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Capítulo 2. Marco teórico

2.3. Valores Constancia y Serenidad

2.4.1. Estado del Arte internacional

un notable crecimiento y son visibles las investigaciones que se llevaron a cabo en torno a dicho tema. Hasta finales de la década pasada y comienzos de la actual se empezaron a dar los primeros pasos firmes en la constatación empírica de los efectos que una buena Inteligencia Emocional puede ejercer sobre los individuos. Los primeros trabajos se encaminaron a examinar el tema de la Inteligencia Emocional, se centraron en el desarrollo teórico de modelos y la creación de instrumentos de evaluación rigurosos (Mayer, Caruso y Salovey, 2000; Salovey, Woolery y Mayer, 2001, citados por Extremera y Fernández-Berrocal, 2004).

Actualmente existe suficiente sustento teórico e implementación de las herramientas necesarias para examinar de una manera fiable la relación de la Inteligencia Emocional con otras variables con carácter relevante, tanto a nivel experimental en laboratorios como en prácticas o estudios de campo. Muchas de las investigaciones tienen el objetivo de demostrar cómo la Inteligencia Emocional determina los comportamientos y en qué áreas de la vida influye de manera más

significativa (Extremera y Fernández-Berrocal, 2004). La teoría desarrollada por Mayer y Salovey (1990) es la más defendida y avalada empíricamente: desde esta perspectiva la Inteligencia Emocional tiene en cuenta un conjunto de habilidades relacionadas con el procesamiento emocional de la información.

Estudio 1. Una de las investigaciones empíricas fue la realizada por Guijo, Núñez y Saiz en México (2009, citada por Villalobos, 2011) bajo el título de Desarrollo de la Inteligencia Emocional en la educación infantil: análisis de una intervención. Realizaron

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dos estudios. El objetivo del primer estudio era conocer en qué medida el interés explícito del profesorado por el desarrollo de la inteligencia emocional de sus

estudiantes incide de manera positiva en su desarrollo. El enfoque fue observacional. Los instrumentos para evaluar la capacidad de comprensión y expresión de emociones se hizo a través de una adaptación de Leighton (1992). Las variables consideradas fueron alegría, tristeza, miedo, enfado. La muestra del estudio fue de 46 estudiantes (26 niños, 20 niñas). Los centros fueron equivalentes en cuanto a condición social, número de estudiantes, implicación de las familias. En la investigación compararon los resultados entre dos grupos escolares, la diferencia principal fue la sensibilidad de los profesores El segundo estudio consistió en la aplicación de programación específica a uno de los grupos, con el fin de establecer el incremento de la competencia emocional.

Seguidamente se realizó una segunda evaluación a ambos grupos con el propósito de identificar si hubo o no mejoras.

La conclusión fue que es posible intervenir positivamente en el desarrollo de algunos aspectos de la inteligencia emocional desde la primera infancia. Se confirmó la hipótesis planteada en el estudio al detectar una diferencia entre los resultados del grupo donde la maestra era sensible al tema y a la intervención propuesta. Aunque la

representación gráfica y los porcentajes parecen nítidos, no se afirma con rotundidad la efectividad del programa de aprendizaje diseñado para la mejora la inteligencia

emocional de los niños y las niñas de entre dos y tres años de no confirmarse los índices de significativa esperados. Por ello se ha realizado una ANOVA de medidas repetidas con un factor intragrupo (momento de evaluación antes-después) y un factor intergrupo

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(Grupo A- Grupo B). En la investigación compararon los resultados entre dos grupos escolares, la diferencia principal fue la sensibilidad de los profesores.

Estudio 2. Otra investigación empírica, realizada en la Comunidad Autónoma de Castilla – La Mancha, España, denominada Programa de metodología didáctica para la mejora de la inteligencia emocional y el aprendizaje basado en problemas (ABP) llevada a cabo por Escribano, Bejarano, Zúñiga y Fernández (2010, citada por Villalobos, 2011), entre el 2005 y el 2007, se centró en las inteligencias lógico-matemáticas, intrapersonal e interpersonal. Se relacionaron la inteligencia lógico-matemática con el Aprendizaje Basado en Problemas (ABP) y, de igual manera, las inteligencias intrapersonal e interpersonal con la aplicación de un programa de intervención didáctica.

