1.2. Hacia la recuperación del garum: una investigación interdisciplinar
1.2.1. Desde la Arqueología, la Arqueometría y la Arqueología Experimental
La arqueología es el estudio, descripción e interpretación de las civilizaciones antiguas a través de los vestigios que de ellas se han conservado hasta nuestros días. Implica la comprensión de los cambios que se producen desde las sociedades y civilizaciones antiguas hasta las contemporáneas. Según Renfrew y Bahn (1996) la arqueología observa el conjunto de las experiencias humanas pasadas. Las deducciones que se extraen a partir del estudio arqueológico están elaboradas a partir de las evidencias materiales que se recuperan durante una campaña arqueológica, estas pueden ser objetos, estructuras o residuos orgánicos producto de la actividad antrópica;
pero también pueden considerarse como evidencias el hallazgo de otro tipo de restos como restos de animales (insectos, por poner un ejemplo). En multitud de ocasiones el estudio del suelo y los sedimentos (estratigrafía) es la que aporta las evidencias necesarias para la comprensión e interpretación del contexto arqueológico (Pollard et al. 2007).
El trabajo de contextualización de un resto arqueológico también se basa en el estudio de las fuentes literarias, pero con reservas ya que los textos históricos a menudo hacen referencia a los grandes acontecimientos como batallas, personalidades o dogmas religiosos y están escritos por literatos. Con gran frecuencia, los hallazgos arqueológicos corresponden a eventos no recogidos en los textos, la historia de la gente corriente. Sin embargo, en el contexto del estudio de la salsa garum, nos encontramos con algo más de información literaria de la habitual para la esperada acerca de un proceso industrial. La fama y estatus social que alcanzó en el periodo histórico del Imperio
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Romano, hicieron que los cronistas e historiadores de la época se interesaran por el proceso y los lugares de elaboración, por su utilidad como alimento y otras propiedades; algunos centros de producción y comercialización de salsas derivadas de salazones de pescado alcanzaron gran fama y fortuna.
La Arqueología Clásica lleva a cabo la tarea de reconstruir los eventos pasados del mundo grecorromano basándose no sólo en las fuentes literarias en las que las referencias más abundantes y detalladas corresponden a eventos relevantes e incidiendo menos en los detalles de la vida cotidiana. El análisis científico de los materiales que se distribuyen en un espacio arqueológico determinado, corresponde al campo de la arqueometría, cuyos métodos conducen a una interpretación que explique en la medida de lo posible el hallazgo y lo coloque en su contexto histórico. Esta contextualización de las evidencias arqueológicas es lo que permite el avance en el conocimiento de la historia de la humanidad dentro del campo de la arqueología.
El estudio de las antiguas comunidades humanas que lleva a cabo la arqueología comienza con el hallazgo de la evidencia arqueológica y su posterior estudio. Es en este punto donde la arqueología adquiere una dimensión interdisciplinar, ya que la naturaleza de los restos conlleva que su análisis pueda abordarse desde diferentes puntos de vista e implica la participación de expertos en campos de la ciencia igualmente diversos. Los restos que se encuentran en un yacimiento arqueológico pueden ser por tanto de naturaleza orgánica o inorgánica, su composición puede ser de piedra, hueso, vegetal, cerámica, metal, circunstancia a la que se suma igualmente el estado de conservación del resto en el momento en el que se produce el hallazgo.
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Sea cual sea la naturaleza del material encontrado, los primeros estudios que se llevan a cabo son macroscópicos y microscópicos y tienen por objeto la descripción de la muestra y su clasificación. Para este propósito la arqueología recurre a fuentes bibliográficas clásicas. Sin embargo, desde hace décadas y debido a la distinta naturaleza de los restos que surgen durante una campaña arqueológica, los análisis a aplicar a los restos pueden complementarse con otro tipo de estudios químicos que han demostrado aportar información valiosa para la contextualización de las evidencias arqueológicas. A partir de multitud de técnicas de análisis físico-químicos podemos adentrarnos en el estudio de evaluar los tipos de materiales, técnicas de elaboración, origen o el grado de alteración que presenta un resto arqueológico (Regert et al 2006a; 2006b; Pollard et al 2007). La arqueometría consiste en la utilización de técnicas de análisis físico-químico que en principio quedan fuera de la Arqueología Clásica y que son llevadas a cabo por expertos en otros campos del conocimiento como biólogos, químicos, zoólogos, palinólogos, entre muchos otros; para contribuir en el conocimiento del contexto, origen y funcionalidad del resto arqueológico.
