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Apología de la vida cotidiana

1. Artes de habitar

1.1 Apología de la vida cotidiana

1.1.1. Las posibilidades de la vida

Habitar no es el medio para poder llevar adelante nuestras vidas, es la vida sin más. Es por esto que la arquitectura no se impone a la habitación sino que le ofrece posibilidades para materializarse. La morada es activada por la vida que en ella se desarrolla y, acorde, resuena en las mismas frecuencias. El protagonismo de la habitación, entonces, lo recoge la cotidianeidad y no la construcción; la buena arquitectura se mantiene discreta, modelando la existencia, palpitando con ella pero sin imponerse, por eso la casa forma parte de los elementos descriptivos de los juegos de la vida, de todo lo que compone el homenaje a nuestra existencia, es el premio que se ofrece al habitar.

Juan Navarro Baldeweg asimila la arquitectura a un instrumento musical y de ella dice: “Habitar es extraer la música de un instrumento. Los aspectos narrativos de la arquitectura se fundan en este modo de comprender la habitación, porque la narración es como una melodía emitida por ese instrumento capaz de sonar de muy diversos modos.”7 Vamos a centrarnos en esas melodías que los habitantes han sabido extraer de sus casas, la vida que se ha depositado en el espacio, y que ofrece un relato biográfico de un periodo de tiempo que pertenece al habitante y que, gracias a la arquitectura, se materializa en el lugar.

La casa, al ser el armazón espacial en el que se tejen las historias, no permanece neutra ante ellas y de algún modo las cualifica: como el pincel

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determina la obra del calígrafo o el instrumento la ejecución musical, cada casa atesora una importante potencial que el habitante irá perfeccionando con el tiempo; el arquitecto es el primer constructor de la casa, pero no el último, la vida al entrelazarse con la arquitectura la transforma cuando la hace vibrar.

1.1.2. La relación del hombre con el mundo

"La manera según la cual los hombres somos en la tierra"8, decía Heidegger en Dramstat ante un auditorio plagado de arquitectos; habitar es más que estar en un lugar, es la relación misma del hombre con el mundo; esta definición heideggeriana de habitar resulta esencial pero aún se nos presenta poco operativa. Necesitamos concretar algunas ideas que nos ayuden a entender la relación efectiva que se establece entre el individuo y el entorno, y así deberíamos responder a estas otras preguntas: ¿Cuál es la vinculación entre hombre y espacio? y ¿Cómo es esta relación? Levinas nos propone una respuesta a esta última pregunta: “Es necesario partir de la relación concreta entre un yo y un mundo. Este, extraño y hostil, debería, en buena lógica, alterar el yo. Ahora bien, la verdadera y original relación entre ellos, y donde el Yo se revela precisamente como el Mismo por excelencia, se produce como estancia en el mundo. La modalidad del Yo contra lo «otro» del mundo, consiste en morar; en identificarse existiendo allí en lo de si.”9 Habitar no supone una suspensión del yo abolida por la aparición de lo «otro», la relación entre el

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Así definía Heidegger lo que es habitar. Heidegger, M. Conferencias y artículos. Barcelona: Serbal; 1994 p.129

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hombre y el mundo gracias al hecho de habitar no se origina en el desasosiego de la existencia en la que la exterioridad es hostil, sino que se produce como identificación, habitando el hombre construye su identidad en lo de fuera, a través de los acontecimientos del mundo el yo se funda.

Volvamos a la conferencia de Dramstat para intentar responder a la primera pregunta: "Cuando se habla de hombre y espacio, oímos esto como si el hombre estuviera en un lado y el espacio en otro. Pero el espacio no es un enfrente del hombre, no es ni un objeto exterior de una vivencia interior. No hay hombres y además espacio"10. No es posible entender al habitante sin el lugar

en el que habita, de la misma manera que es insostenible acercarnos al entorno habitado sin hacer referencia a aquel que lo ocupa. Como si de un dispositivo autónomo se tratase, habitante y lugar se realizan conjuntamente. Es importante, por ello, mantener esta unidad sin caer en la tentación de estudiar por separado la condición de habitante y el entorno construido.

