CAPÍTULO V: LA REALIDAD DE LA BRUJA
EL ARTE DE CONTAR CRÓNICAS
La estructura de Castro en toda su obra podría decirse que es igual; voces testimoniales que narran lo que él ha investigado, voces que se alternan dándose paso unas a otras con los temas o los personajes mencionados, voces que son testigo de lo que cuentan, que viven en carne propia lo que se dice, voces que pretenden ser escuchados, que busca en el periodista la oportunidad de serlo. La alternancia de las voces es lo que le da ritmo a los libros de Castro, pues cada voz cuenta algo, la técnica narrativa de Castro consiste básicamente en el manejo de los clímax, lo que logra dejando que cada personaje cuente algo nuevo en cada página, por eso los alterna, porque la variedad de voces se convierte en una variedad de monólogos que cuentan y reflexionan sobre lo que cuentan. En estas historias el periodista deja de ser narrador explícito y se convierte en un narrador implícito que está detrás de cada una de las páginas de cada uno de los libros, un narrador que se encarga de estructurar, de armar toda una combinación de materiales que le permiten darle la voz a los protagonistas para que sean ellos los que le hablan al lector.
De esta manera este narrador que es Castro elabora un tejido con las hebras de hilos que recoge a lo largo de su investigación y este tejido es un todo un arte, es preguntar, es buscar, es encontrar, es saber hacer que el personaje hable, es encontrar en el discurso testimonial el camino hacia una historia que englobe un tema. Lo que hace Castro es el arte de contar crónicas. Es manejar una técnica narrativa, un estilo,
para escribir realidad y para escribir ficción no hay más que una técnica, no más que una técnica, partir de una estructura, un manejo del tiempo dramático; entonces estamos diciendo que no hay más que una técnica para escribir realidad y para escribir ficción, es la misma, que es partir de una estructura, manejar cosas como tiempo dramático, manejo
del tiempo dramático, que pase, que se deslice el tiempo por la historia, cuándo diálogo, cuándo monólogo; factor sorpresa, el manejo del factor sorpresa. (…). Comenzar, el manejo de los clímax es muy importante, hay que comenzar fuerte con un clímax, terminar fuerte con otro, y como se le cae el techo al poner dos columnas, poner los clímax, para eso tiene que hacer alteración en la cronología, cambiar, puede hacerlo mediante recursos como el tiempo recuperado, lo que se llama flash back, se llama tiempo recuperado, por ejemplo. Esa es la técnica para escribir, en dos palabras. (Castro, 2007).
Esta técnica para escribir es la que utiliza en el libro objeto de estudio del presente trabajo La Bruja. Coca, política y demonio, un libro que además de manejar un buen ritmo a lo largo de la narración, maneja temas fuertes y de gran impacto nacional, al ser demandado el autor y la editorial por las cosas que dice y prácticamente las denuncias que hace.
Fredonia es un pueblito de Antioquia que cambia cuando a él llega un narcotraficante, lo compra y la vida allí no volvería a ser la misma, el narco trastoca los valores sociales y una bruja es testigo de ello. El asunto es fácil. Castro Caycedo, como toda Colombia, se entera del debate en el Salón Elíptico del Capitolio Nacional que ocurre en 1980; sabemos que en ese debate, con el salón lleno, ciento setenta congresistas reunidos, se hicieron las denuncias con pruebas en mano de los nexos existentes entre el gobernador de Antioquia, Rodrigo Uribe Echavarría, y las ‘llamadas mafias’. Los nexos entre Jaime Builes, narcotraficante de cocaína y el Gobernador, sus relaciones, su amistad, es una falta, como dice el Representante Múnera León, ante la ley moral. Escándalo político de domino nacional. Uribe Echavarría renunció.
Quince años después, hablando con Monseñor Uribe Jaramillo, Castro se entera que existe una señora que fue bruja avezada, como le dice Monseñor, y haciéndole caso al
clérigo, la busca para hacer la vida de ella. Cuando la encuentra, allá en Fredonia, habla con ella pues la idea que le había propuesto Monseñor era un programa de televisión (en ese momento Castro hacía Enviado Especial), pero hablando Castro se dio cuenta de una cosa. Esta bruja no era solamente un bruja. Era una mujer que había vivido toda su vida en Fredonia, el lugar donde ocurrían los hechos de las denuncias de aquel ya lejano debate del Congreso.
