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Aspectos componenciales en una pragmática enunciada

“LA CALLE DE LA GRAN OCASIÓN”: NUEVOS PARADIGMAS SOBRE EL DRAMA

2.4 Aspectos componenciales en una pragmática enunciada

La implicación de los factores extralingüísticos convergentes en la

realización del cuerpo central discursivo es una de las principales

predeterminaciones del drama. Enfoca toda su capacidad significativa en la

realización de un estado cinético. En él no puede haber alternancia bien narrativa, luego descriptiva, sino la evocación situacional permanente. La interacción entre estados contextuales al interior del discurso integran la unidad funcional del proceso textual.Una interpretación del núcleo textual, subraya por J. Veltrusky

(1990: 17]) caracteriza al drama en sus procesos discursivos dialogales, en el aspecto plural de la superficie, aunque esa pluralidad no equivalga a una interacción como bien podrían ser otras como la conversación o la entrevista. La pluralidad de voces se reproduce en el drama como un movimiento verificado en un marco único, específico, a través de cual se genera una semiosis en forma perceptible de acto.

El drama se manifiesta en la actividad de contextos que quedan unos subyacentes en otros; aquí hay una confrontación e interacción de contextos

expresados en la alternancia enunciativa. En Paradoja del Comediante del autor

Denis Diderot, se plantea un coloquio a dos voces, en apariencia una charla entre

que en la morfología sintagmática predominan los efectos retóricos en lugar de evocaciones extra-lingüísticas. Veamos:

Segundo.- El envilecimiento de los actores modernos es, a mi entender, una desdichada herencia que les han dejado los comediantes antiguos.

Primero.- Así lo creo.

Segundo.- Si el teatro naciese hoy, que tenemos una idea más junta de las cosas, quizás... Pero no me escucháis. ¿En qué estáis pensando?

Primero.- Sigo mi primera idea y pienso en la influencia del teatro sobre el buen gusto y las costumbres, si los actores fuesen gente de bien y su profesión fuese respetada. ¿Dónde está el poeta que se atreviese a proponer a hombres bien nacidos el repetir públicamente discursos vulgares o groseros; a mujeres, poco más o menos tan honestas como las nuestras, el recitar descaradamente ante una muchedumbre de auditores palabras que les causarían rubor oír en el secreto de sus hogares? Pronto nuestros autores dramáticos alcanzarían una pureza, una delicadeza, una elegancia, de las que se hallan todavía más lejos de lo que ellos suponen. Influencia que, a no dudar, se reflejaría en nuestro espíritu nacional.

Se pone de manifiesto que existe un planteamiento a dos voces en la apariencia de una inter-locución. Pero subsiste, observado el comportamiento de las funciones sintácticas de la linealidad, una carencia deixis, ello reduce la capacidad situacional del enunciado; por otra parte también limita la función ilocucional y perlocucional, esto es, no hay una clara intención en provocar al entorno; los enunciados no comprometen más intención que no sea la exposición de ciertos semas bajo indicios de unificación, en donde la actividad o movimiento están ausentes. El uso verbal subjuntivo nos lleva a comprender en las instancias

un estado reflexivo, como cuando se expresa: Sigo mi primera idea y pienso en la

influencia del teatro sobre el buen gusto y las costumbres, si los actores fuesen gente de bien y su profesión fuese respetada. En tal sentido, se deja de lado la contextualización del entorno para concentrarse en construir un pensamiento.

Si bien se pueden atender otros aspectos léxicos obligando un cumplimiento con los cánones de la enunciación situacional hace falta tomar en

cuenta muchos otros recursos para tal determinación; en la Paradoja del

la dramatización del hecho sino en una retórica argumentativa distribuida en dos

voces. Esta literal omisión al sentido exógeno en ausencia de deícticos, adverbios,

preposiciones se acrecenta con una ilocucionalidad y perlocucionalidad carentes de sentido. Con lo cual, no existe preocupación alguna en mantener tensión. Este contraste estratégico muy bien percibido en un discurso dramático entre equilibrio-

desequilibrio-reequilibrio da paso en La Paradoja a la persistencia de una retórica

verbal permanente.

