desinteresándose por completo de la Psicología teórica; de ahí que ya no escribiera nada importante. Ante ello no nos queda sino lamentar la pérdida prematura de un hombre cuya energía, decisión y clari- videncia requirieron tanta atención y supusieron un viraje tan importante en la Historia de la Psicología.
Si tuviéramos ahora que sintetizar la visión watsoniana de la Psicología, destacaríamos los siguientes puntos:
-
La Psicología es una parte de laciencia natural, cuyo objeto es la conducta humana; la vida psíquica o la
conciencia no hay porqué mencionarlas. El lenguaje es sólo «un tipo de conducta tan objetiva como el béisbol» y el pensar no es más que un hablarnos a nosotros mismos.
-
La conducta está compuesta por elementos de respuesta y puede seranalizada por los métodos objetivos de
la ciencia natural.
-
La conducta se compone desecreciones glandulares y movimientos musculares, por lo que
es reductible a procesos físico-químicos.
-
Toda respuesta se debe a algún estímuloy a todo estímulo le sigue una respuesta; así, pues, existe un determinismo de causa y efecto conductual.
-
Los procesos mentales o de la conciencia, si existen, no pueden estudiarse científicamente.Ambiente contra herencia
A pesar de que sus primeros escritos apenas se hiciera eco de la controversia educación- naturaleza, poco a poco se vio atraído por ella y en 1925 Watson optó por una postura
radicalmente ambientalista. No negaba la
existencia de ciertas pautas innatas de conducta, pero afirmaba que eran muy escasas y en cualquier caso carentes de importancia en comparación con la experiencia. Fue él quien escribiera: «Dadme una docena de niños sanos, bien formados... para que los eduque, y yo me comprometo a elegir uno de ellos al azar y adiestrarlo para que se convierta en un especialista del tipo que sea —médico, abogado... e incluso mendigo o ladrón—, prescindiendo de su ta- lento, inclinaciones, tendencias, aptitudes, vocaciones y raza de sus antepasados». Al optar por el ambiente, Watson tuvo que afrontar abiertamente el tema del aprendizaje.
Teoría del aprendizaje
Es significativa la postura tomada por Watson respecto a la ley del efecto de Thorndike. La rechazó por el hecho de que al mencionar placeres, satisfacciones, disgustos, etc., suponía estados emocionales percibidos subjetivamente y por tanto, la introspección. Por supuesto, su teoría del aprendizaje se basó en la asociación, pero de sus leyes prefirió la de la frecuencia y la de la novedad, según las cuales las respuestas más frecuentes y más recientes son las que se aprenden.
Figura 2. —John B. Watson, estableció de modo definitivo, la Psicología como
estudio de la conducta.
Pero sería el condicionamiento de Paulov y Bechterev la principal arma teórica y experimental para explicar el modo de cómo los organismos aprenden sus respuestas adaptativas al medio. A partir de él los psicólogos conductistas aceptarían la respuesta condicionada como la unidad básica de la conducta, como el elemento constitutivo de la misma. El mismo Watson aplicó el condicionamiento a las formas de aprendizaje más complejas y llegó a considerar el aprendizaje por ensayo y error como una forma de condicionamiento. El problema cuerpo-mente
Nos haremos eco de los enunciados de Watson sobre este problema porque, a pesar de que él mismo afirmara que es un problema que no atañe directamente a la Psicología como ciencia, el hecho es que la importancia que él mismo le atribuyó ha sido decisiva para su permanencia como tal problema. La opción de Watson en favor de una Psicología objetiva le llevó desde el principio a restarle importancia a la conciencia; ya hemos tenido ocasión de comprobarlo. En sus primeros escritos,
Antonio Caparrós
46
ella, pero sin negarla. Se trataría entonces
de una experiencia puramente personal, que puede acompañar o no a los fenómenos corporales, pero que no tiene ningún valor para la ciencia. Los hechos físicos de la conducta bastarían y los correlatos mentales de los mismos serían poco confiables y en absoluto científicos. Esta actitud es la que
se ha dado en llamar conductismo metodológico.