El objetivo fue conocer la influencia de un programa de inteligencia emocional en el desarrollo de habilidades sociales, en la mejora de valores personales y la

identificación de la influencia de un modelo de enseñanza basado en problemas sobre el rendimiento en matemáticas. Las variables independientes: el Programa Instructivo para la Educación Emocional (PIELE) de Hernández y García (2004) y el Modelo de

enseñanza Aprendizaje basado en problemas (ABP). Las variables dependientes: Inteligencia Factor G, Inteligencia creativa, Aptitudes mentales, Conductas sociales, Rendimiento matemáticas, Autoconcepto, Autocontrol, Actitud social y Pensamiento social.

Como metodología aplicaron un diseño de medidas repetidas intrasujeto. La muestra estuvo conformada por 12 mujeres y seis hombres con una edad de quince años del curso cuarto de educación secundaria obligatorio. Los instrumentos para la

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5, la Prueba de dimensiones personales del Autoconcepto AF-5, el Cuestionario de Autocontrol CACIA, el Cuestionario de Actitudes y Estrategias Cognitivas Sociales (AECS), entre otros. Los resultados confirmaron una mejora significativa en la inteligencia intrapersonal e interpersonal como efecto del programa aplicado y un aumento en el rendimiento de conocimientos matemáticos con la metodología del ABP.

Estudio 3. Un estudio realizado por Zavala, Valadez y Vargas (2008, citado por López, 2011) en México, en el año 2008, tuvo el propósito de conocer la aceptación social de los jóvenes, el papel que juega la inteligencia emocional y las habilidades sociales y clarificar las líneas de acción en programas de intervención con adolescentes socialmente vulnerables. Fue una investigación que utilizó el positivismo como

paradigma. Entre los instrumentos se utilizó un cuestionario y sociogramas grupales.La muestra fue de 62 jóvenes con edad de 13 años y con aceptación social y 331 estudiantes de grupos naturales, no identificados por su nivel de aceptación social. Se utilizó el método Bar On EQ-i: YV para detectar la aceptación social y el método Gismero para valorar las habilidades sociales.

Como resultados se obtuvo: en el grupo de alta aceptación social se encontraron puntuaciones bajas en las habilidades sociales y correlaciones significativas entre los factores de I.E y las habilidades sociales. Se observaron puntuaciones altas en las escalas del Bar On EQ-i: YV. Se obtuvo percentil de 80 en la puntuación mediana del

Coeficiente Emocional de este grupo, mientras que en los alumnos del grupo natural se obtuvo puntuación percentil de 50.

Estudio 4. Otro estudio realizado en México por Blancas, Martínez y Moreno entre 2006 y 2007 sobre la aplicación de procesos educativos innovadores: aprendizaje

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cooperativo e inteligencia emocional en el aula de clase. Esta investigación se llevó a cabo en la Escuela Nacional Preparatorio de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en la asignatura Lengua Española.

Se diseñaron actividades y se aplicaron cuestionarios, donde los alumnos

adolescentes pusieron en práctica sus habilidades de cooperación en grupo y la práctica de la percepción de sus sentimientos propios y de los otros compañeros. Los resultados fueron estudiantes con la capacidad de expresar sus puntos de desacuerdo, poder expresar sus estados de ánimo, discutir con orden para proponer soluciones, llegar a acuerdos y tomar decisiones. Estos resultados pusieron en manifiesto un avance en cuanto al conocimiento y dominio de las emociones en lo concerniente a las relaciones con otros.

Estudio 5. En otra investigación se plasmaron datos relacionados con la Inteligencia Emocional. Un estudio realizado en España es el de Gil-Olarte; Martín; Palomera y Blackett (2006, citado por López, 2011), sobre la Inteligencia Emocional de competencia social y el rendimiento académico en estudiantes de secundaria, a través del Mayer-Salovey-Caruso Emotional Intelligence Test-Versión Española (MSCEIT V. 2.0, 2002). Los resultados fueron discriminatorios de las medidas establecidas de la

personalidad y la inteligencia.

