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CAPÍTULO II CHOCOLATE NEGRO: ORÍGENES Y ACTUALIDAD

3. Aspectos comerciales del cacao y el chocolate

En el mercado internacional el cacao es considerado un commodity, es decir, un bien genérico o básico, el cual -entre los productos tropicales- posee uno de los precios más volátiles. Es por esto que entre 1973 y 1994 la Organización Internacional de Cacao (ICCO) contaba con un fondo de estabilización de precios (USAID, 2005).

Según la UNCTAD (Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo), los ocho países mayores productores de cacao en el mundo son (de mayor a menor): Costa de Marfil, Ghana, Indonesia, Nigeria, Camerún, Brasil, Ecuador y Malasia (Cacao México, 2013). México, pese a su clima inmejorable para el cultivo de la planta, no destaca como gran productor de cacao; en el ciclo 2011- 2012 el país ocupaba el 11vo lugar en producción mundial, lo que equivalió a 22 mil toneladas aproximadamente, volumen inferior incluso a otros pequeños países del continente americano como República Dominicana.

El tipo de cacao que circula como predominante en el comercio internacional pertenece en un 95% a la variedad forastero, también conocida como corriente o bulk; y solo el 5 % es de los denominados criollo y trinitario, que se consideran finos

o aromáticos. Pocas compañías transformadoras concentran el proceso de las dos terceras partes del grano (Cargill, Archer Daniela, Midland, Bloomers Chocolate Company y World Finest Chocolate), y destacan tres compañías como oferentes de un tercio del cacao en chocolates y cocoa en polvo (Nestlé, Mars y Hershey's Food). Por su parte, el comercio nacional es nutrido en parte por los cultivos forastero (80%), calabacillo (18%), Ceylán (5%) y criollo (2%), provenientes de sus bastiones productores de Tabasco y Chiapas (99%) y Guerrero y Oaxaca (1%).

Como es evidente, la participación de México en el mercado mundial del cacao en grano presenta fuertes dificultades, más aun si se considera la proporción de sus importaciones (50%) respecto de su consumo, que lo convierten en un importador neto (USAID, 2005). Atendiendo a las cifras de producción anual de la década que va del 2003 al 2012, la tendencia ha sido de declinación progresiva (6.2% anual). Esto es, en tanto que en 2003 correspondió a 49,964 toneladas, ahora se produce solo el 44% de ello. Tal situación, que se empezó a complejizar desde 1988, con solo tibios repuntes, ha hecho crónicos los problemas de competitividad tanto en el producto grano de cacao, como en el procesado.

Si bien los años 70's y 80's dieron cuenta de una época dorada de altos precios en torno al cacao, el llamado efecto africano -consistente en la saturación del mercado internacional y los efectos de bajos precios- alrededor de 1988 marcaron el decaimiento del sector en México. Esto primero desestabilizó al campo cacaotero y a sus familias y luego impactó a los industriales nacionales, debilitados además con la apertura de fronteras para la importación de productos de chocolate.

El impacto negativo fue paulatino, sin embargo la pérdida franca de participación de la industria mexicana de chocolate en el mercado nacional ocurrió con la entrada del nuevo siglo. De la Reza (2004) hace notar específicamente que se resintió a partir de 2003 con la apertura total del sector a las exportaciones de Estados Unidos, más el ingreso de firmas europeas. De ambos competidores este autor reúne evidencia de un avasallante predominio comercial, así mismo hace deducir como punto de inflexión toral que México hasta la década de los 90´s era dueño de dicha industria, de su valor económico y simbólico.

La situación precaria descrita para la industria y sus correlativos se prolonga hasta la actualidad, pues más de un 80% de los productos procesados derivados de cacao en México son abastecidos por firmas transnacionales como Ferrero, Nestlé, Hershey´s y Mars(MBW, 2012).

En el 2005 el análisis de USAID (2005) sobre el cacao y chocolate mexicano vaticinaba un fuerte declive para los próximos 10 años, y ahora es una realidad. Describía entonces la -preocupante- introducción en el mercado de productos sustitutos parciales o totales de la manteca de cacao por aceites y grasas vegetales, lo cual obedece a estrategias de reducción de costos; como ejemplo se contrastan los precios entre una y otra materia prima por tonelada: manteca de cacao, $50 mil; aceite de palma, $12,000; diferencia, 417%. Una descripción fiel de lo que, según la USAID (2005) se experimentaba y sigue vigente en el mercado de productos finales para el consumidor en México anota (USAID, 2005, pág. 33):

Los productos derivados de cacao ocupan un espacio comercial amplio. En el consumo popular predominan las golosinas y los derivados de cocoa, y en ellos hay una tendencia a sustituir el cacao con otras materias primas de menor costo [...] En el consumo de la población con ingresos medio y altos predominan los productos con elevado nivel de diferenciación y existe un territorio muy diverso, desde los chocolates importados hasta los de mesa y los moles que se ubican en las tradiciones mexicanas.

En el ámbito nacional, la industria del producto final y de la transformación (en productos semi-elaborados) la conforman 213 empresas, pero no más de diez son las que dominan el gran mercado con el manejo del 59% del grano en el país; destacan Nestlé y Pepsico. La mayoría de compañías pertenece a la Asociación Nacional de Fabricantes de Chocolate, Dulces y Similares, y en conjunto procesan 67,231 toneladas de cacao anualmente, con distintos rubros de especialización o diversificación.

Cabe hacer notar que el consumo de los productos elaborados, tales como cocoa, chocolate de mesa, dulces, bombones, confituras, entre otros, se concentran sobre todo en el Distrito Federal, en el Estado de México y en Jalisco; juntos representan 80% del mercado nacional de estos productos (Avendaño et al., 2011). El consumo de cacao en México se da a través de sus diversos productos: chocolate golosina y coberturas (56%), chocolate de mesa y polvo para preparar bebidas (31%) y productos tradicionales como mole, pozol, tascalate, etc. (13%) (USAID, 2005).

Como ya se ha dicho, el promedio de consumo de chocolate por persona en México es muy bajo (580 g) si se contrasta con el promedio mundial (950 g per cápita), y más con relación a los 5 kg de Francia, 8 kg de Irlanda y Alemania, ó 12 kg que registra Suiza (USAID, 2005). Pese a lo anterior, es notable que México encierra un gran potencial en el mercado de chocolate y productos asociados, que empresas extranjeras identifican, tal es el caso de la firma belga-franco-suiza Barry Callebaut, la mayor fabricante de chocolate en el mundo, o las empresas Mars Incorporated y Ferrero, que en los últimos cinco años han hecho millonarias inversiones en sus plantas en México (MBW, 2012).

El reto presente respecto a escalar en competitividad en el país, no es simple, encierra implicaciones complejas que tienen que ver con la mejora, apoyo y articulación de cada elemento de la cadena de valor del cacao (productores- acopiadores-industriales-distribuidores-consumidores). Debe recordarse que la calidad, la innovación y la diferenciación han sido el común denominador de éxito en la industria del chocolate en el mundo.