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ARQUITECTURA RELIGIOSA DE LA GUADALAJARA MEDIEVAL

MUDÉJAR, PERVIVENCIA DEL MUDÉJAR Y NEOMUDÉJAR EN LA ARQUITECTURA DE LA CIUDAD DE GUADALAJARA

MUDÉJAR, PERVIVENCIA DEL MUDÉJAR Y NEOMUDÉJAR EN LA ARQUITECTURA DE LA CIUDAD DE GUADALAJARA

En 1085, durante el reinado de Alfonso VI se produjo la reconquista de la ciudad de Guadalajara por parte de la Corona de Castilla. Tras la reconquista hubo una primera época caracterizada por una política de tolerancia con respecto a la población musulmana que permaneció en el territorio, al igual que con respecto a la minoría judía, que fue favorecida y protegida por los sucesivos reyes. Esta situación cambió con Fernando III quien llevo a cabo una nueva política favorecedora de la población cristiana en detrimento del resto. Esta nueva orientación se aprecia claramente en el fuero otorgado a la ciudad de Guadalajara en 1219 1.

Esta nueva política se pudo llevar a cabo gracias a la Iglesia. En primer lugar se construyó un entramado parroquial en el que cada Iglesia y “collación” (parroquia) eran además una célula municipal de tributación fiscal y un encuadramiento militar. En segundo lugar se construyeron monasterios en las cercanías de las ciudades.

La organización de la ciudad medieval de Guadalajara se hizo con diez parroquias San Andrés, San Julián, Santo Tomé, San Esteban, San Miguel, Santa María, San Ginés, San Gil, San

Nicolás y Santiago.

En los primeros años del siglo XIX (1831) debido a la falta de recursos y a la disminución de la población de la ciudad de Guadalajara que llego a reducirse a 1700 vecinos, se suprimieron cinco de las diez parroquias, San Andrés, San Julián, Santo Tomé, San Esteban y San Miguel, y posteriormente San Gil. A partir de este momento quedaron únicamente Santa María, San Ginés, San Nicolás y Santiago.

De las cinco parroquias suprimidas, en un principio quedaron abiertos al culto los templos de San Andrés, Santo Tomé, como santuario de la Virgen de la Antigua, y San Esteban, como Convento de Jerónimas

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, y se demolieron los de San Julián y San Miguel. Posteriormente se demolieron también los de San Andrés y San Esteban y del antiguo templo de Santo Tomé únicamente se conservó su cabecera.

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ORTIZ GARCÍA, AMO GARCÍA, BALDOMINOS UTRILLA, CISNEROS GARCÍA, GÓMEZ GÓMEZ, LAINA RIAÑO, MARTÍNEZ ASENJO (1996)

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Tras la supresión de la Parroquia de San Esteban, esta Iglesia y unas casas anejas sirvieron de Convento de Jerónimas, trasladándose esta congregación desde el Convento de los Remedios en la actual Plaza de los Caídos.

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En cuanto a las parroquias que se mantuvieron, la mayor parte de ellas se trasladaron a los templos de los Conventos suprimidos3, por encontrarse normalmente en mejor estado de conservación, y se demolieron los primitivos.

Además de estas diez Iglesias parroquiales existían varias ermitas, como la de Nuestra Señora de Afuera que obtuvo la categoría de parroquia a finales del siglo XV, la de Santo Domingo el Viejo que estaba situada en la plaza Mayor y fue demolida para su ampliación en el siglo XVI, o las de Santa Catalina, Ntra. Señora del Amparo, Alamín, San Roque, La Soledad, Santa Ana,…

En cuanto a los conventos, en el siglo XV existían cuatro. Santa

Clara la Real estaba situado en la antigua judería y tras la

desamortización fue demolido conservándose su templo, al que se trasladó la parroquia de Santiago.

El Convento de La Merced estaba situado en el arrabal de la Alcallería y fue demolido tras la desamortización.

El de San Francisco estaba situado a las afueras de la ciudad y tras la desamortización pasó a utilizarse como cuartel.

San Bernardo, inicialmente situado junto al río, se trasladó tras sufrir

un incendio frente al de San Francisco en las proximidades de la Puerta de Bejanque. Este convento fue demolido tras ser saqueado en la guerra civil.

En el siglo XVI se fundaron seis nuevos conventos, Nuestra Señora de la Piedad, Nuestra Señora de la Concepción, Santo Domingo de la Cruz, Nuestra Señora de los Remedios, San Antonio de Padua y el Colegio de Nuestra Sra. de las Vírgenes o de las Carmelitas de Arriba.