La prueba relacionó la competencia social y predijo calificaciones finales de los estudiantes, siendo la mayoría de los resultados significativos de personalidad y de inteligencia. En este estudio se relacionó la Inteligencia Emocional con la competencia social y los logros académicos en estudiantes de educación secundaria. Al controlar el

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efecto de personalidad e inteligencia se comprobó que la Inteligencia Emocional puede ser revisada en el contexto escolar.

Estudio 6. Luzardo (2011) en su trabajo titulado Estrategias didácticas dirigidas a la consolidación de los valores en educación primaria, realizó una investigación de tipo descriptiva, no experimental, de campo, con una población constituida por 18 profesores y 234 estudiantes de la escuela Teresa Medina de Zabala en el municipio escolar Rosario de Perijá, Venezuela. Utilizó la técnica de observación por encuesta y como instrumento un cuestionario de 27 preguntas dirigido a la población objeto de estudio. Su validez y confiabilidad fue determinada a través del coeficiente de Alfa Cronbach. Entre las conclusiones obtenidas en el estudio menciona que el docente poco desarrolla estrategias didácticas en torno al tema del desarrollo de los valores.

Estudio 7. Ríos (2012) en su trabajo de grado titulado “Inteligencia emocional” para obtener la Maestría en Educación en la Universidad Autónoma del Noroeste campus Piedras Negras, Coahuila, México, aborda el tema de la Inteligencia Emocional como una de las múltiples inteligencias que contribuye al desarrollo integral de toda persona y tiene como objetivo aplicar los conocimientos adquiridos en Investigación Educativa. La investigación se llevó a cabo en la escuela Ford número cuatro turno matutino de la ciudad de Melchor Múzquiz, Coahuila, con 31 estudiantes de sexto grado, 15 niños y 16 niñas, cuya edad promedio era los 11 años.

El estudio tiene los lineamientos de la investigación acción participativa al seguir una metodología relacionada con el paradigma crítico que, a diferencia del positivista o interpretativo requiere de la participación de los afectados por la preocupación temática estudiada.

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Estudio 8. Reboredo-Santes et al (2012) realizaron una investigación titulada “Estudio psicosocial de la inteligencia emocional en una muestra de universitarios. La finalidad de esta investigación fue tener una visión más amplia del conocimiento acerca de lo que involucra la inteligencia emocional. Se llevó a cabo en la Unidad de Ciencias de la Salud de la Universidad Veracruzana de Poza Rica. Para el desarrollo de la investigación se tuvo como participantes a 100 estudiantes, 66 del sexo femenino y 34 del masculino, en un muestreo aleatorio en las Facultades de Enfermería, Odontología, Medicina y Psicología. Para la recolección de datos se aplicó un instrumento que midió la inteligencia emocional: el Trait Meta-Mood Scale (TMM-S24) diseñado por Salovey y Mayer (1995), que contiene una escala que se divide en tres dimensiones de

evaluación: la atención emocional, la claridad de emociones y la reparación emocional, con ocho ítems cada una de ellos y con una escala tipo Likert.

Los resultados obtenidos en el estudio investigativo señalan que tanto los hombres como las mujeres muestran una condición muy parecida en relación con la destreza del manejo de tipo emocional, no obstante, se notaron diferencias significativas entre las diferentes Facultades que participaron en la muestra. Respecto a la claridad emocional los hombres de Odontología presentaron los más altos porcentajes, seguidos de

Enfermería, Medicina y Psicología. En relación con las mujeres, mostraron los más altos porcentajes, las participantes de Odontología, seguidas de Psicología, Enfermería y Medicina. Acerca de la reparación emocional los hombres de Odontología mostraron los más latos resultados, seguidos de los de Enfermería, Medicina y Psicología. De igual manera, fueron las mujeres de Odontología quienes mostraron el mejor equilibrio emocional.

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