Se da el caso de que en ese evangelio precisamente, la topografía es más pre- cisa y correcta que en los evangelios más tempranos.
La arqueología ha desenterrado lugares que han sido mencionados en el evan- gelio según Juan, y que se pensaba que eran lugares meramente simbólicos. La clave está quizás en ir comprendiendo mejor, según podamos, la manera en que fueron escritos esos evangelios. Es cierto que querían presentar una buena noticia, centrada en la persona de Jesús. Estoy convencido que tomaron diferentes tradiciones orales o escritas, y las ree- laboraron al servicio de las intenciones de cada evangelista, de ahí el título que llevan: Evangelio según Marcos... (y no como solemos decir “Evangelio de Marcos...).
Independientemente de las elaboraciones teológicas, de las ideas propias del autor, ¿es posible encontrar alguna de esas fuentes muy antiguas, que se remonten a testigos oculares?
Partiendo de la redacción final del evan- gelio, se debería encontrar huellas o pistas de "fuentes" que tengan visos de veracidad, algo que fuese comprobable o al menos muy probable.
Estamos hablando en este caso, de algo que está más allá de las fechas de com- posición de los evangelios. El consenso general es que los cuatro evangelios canónicos fueron escritos en la segunda mitad del siglo I.
Personalmente, creo, que hay una posible fuente muy antigua, y que me parece no se ha apreciado de una manera ade- cuada.
Esta posible fuente se encuentra en el evangelio según Marcos.
Aun partiendo de la hipótesis de la fecha más reciente, se sitúa la redacción en el año 70 d.c. ¿Demasiado lejos de los hechos que cuenta?
No hay duda de que unos 38 años de diferencia, pueden dar lugar a defor- maciones e incluso invenciones. No obstante, también puede ser que el autor
usara fuentes fiables, no inventadas, que incluyese en su escrito.
Esa posible fuente se encuentra en Mar- cos 15:21-22.
"Obligaron a uno que pasaba viniendo del campo, a un cierto Simón de Cirene, padre de Alejandro y e Rufo, a que car- gara la cruz de Jesús. Y le llevaron al lugar llamado Gólgota, que traducido es lugar de la Calavera".
¿Qué desvelan estas palabras? ¿Por qué se las puede relacionar con una fuente antigua? Veamos.
El autor nos habla de un personaje des- conocido llamado Simón de Cirene. Pero dice algo más. Se trata del padre de Alejandro y Rufo.
Estos hermanos debían de ser conocidos por los lectores de Marcos. Seguramente la comunidad que recibió este evangelio. Se sabe quienes son, forman parte de esa comunidad. Esto atestigua la anti- güedad de este evangelio, pues los hijos de Simón no vuelven a aparecer en nin- gún otro evangelio. La explicación más obvia es que los otros evangelios están separados en el espacio y el tiempo del de Marcos. No son referencias para sus lectores.
En cambio, en las palabras de Marcos, vemos que el relato de las últimas horas de Jesús debe de haber sido escrito en un tiempo muy cercano a la crucifixión. Alejandro y Rufo son los hijos de un testigo presencial de la muerte de Jesús. No son personajes ficticios, si no no tendría sentido el texto de Marcos. Son reales, "históricos" como su padre Simón. ¿Acaso sería él una posible fuente de lo que ocurrió en aquel monte? Si Ale- jandro y Rufo formaban parte de esa comunidad de seguidores del Nazareno, creo que es inevitable pensar que el de Cirene tuvo algo que ver, o algo que contar.
Todo esto me hace pensar, al margen de las agendas conservadoras o liberales, que tenemos algunos datos históricos razonablemente fiables. Además nos indicaría alguna pista de cómo usó el autor ese sustrato histórico.
Siguiendo pues esta idea, podríamos afirmar con mucha probabilidad algunos datos sobre las últimas horas de Jesús de Nazaret.
– Fue ayudado a transportar el travesaño de la cruz por un desconocido llamado Simón de Cirene. Se supo el nombre de este hombre seguramente porque mantuvo alguna relación con la comu- nidad a la que pertenecieron sus hijos. Jesús fue llevado a un monte para •
ser crucificado.
Fue ejecutado como sedicioso y le •
pusieron el título acusativo de "Rey de los judíos". (conforme a la cos- tumbre romana).
Fue ejecutado junto a dos reos. •
Asistieron al evento autoridades ju- •
días.