Segundo.- Se podría objetar quizás que esas comedias, antiguas o modernas, que vuestros comediantes honrados excluirían de su repertorio, son precisamente las que representamos en sociedad.

Primero.- ¿Y qué importa que nuestros conciudadanos se rebajen a la condición de los más viles histriones? ¿Dejaría de ser por eso menos útil, más de desear, que nuestros comediantes se elevasen a la condición de los más honrados ciudadanos?

Segundo.- La metamorfosis no es fácil.

Los enunciados referidos por las instancias, en la omisión del léxico contextualizante, se enfocan en la retórica de las referencias. No existe por ello la

concepción del cronotopos. El tiempo y el espacio son omitidos. Es por ello que el

factor diegético no persiste en la acción, lo traslada al enunciado. En relación con

el proceso dramático, los elementos con función apelativa y deixis necesarias que apoyen una extra-lingüística no son posibles aún en presencia de los consabidos

vacíos. La generación de pensamiento en sí es el eje en su retórica sin intención

ontológica por descubrir a los sujetos en la acción.

Primero.- Sigo mi primera idea y pienso en la influencia del teatro sobre el buen gusto y las costumbres, si los actores fuesen gente de bien y su profesión fuese respetada. (…)

Segundo.- Se podría objetar quizás que esas comedias, antiguas o modernas, que vuestros comediantes honrados excluirían de su repertorio, son precisamente las que representamos en sociedad.

Los fragmentos elegidos aleatoriamente a lo largo del diálogo, responden al

menos en La Paradoja, a un nulo comportamiento heterotípico forzando más bien

la homologación de tópicos para su discurso; el extenso coloquio aborda los argumentos que pueden sostener una serie de preceptos relativos al trabajo del actor en el teatro:

Segundo.- Se podría objetar quizás que esas comedias, antiguas o modernas, que vuestros comediantes honrados excluirían de su repertorio, son precisamente las que representamos en sociedad.

Primero.- ¿Y qué importa que nuestros conciudadanos se rebajen a la condición de los más viles histriones? ¿Dejaría de ser por eso menos útil, más de desear, que nuestros comediantes se elevasen a la condición de los más honrados ciudadanos?

Segundo.- La metamorfosis no es fácil.

Una tímida predeterminación a la confrontación mantiene el desarrollo del discurso en una elongación tensional pero sólo por momentos ya que se resuleve en la coincidencia de los tópicos. Una revisión más a fondo en la disposición de vacíos pudiese permitir el cumplimiento de elementos que cumplan con la condición contextual en las subunidades pero tampoco hay un sentido exógeno en

las lexías que califican permitiendo concebir la prosopopeya. Ambas instancias se

asumen los asuntos comunes sin referencia a su Yo.

Y si no existen señales de una actividad extra-lingüística es lo propio deducir que el coloquio se construye soslayando la influencia de acción alguna.

Un enunciado cuya referencia está totalmente alejada del self, decimos que

despersonaliza la instancia. La objetividad en la información portada por este tipo de enunciaciones es vital. En una entrevista, por ejemplo, la apelación funciona en una sola dirección en tanto que lo que busca es asegurarse la réplica controlando la respuesta a través de la cuestión.

En el drama, por el contrario, urge permanentemente la apelación sin cuidar

la incoación multidireccional. El proceso conflictivo se origina de la contraposición de posiciones y no sólo de la oposición inter-locucional. Así, esta intensidad

estimula la capacidad de diégesis basada en lo que ocurre, en la acción, y es por el hacer y no por el saber que se tiene en claro la situación representada.

Así se establece que el complejo extender del enunciado desde el texto dramático es parte de una expresión de actividad. Un abandono en esta intención

alejaría al discurso de la entropía y lo empujaría a un ostracismo semántico. Este

sereno mantenimiento de la entropía ergo homeóstasis (reequilibrio), evita el logro

de un perform contextual, y las instancias pierden predominio sólo asumiendo una

actuación parcial sin preocupación por adquirir un self que les defina. Con lo cual,

en opinión de Bobes, el trasfondo en la resolución a esta paradójico problema radica en una buena coordinación desde la articulación tanto de los turnos enunciativos así como el desarrollo cabal de esa interacción activa y expresada en

la misma enunciación (Bobes N., 1989: 190).

