El caso del fuego es el mayor ejemplo de innovación en nuestra historia. En él concurren algunas característi- cas que definen este proceso de adaptación que desde el darwinismo del siglo XIX ha marcado además las co- rrientes filosóficas de nuestro tiempo.
Necesidad
El frío amenazaba la existencia de la especie y provoca- ba una búsqueda constante de sistemas que atenuaran su riesgo y resolvieran sus consecuencias. Quizás una de las diferencias más interesantes entre innovar e inventar ra- dique en el complemento directo de ambos verbos. El ob- jeto del primero es “mudar o alterar algo” (pre-existente), mientras que el del segundo es “hallar o descubrir algo nuevo o no conocido”. En tanto en cuanto la innovación
está ligada a modificar lo que ya ocurre o se tiene, con- nota utilidad inmediata: la mejora de eso que se altera en respuesta a una necesidad real. La invención puede ser original, extraordinaria, inesperada pero también estéril por no responder a una necesidad real en el momento en el que se produce.
Por eso a lo largo de la historia de la humanidad, la innovación se ha nutrido de miles de inventos (uno ex- traordinario fue la rueda) pero también tantos o más han terminado por ignorarse.
Proceso
El fuego no se descubre, lo que se descubre es su utilidad y cómo manejarlo. Como demuestran los yacimientos, forma parte de una cadena de innovaciones que procura- ron esperanza y calidad de vida al Homo Erectus. Tanto su uso y control hasta ser capaces de producirlo como la proliferación de su aplicación para revolucionar decenas de actividades se fue dando de manera paulatina.
Es un fenómeno típico encuadrado en lo que conoce- mos por proceso y que a pesar de presentarse como un hecho disruptivo no acaeció un día y se extendió de for- ma vertiginosa. Protagoniza y al mismo tiempo se englo- ba en un período de la historia que abarca 500.000 años.
La innovación no suele darse por casualidad. Res- ponde al esfuerzo por mejorar aspectos que nos rodean y que pueden funcionar mejor. Eso exige trabajar no sólo la idea creativa sino también las fases de observación, análisis, propuesta de alternativas, pruebas, prototipado, extracción de conclusiones (y de nuevo observación, aná- lisis, pruebas, etc). Los profesionales comprometidos con
nuestra labor estamos ligados al proceso de la innovación aunque seamos ajenos a él. A diario introducimos peque- ños o grandes cambios destinados a conseguir nuestros objetivos de manera eficiente y competitiva.
Oportunidad
Lo que parece evidente es que algún individuo en un mo- mento concreto asoció lo que sentía cuando estaba cer- ca de un incendio con mitigar el frío. Comprendió que si llegaba a hacerse con una rama encendida en determi- nadas condiciones percibiría calor. Asoció un fenómeno externo que no entendía con una situación de necesidad que experimentaba y con una aplicación directa de los beneficios de aquel fenómeno.
Alrededor nuestro suceden a diario miles de hechos disruptivos. Una parte del éxito en la innovación radica en saber aprovecharlos en el lugar y momentos adecua- dos.
Aprendizaje
A lo largo de aquellos 500.000 años intentando mane- jar el fuego se debieron de dar millones de experiencias positivas y negativas. No resulta difícil imaginarse situa- ciones embarazosas y también muy peligrosas: refugios llenos de humo, quemaduras, incendios inesperados o conflictos por determinar de quién fue la culpa de que se apagase la valiosa hoguera.
La innovación y el aprendizaje van de la mano. Son dos caras distintas del mismo proceso. Extraer las conclu- siones adecuadas, ser capaz de evitar los errores come-
tidos en el pasado y sistematizar lo ejecutado sirve para que la mejora produzca un beneficio asequible.
Control
Hoy tenemos placas de inducción en nuestras casas que nos permiten cocinar nuestros alimentos aplicando la temperatura que queremos en cada momento. El Homo Erectus tuvo que lidiar con las distintas variables que in- tervienen en la efectividad del fuego como solución para no tener frío pero también para asar la carne o fundir el metal. Cada combinación producía un resultado diferen- te. Su análisis condujo a establecer baremos con el tiem- po.
La medición es una de las expresiones del control. Los gestores de hoy vivimos quizás en una etapa en la que su ejercicio llega a ser obsesivo. No obstante, resulta evidente que cuando uno pretende modificar una rutina para mejorar debe tener indicadores y escalas que le per- mitan comparar los resultados anteriores y posteriores a la experiencia.
Expansión
El fuego funcionaba. Nuestros antepasados sobrevivieron a un ecosistema excepcionalmente adverso. No es exage- rado decir que el fuego fue decisivo. En aquella batalla, aportó lo necesario para que las condiciones de vida no fueran insuficientes: por ejemplo, calor, un método para suprimir bacterias y parásitos de la carne o el pescado o la evolución en sus útiles de caza. El método fue exten-
diéndose a lo largo y ancho de las comunidades que por aquel entonces poblaban ya amplias zonas geográficas.
La Innovación con mayúsculas tiene la capacidad de infectar el universo que la rodea. Necesita de nuestras ca- pacidades de comunicación pero también de nuestra so- lidaridad para hacerlo.