Corría el año de 1995 y Castro Caycedo lo que hizo fue atar cabos. La vida de ella estaba relacionada con la del narcotraficante, con el cual el Gobernador había establecido cierto grado de amistad, por el lugar que la había visto crecer y convertirse en bruja. “Esto no es un programa de televisión, esto es un libro.” (Castro, 2007).
De esta manera se puede decir que es Fredonia la que conjuga en su vida de pueblo las dos historias siempre paralelas que se narran en el libro. Fredonia se convierte en algo así como un centro de poder, es este lugar el que le proporciona a los protagonistas, actantes de la obra, una energía poderosa que los lleva a conseguir lo que quieren: Poder. Lucrecia (Amanda) es clara en esto, ella lo único que buscó siempre fue poder, la brujería se lo proporcionó, pero también se lo quitó. Jaime quiso también rehacer sus pasos de pobre, dejar de ser peón, camino equivocado el del narcotráfico, porque lo arruinó tan fácilmente como lo elevó. Los ‘agonistas’ de esta historia vivieron dando pasos en falso sobre un terreno traicionero que los hundió como castigo por haber tomado el camino erróneo.
Narrativa testimonial es su género, la crónica para él es lo mismo que reportaje y La Bruja es uno de esos grandes reportajes que ha realizado a lo largo de sus cuarenta y cinco años en el oficio periodístico; oficio que le ha enseñado que darle voz a las personas que viven intensamente sus historias en Colombia lo puede llevar a mostrar los
diferentes puntos de vista por medio de los cuales puede ser visto su país. La objetividad no existe ni existirá jamás, dice él abriendo los ojos y tratando de darle una lección de oficio a su entrevistadora. Punto de vista, claro en La Bruja cuando pone en voz de ella la situación precisa en la que nace la narcodemocracia en Colombia: “Hoy, tantos años después, puedo ver claramente que esa tarde en aquella mansión nació ante mis ojos la infame narcodemocracia colombiana. ¿Para qué lo vamos a negar? ¿Para qué?... Si es que, a partir de allí, nos convertimos en una narcodemocracia.” (Castro, 1996, p. 172)
¿Lo dice Amanda o lo dice Castro? Punto de vista en tercera persona. Su voz en otra voz, abismo textual. Germán Castro Caycedo se da cuenta muchos años después, escuchando cuentos de brujas y hechizos, en qué momento el país se ve envuelto en una lava que lo quema poco a poco y que lo ha venido destruyendo a lo largo de su historia. Habla Amanda, habla Ponchera; los dos cuentan lo que Castro ha puesto en sus bocas: el nacimiento de la narcodemocracia colombiana y el nacimiento del narcotráfico en Colombia.
Así pues, en Fredonia se conjugan el poder, la política, la coca y el demonio y La Bruja no es solamente Amanda, es ese mundo oscuro en el que todo se consigue fácilmente, con favores políticos a cambio de votos y de dinero, con sustancias que eliminan lo que estorba, que hacen todo mucho más fácil. Moraleja: sigue siempre el camino del bien. Como si fuera una fábula para niños el periodista muestra la crudeza con la que pagan los malos pasos, la violencia de las motosierras y los sicarios, la violencia de la narcodemocracia en nuestro país, la tristeza de un periodista que se desilusiona frente a su país, y ante la pregunta del Germán Castro Caycedo de ahora, el periodista prestigioso que ha recorrido el país responde: “Yo creo que el mismo de siempre. El
mismo muchacho que llegó de Zipaquirá con ganas de ser alguien, con ganas de ser periodista. Pero sigo siendo el mismo, me siguen sorprendiendo las cosas, me sigue sorprendiendo, me siguen asombrando las cosas. Una persona insatisfecha que quiere que el país sea mejor cada vez, porque puede ser mejor, insatisfecho con el país.” (Castro, 2007).
Por eso en sus libros siempre está su punto de vista, Castro no cree en la objetividad, y con sus relatos demuestra que su estilo periodístico se divide en dos partes: el trabajo de campo y la técnica de la narración; investigación y escritura; periodismo y literatura.
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ANEXO I: ENTREVISTA CON GERMÁN CASTRO CAYCEDO