Cuando se razona la profundización intra-textual en una obra dramática se deben atender cuales son las causas que le brindan asertividad en el manejo del

modo exógeno (indicativo) pero alternado racionalmente con el subjuntivo; se

justifica la acción sobre el predominio de una referencia aseriva al presente porque

para construir los aspectos ideosensóreos de la acción la dirección referencial

debe ir de la subjetivización a la experimentación de la vivencia (Bobes, 1989:

192). Al privilegiar el uso subjetivo verbal, pero contrarrestarlo con la objetividad

del entorno se deja de privilegiar el comportamiento predicativo en lo enunciado poniendo en marcha otras funciones extralingüísticas y no así las puramente reflexivas.

En torno a estas disertaciones, el diálogo como forma discursiva dista

mucho de representar el recurso fundamental en la configuración del drama por

antonomasia. En un cuerpo narrativo también puede existir la posibilidad de

insertar situacionalidad a través del apoyo del diálogo sin que por ello se vea

desplazada o suplantada la omnisciencia narradora. Cierto es que el monólogo

facilita los movimientos situacionales en el relato; el diálogo, por su parte, marca

Veamos lo que ocurre en el siguiente fragmento de un diálogo referido en un fragmento narrativo:

(…) Yonah estaba cansado y adolorido cuando regresó a la cabaña y se desplomó en el jergón.

Vicente le miró desde su jergón.

- Por lo menos has sobrevivido. Ángel tiene un alma miserable. Vicente hablaba con normalidad y aparente racionalidad. - ¿No os ha vuelto la fiebre?

- Parece que no.

- Muy bien, Vicente, me alegro.

- Te agradezco que me hayas cuidado en mi enfermedad, Ramón Callicó.

Vicente tosió y carraspeó - Tuve unos sueños terribles bajo el efecto de la fiebre. ¿Dije algún disparate? -

Yonah le miró, sonriendo.

- Sólo alguna vez. A veces, le rezabais a San Peregrino. - ¿De veras le recé a San Peregrino?

Ambos quedaron en silencio un instante. Después Vicente trató de incorporarse.

Como puede contrastarse, el fragmento analizado en Paradoja del

Comediante no existe traslado alguno en la responsabilidad diegética a las voces interlocucionales. Esta condición que configura un duscurso sin extensión extralingüística; se omite el aspecto situacional suplantándolo con una extensa función argumentativa. En cambio en el fragmento anterior hay una atribución de ese saber absoluto en la enunciación monologal de quien narra bajo cuyo efecto se incluyen las referencias a posibles comportamientos o estados cinestésicos de los personajes. Persiste el saber de la voz relatante asumiendo toda la carga contextual lo que objetiviza el enfoque por el cual se mira el relato; como la cámara de cine que dicta lo que nuestros ojos deben ver de la historia: /regresó/, /se desplomó/, /le miró/.

Las proposiciones, fuera de la asertividad en el diálogo, exponen lo ocurrido

relato; un diálogo indirecto, a diferencia del diálogo directo, está representando en la reflexión momentánea a dos o más voces, pero como advocaciones emanadas del mismo sujeto omnisciente; en la novela se amplian así las referencias

analépticas o prolépticas, por ejemplo, en: “le miró”; la locución monologal en el relato es extendida en esa insertación de interlocución aunque se retoma más adelante el dominio del enunciado único para seguirla avanzando.

Además, no hay asertividad pues los tiempos no los asume quien hace la acción sino quien es testigo de ella con lo cual la flexibilidad en la conjugación es más evidente por ejemplo en el antepresente en: /por lo menos has sobrevivido/.

Se cumple la deixis en los cambios de persona que refiere la voz, no por la

configuración de una deliberada alternancia que si existe en el dramatis personae.

La alternancia entre “este” y “aquél” no tiene una atribución directa aunque aparente lo contrario: “No me gusta que resientas tanto este viaje”. Se comprende en esto que la acción referida en el relato no conlleva nada más que representar sin absorver la situación en sus causas y efectos.