En el siglo XVII se fundaron otros cuatro conventos, San José o Carmelitas de Abajo, el Colegio de la Santísima Trinidad de la Compañía de Jesús, Carmelitas Descalzos de la Epifanía y San Juan de Dios. Con estas nuevas fundaciones, los recintos religiosos llegaron a ocupar gran parte de la ciudad, siendo la función religiosa, junto con la de residencia de la nobleza, una de la más importantes de las desarrolladas en ella 4.

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San Ginés fue trasladado al templo conventual de Santo Domingo, Santiago a la Iglesia Conventual del Convento de Clarisas y San Nicolás al templo de la Santísima Trinidad del Colegio de Jesuita.

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Durante la Edad Media las edificaciones religiosas eran de dimensiones discretas, a pesar de ello sobresalían del resto del caserío de la ciudad que se caracterizaba por estar constituido por pequeñas edificaciones agrupadas en manzanas, creando un laberinto de callejuelas en el que únicamente el Alcázar Real presentaba un volumen edificado importante

A partir del siglo XV, tras el establecimiento de la familia Mendoza y su rápida ascensión a las más altas esferas del poder, se construyeron edificios civiles de mayor importancia, de entre los que destaca el palacio de los Duques del Infantado y las nuevas fundaciones conventuales. 5

El paisaje urbano de Guadalajara en el siglo XVI queda reflejado en la vista realizada por Van der Wyngaerden en 1565 donde se aprecian los templos de la ciudad.

Fig.. 1.- Vista de Guadalajara. 1565. Van der Wyngaerden.

En la vista realizada un siglo después por Pier Marie Baldi (1668) se aprecia la transformación experimentada.

Junto con la construcción de nuevos edificios de mayores dimensiones, son visibles las reformas llevadas a cabo en los antiguos templos. En estos años la mayoría de las iglesias se vieron sometidas a unos procesos de “barroquización” tanto interior como exterior. En esta vista se aprecian los nuevos chapiteles construidos como remate de sus torres.

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Fig.2.- Vista de Guadalajara. 1668, Pier Marie Baldi. Biblioteca Laurenziana de Florencia

La destrucción del patrimonio religioso durante los siglos XIX y XX motivada por la supresión de parroquias, las desamortizaciones, las guerras o la falta de sensibilidad ante el patrimonio arquitectónico existente, ha hecho que sean muy pocos los elementos de estos templos medievales han llegado hasta hoy, lo que en gran medida es responsable de la transformación del paisaje urbano de la ciudad.

Fig.3.- Vista aérea del casco histórico de Guadalajara. Fuente: Pedro J. Pradillo

En esta fotografía de la parte alta del Casco Histórico de Guadalajara todavía se puede ver la Iglesia de San Gil y la de San Esteban. San Nicolás, tras su trasladado al templo del Antiguo Colegio de Jesuitas, ya se había demolido y construido un teatro sobre su solar. La Iglesia de San Ginés, tras el trasladado de la parroquia al antiguo templo conventual de Santo Domingo, también se había demolido y se había construido sobre su solar el Palacio de la Diputación Provincial.

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Debido a los condicionantes históricos y culturales de la ciudad, y también como consecuencia de los materiales constructivos existentes en la zona 6, la mayor parte de las Iglesias, así como el resto de las edificaciones, se levantaron siguiendo la tradición constructiva islámica adaptada a las corrientes arquitectónicas cristianas, es decir según el denominado estilo “mudéjar”.

De las Iglesias medievales de Guadalajara de estilo “mudéjar”, únicamente se ha conservado, aunque muy transformado, un templo parroquial, el de Santa María, y un templo conventual, el de Santa Clara, actual parroquia de Santiago. También se han conservado restos de otras dos Iglesias, San Gil y Santo Tomé.

Se han estudiado los dos templos conservados en los que además de los propios edificios ha sido fundamental la documentación, especialmente la gráfica, existente.

Con respecto a los restos conservados de los templos de Santo Tomé y San Gil, partiendo de los propios restos, se ha pretendido llegar a tener una aproximación los más fiel posible de los mismos. Para ello ha sido fundamental el estudio de los edificios existentes y de la documentación conservada.

Estos documentos también han servido para llegar a tener un mayor conocimiento de los edificios totalmente desaparecidos.

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