Al parecer, Watson se fue sintiendo cada vez más molesto e incómodo en el mantenimiento de este conductismo metodológico que le llevaba a admitir la existencia de la conciencia al mismo tiempo que le exigía la imposibilidad de abordarla científicamente. Acuciado por el dilema y empujado por una tendencia al
reduccionismo materialista que siempre
estuvo presente en él, Watson acabó por negar explícitamente la existencia misma de la mente. Lea sus propias palabras: «Quien introduzca la conciencia... pondrá de manifiesto sus tendencias espiritualistas o vitalistas. El conductismo no puede encontrar a la conciencia en su tubo de ensayo. No encuentra en parte alguna prueba de una corriente de conciencia... Encuentra, en cambio, sólidas pruebas de una corriente de conducta en continua expansión». Este punto de vista es claro que reduce la mente a sus funciones fisiológicas y es un buen exponente del llamado
conductismo radical o metafísica.
Este tipo de conductismo, que inicialmente fue adoptado por abundantes psicólogos, convierte a la Psicología en una especie de Fisiología y no hace más que reducir los datos no observables directamente desde fuera y externamente, tales como pensamiento, sentimiento y percepción en unos simples hechos fisiológicos de carácter muscular o glandular. Quede claro que hoy pocos son los psicólogos que aceptan este tipo de conductismo monista y reduccionista; más aún, difícilmente puede rechazarse la introspección como método científico legítimo si se procede con la debida cautela. No obstante, nadie puede negar que después de Watson es impensable la introspección sin la cautela y el rigor debidos. En cualquier caso, los conductistas actuales se preocupan poco de un problema al que Watson quizá tuvo que concederle una importancia desorbitada debido a la actitud exclusivista y cerrada que en América mostraban Titchener y los psicólogos de la conciencia. Ser conductista hoy significa dos cosas fundamentalmente:
-
Evitar los enunciados no probadosexperimentalmente, prescindiendo de la introspección, el psicoanálisis, las
pruebas proyectivas, etc.
-
Mantener un modelo mecanicista de la conducta humana, que acentúa el aprendizaje y explica todo por el condicionamiento.El pensamiento y el lenguaje
Quizá se haya preguntado usted qué explicación da Watson del lenguaje y del pensamiento, dos tipos de conducta que no parecen poder explicarse fácilmente en términos de contracciones musculares y de secreciones glandulares. Acabaremos nuestra exposición de Watson recogiendo esta cuestión, que en definitiva es un buen ejemplo de lo que es una interpretación conductista de unos conceptos mentalistas. El inicio del lenguaje radica en la emisión natural y espontánea del bebé de muchos sonidos. Hay una base, pues, no aprendida. A partir de aquí las palabras son adquiridas por condicionamiento. Este proceso de condicionamiento tiene lugar en el contexto ambiental que le toca vivir al bebé, el cual una vez que adquiere el habla establece una fuerte vinculación con su ambiente. Se insistirá en que todo esto no supone más que conexiones cerebrales, sin que sea necesario recurrir en absoluto a sucesos mentales. La función adaptativa del
lenguaje resulta evidente para Watson: es una manipulación de la situación ambiental a base de sustituir los movimientos musculares por palabras.
En última instancia, el lenguaje es también una respuesta a una situación-estímulo procedente del ambiente, respuesta que es básicamente un movimiento de la laringe, del mismo modo que en esa misma situación uno puede responder meneando la cabeza, haciendo muecas o gritando.
¿Y el pensamiento? En el fondo no es —diría Watson— más que una forma de lenguaje;
es el lenguaje, pero sin que se manifiesten externamente las palabras aprendidas por condicionamiento.
También esto lo aprende el niño. Aprende a dejar de emitir respuestas tan manifiestas como son las palabras. En concreto, Watson
llamó al pensamiento un lenguaje «subvocal», un lenguaje cuya voz no puede oírse. Así como el lenguaje es una
forma de conducta explícita, el pensamiento es implícita. Para Watson la cosa no ofrece ninguna duda: no hay tipo de lenguaje que requiera hablar de conciencia o ser analizado por introspección.
La atracción del conductismo y su contribución a la Psicología
Hay que reconocer que a pesar de las exageraciones reduccionistas —¿sabemos