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CAPÍTULO 2. Los estudios sobre medios de comunicación, guerra e imágenes del enemigo

2.3 Las aproximaciones constructivas

Una forma distinta de acercarse a la relación entre medios de comunicación y conflicto armado en Colombia ha sido propuesta desde las ciencias sociales y la lingüística, concretamente a partir de teorías socio-hermenéuticas y críticas como la construcción social de la realidad, los imaginarios sociales, las representaciones sociales y el análisis crítico de discurso. Este segundo grupo de textos no pretende evaluar la información de los medios de comunicación a partir de los principios ideales del trabajo periodístico. Parten de la base de que los medios construyen una realidad discursiva propia y unas representaciones sobre la guerra, las cuales difunden socialmente. Se interesan por comprender cuáles son esas representaciones y cómo han sido construidas. No evalúan si estas coinciden objetivamente con la realidad, o si son acertadas o erróneas en términos periodísticos.

Mientras que las aproximaciones normativas diferencian entre “información” y “desinformación”, “correcto” o “incorrecto”, “verdadero” o “falso”; las aproximaciones constructivas se limitan a comprender el “universo simbólico” que han creado los medios de comunicación alrededor de la guerra. Un ejemplo de este tipo de enfoques se encuentra en el artículo “Violencia y Paz en los discursos de la prensa. Un análisis desde la construcción social de la realidad”, publicado por Marta Milena Barrios (2000). A partir de los planteamientos teóricos de Berger y Luckmann, quienes distinguen entre “la realidad «real» y la realidad «representada»” (p.40), esta autora realiza “un análisis de la construcción social que se hace visible a través

de los discursos de violencia y paz en El Heraldo de Barranquilla” (p.46). Se trata de una investigación cuali-cuantitativa que integra herramientas metodológicas del análisis de contenido y el análisis de discurso. Propone como tesis central que “la construcción del conocimiento «noticia» se hace a través de rutinas de cubrimiento o tipificaciones. Estas son las mediaciones o «filtros» que hacen diferente la realidad «real» de la realidad «cultural»” (p.70). Entre las tipificaciones que se han construido sobre el conflicto armado colombiano en los medios se encuentran:

1) La internacionalización y el secuestro son acciones típicas del conflicto armado.

2) Existe un contraste brusco entre la guerra y la paz.

3) Resulta difícil identificar los roles de los actores armados.

4) La prensa utiliza constantemente sustantivos y adjetivos que transmiten repudio o miedo.

De manera similar, María Eugenia García Raya y Edward Romero Rodríguez (2000) se preguntan “¿cómo son representados los actores armados en los medios de comunicación, más allá de la visibilidad?” (p.54). Estos dos autores afirman que la información sobre conflicto armado que publican los medios evidencia una oposición entre dos mundos culturales:

Para los medios de comunicación, el grupo guerrillero (Las FARC) es ‘la otra Colombia’(…) La Colombia de los guerrilleros, según se desprende de las mismas informaciones presentadas en los medios, es, a grandes rasgos, rural, marginada, anclada en el pasado y nueva para el habitante urbano de la clase media. La ‘Colombia del gobierno Pastrana’ es urbana, moderna, mira hacia el futuro (pp.54- 55).

Esta misma pregunta es formulada por otros dos académicos: Juan Camilo Ruiz Salazar (2006) y Neyla Graciela Pardo Abril (2005). Para Ruiz Salazar (2006), la pregunta supone un problema de legitimidad. En tanto que los medios son el escenario en el que se “presenta y expresa la opinión pública formal o liberal” (p. 99), es posible que dicha opinión legitime a determinados actores sociales en detrimento de otros. A partir de estos presupuestos, el autor concluye que durante el 2003:

Se terminó por construir una imagen buena, bondadosa y patriótica de las AUC, pues se aplaudió el proceso de desmovilización, olvidando crímenes de lesa humanidad cometidos por el grupo en años pasados. Hacia las FARC, el ataque fue total, este grupo es totalmente ilegítimo, para hablar de cualquier cosa; sólo en un tema puede ser legítimo: en el intercambio humanitario (p.103).

Por su parte, Neyla Graciela Pardo (2005) se vale del análisis crítico del discurso y de la lingüística para identificar las “representaciones de los actores armados del conflicto colombiano en cuatro periódicos” (El Espectador, El Tiempo, El País y El

Heraldo) (p.167). Para esta autora, dichas representaciones se construyen a partir de mecanismos de exclusión e inclusión. Los primeros se refieren a las omisiones que hacen los medios de los actores armados y revelan la importancia que el medio otorga al actor, los segundos se refieren a las formas en que los actores armados son nombrados y las características que se les atribuye7.

