“Cumpliendo con el Acuerdo Marco, la ASC fue instalada el 1 de mayo de 1994, bajo la dirección de monseñor Quezada Toruño. La convocatoria para participar incluyó a todos los sectores del diálogo de Oslo y se amplió a las organizaciones indígenas. Las organizaciones de mujeres lograron también incorporarse. A excepción del CACIF, todas las fuerzas convocadas aceptaron participar. Los sectores que fundaron la ASC fueron el religioso, el periodístico, el sindical y el popular, el de los derechos humanos, agrupaciones políticas, organizaciones mayas, organizaciones de mujeres, centros de estudio e investigación, organizaciones no gubernamentales y el llamado sector Atlixco (cooperativistas, académicos y empresarios independientes)”.
“Tal como lo indica el Acuerdo Marco, la ASC asumió el compromiso de presentar a las partes su posición sobre cada uno de los temas sustantivos. Para hacerlo, aprobó un procedimiento basado en la consulta y el consenso: cada sector presentaba su respectiva posición sobre un mismo tema sustantivo, luego de lo cual todas las ponencias sectoriales eran estudiadas por una comisión ad hoc para redactar una postura de consenso, que a la vez era discutida detenidamente hasta su aprobación final. La ASC entregó a las partes todas sus ponencias de consenso sobre los temas sustantivos en aproximadamente seis meses, adelantándose al cronograma inicialmente programado (diciembre de 1994). Esta dinámica fue conducida con reconocida eficiencia por parte de monseñor Quezada Toruño”.
“Durante 1994, la ASC vivió una etapa caracterizada por el constante aprendizaje de técnicas parlamentarias, de búsqueda de consenso y respeto al disenso y de elaboración de criterios independientes de las partes. Los documentos de consenso fueron la síntesis de un proceso que, a pesar de no haberse hecho público para la sociedad en su conjunto, dio lugar a que las organizaciones representativas de ésta y participantes en la ASC, crearan canales de comunicación con las partes y el Grupo de Países Amigos a través de sugerencias para agilizar las negociaciones y favorecer la construcción de acuerdos.
“Las organizaciones que integraron el sector de mujeres de la ASC (como Convergencia Cívico Política, Tierra Viva, las instancias de mujeres sindicalizadas y mujeres independientes) contribuyeron mucho a abrir espacios de tolerancia y de respeto al disenso, puesto que en los orígenes de la ASC predominaban actitudes confrontativas y radicales, propias de la tradición política del pasado. Las organizaciones mayas (como la Instancia de Unidad y Consenso Maya, Nukuj Ajpop, la Academia de las Lenguas Mayas y el Consejo de Organizaciones Mayas de Guatemala, COMG) lograron legitimar un espacio, antes inexistente para opinar sobre su identidad cultural y la naturaleza multiétnica y plurilingüe de la nación, y aprovecharlo para su propio fortalecimiento institucional”.
Fuente: Palencia (1996).
de las fuerzas armadas no garantiza el debilitamiento del poder militar.
Existe un debate acerca de sí la transición llegó a su fin después de tres elecciones libres, o si conviene pensar en una segunda etapa que solo habría empezado cuando el país alcanzó la paz. Algunos estiman que la consolidación democrática pareciera prolongarse indefinidamente y que esta no podrá asegurarse mientras no haya condiciones económicas y sociales que la respalden.
En todo caso, desde hace una década la sociedad civil vive una intensa reactivación (Recuadro 5.4), que se ha extendido a ámbitos comunales y locales en los años más recientes. Las municipalidades cobran importancia,
especialmente aquellas encabezadas por autoridades indígenas. Se discute mucho acerca de fortalecer las organizaciones sociales y de expandir las posibilidades de la participación popular, para que esta no se agote solo en el proceso electoral sino que incida en todos los órdenes de la vida social y cultural. Hay desorden y pobreza, violencia criminal y protección de viejos privilegios. Todo ello expresa la esencia de la construcción democrática: el conflicto entre las fuerzas del pasado autoritario, en retroceso, y las que representan un nuevo orden democrático y participativo, que avanza sin acudir a la violencia. En ninguna parte la democracia se ha construido de otra manera.
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La Multietnicidad
Guatemalteca
Capítulo VI
La visión dominante acerca de los indígenas en Guatemala se concentró en el pasado en sus manifestaciones culturales más con el propósito de estimular la imaginación que su conocimiento, y más aún, en ver en ellas una atracción turística, más que una expresión de grupos humanos fundamentales en la conformación de la nacionalidad guatemalteca. De allí que el estudio de su relación con el desarrollo humano o de su participación política estaba ausente o era, en el mejor de los casos, secundario.
Desde la perspectiva del desarrollo humano reviste particular importancia el hecho que la organización del Estado guatemalteco históricamente no ha reflejado la naturaleza multiétnica de la sociedad. Actualmente esta situación comienza a cambiar, como se expresa en la creciente presencia de organizaciones y líderes mayas y en la mayor apertura del resto de la población a sus reivindicaciones y propuestas.
Es evidente la ampliación y profundización del diálogo y del debate sobre estos temas. Esta situación más favorable es el resultado de varios factores: la respuesta de las organizaciones mayas a las violaciones flagrantes de sus derechos a la vida a comienzos de la década de 1980, la apertura democrática iniciada posteriormente en el país, los espacios de participación y debate abiertos como consecuencia de las negociaciones de
paz e institucionalizados como parte del cumplimiento de los Acuerdos de Paz, y un ambiente internacional caracterizado por un creciente reconocimiento de las reivindicaciones étnicas en el mundo entero. En este capítulo se realiza una primera aproximación a algunos de los temas sobre los cuales se prestó atención en el debate actual sobre la dimensión multiétnica de Guatemala. Comienzan a ser objeto de estudio y análisis y ya han sido objeto de compromisos pacíficos, tanto en el Acuerdo 169 sobre Derechos de los Pueblos Indígenas y Tribales en Estados Independientes, como en el Acuerdo sobre Identidad y Derechos de los Pueblos Indígenas.
El capítulo incluye una breve descripción histórica del surgimiento del indígena como nuevo actor social y un examen de las principales cuestiones en discusión: la identidad indígena, la noción de una sociedad multiétnica, la autonomía de las comunidades aborígenes, la oficialización de las diversas lenguas y el derecho consuetudinario. Estos han adquirido especial relevancia a la luz del cumplimiento de los compromisos de paz y, en particular, como resultado del Acuerdo sobre la Identidad y Derechos de los Pueblos Indígenas. Otros temas, como los de la tierra y la participación, reciben atención en otros capítulos.
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