Sus discípulos no estaban presen- •
tes.
Jesús murió dando un fuerte grito. •
Por supuesto que se pueden ampliar estos datos. Al menos estos representan un "mínimo" históricamente aceptable. Lo importante de ello, es que se puede afirmar estos hechos partiendo de una "fuente" muy anterior a la redacción del propio evangelio de Marcos. Quizás Alejandro y Rufo contaron lo que les relató su padre Simón. El autor de Mar- cos estaba en contacto o pertenecía a esa comunidad. Y pudo por lo tanto in- cluir en su evangelio, esa "información", siempre al servicio de los intereses teo- lógicos propios. En este caso, "intereses teológicos" no es sinónimo de falsifi- cación o invención.
Se pueden rastrear indicios de otras fuentes en los otros evangelios. Inde- pendientemente de si vino por un medio oral o escrito. Lo cierto es que esta lec- tura atentanos puede desvelar muchas cosas de ese Jesús, del hombre histórico, sin necesidad de aprioris filosóficos o teológicos.
Ahora bien, es necesario decir que los arqueólogos han descubierto alguna cosa más en referencia a los dos her- manos. Un descubrimiento asombroso. Pero será para otra ocasión. R
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E
l teólogo y escritor católico Hans Küng denomina “paradigmas” a las distintas etapas históricas del cris- tianismo, desde la etapa protocristiana- apocalíptica (muerte de Jesús y edad apos- tólica), paradigma PI; hasta el Concilio Vaticano II, PVI; pasando por la Patrística PII; la Escolástica, PIII; la Reforma, PIV; y la Ilustración, PV. (Hans Küng, Cristia- nismo. Trotta. V Edición. 2007).José María Vigil, teólogo católico tam- bién, prefiere hablar de un periodo más amplio al que llama “era axial” corres- pondiente a un paradigma precientífico y premoderno. En este sentido, Vigil, como otros autores[1], más que de “reforma”
(cualquier clase de reforma) prefiere hablar de “ruptura”, porque aquel viejo paradigma ya es insostenible a la luz de los conoci- mientos de la Modernidad, la cual dio paso a un paradigma nuevo en el pensa- miento humano. Vigil define este nuevo paradigma “como una nueva forma global de articular y combinar los elementos de la fe, desde unas bases nuevas, desde unos supuestos globales diferentes” (Teología del pluralismo religioso). En un amplio artículo, Vigil señala este nuevo paradigma haciendo caer en la cuenta al lector de que los errores que teníamos del mundo re- dundaban (redundan) en los errores sobre Dios mismo.[2]Lo cual implica revisar no
solo el lenguaje con el que expresamos la fe, sino los conceptos mismos que la con- figuran. En esta revisión están insertos conceptos vitales de la fe como el signifi- cado de la “resurrección corporal e histó- rica” de Jesús; del Dios que exige un “sa- crificio redentor” (el de su Hijo) por causa de la “caída en el pecado” de Adán y Eva en el Paraíso; del cielo como “lugar” físico donde van las almas de los difuntos; del concepto del “alma” misma como entidad separada del cuerpo, y un largo etcétera. Es un nuevo paradigma que afecta direc- tamente a los bastiones teológicos “Sola Escritura” y “Solo Cristo” del protestan- tismo; bastiones que tuvieron indiscuti- blemente un papel apologético válidos en la época en que se esgrimieron contra la desnortada hegemonía de la Iglesia católica. Sin embargo, durante el Concilio Vaticano II se expusieron críticamente las conse- cuencias de la afirmación centenaria de “fuera de la Iglesia católica no hay salva- ción”, que dejaba fuera no solo a los “he- rejes protestantes”, sino a millones de per- sonas que vivían otras fes diferentes, como los musulmanes, hindúes, budistas, ani- mistas, etc., que, se afirmaba, estaban con- denados eternamente. Este concepto teo- lógico excluyente continúa presente en la enseñanza y la predicación de la mayoría de las denominaciones cristianas, que les sirve de leitmotiv para las misiones (y hacer el ridículo en las vías públicas). Este revisionismo que están realizando al- gunos teólogos, especialmente católicos y anglicanos (nota 1), está en la línea del te- ólogo ya citado, Vigil, quien desglosa este paradigma de forma maestra en su libro
Teología del pluralismo religioso. Se puede