Como resultado de su análisis, Pardo (2005) concluye que en la prensa colombiana, la guerrilla es representada como “un actor delincuente que es incapaz de reconocer normas, interactúa de forma irresponsable, impulsiva, insensible y calculada; este tipo de actor es agresivo, incapaz de compasión, carente de límites, todo lo cual lo formula como un sujeto cuya conducta es amoral y antisocial” (p.182); los paramilitares son representados como “un actor de características ambivalentes; sus acciones se dirigen en función de sus intereses, pero reconocen la normatividad y se proponen defensores del orden social; hacen de sus pretensiones el núcleo de su existencia, de esta manera se proponen como actores sin alternativas cuya única opción es enfrentar la norma para sobrevivir” (p.182). Finalmente, dice la autora, los organismos de seguridad del Estado son construidos como actores que:

(…) tienen carácter institucional en la medida en que son concebidos como parte del Estado, el cual se caracteriza por ser el ente capaz de dominar legítimamente, poseer una racionalidad universalizada, disponer de una organización política y ejercer la violencia legítima. En este sentido, son dotados de rasgos tales como el orden, la convencionalidad, la formalidad, la planeación, la sensibilidad y la responsabilidad, entre otros, que los representa como agentes cumplidores de su deber (p.182).

Un ejercicio similar al de Pardo pero mucho más extenso fue realizado por Guido Germán Hurtado Vera y Luis Eduardo Lobato Paz (2009) en el texto “representaciones e imaginarios sobre la violencia colombiana en la prensa nacional 1990/2014”. Estos autores logran identificar los imaginarios que han elaborado editorialistas, columnistas y ciudadanos sobre el conflicto. Destacan que Colombia ha sido construida como “un país descuadernado o al borde del colapso institucional” (p.53); la guerrilla como “grupos sin ideología y causantes de todos los males del país” (p.127) y los paramilitares como “fuerzas oscuras” (p.196) que han tratado de ser invisibilizadas.

7 Según Pardo (2005), existen cinco mecanismos de inclusión:La potencialidad de la acción de los actores se construye mediante la formulación del agente en un recurso que se denomina activación. En sentido similar, la transformación de los actores en entes sobre quienes recaen las acciones o pacientes se denomina pasivización. En los casos en que los actores se representan asociados a la ocurrencia accidental de los acontecimientos, el fenómeno se llama circunstancialización. El recurso de personificación se construye cuando la representación de los actores sociales se formula en términos de los rasgos que identifican lo humano. Finalmente, el actor puede ser representado como entidad abstracta o concreta, en la que se ponen de relieve aspectos no humanos, en cuyo caso el recurso es la impersonalización” (p.178).

Los trabajos desarrollados desde una perspectiva constructiva se preguntan no sólo por la identidad de los actores armados sino también por la construcción simbólica que han hecho los medios de los significantes “guerra” y “paz”. Sobre este último tema se destacan los estudios de Leonor Esguerra y Cecilia Moñoz (2002) titulado “Algarabías de paz y guerra”, y de Fernando Estrada Gallego (2004), titulado “Metáforas de una guerra perpetua. Estudios sobre pragmática del discurso en el conflicto armado colombiano”.

Si bien es cierto que ninguna de las investigaciones reseñadas en este último apartado aborda directamente el problema del enemigo en los medios de comunicación, es posible apreciar una gran cercanía entre los estudios internacionales sobre “imágenes del enemigo” y los estudios nacionales de corte constructivo. Esta cercanía es tanto epistemológica como metodológica. Los académicos nacionales han hecho grandes esfuerzos por entender la forma como los medios de comunicación caracterizan a los actores armados y construyen representaciones o imaginarios sobre el conflicto. Sin embargo, aún es necesario establecer la relación entre dichas representaciones y el fenómeno de la enemistad, es decir, la manera como esas representaciones hacen del “Otro” un enemigo que debe ser combatido militarmente. Los estudios constructivos ofrecen además una gran riqueza en el análisis de las estrategias retóricas con las cuales los medios crean identidades alrededor del conflicto, pero resulta necesario ahondar en las implicaciones y efectos de tales estrategias, así como en los factores históricos, sociales y políticos que las hacen posibles.

En lo que respecta a los trabajos de perspectiva normativa, quizás su principal aporte académico a la comprensión de las imágenes del enemigo en Colombia se encuentre en las investigaciones referidas a la propaganda, pues establecen una conexión entre las construcciones discursivas que circulan en los medios de comunicación y los intereses estratégicos de los actores armados, aspecto que en general no es desarrollado en los estudios de corte constructivo.

CAPÍTULO 3