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ARQUITECTURA Y SERVICIOS DEL MUSEO

In document Museo de ciencias - Surco (página 118-124)

Los servicios de un museo deben entenderse conjuntamente tanto desde un punto de vista de infraestructuras como de prestación de asistencias a los usuarios; y tanto desde la perspectiva de las necesidades exigidas por la programación museológica, como por la cotidiana entrega y ejercicio de su trabajo por parte del personal -científico, administrativo y laboral-, que de ella devienen.

Si los problemas de circulación vertical y horizontal de los objetos, del personal y del público en el museo condicionan de hecho el proyecto arquitectónico, a ellos se deben ajustar el diseño y relación de todas sus áreas (de recepción, de exposición, de conservación y almacenamiento, de restauración; de estudio, investigación y difusión; de actividades culturales...). Lo que implica -dentro de la planificación arquitectónica- desde la selección del emplazamiento y del edificio a la concepción de los espacios para el público, los materiales constructivos y la propia seguridad de la institución.

ACCESOS,ACCESIBILIDAD,

ÁREASDEDISTRIBUCIÓNYCIRCULACIÓN

La accesibilidad de un museo está determinada en parte por la buena disposición y relación de las tres zonas esenciales (pública, de trabajo y almacenes) que lo articulan. Y empieza a definirse por la selección del emplazamiento, y por el diseño y condiciones del edificio.

Se recomienda en este sentido:

Cuando esté decidida la ubicación y la relación de los espacios y los modelos de circulación, hay que considerar:

 El acceso desde el exterior para los usuarios, personal y vehículos de mercancías.

 Las instalaciones no museísticas que tienen que estar aptas para actuar independientemente.

 Puntos de control principal y secundarios.

 Se necesitan accesos internos a las escaleras y salidas de emergencia para regulación de incendios.

 Circulación interna de usuarios y personal, particularmente los mayores y discapacitados.

 Movimiento interno de colecciones, exposiciones y otros materiales, incluyendo la necesidad de manipulación mecánica (por ejemplo, una grúa).

 Circulación vertical: escaleras, rampas, escaleras mecánicas, ascensores para los usuarios, personal y exposiciones; disposición dividida o separada.

 Puertas anchas para permitir el movimiento del equipo y de las exposiciones, y para camillas de usuarios; tener en mente la provisión de un paso para actuaciones de control.

El museo es también un conjunto de relaciones estructurales, espaciales y ambientales que deben estar funcionalmente a disposición de las colecciones, de su conservación y exposición, y sobre todo, desde una perspectiva sociocultural, al servicio del público visitante. Aspectos que no deben pasar desapercibidos al museólogo y al arquitecto:

Además de los aspectos espaciales y formales, producto de la voluntad creadora del arquitecto contemporáneo, el tratamiento de la circulación y de las áreas de distribución características de la arquitectura actual obedece a diferentes razones, destacándose: El aumento del número de visitantes. que ha llegado en ciertos casos a verdaderas multitudes (el Museo del Aire y del Espacio, en Washington DC recibe hasta cincuenta mil visitantes por día (en 1989).

El tipo de visitantes, ya que cada vez se toman más en cuenta las personas minusválidas, que necesitan instalaciones especiales dentro del edificio.

La conducta del público (ahora sabemos más sobre sus hábitos y dinámica de movimiento).

Las actividades que se desarrollan dentro del museo.

Un nuevo concepto de distribución de las colecciones, que se traduce en un recorrido diferente.

Deben resaltarse la introducción de un espacio central de grandes dimensiones que permite al visitante una referencia visual del conjunto, y la opción de un recorrido que evite la sensación de laberinto. Muy ligada a la anterior, la zona de recepción adquiere especial importancia al ofrecer al visitante diferentes opciones de visita, así como la oportunidad de prepararse sicológicamente para el recorrido.

PROYECCIÓNSOCIOCULTURALDELMUSEO:

SISTEMAABIERTOEINTERACTIVO

Así, en casi tres décadas, la institución del museo ha dado un vuelco espectacular a su imagen, modificando su perfil y funciones habituales. De institución cuestionada y combatida –y a pesar de sus muchos problemas de crecimiento y asentamiento en la sociedad actual-, ha pasado a convertirse en uno de los instrumentos socioculturales más demandados y codiciados en la actual situación postindustrial y sensibilidad posmoderna. Junto con su propia metamorfosis técnico-museográfica, el museo ha adquirido nuevos parámetros de definición, expresión e interpretación del «bien cultural».

Teniendo en cuenta sus orígenes ilustrados y de la progresía decimonónica, hablar hoy de la «significación histórica del museo» implica más la utilización de un sentido diacrónico que sincrónico. Hace más de veinte años, Hugues de Varine-Bohan vaticinó su desaparición y no tuvo reparo en

concluir: «Teóricamente, el museo está destinado a desaparecer coincidiendo con el fin del contexto cultural y de la clase social que lo crearon».

¿Han desaparecido ya este contexto y esta clase social? Hay indicadores socioculturales que parecen confirmarlo, aunque el museo, si es que ha muerto, ha renacido transformado de sus propias cenizas, como un nuevo ave Fénix en una sociedad neoilustrada. La clase social que impulsa y controla ahora en el área occidental estas instituciones ha cambiado el signo colonialista con que exportara a principios del XIX al resto del mundo este «invento europeo» por el de una actitud de rentabilidad multifacética.

Muchos de los nuevos proyectos confirman no sólo la ruptura de la tradicional «connivencia» entre el contenedor y el contenido, previsible y deveniente desde su asentimiento histórico en la sociedad contemporánea - desde las vanguardias históricas, si nos referimos a los museos de arte-, sino que han precipitado incluso, como decimos, la expansión y definición del bien cultural que atesoran al informar de él y comunicarlo mejor al público destinatario. Una recíproca y determinante influencia que nos ha hecho ver los contenidos -históricos, artísticos, científicos o técnicos- de los museos con nuevos ojos y hasta ha impulsado la recreación del entorno patrimonial desde otras perspectivas que las puramente históricas.

En consecuencia, el mismo dinamismo museográfico que ha terminado por producir la expansión informativa, comunicativa y comprensiva de los bienes culturales -al amparo, sobre todo, del avance de la museología y los medios tecnológicos de la sociedad actual insistimos-, ha terminado también por acentuar esa ruptura entre el contenedor y el contenido, y entre la función didáctica de la colección y su capacidad crítica. El creciente protagonismo de los arquitectos en el museo es, como hemos visto, otro ingrediente fundamental a la hora de valorar esta ruptura. Lo que no excluye, sino que muchas veces la fundamenta, la atracción que sobre un determinado sector del público ejerce este reparto espectacular.

Además de la pérdida de la significación histórica del museo, hemos de tener en cuenta que su transformación comentada (desde el museo-almacén al museo-dinámico, desde el museo de los espectadores al museo de los actores, al museo-laboratorio y al museo-banco de datos...) ha sido rebasada por la rotundidad de los fenómenos y comportamientos sociológicos incorporados a su realidad como determinantes: ante su normal incapacidad para satisfacer a un público cada vez más exigente y activo, éste se ha alzado al final como el auto legitimador último frente a la obra del museo. Las estadísticas, las encuestas de opinión, la atracción masiva de visitantes al espectáculo del museo, etc., han motivado su potenciación por parte de políticos y mercadotécnicos -a veces cautivados por el esplendor de lo efímero-, hasta convertir a ese público en catalizador de lo que se ha configurado como recinto emblemático de esta sociedad finisecular .

CAPITULO III

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Se elegió el distrito de Santiago de Surco para la

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