Desde mediados del siglo XX se vienen publicando trabajos que aplican diferentes técnicas de análisis científico aplicadas al mundo de la arqueología. Son destacables los estudios de E.R. Caley entre 1949 y 1967 además de M. Klaproth y otros a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX sobre el contenido en hierro y la composición mineral de monedas romanas antiguas, otros objetos metálicos y vidrio (Caley 2013). A lo largo de todo el siglo XIX se han realizado análisis químicos aplicados a los hallazgos encontrados en campañas arqueológicas pioneras como fueron las primeras excavaciones en Nínive y Babilonia que quedaron reflejadas en la obra de A.H. Layard “Discoveries in the ruins of Ninive and Babylon” (1853) en la que figuran análisis realizados por T.T. Philips de la composición de objetos de bronce de época asiria
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y otros objetos de vidrio. También existen informes de análisis químicos realizados a los materiales hallados por Heinrich Schliemann en Troya y Micenas en 1878. A principios del siglo XX, los estudios químicos sobre la composición de restos arqueológicos de diferente naturaleza comenzaron a popularizarse y se aplican a multitud de restos de todas las épocas (Caley 2013). Las revisiones de los estudios precedentes (Trigger 1988; Pollard and Heron 1996) pusieron de manifiesto la relación entre la arqueología y las ciencias químicas y biológicas. El final de la Segunda Guerra Mundial supuso el comienzo del uso de técnicas como los rayos X, el análisis por microscopía electrónica o la espectroscopía de masas, entre otros para el estudio de materiales arqueológicos y establecer su origen o los lugares de manufactura. A mediados del siglo XX queda demostrado que el análisis químico de los artefactos y materias primas es realmente útil en la tarea de contextualizar restos arqueológicos y se comienza a hablar de arqueometría, término acuñado por Christopher Hawkes en Oxford a incios de la década de 1950. La arqueometría se basaba principalmente en el estudio de materiales inorgánicos como rocas, objetos de obsidiana o azabache, mármoles, cerámicas, metales, vidrio o ámbar (Pollard y Heron 2008). Sin embargo, los hallazgos arqueológicos no se limitan solamente a materiales de naturaleza inorgánica; ya en 1879, Dressel identifica restos óseos de pescados en adheridos en la parte interna de ánforas y su estudio macroscópico permite su identificación como restos óseos de pescado, consecuentemente, este estudio arqueométrico permitió determinar los usos concretos de cada tipología de ánfora. Este ejemplo se ha aplicado en multitud de ocasiones para adherencias de ánforas que son identificables a simple vista (Desse-Berset y Desse 2000; Van Neer et al. 2010; Bernal-Casasola et al. 2012; Bernal-Casasola et al. 2015) pero cuando las circunstancias del hallazgo no lo permiten, el estudio arqueométrico necesita de técnicas de estudio que permitan determinar la naturaleza de las adherencias de las cerámicas. Para estos estudios arqueométricos hay que tener en cuenta el hecho de
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que la cerámica, al tratarse de un material poroso, permite la migración de los compuestos hacia el interior de la cerámica, donde quedan en parte retenidos (Evershed 2008; Garnier et al. 2018). Desde hace algunas décadas está cobrando importancia el estudio de materiales biológicos que, si bien no se conservan igual que los restos de naturaleza inorgánica, aportan una valiosa información en aquellos casos en los que aparecen en el contexto de una excavación arqueológica. El desarrollo de los equipos y técnicas de cromatografía iónica, gaseosa y líquida, unida a la detección de masas, permite separar y caracterizar de forma efectiva y precisa multitud de compuestos, colaborando con la labor de contextualización de los hallazgos arqueológicos. El campo de la arqueometría aplicada y en concreto el análisis mediante técnicas cromatográficas aplicado a la arqueología moderna ha demostrado ser una herramienta muy útil que desde los años 70 del pasado siglo hasta la actualidad ha producido multitud de trabajos de investigación (Lin et al. 1978; Evershed et al. 1985; 1994; 1995a; 1995b; Heron et al. 1994; Regert et al. 2005; Garnier et al. 2018, entre muchos otros). Algunos ejemplos de muestras sobre los que se aplican este tipo análisis son los restos de ceras o resinas, elementos que se encuentran frecuentemente en el transcurso de una campaña arqueológica; pero también de forma ocasional aparecen restos humanos o de comida entre los que se puede diferenciar huesos, proteínas, grasas e incluso en restos extraordinariamente bien conservados, ADN (Jones 2001). Es un hecho interesante y comprobado en multitud de ocasiones que en los restos arqueológicos es posible detectar una amplia variedad de biomoléculas, existen multitud de referencias bibliográficas que así lo atestiguan (Pollard et al. 2008). Los artefactos sobre los que se aplican este tipo de metodología son normalmente de naturaleza inorgánica o en menor medida materiales geológicos. La relevancia de este tipo de estudios interdisciplinares ha pasado de ser un recurso que complementa al proceso descriptivo de las muestras a suponer una fuente de información de la que extraer conclusiones y establecer
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hipótesis que no podrían ser discutidas ni desarrolladas por los métodos tradicionales de la Arqueología Clásica.
La aplicación de técnicas modernas de análisis sobre restos arqueológicos pone de manifiesto la presencia de biomóleculas que aportan valiosa información para el trabajo de contextualización. La combinación de los campos de la Arqueología Clásica y la arqueometría son cruciales para el estudio de los paleocontenidos que se localizan en ocasiones en ánforas tanto en lugares de producción como en almacenes, locales de venta o transportes.
Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre en química analítica, los estudios en arqueometría conllevan una serie de dificultades:
La diferente y a menudo desconocida naturaleza de las
muestras que, derivadas de la actividad humana, son producto de mezclas de diferentes elementos, como es el caso de los restos de comida.
Los lugares de muestreo, expuestos a la degradación del
ambiente y diseminados por diferentes lugares del mundo, de diferentes épocas y ambientes.
El tiempo transcurrido desde el momento en que se
depositan las muestras, las más que probables
contaminaciones ambientales y el grado de degradación que sufrirán hasta ser halladas, hacen que exista una gran dificultad a la hora de interpretar los resultados analíticos, por lo que cobra importancia una estandarización de las técnicas de muestreo y análisis, así como una cuidadosa interpretación de los resultados.
A este respecto y de acuerdo con diversos autores, se hace patente la importancia de crear protocolos comunes que permitan estandarizar este tipo de trabajos, ya que la interpretación de los
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resultados analíticos es a veces complicada de enfocar debido a los diferentes campos del saber que actualmente actúan sobre un mismo resto o yacimiento arqueológico. Por otro lado, es de suma importancia que los resultados experimentales sean analizados en profundidad y contrastados para poder llegar a establecer tendencias en la degradación de moléculas y la identificación de marcadores moleculares que se preserven en el tiempo y sean reflejo de la muestra original (Evershed 2008).