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CAPÍTULO IV: CONCEPTOS Y HERRAMIENTAS EN FUNCIÓN DEL RETRATO DE UNA

4.2. Apuntes teóricos e instrumentos para la preparación

El entrevistador con una preparación integral y minuciosa para una entrevista de este tipo, siempre tendrá ventaja respecto a los entrevistados e incluso sobre sus colegas. Difícilmente, una pobre preparación para tales entrevistas arribará a resultados profundos y realmente interesantes.

La preparación certifica un soporte importante para transitar por las etapas posteriores. Para la periodista cubana Alina Perera (Entrevista vía correo electrónico, 23 de marzo de 2012) (Ver Anexo 8) ―garantiza la mitad del éxito, pues durante el cara a cara solo sabremos sacar con precisión cada instrumento si estamos preparados a fondo, de lo contrario iremos a una cita como quien lo hace a ciegas, y el interlocutor, que conoce como nadie sobre sí mismo, advertirá sin esfuerzos que andamos improvisando sobre la marcha‖.

La inmediatez no constituye justificación para restringir la preparación ante una entrevista de personalidad, pues estas deben planificarse con antelación, realizarse sin apuros ni incomodidades y

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requieren de una profundidad lograda a partir del cúmulo de informaciones, anécdotas e historias del entrevistado y el medio que lo rodea. Si el periodista se enfrenta de la noche a la mañana con un personaje y no sabe lo suficiente sobre él, es recomendable que obvie el camino de develar su personalidad; quizás una entrevista de opinión le garantice un mejor resultado.

Todos los expertos consultados para este estudio coinciden en la importancia de la preparación, reconocen ese momento como definitorio para el clima que se logrará en la realización y determinante para el resultado final. Aunque el periodista posea habilidades para el diálogo, si no se prepara, tenderá a improvisar y puede que la entrevista no resulte un desastre, pero tampoco trascenderá más allá de lo tradicional, con preguntas muy generales y en muchos casos, manidas. El periodista no debe confiar en datos mínimos o en una o dos opiniones sobre el personaje, no debe cansarse en la búsqueda de informaciones, pues como plantean Luis Báez (Entrevista personal, 5 de marzo de 2012) (Ver Anexo 12) y Magda Resik, (Entrevista vía correo electrónico, 22 de abril de 2012) hay que saber hasta lo más mínimo del individuo, porque si él ve que el reportero falla, entonces pierde el interés, además, dominar esos detalles ayuda a sorprenderlo.

A partir de las exigencias demandadas por este tipo de entrevistas, Maribel Acosta señala que es necesario estudiar el tema, al entrevistado, dominar las técnicas y el lenguaje propio del género y del medio para el cual se va a publicar (Acosta, 2012). Para cualquier medio, siempre lleva una cuidadosa preparación sobre los objetivos propuestos y el modo de llegar a ellos. No es posible una buena entrevista si antes no se conocen detalles de la vida y obra del entrevistado. Un dato aparentemente intrascendente obtenido en la preparación, puede desatar los puntos más interesantes de la entrevista. Esa recopilación permitirá conformar una guía o cuestionario con más fundamentos, con especificidades que llamen la atención del público.

Tales consideraciones sobre la preparación contienen un grupo de principios y conceptos que conforman la teoría propuesta, lo cual, a su vez, posibilita la elaboración de la metodología en pos de brindar instrumentos para enfrentar esta etapa. En este sentido, para concebir una entrevista, el periodista lo primero que debe tener en cuenta es si realmente el individuo escogido constituye una personalidad, si en verdad al público le interesa conocer su vida.

Para la preparación el periodista debe recopilar toda la información posible sobre el entrevistado, desde la más oficial hasta la menos convencional, dirigirse a las personas allegadas al individuo, pueden ser familiares, aunque, la familia muchas veces será más conservadora en la revelación de su vida; por ello, en muchas ocasiones, sus amigos, vecinos o conocidos brindan información certera. También sus enemigos aportan datos interesantes, sobre todo controversiales. Mientras más contradicciones pueda recopilar el periodista sobre el personaje, más atrayente resulta su trabajo.

Si realmente el reportero pretende conocer secretos del entrevistado, la preparación ocupa varias semanas, incluso, consultar varias veces a los familiares y amigos, contribuye a que en cada encuentro exista una mayor confianza para hablar del personaje. El ambiente en el cual se desenvuelve el individuo también revela datos interesantes: su entorno laboral, los lugares que frecuenta, su barrio.

Conocer sus gustos y aficiones, también ayuda a ganárselo, resulta importante identificarse y defender sus preferencias por el deporte, la música, la comida, bebida, flores, países o provincias, películas, libros u otros hobbies. Esto ayuda a que en el cara a cara se logre una mayor empatía. Si ha escrito libros o artículos el entrevistador debe conocerlos y si es posible, leerlos. Aunque, no solo debe consultarse su creación, sino también lo que escriben sobre él, lo que dijo en otras entrevistas, informaciones o reportajes. Preguntar a colegas que lo hayan entrevistado, constituye un recurso fidedigno y ayuda a cometer la menor cantidad de pifias posibles, a no repetir preguntas y a conocer sus reacciones ante determinados momentos de la entrevista.

Un elemento importante en el estudio del personaje es lo referente a la preparación sobre su psicología, o sea, conocer sus principales reacciones, complejos, si es tímido, espontáneo, desenfadado, extrovertido, agresivo, irónico. Conocer qué los motiva o los retrae ayudará a manejar el diálogo con mejor fluidez.

Una vez que el periodista haya recopilado un gran cúmulo de informaciones sobre los temas que rodean al entrevistado, sobre su vida y su psicología, puede elaborar una especie de perfil que también lo ayudará a la hora de redactar la entrevista, además constituye el momento para conformar el cuestionario o guía de temas para el cara a cara.

Aunque la entrevista no debe manejarse rígidamente a partir de los temas o preguntas previstas, establecer tal guía ayuda a organizar la información, a perfilar mejor los objetivos para el encuentro y a trazar una estrategia según la magnitud de los tópicos. Esta propuesta defiende que, aunque se preparen puntos básicos, siempre deben conformarse algunas preguntas puntuales, sobre todo las más picantes o difíciles.

Asimismo, no resulta recomendable entregar al personaje las preguntas con anterioridad. Si insiste en conocer cuánto se pretende con la entrevista el periodista puede brindarle una lista con los puntos medulares a tratar. Si no queda otra salida, el reportero deberá elegir si renuncia a la entrevista o si la lleva a cabo de una manera más fría.

Después que el entrevistador tenga en la mano la información suficiente para enfrentarse al personaje y cuente con una idea de cómo conducir el diálogo, está listo para convidarlo a conversar, utilizar esta palabra en lugar de ―entrevistar‖, evita la predisposición del individuo.

La preparación constituye la primera etapa del proceso de la entrevista de personalidad, la cual debe realizarse de manera exhaustiva, al combinar el trabajo de archivo con la indagación a través de personas allegadas y otros colegas que lo hayan entrevistado con anterioridad. En sentido general, ese background permite enfrentarse al personaje con más comodidad, con una estrategia mejor pensada y así, entregar al público un verdadero retrato del personaje.