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6. DISCUSIÓN

6.4 Estimadores biológicos

6.4.2 Asociación E exigua, GII

La asociación E. exigua (modo R del análisis de cluster) se distribuyó en las estaciones que conformaron el grupo GII de estaciones (BC35, BC50 y BC61, modo Q del análisis de cluster) y estuvo constituida por las especies oportunistas E. exigua, Bulimina spp. y

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Reophax spp., (Fontanier et al., 2003; Sun et al., 2005; Murray, 2006). En este grupo

de estaciones fue también identificada la presencia de juveniles de Bulimina spp. En este sentido, es conocido que periodos de elevada producción fitoplanctónica son seguidos (luego de un retraso) por un aumento en la biomasa de estas especies (Fontanier et al., 2003; Fontanier et al, 2005). Además, se ha reconocido a E. exigua y

Reophax spp. como los primeros taxa oportunistas en responder a aumentos en las

condiciones tróficas (Fontanier et al., 2003), mientras que Bulimina también es un género oportunista característico de altos niveles de material orgánico (Murray, 2006). Así, las elevadas densidades de E. exigua y de juveniles de Bulimina spp. retenidas en el tamiz de 63 µm en las estaciones del grupo serían la respuesta a períodos de elevada producción fitoplanctónica (bloom fitoplanctónico). GII se caracterizó además por presentar los mayores valores de los estimadores ecológicos Dt y D63, ALD10, BFHP

y H.

También se encontraron en el grupo los mayores porcentajes de infauna (> 75 %) junto con los mayores porcentajes de arena. En este sentido, los elevados porcentajes de arena permitirían el pasaje de oxígeno hacia estratos profundos de manera que probablemente éste no haya constituido un factor limitante en la distribución vertical de la fauna, que se habría distribuido a metabolizar el material orgánico en profundidad en un ambiente con elevados niveles tróficos (ya que el grupo estuvo sometido a los mayores niveles de PP, Jz y presentó los mayores valores de las razones Ba/Al y Ba/Ti). De esta manera, diferentes especies habrían encontrado su nicho a distintas profundidades a lo largo de la columna sedimentaria, favoreciendo la coexistencia y contribuyendo a explicar las mayores Hencontradas en el grupo. En concordancia con

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esto, el modelo conceptual TROX (Jorissen et al., 1995) sostiene que el microhábitat de los foraminíferos es máximo en profundidad en aquellos ambientes donde la penetración del oxígeno en sedimentos y la disponibilidad de material orgánico metabolizable son máximos en profundidad.

Así, la asociación de foraminíferos fue indicadora de la disponibilidad de fitodetritus fresco (Fontanier et al., 2003; Sun et al., 2005; Murray, 2006) y la profunda distribución vertical de la fauna de la disponibilidad de oxígeno (Jorissen et al., 1995). Por su parte, la presencia de juveniles evidenció la respuesta de la fauna al momento del muestreo. En esas estaciones, (también encontradas juntas en los ACP según los parámetros abióticos) las especies respondieron a la elevada PP y Jz mediante aumentos en sus biomasas.

Los perfiles de distribución vertical de la densidad en GII mostraron máximos subsuperficiales de los tipos C y D, sugiriendo una menor importancia del oxígeno como factor limitante de la distribución vertical de la fauna que en el grupo GIII (Jorissen, 1999; Burone et al., 2011). En este sentido, la competencia por el acceso a partículas de alimento con elevado valor nutricional es un factor importante que causa diferencias en los microhábitats ocupados por las especies (Van der Zwaan et al., 1999). Los perfiles del tipo C y D habrían representado estrategias de la microfauna para evitar la competencia y/o predación en ambientes ricos en material orgánico (Jorissen, 1999). La selección activa del microhábitat realizada por los foraminíferos sería entonces una estrategia básica para optimizar la adquisición de alimento. Además las estaciones con este tipo de perfiles presentaron signos de bioturbación. Al remover el sedimento, los organismos pertenecientes a la macrofauna (e.g. poliquetos y

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bivalvos) permitieron la entrada de oxígeno en profundidad así como también facilitaron el transporte vertical de foraminíferos. Esta es una manera por la cual organismos típicamente epifaunales pueden ser encontrados en profundidad en estos ambientes (Murray, 2003).

En este sentido el perfil tipo C, observado en la estación BC35 (con un máximo de densidad en el tercer centímetro) estaría representando una estrategia para evitar la predación y competencia con individuos de la macrofauna, que fueron observados en superficie en esta estación (poliquetos, bivalvos y gasterópodos). Por su parte, los perfiles tipo D representaron estrategias para evitar la competencia entre foraminíferos. En estos perfiles se observó un máximo superficial y máximos subsuperficiales. En las estaciones BC50 y BC61 se encontraron elevadas densidades de individuos pertenecientes a varias especies en superficie, mientras que los máximos de densidad en profundidad fueron principalmente debidos a Bulimina spp. y a E. exigua, mostrando una segregación de hábitat. Estas especies serían capaces de migrar y tolerar las condiciones presentes en profundidad en el sedimento ubicándose allí de modo de disminuir la competencia con una mayor diversidad de especies presentes en superficie.

Es también conocido que las condiciones sedimentarias pueden influir en los

microhábitats ocupados por los foraminíferos bentónicos y afectar la composición de la

fauna. En este sentido, Reophax spp. han sido encontrados en regiones arenosas, donde la superficie del sedimento es periódicamente perturbada por corrientes de contorno (Fontanier et al., 2008). Los bajos valores de Corg encontrados en las

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energía del área, probablemente sean explicados también por el rápido consumo del material lábil al llegar al sedimento, este fenómeno fue sugerido previamente por Burone et al. (2011) y Yamashita (2011).

Finalmente, en cuanto a las elevadas densidades encontradas hasta el décimo centímetro en las estaciones del grupo, debe ser considerado que la técnica de Rosa de Bengala, utilizada para diferenciar organismos vivos de muertos, tiñe también el protoplasma de individuos muertos, los cuales pueden permanecer relativamente bien preservados por un período considerable bajo condiciones anóxicas dentro del sedimento (Corliss & Emerson, 1990). De esta manera la interpretación del estado vivo -muerto de los foraminíferos puede incluir cierto error. Sin embargo ya que en GII el oxígeno no sería un factor limitante, el protoplasma en organismos muertos sería rápidamente degradado, no constituyendo un problema la conservación de organismos muertos.

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