1.1.3. Marcos de referencia arquitectónicos

“En realidad, entornos y edificios no sólo cumplen funciones de orden práctico y utilitario, también estructuran nuestra comprensión del mundo.”11 Pallasmaa nos recuerda la capacidad que tiene el entorno para fijar una forma de percibir; la manera de organizar significativamente la realidad, es dependiente del espacio habitado. La arquitectura tiene la capacidad de crear

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Heidegger, M. Conferencias y artículos p.137 11

Pallasmaa, J. Una arquitectura de la humildad. Barcelona: Fundación Caja de Arquitectos; 2010 p.151.

marcos interpretativos para nuestra vida, establece un adentro con sentido pleno distinto del afuera. Goffman desarrolla el concepto de "Marcos de referencia"12, códigos implícitos que estructuran las actividades que se realizan dentro de ellos, y que la mayoría de las veces no tienen un componente material, sino que se establecen temporalmente mediante lo que él llama "corchetes" que delimitan el inicio y el fin de un esquema a través del cual se interpretan todos los acontecimientos. Ejemplos de ello serían innumerables juegos infantiles en los que una vez iniciado, los participantes actúan de un modo característico como policías y ladrones, como bucaneros y princesas... y todos los comportamientos, expresiones y atrezo necesarios para la buena marcha del juego, se interpretan según este contexto: una rama podrá ser una espada para un pirata, una varita mágica para su hada madrina e incluso una mortífera ametralladora para un gángster. Los marcos de la vida cotidiana, como pueden ser las celebraciones familiares, las mesas de debate, etc. también constituyen esquemas interpretativos a partir de los cuales todos los acontecimientos se descifran: "Todo marco de referencia primario permite a su usuario situar, percibir, identificar y etiquetar un número aparentemente infinito de sucesos concretos definidos en sus términos. Probablemente él no sea consciente de los rasgos organizados que tiene el marco de referencia, ni sea capaz de describir con todo detalle, si se le pregunta, el marco de referencia, pero estos obstáculos no le impiden aplicarlo fácilmente y por entero." 13Al igual que los "marcos de referencia", la arquitectura delimita un entorno a través del cual se interpreta la realidad, el espacio arquitectónico genera códigos que indican pautas de comportamiento – de ahí la importancia

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Goffman, E. Frame analysis: Los marcos de la experiencia. Madrid: Centro de Investigaciones Sociológicas; 2006

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de las tipologías en arquitectura – que no sólo provocan una función característica sino que proporcionan esquemas interpretativos; y así nuestro comportamiento diferirá si nos encontramos en un teatro de la ópera o en una discoteca, y un cuchillo de doble filo no tendrá el mismo significado en un restaurante que en una comisaría. La “Teoría situacionista de la personalidad” en psicología, establece por otro lado, que la personalidad de un individuo viene determinada por el ambiente en el que se encuentra y que el comportamiento individual es más variado en diferentes contextos, que el de diferentes individuos en un mismo entorno: el medio, será pues, un factor determinante de nuestro modo de actuar y entender el mundo.

La arquitectura se constituye en jerarquías de señaladores, de límites que inducen al habitante a experimentar de un modo determinado los sucesos que le acontecen, la percepción del mundo está regulada por estos marcadores, sin ellos, la complejidad de explicaciones haría ajeno el espacio habitado. Estos indeterminados modifican sutilmente la experiencia de la realidad: la ubicación concreta de un árbol en un patio, hace que se aprecie de una manera diferente el paso de la tarde; los olores que emanan de la cocina modifican la percepción de la realidad de la casa, nos avisan de un acontecimiento próximo – la inminencia del desayuno, la cercanía de la cena – y así, nuestras expectativas temporales se modifican por pequeños hechos irrelevantes en apariencia. La arquitectura no se agota en la consciencia: habitar es una práctica compleja y el individuo solo es capaz de reconocer una pequeña parte de la impresión que le causa.14

Lo que popularmente se denomina ambiente tiene la capacidad de construir una forma de interpretar de la realidad. De difícil detección y de

