fija entre la moneda nacional y el dólar, y establecimiento de límites estrictos para la creación monetaria) que se llevo a cabo en paralelo con un amplio programa de liberalización que implicó grandes transformaciones estructurales e institucionales, en particular privatizaciones masivas, un repliegue del Estado, el reimpulso de procesos de liberalización financiera y de apertura comercial. En el decenio de los años 1990 se instaló una dinámica de crecimiento muy dependiente del crédito –y por tanto, en ausencia de un incremento suficiente de exportaciones, del financiamiento externo– y muy poco generadora de empleos. En esas condiciones, los choques exógenos que se produjeron a finales de esta década debido a la crisis asiática, rusa y brasileña desestabilizaron al crecimiento y condujeron a la implementación de ajustes deflacio- nistas –por ejemplo, reducción de salarios nominales– que provocaron un brusco incremento de desigualdades y pobreza. Eso condujo en 2001 a un escenario de crisis multidimensional. Es decir, una crisis de legitimidad que repercutió sobre la estabilidad política y social del país y convergió con una persistente degradación de las finanzas públicas así como con una crisis bancaria provocada por masivos retiros de depósitos. La gravedad de esta crisis que se reflejó en particular en la cesación de pagos de la deuda pública, en la brusca devaluación de la moneda nacional, en la ruptura generalizada de contratos, en un profundo deterioro de la situación de los bancos y en un verdadero “shock de pobreza” para la población del país, suscitó el temor de que se abriera un largo periodo de turbulencias y de inestabilidad. Sin embargo, en un contexto internacional muy favorable, en particular por el incremento en precios y volúmenes de las materias primas –sobre todo de origen agrícola– exportadas por este país, el crecimiento recobró fuerza a partir de 2003. El regreso a un excedente presupuestario y a un superávit de cuenta corriente permitió recuperar márgenes de maniobra en la política económica y reducir la vulnerabilidad financiera del país. Esto explica en buena medida la capacidad de resistencia frente a la crisis económica internacional que comenzó en 2007.
Sin embargo, no está claro que Argentina haya emprendido una trayectoria de creci- miento fuerte y sostenido que le permita reanudar con aquella época de oro que tuvo entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX. Por una parte, para sentar un ciclo largo de crecimiento es necesario superar diversos obstáculos estructurales como el rezago en materia de desarrollo y en la modernización de las infraestructuras –en particular en el sector de la energía. Por otra parte, la baja inter- mediación financiera que en estos últimos años se ha sumado a las polémicas sobre la verdadera tasa de inflación, no favorecen el desarrollo de la inversión privada. Asimismo, la medición de la inflación se encuentra desde hace cuatro años en el centro de una polémica sin resolver: la diferencia entre la medición oficial y las cifras –mucho más elevadas– de los analistas privados y de las mediciones de las provincias provoca confusión en las expectativas de los agentes y crea un ambiente de descon- fianza hacia la política económica del país. A su vez, este país se caracteriza por su gran dificultad para establecer compromisos socio-institucionales estables.
1.4. Financiamiento de la economía y evolución
del sistema financiero
El financiamiento del crecimiento es un tema crucial para el desarrollo de la región. Desde que se abrió a las inversiones externas, sobre todo a partir de los años 1970, la actividad económica en América Latina se ha financiado por medio de una com- binación de capitales extranjeros e internos, encauzados por circuitos bancarios y mercados de bonos y acciones. Una parte del financiamiento circula fuera del sistema bancario y del mercado de capitales que provienen directamente del ahorro de las empresas (autofinanciamiento).
