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1. CONSIDERACIONES GENERALES DEL ESTUDIO

3.1. La apuesta narrativa como enfoque

El presente proyecto de investigación se inscribe dentro del enfoque biográfico-narrativo, entendido este como enfoque que desde el giro hermenéutico pretende reconocer en el nivel epistemológico, una forma diferente de teorizar y una comprensión diferenciada del sujeto.

Bolívar, Domingo & Fernández (2001) señalan al respecto que

la vida como narrativa, según Bruner o Ricoeur, es entenderla –un tanto existencialmente- como un proyecto biográfico, que puede ser narrado o leído. Frente al silencio que un materialismo o, más modernamente, un estructuralismo, quisieron establecer sobre el sujeto, al disolverlo en las estructuras; el individuo emerge como persona distinta y única, que – como resaltó Hannah Arendt- se revela en la acción y en el discurso (p. 9)

Como también lo indican estos autores, esta reposicionamiento del enfoque biográfico narrativo está asido tanto a la crisis del positivismo como al giro hermenéutico en ciencias sociales, que suponen una vuelta a Aristóteles. Tanto la crisis como el giro se enmarcan, en la crisis del proyecto moderno y de allí la insurgencia, la emancipación y la contrastación, ofrecida por los saberes no legitimados, por el resurgimiento del lugar de lo sensible y lo estético

defendido por el romanticismo, como formas más legítimas de lo humano.14

14 De allí que sorprenda una máxima, de un personaje inesperado del siglo XVII, el matemático primero, y después filósofo y teólogo Blaise Pascal, que dicta: “el corazón tiene razones que la razón no entiende”

En referencia a la reflexión filosófica, Adela Cortina nos presenta una distinción teórica que es de relevancia para el abordaje aquí propuesto. Ella nos dice:

Regresando a Ética mínima, para llevar adelante su propósito se creyó obligada, y con razón, a trabajar en dos registros, al menos. Uno de ellos era el de la vida cotidiana, donde las personas optamos por un código moral u otro, más o menos articulado, apreciamos los valores de una ética cívica, nos

inscribimos en determinadas tendencias políticas y apostamos por una determinada religión o por ninguna. El otro registro era el de la filosofía moral, a la que damos el nombre de ‘ética’ quienes trabajamos en filosofía. La ética o filosofía moral reflexiona sobre la vida corriente y trata de desentrañar si existe una cosa que se llama ‘moral’, ya que hablamos de acciones moralmente correctas, valores y principios morales, virtudes y vicios, actuaciones inmorales, acciones

extraordinarias desde el punto de vista moral. En caso de que exista ese fenómeno llamado “moral”, la ética habrá de averiguar en qué consiste, cuál es su especificidad, y cuál es su fundamento (Cortina, 2007, pp.13-14)

La distinción entre “ética” y “moral” que nos presenta Cortina, como diferenciación entre la reflexión de la filosofía moral que remite al interrogante acerca de qué es lo que nos obliga a cumplir las normas, y que ella identifica con el vínculo, y lo moral como las opciones personales frente a las apuestas éticas, de máximos y de mínimos, que se encuentran en la matriz cultural de una sociedad cualquiera, nos brinda una pista acerca del lugar en que pueden entrecruzarse las narrativas y el abordaje de las que llamo “moralidades” desde una perspectiva de investigación hermenéutica.

De hecho, Pascal, quien es altamente reconocido por sus aportes en la matemática y la física, hacia el final de su vida tomo la decisión de abandonarlas para dedicarse a la filosofía y la teología.

Siguiendo a Cortina (2007), tal como aborda en “Ética cordial”, el asunto de cómo aproximarse a descubrir la veta del capital ético plantea que

El recurso a la vida cotidiana era la única opción posible. Se trataba de descubrir en ella, en la cultura moral social (…), qué valores y qué principios eran aceptados por las distintas éticas de máximos, religiosas y seculares. Cosa que se echa de ver en los pronunciamientos públicos, los textos, las declaraciones, las intervenciones en la esfera de la opinión pública”. (p.12)

En otras palabras, lo que nos está señalando la autora es que para poder realizar el abordaje de lo moral en la sociedad como contenido cultural, diferenciada de la reflexión de la filosofía moral tradicional, tuvo que acudir a una lectura analítica de las narrativas, de los discursos sociales que daban cuenta de las representaciones en las cuales podía señalarse el capital ético de la sociedad. Esto, por supuesto, desde la particular reflexión filosófica que pretende.

El asunto es: ¿qué significa entonces partir de las narrativas para este abordaje? ¿Es posible realizar un ejercicio similar, pero esta vez centrado no en la razón sino en los sentimientos morales?

Como destacan Bolívar y Domingo (2006),

en filosofía (la narrativa) ha tenido un amplio tratamiento con estudios monográficos, la narratividad en Paul Ricoeur (1987, 1996), así como de otros filósofos (Mac Intyre, 1987; Taylor, 1996)

comunitaristas que han reivindicado la narrativa en la constitución de la Identidad o en el campo del desarrollo y la educación moral. (p.3)

Otra vez allí nos encontramos con la reflexión de la filosofía moral.

Ortega y Gaset (1947), nos ofrece para cerrar este acápite una mirada adicional desde el vitalismo al afirmar que:

frente a la razón pura físico-matemática hay, pues, una razón narrativa. Para comprender algo humano, personal o colectivo, es preciso contar una historia. (…) Las experiencias de vida hechas estrechan el futuro del hombre. Si no sabemos lo que va a ser, sabemos lo que no va a ser. Se vive en vista del pasado. En suma, que el hombre no tiene naturaleza, sino que tiene historia (67). (pp. 40-41) (Citado por Bolívar y Domingo, 2006, p.22)

Desde allí puede preguntarse, ¿qué relación guardan la narrativa, la construcción de historias de vida y la indagación sobre los sentimientos morales? Nuevamente acudimos a Bolívar y Domingo (2006) quienes señalan que:

Compartir la vida, los significados y las comprensiones dialécticamente mediante un relato de vida posibilita la creación y mantenimiento de una comunidad discursiva. En este sentido, la investigación narrativa permite reparar y representar un conjunto de dimensiones relevantes de la experiencia (sentimientos, propósitos, deseos, etcétera) que la investigación formal deja por fuera. (p.8)

En tanto la narrativa permite abordar lo inabordable dada las limitaciones que impone el paradigma positivista, allí se puede encontrar lugar para hablar de los sentimientos morales por cuanto ellos, aunque personales, también hacen parte de los contenidos propios de la comunidad discursiva en que se originan las moralidades. La apuesta que pretendo en este sentido es mostrar

la posibilidad de abordar las moralidades entendidas como ese entrecruzamiento entre los diferentes discursos o narrativas sociales, desde los cuales, las personas construyen en la interacción y entramado social sus opciones morales.

Para ello, se retoma la propuesta de Coninck y Godard (1998) quienes proponen tres modelos posibles de acercamiento: el modelo arqueológico, el procesual o de trayectorias, y el modelo estructural. La lectura interpretativa a realizar de los autorelatos de los participantes, se inscribe entonces dentro de estos modelos, a partir de los cuales se pretendió teorizar acerca de la influencia de los sentimientos morales en el camino que va de la moral pensada a la moral actuada de los jóvenes participantes.