CAPÌTULO 2: Insumos teóricos
2.2 Apuntes sobre la identidad
Como nexo inicial con el acápite anterior, es válido citar la afirmación de Bernabeu: “El proceso de humanización tiene como objetivo el construir al individuo en una sociedad ya dada, y para alcanzar ese fin afrontamos la realidad, usando las facultades intelectuales para interactuar en un contexto humanizado, pues tan sólo la pertenencia a un grupo y a una cultura permite desarrollar la educabilidad del hombre”. (Colom, Bernabeu, Domínguez, & Sarramona, 2002, 20)
“La globalización es un proceso económico, tecnológico, social y cultural a gran escala, que consiste en la creciente comunicación e interdependencia entre los distintos países del mundo unificando sus mercados, sociedades y culturas, a través de una serie de transformaciones sociales, económicas y políticas que les dan un carácter global. Es a menudo identificada como un proceso dinámico producido principalmente por las sociedades que viven bajo el capitalismo democrático o la democracia liberal y que han abierto sus puertas a la revolución informática, plegando a un nivel considerable de liberalización y democratización en su cultura política, en su ordenamiento jurídico y económico nacional, y en sus relaciones internacionales.” (Wikipedia l. E., 2011)
El enfoque es la identidad –pertenencia-, como objetivo fundamental dada la necesidad nacida del contexto global y la realidad cultural nacional. Una identidad como resultado de, y plataforma para, la educación.
La identidad “es precisamente aquello que nos va a permitir, como seres humanos, reconocernos similares a todos los del planeta en nuestra esencia, y diferentes a todos por nuestra individualidad y nuestra cultura, por lo que somos irrepetibles y únicos; en la similitud y la diferencia está, entonces, nuestra riqueza”. (Yépez, 2006, 12)
Heinz Dieterich afirma: “no existe sujeto individual o colectivo, sea persona, clase social, pueblo o nación, que no tenga identidad propia, debido a que ésta es la visión del mundo o Weltanschaung que le es necesario para conducirse en su quehacer
cotidiano. Es la brújula que lo guía a través de los constantes cambios del entorno en el que vive.” (Dieterich, 2000, 144)
Esta reflexión, además de adecuada dado el tono de esta investigación, aparentemente genera una discusión que es escaza, Handelsman analiza la condición actual de este campo de estudio
“Aunque se ha escrito –y se sigue escribiendo- mucho acerca de la globalización, los análisis que más han prevalecido son los que resaltan los aspectos económicos, políticos e informáticos del tema, mientras que el interés en la cultura, como un campo legítimo de estudio para examinar la globalización y sus efectos más notorios, ha producido menos aportes. Estos se han concentrado, sobre todo, en cuestiones relacionadas con las industrias culturales, los medio masivos de comunicación y la producción cultural, entendida como un conjunto de objetos de consumo destinados a mercados transnacionales y desterritorializados.” (Handelsman, 2005, 12)
“Así es la situación en que se halla el Ecuador, un país endeudado y dolarizado que ha abierto sus fronteras al Plan Colombia y al Concurso Miss Universo 2004, mientras centenares de miles de ecuatorianos siguen abandonando el país por falta de oportunidades. En cuanto a la cultura, entendida como producción artística y expresión de subjetividades conscientes de su propia creación, la crisis de siente profundamente en el Ecuador.” (Handelsman, 2005, 15)
Handelsman continúa su descripción cualitativa del paisaje cultural nacional con dos ejemplos, el ‘Proyecto Quitológico’ de Ulises Estrella, y la película Ratas, Ratones y Rateros (1999) de Sebastián Cordero. Tomando del folleto de Estrella, Handelsman lo cita: “Quienes hacemos la Quitología, buscamos que no se olvide la riqueza de un pasado vivo, de una memoria insepulta. Y pensamos en el futuro del ciudadano quiteño, como un conocedor, un lector crítico del sentido de la ciudad, que esté preparado para enfrentar la avalancha tecnologista y la invasión globalizadora”. (Handelsman, 2005, 15)
Handelsman se refiere a la película mencionada: “Inmersos todos en un mundo regido por un personaje llamado Angel, que representa a ‘un Diablo posmoderno que deja claro que las mercancías dominan a sus creadores, que la producción es el fin de la economía, que las leyes del mercado triunfan siempre sobre las éticas’15, surge entonces un Ecuador perdido y a la deriva. En vez de solidaridad y un espíritu de pertenencia comunitaria, la película retrata una sociedad en donde no existe ningún sentido de identidad.” (Handelsman, 2005, 17)
En esta condición de intencionalidades y realidades encontradas, se distingue el desafío interno del Ecuador para brindar respuestas y rescates culturales de resistencia ante los procesos de la globalización.
La disyuntiva del Ecuador es entonces que la globalización “por una parte, ofrece posibilidades de apropiación y descolonización –sea esta de espacios hasta ahora cerrados o de oportunidades tradicionalmente desconocidas en las llamadas periferias de la colonialidad-; mientras, por otra parte, tiende los peligros de la anulación, propia de sistemas imperialistas demasiado comunes en la historia de las Américas.” (Handelsman, 2005, 18)
Procesos similares de dan a escala urbana: “La dimensión material de la ciudad permite que los individuos establezcan referentes topológicos que los ubican territorialmente, pero al mismo tiempo, la dimensión simbólica de las formas urbanas generan un sistema de representación de la organización socio-política, cuyos significados permiten la construcción de una memoria colectiva, la misma que en tanto es el resultado de una praxis social específica determina una producción de sentido”. (Córdova, 2005, 130)
El siguiente criterio es aplicable sobre los espacios y barrios de Quito: “se piensan ya como sitios dispersos y sin conexión aparente y como lugares de identidad atómica y
15 El autor cita a María Gabriela Alemán,
La huella de lo audiovisual en la cultura ecuatoriana.
fragmentada, lo que contribuye a su rápida expansión espacial y una acelerada urbanización.” (Mendizábal, 2002, 98)
“La ciudad misma es la memoria colectiva de los pueblos; y como la memoria está ligada a hechos y a lugares, la ciudad es el locus de la memoria colectiva. Esta relación entre el locus y los ciudadanos llega a ser, pues, la imagen preeminente, la arquitectura, el paisaje; y como los hechos vuelven a entrar en la memoria, nuevos hechos crecen en la ciudad. En este sentido completamente positivo las grandes ideas recorren la historia de la ciudad y la conforman”. (Rossi, 1982, 185)
La ciudad actual es capital de una república latinoamericana, patrimonio cultural de la humanidad, centralidad política, social y turística nacional. Sede del influjo de referencias externas, ejemplo representativo latinoamericano de caos de la expansión urbana desmedida, “refugio de identidades.”16