabe tanto lo que tiene que leer en relación a ellos como lo que puede obviar”.
- Lectura para aprender. Lectura lenta y repetida en la que el lector se interroga permanentemente sobre lo que lee, establece relaciones, revisa términos nuevos, realiza recapitulaciones, redacta resúmenes o esquemas, toma notas, etc. Es esencial que el alumno conozca con precisión los objetivos que se quiere que consiga.
- Lectura para revisar un escrito propio. La lectura adopta un papel de control, de autorregulación. El lector va de sí mismo a la imagen que se hace de otro lector que lee lo que el lector que revisa ha escrito. Muchos textos escolares revelan que no se ayudó al escritor a ponerse en el papel de sus lectores. De ahí, dirían Anna Camps y otros, la importancia de sesiones de escritura comunicativamente contextualizadas en las que los lectores puedan ser reales.
- Leer por placer. El lector es libre. Repite pasajes o se salta otros. Es fundamental practicar esta opción para motivar hacia la lectura. Se me ocurre que no tiene sentido que programemos libros para los diferentes cursos en función del placer o interés de los
estudiantes y luego les sometamos a aburridísimas fichas de lectura o “controles” triviales, sin más justificación que asegurarnos que la persona ha leído el libro. Habría que añadir que la literatura no es la única vía para disfrutar con la lectura. Como dice la Solé (2000, p. 87) “…algunas personas disfrutan enormemente cuando encuentran un texto científico que les hace pensar”.
- Leer para comunicar un texto a un auditorio o para practicar la lectura en voz alta. Si no se prepara para “evaluar” el nivel de lectura, sino para trabajar en competencias ligadas a la oralización del texto, es fundamental dar tiempo a la persona para que se prepare en silencio la
pueda distribuirse por igual entre la construcción del significado y la necesidad de oralizar bien”.
Tampoco tiene sentido que los demás tengan delante el texto que se les lee; no tengo nada clara
esta última afirmación: si la lectura es expresiva y personal, recrea el texto y permite mucho más su
interiorización por parte de los demás. Tener el texto delante ayuda a fijar una atención mecánica
que es perfectamente compatible con una atención comprensiva mucho más profunda.
- Leer para dar cuenta de que se ha comprendido. Es para lo que más se utiliza la lectura en las aulas. Forma parte de un protocolo bastante generalizado en países de
nuestro entorno. Según algunas investigaciones no está claro que la mayoría de preguntas al uso favorezcan la comprensión de lo leído. Es posible responder estas preguntas – muchas de ellas además son periféricas- sin haber comprendido el texto globalmente.
En resumen, queda claro que enseñar a leer es también acostumbrar a practicar lecturas con diferentes finalidades que implican distintos protocolos de actuación,
diferentes estrategias. El modelo más generalizado de leer textos para contestar preguntas no fomenta precisamente la adquisición de habilidades lectoras necesarias y sirve para objetivos muy restringidos que la misma escuela diseña y que fuera de ella apenas tienen relevancia.
Los conocimientos previos:
Es necesario que el docente se plantee qué saben sus estudiantes sobre el texto que les propone leer y que tenga en cuenta que este conocimiento no será el mismo para todos sus estudiantes. El docente, para ayudar a que se produzcan las conexiones necesarias entre el conocimiento viejo y el nuevo, debe ayudar a sus estudiantes a que se hagan conscientes de lo que saben sobre el tema y la forma del texto para construir lo que Mercer llama “contextos mentales compartidos”.
La activación de conocimientos previos es delicada, porque debe compatibilizar libertad con pericia en la conducción de los intercambios para que éstos no se desvíen del
tema del texto y puedan aportar a los lectores organizadores claros de las nuevas informaciones que el escrito va a presentar.
Establecer predicciones sobre el texto
El establecimiento de predicciones es un proceso que se da durante toda la lectura, es consustancial al hecho de leer comprensivamente. Aquí se hablará de las que se realizan antes de la lectura y que se refieren a los aspectos de contenido y estructura que veíamos antes: ¿Qué puedo esperar del contenido y progreso del texto en función de la
superestructura a la que pertenece? ¿Qué me permiten aventurar títulos, subtítulos, ilustraciones, etc.?
Implica que se corren riesgos y que queda claro que uno puede equivocarse, que la posibilidad de equivocarse forma parte del mismo aprendizaje. Comprobar si se van produciendo lo que los niños han aventurado da “significatividad” al acto de leer. Hay textos que por su misma estructura facilitan esta estrategia: por ejemplo y por razones obvias, la noticia.
Promover las preguntas de los estudiantes acerca del texto
Solé anima a crear situaciones en las que los estudiantes formulen sus propias preguntas acerca de los textos que leen, ya que así se potencia la conciencia del lector sobre lo que sabe y querría o vería necesario saber. Estas preguntas deben estar acordes al objetivo concreto de la lectura: información general, búsqueda de un dato concreto y preciso, etc.
Sobre todo si el objetivo es de comprensión global, Solé (2000, p. 97) recomienda formular o ayudar a los estudiantes a formular “preguntas pertinentes” y entiende por este tipo de preguntas aquellas “que conducen a establecer el tema del texto, sus ideas
Posiblemente la autonomía en la formulación de preguntas no se da al principio y es el docente el que tiene que ir creando el andamiaje necesario para que los estudiantes puedan ir formulando por sí mismos preguntas pertinentes sobre los textos.
Solé acaba el capítulo recomendando una lectura flexible de sus contenidos. No caer en posturas nominalistas, por ejemplo, que separen rígidamente interrogantes sobre el texto y predicciones o cortar con rigidez procesos naturales que van de la relación de
determinados índices textuales con los conocimientos previos y que se convierten en predicciones. No se nos ha propuesto una secuencia estática para aplicar mecánicamente en cuyo caso no podríamos hablar propiamente de estrategias.
Solé (2000, p. 98) lo que se pretende es ayudar al alumno a que se convierta en un “lector activo, es decir en alguien que sabe por qué lee y asume su responsabilidad ante la lectura (…) aportando sus conocimientos y experiencias, sus expectativas y sus
interrogantes”.
A continuación presentamos a manera de información clara a las preguntas: ¿Para qué voy a leer? ¿qué se yo acerca del texto?. ¿Qué puedo predecir del texto? Formular hipótesis.
Establecimiento del propósito
¿Para qué voy a leer?
Determinar los objetivos de la lectura
Leer para:
- Obtener información precisa.
- Seguir instrucciones.
- Obtener información de carácter general.
- Aprender.
- Revisará un escrito propio.
- Por placer
- Practicar la lectura en voz alta.
- Dar cuenta de que se ha comprendido.
Planeación de la actuación activando el conocimiento previo
¿Qué se yo acerca del texto?
¿Qué puedo predecir del texto? Formular hipótesis
- Tema: ¿De qué trata el texto?.
- Tipo de texto. ¿qué me dice su estructura? - Pistas. Conectores. A través de: - Ilustraciones - Títulos, subtítulos. - Palabras clave - Índice.
En esta etapa de la lectura es importante explorar antes el texto, para tener una idea general de lo que va a tratar conviene hacer una lectura global o exploratorio. Es decir, debemos fijarnos en todos los aspectos del texto que nos llama la atención, especialmente en las marcas significativas del texto como títulos, subtítulos, carátula, contracarátula, índice, bibliografía, ilustraciones, etc.