Durante los años 2000, el nivel de ahorro interno de las economías de América Latina tuvo una evolución favorable ya que entre 2007 y 2009 representó el 22% del PIB, mejorando el 19% que había alcanzado entre 2000 y 2002 . Gracias al aumento en los precios de las materias primas, a la mejoría de los términos del intercambio, lo cual se tradujo en excedente comercial, así como a las políticas presupuestarias que tenían por objetivo la reducción del endeudamiento público, numerosos países de América Latina se convirtieron durante los años 2000 en proveedores de ahorro neto para el resto del mundo como lo prueban los excedentes de la balanza corriente alcanzados en ese periodo (ver gráfico 3). Ese fue en particular el caso de Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador, Perú y Venezuela, países que disminuyeron de manera importante su nivel de deuda externa (ver cuadro 4).
En un contexto internacional que se caracterizó por la abundancia de liquidez, todos los países de la región registraron considerables entradas de capitales incluyendo los países superavitarios en cuenta corriente. En relación al tema de la abundancia de estos capitales en un contexto de expansión de la liquidez mundial, un nuevo consenso destacó la importancia de acumular reservas internacionales en los bancos centrales como una manera de proteger a las economías de la inestabilidad de algunos flujos especulativos (Bastourre et al.,2006). Así, una parte considerable de estas inversiones financieras extranjeras se reinvirtieron en los principales centros finan- c i e ro s i nte r n ac i o n a l e s . Pa í s e s co m o B ra s i l , C h i l e y M éx i co h ace n i nve rs i o n e s extranjeras directas en cantidades importantes a través de sus multinacionales que constituyen el grueso de las “Multilatinas” (Casanova, 2009).
Las cifras relativas a la formación bruta de capital también registraron un alza, aún cuando ésta fue menos pronunciada. En promedio, la tasa de inversión pasó del 18% del PIB en 2000-2002 al 21% del PIB antes de que la crisis internacional se intensificara en 2008 (caída de Lehman Brothers). La brecha entre ahorro e inversión fue positiva
de manera ininterrumpida entre 2003 y 2007 de modo que la región logró excedentes externos en ese periodo que se tradujeron en una considerable disminución del endeudamiento externo neto con respecto al resto del mundo. Desde 2008, América Latina se encuentra de nuevo en una situación de déficit externo (ver gráfico 3).
Por su parte los diferentes sectores de la economía (gobierno, bancos, empresas) presentan configuraciones específicas en términos de financiamiento. Los déficits presupuestarios –que antes de la crisis de 2008 estaban a la baja– fueron financiados principalmente por recursos internos (fiscalidad, préstamos) lo que se tradujo en una disminución del endeudamiento externo público relativo al PIB (ver gráfico 9). Argentina, Chile y desde el 2007 Bolivia, Ecuador y Perú presentaron un saldo pre- supuestario excedentario. En el caso de Argentina, este superávit presupuestario se debe en parte a la cesación de pago de una parte considerable del servicio de la deuda en bonos (2001) y a la reestructuración posterior de esos pagos en 2005 y 2010. Algunos países cuyos principales recursos de exportación son explotados por empresas estatales (Chile, Venezuela), constituyeron fondos contracíclicos y/o soberanos que invierten principalmente en activos en divisas. Los gobiernos defici- tarios (Brasil, México, Uruguay) se financian principalmente a través de los mercados internos. A diferencia de los años 1990, los gobiernos latinoamericanos no recurrieron a los mercados internacionales de capitales (o muy poco) para financiar su gasto, de manera que el peso de la deuda pública financiada por el mercado interno aumentó considerablemente, sobre todo en Brasil.
Aún cuando en su conjunto el sector privado dispone de un excedente de ahorro, parte del financiamiento del crecimiento se siguió apoyando en la llegada de capitales extranjeros. En primer lugar, la inversión directa extranjera se mantuvo en un nivel elevado, en particular en el periodo 2007-2008. Luego, las grandes empresas de países como Brasil, Chile, México, recurrieron a mercados de capitales internacionales por medio de la emisión de acciones y obligaciones en los mercados internacionales (gráfico 10). Por último, el financiamiento externo por la vía del endeudamiento bancario sigue aún presente en estos países (gráfico 11).
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Brasil Colombia México Chile
Fuente: EIU.
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