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Pallasmaa desarrolla estos temas en “Los ojos de la piel”. Más adelante trataremos estos aspectos concretos.

carácter impreciso desde el punto de vista formal, los estímulos ambientales que nos rodean nos incitan a entender toda la información que nos llega bajo las mismas coordenadas; impresiones que bajo un marco de referencia provocarían una emoción, bajo otro pueden provocar la contraria. Pero el perfil inespecífico del ambiente imposibilita identificar sus componentes individualmente, de hecho es la interconexión de las partes la que le hace ser lo que es. Estudiar en profundidad los «Marcos de referencia arquitectónicos» no consiste en penetrar en el significado de cada una de sus partes (imágenes, olores, sonidos, conversaciones, etc.), sino en entenderlos como un todo, donde cualquier perturbación en uno de sus componentes provoca una transformación de la unidad. La modificación de pequeños estímulos, la inhibición de sensaciones o la alteración de información parcial, tienen un alto poder transformador de la experiencia completa.

1.1.4. Hombre-lugar

Deliberadamente hemos planteado la construcción de la identidad antes que la del entorno, invirtiendo pues, la lógica aparente, pero con ello no pretendemos establecer una primacía, sino fijar la relevancia del hecho de habitar antes de adentrarnos en la intelección del lugar. Entendemos por tal el espacio en el que el ser humano se desarrolla y, por ese principio activo y dinámico que atribuimos al habitar, la acción de estar construyendo constantemente un entorno adecuado. El carácter incesante de esta construcción será una de las ideas a través de las cuales interpretaremos la condición doméstica. Decíamos antes que no era posible entender al habitante

sin el espacio en el que habita, intercambiados los términos, podemos hacer la misma afirmación con respecto al lugar.

La transformación del entorno tiene su origen en el amparo: nos protegemos de las condiciones climáticas externas, del frío, la lluvia y el viento; también de los peligros del exterior, del enemigo, de las fieras. Pero este resguardo es mucho más complejo, nuestro cuerpo no sólo desea defenderse, quiere también complacerse en el espacio; aquel que es capaz de generar su propio entorno, habrá levantado un cerco de amparo contra la información indeseable: la morada es un mecanismo de protección de significados; un tamiz por el que solo pasarán los contenidos apetecidos y así, nos apropiamos del espacio apropiándonos de sus significados.

El hombre busca la posibilidad de una situación, un punto fijo al que volver, un espacio de referencia a partir del cual comprender el mundo, un lugar en el que enraizarse – veremos cómo hasta en los fenómenos del habitar nómada, se busca este arraigo, no mediante el componente topográfico, sino a través de la mediación simbólica –. Este elemento de arraigo se constituye para poder explicar el mundo; en la literatura tenemos un buen ejemplo en el constructor de “Ciudadela” que afirmaba que cada individuo interpreta la realidad según su propia morada.

Porque he descubierto una gran verdad. A saber: que los hombres habitan y que el sentido de las cosas cambia para ellos según el sentido de sus casas. Y que el camino, el campo de cebada y la curva de la colina son diferentes para el hombre, según que componga o no su morada. 15

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1.1.5. “Poéticamente habita el hombre”

En este punto de la argumentación nos deberíamos hacer esta pregunta: ¿Podemos aspirar a habitar plenamente en nuestra existencia diaria? Para responder volvemos a otra conferencia de Heidegger titulada "… Poéticamente habita el hombre…", en la que reflexiona esencialmente sobre el siguiente verso de Hölderlin:

