44 En forma de punteo, presentamos acá algunos de los aciertos más llamativos de estas investigaciones, seguido de otra lista sobre los desaciertos de las mismas. Efectivamente, se puede encontrar de lo mejor y de lo peor en un mismo texto.
Aportes significativos y consistentes al conocimiento de un departamento o una región, específicamente en los casos de Pando y Beni. En el primer caso, el trabajo desarrollado entre investigadores locales con el respaldo del PIEB ha dado lugar a la producción de un conjunto interesante de publicaciones que, de manera sistematizada, presentan resultados científicos sobre diferentes problemáticas. Como señala la investigadora Hilda Rea en el prólogo a Wilder Molina (2002: XII), el PIEB se ha constituido en una nueva “casa grande”22 para los investigadores. Otras regiones donde se constata una acumulación de conocimiento son el Chaco, Guarayos y el valle tarijeño.
Pese a que algunos estudios están ahora un tanto desfasados en el tiempo principalmente por los cambios vividos en el contexto político, la modificación de la legislación, etc., estas investigaciones siguen siendo válidas como testimonio de una
época. Involuntariamente, son estudios sobre historia contemporánea.
Varios libros tienen además un gran valor testimonial al abrir sus páginas a las voces indígenas.
Las descripciones de los recursos naturales, las modalidades de acceso, los usos de los mismos suelen ser muy minuciosos y precisos. Las descripciones de comunidades indígenas y campesinas también (Antezana, 2001; Flores, 2002; Herbas, 2005). Algunas contextualizaciones son muy rescatablesmientras que otras son muy generales o se basan en fuentes poco confiables.
Los aportes sobre el parentesco, desde los estudios de corte antropológico, son importantes (sobre todo Lehm, 2002, más que Arce, 2003).
Algunos textos son de fácil lectura, con una redacción amena y argumentos muy didácticos (Combès, 2003) y de uso recomendable para públicos universitarios.
Ciertas investigaciones contienen propuestas metodológicas innovadoras (Correa, 2003; Martínez, 2003; Herbas, 2005). Varios autores reconocen con honestidad las limitaciones de sus estudios (Lema, 2001; Flores, 2002; Martínez, 2003; Correa, 2003).
Se constata el esfuerzo realizado por algunos investigadores por sistematizar la información en cuadros y gráficos interesantes.
22 El concepto de “casa grande” ha sido aplicado a la Amazonía, como el espacio de origen (territorio) y de vida de
45 Las investigaciones históricas de Combès (2005) y de García Jordán (2006) constituyen un caso aparte: además de haber sido realizadas al margen del PIEB y de manera individual, sus autoras son especialistas en los temas investigados y las publicaciones resultan ser la suma de su conocimiento (hasta el año de publicación) sobre el tema. Las ediciones son impecables y cuentan con un aparato crítico importante. Son investigaciones novedosas en el abordaje de sus temas (historia isoseña, historia guaraya) que las convierten en textos de referencia por varios años.
Se plantean nuevos abordajes para el estudio de temáticas actuales, como el estudio de la tenencia de la tierra en las tierras bajas a partir de una lectura diferente a la que se suele utilizar para el resto del país.
En cuanto a las debilidades y/o deficiencias, anotamos sobre todo las de carácter formal:
Se constata dispersión de esfuerzos con el deseo de abarcar mucho pero que se traduce en la ausencia un hilo conductor claro.
Algunos títulos de capítulos o de incisos no corresponden con el contenido. Algunos abordajes son muy superficiales.
Se ha detectado algunos anacronismos.
En investigaciones donde realmente han trabajado por igual los diferentes miembros del equipo y en las que se ha encomendado la redacción de capítulos a varios autores, estos capítulos pueden llegar a chocar entre sí.
Algunos capítulos son casi exclusivamente descriptivos, sin análisis o discusión alguna. Hay un exceso de fe en las fuentes, y muy poca crítica hacia ellas, sobre todos si son de origen indígena o estatal. El apego a los datos y la poca discusión de los mismos refleja una formación todavía muy positivista en el mundo académico boliviano. La voz de los entrevistados es la que prevalece, como un testimonio de verdad, sobre todo si proviene de interlocutores indígenas que no suelen ser cuestionados. Ciertamente, se hace justicia al devolverles la palabra que les fue arrebatada hace siglos pero es preciso contrastarla con otros testimonios. En este sentido, algunas investigaciones han sido muy cuidadosas de recuperar todas las voces para exponer una situación.
Las conclusiones deberían ser respuestas a las interrogantes planteadas en las introducciones.
Muchos estudios carecen de recomendaciones. Cuando éstas existen, salvo excepciones, no se precisa sus destinatarios.
46 No se ha cuidado en verificar si la bibliografía citada en texto es la misma que la bibliografía final.
Las referencias bibliográficas omiten investigaciones fundamentales así como textos metodológicos23, ¡incluso producidos por el mismo PIEB!
Me permito desarrollar este punto pues me provoca una gran indignación. Varios estudios que deberían estar conectados por abordar la misma temática o el mismo espacio geográfico no se citan entre sí. La situación es peor aun cuando se trata de referirse a estudios históricos: generalmente, los investigadores que no son del área se rehúsan u olvidan consultar bibliografía especializada y abundan en generalidades o citan estudios que no son de actualidad. ¿A qué se debe esta situación? ¿Desconocimiento? ¿Flojera? ¿Descuido de los asesores? Si no están de acuerdo con los autores mencionados, por lo menos deben argumentarlo. El resultado es que los investigadores pierden tiempo y energía al intentar repetir lo que otros ya hicieron y, de paso, credibilidad ante los lectores informados, advertidos o actualizados. En cambio, se corre el riesgo de que los lectores neófitos en la materia crean a ojo cerrado lo que señala el libro.