"Lleno de méritos, sin embargo poéticamente, habita el hombre en esta tierra".16

Este verso presupondría una respuesta afirmativa a nuestra pregunta, sin embargo Heidegger argumenta: "¿Habitamos nosotros poéticamente? Probablemente habitamos de un modo absolutamente impoético. Si esto es así, ¿queda desmentida la palabra del poeta, se convierte en algo no verdadero? No. La verdad de su palabra queda corroborada del modo más inquietante. Porque un habitar solo puede ser impoético si el habitar, en su esencia, es poético."17Así que para demostrar que la esencia del habitar es poética, lo que hace es afirmar la falta de poesía de la vida cotidiana. “¡Hölderlin tiene razón, pero en nuestras vidas no hay atisbo de esa poesía!”, se desprende de las palabras del conferenciante. Desalentadora premisa la que utiliza para demostrar la poética del habitar; la esencia queda demostrada, pero ¿y la vida? Hemos conseguido responder a nuestra pregunta, pero esta respuesta nos resulta amarga. Para superar esta visión de la cotidianeidad, recurrimos a Henri

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Holderlin, F. a cargo de Heidegger Op. Cit. p.166 17

Lefebvre que aporta una nueva manera de entenderla y defiende la trascendencia del día a día en la existencia de los hombres; en su libro "La vida cotidiana en el mundo moderno" nos pone en guardia contra los excesos de la filosofía: "No dejaremos pasar ninguna ocasión de protestar contra los filósofos que mantienen así la tradición filosófica y hacen de sus filosofías un dique; prohíben todo proyecto de transformación de ese «mundo»; consagran la separación de lo fútil y de lo serio; ponen definitivamente de un lado el Ser, la Profundidad, la Sustancia, y del otro, los fenómenos, lo superficial, las manifestaciones. Lo cotidiano, considerado como un conjunto de actividades en apariencia modestas"18. No nos sentimos capacitados para tomar una posición clara en este debate, pero si queremos defender el habitar poético en la vida; creemos que el habitar que defiende Hölderlin, se puede desarrollar en el día a día de los hombres, y que es posible una existencia ordinaria y noble, un habitar poético en la vida cotidiana.

Lo que verdaderamente somos sólo se puede manifestar en la cotidianeidad, no tenemos otras vidas para desplegar nuestra esencia, vivimos en el ámbito de lo ordinario sin grandes sobresaltos ni novedades, nuestra existencia está hecha de la repetición. Pero a partir de esta reiteración se generan los hábitos y por tanto es allí donde debemos de buscar el significado de nuestras vidas; a través de las horas, los días, meses y años, vamos generando un universo de costumbres en el cual, si rebuscamos con cuidado, podremos encontrar un sentido original en cada gesto, en cada idea y en cada emoción. Lo ordinario es productivo, la imaginación del habitante en su día a día encuentra siempre estratagemas para renovar las acciones mecánicas, para transformar sutilmente los códigos generales y encontrar en ellos nuevos

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intereses. Ciertamente se nos puede objetar que la repetición desemboca en una producción simplificada en la que los modos de actuar se reducen, y la mimesis dominaría la acción. Diremos entonces que la vida ordinaria no es lo mismo que la vida vulgar, en la que la repetición está controlada desde fuera por modos de acción aprendidos pero no interiorizados. No, lo ordinario no está tutelado por la acción de las masas; su carácter habitual no es el resultado de la repetición mecánica, ya que está penetrado por una universalidad que lo devuelve al origen, vinculándolo con una totalidad plena de deseos y significados personales.

Pretendemos hacer de la vida cotidiana de la casa nuestro objeto de estudio, pero como dice De Certeau: "Nuestras categorías de conocimiento son todavía demasiado rústicas y nuestros modelos de análisis poco elaborados para permitirnos pensar en la abundancia inventiva de las prácticas cotidianas. Tal es el motivo de nuestro pesar. Nos maravilla que nos falte tanto para entender las innumerables astucias de los "héroes oscuros" de lo efímero, caminantes en la ciudad, habitantes de los barrios, lectores y soñadores, pueblo oscuro de las cocinas."19 Con estas frases, acaba De Certeau el segundo volumen de "La invención de lo cotidiano. Habitar, Cocinar" y de este modo nos recuerda el camino que aún hay que recorrer para entender a los «héroes oscuros» que habitan en nuestras casas, y que construyen la existencia a partir de lo trivial.

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De Certeau, M. La invención de lo cotidiano 2. Habitar, cocinar. Universidad Iberoamericana; 1996 p. 265

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