Remarcando el hecho de que predomina la acción no por la asertividad del

“aquí y el ahora”, sino por su referencia diluida en la función de la diégesis

monologada, en momentos omnisciente; el relato narrativo intenta salvar permanentemente todo intersticio riesgoso apoyándose en la intervención permanente del narrador.

- Te agradezco que me hayas cuidado en mi enfermedad, Ramón Callicó.

Vicente tosió y carraspeó - Tuve unos sueños terribles bajo el efecto de la fiebre. ¿Dije algún disparate? -

Por el momento nada qué decir en un plano más interno, donde la aparente precariedad descriptiva no obstante, persiste en el entorno emplazando a una gran actividad contextual. La necesidad de formular una sola situación en el relato narrativo fomenta la realización extrema de una diégesis sin necesidad de la voz omnisciente. Este fragmento diríamos, es dramático en el sentido de que no hay

precariedad contextual. Sin embargo, la situación apenas descrita requiere de situacionalidad. El modo interlocucional establecido entre los individuos citados en el ejemplo anterior no se ve fragmentado porque los vacíos están salvados en el relator.

Te agradezco que me hayas cuidado en mi enfermedad, Ramón Callicó. – Vicente tosió y carraspeó -. Tuve unos sueños terribles bajo el efecto de la fiebre. ¿Dije algún disparate?

Yonah le miró, sonriendo.

Las instancias son realizaciones atribuidas a la voz omnisciente, sustantivados por su enunciado y referencia; la interlocución es subsumida al relato por lo que más que índices nominales, los nombres sólo dirigen la

referencia; Yonah es parte del saber general de la historia lo mismo que Vicente.

Si son ambos personajes no poseen un carácter que les diferencie como instancias pues ello está en razón del monólogo que les realiza. Lo importante es

que la instancia de la acción es realizada por la voz relatora; si en tal ocasión uno

de los personajes /tosió/ o /garraspeó/ la expresión del proceso queda en competencia de la situación asumida enteramente por la consciencia del relator. Incluso los procesos exógeno-cinéticos serán solventados en la omnisciencia predominante relatora.

El “hacer” en los personajes representados en un texto dramático determina

el avance mismo de la situación, están determinados por la acción misma y es por eso que se omite la omnisciencia relatora. Además toma objetividad la visión

cronotópica a través del aspecto conductual de los personajes; así por la conducta

la complejidad del cronotopo pone en evidencia todo el sentido de existencia en

las instancias. Así, una cosa es evidente, y es que:

El discurso literario dialogado resulta ser una expresión muy compleja porque suma a la interpretación ingüística y pragmática, la literaria en su codificación, en

su uso y en su tradición, y la posibilidad de realizarse en contra de esas mismas interpretaciones. (Bobes N., 1992; 178).

Un personaje como Edipo no causa daño a sus ojos según lo expone la escena en forma casualística: el destino así lo ha querido. eso es lo que nos hace creer el mito pero la configuración discursiva establece trayectorias que acaban de manera infausta y en desenlace previsto; Edipo, irónicamente, bajo el programa diegético (PD) acabará su concreción como carácter congruente respecto al infortunio de contradecir las fuerzas del destino. La invariabilidad del hecho

dramático prevee tan desafortunado final. Lo que ejecuta un personaje sólo lo

expresa de una manera somera por su enunciado; la apelación como una amenaza, una promesa son expresiones verbaliadas sobre una planificación de efectos ideosensóreos. La presencia del personaje junto con otros personajes

deben modificar las condiciones del cronotopo, con situaciones adyacentes, en

número e intensidad. Todo esto es parte de una previsión dada en el PD (Bobes

N., 1989: 183).

La presencia de todo tipo de indicios perlocucionales procesan el discurso

en una ostentación de deseos que el personaje en su retórica flexibiliza los

ajustes subjetivos en combinación con los que se perciben como intenciones exógenas con el propósito de reivindicar su existencia; en su voz la instancia acumula su propio contexto y en ese apoderamiento tratará de ejercer dominio en el entorno; la implicación del proceso extralingüístico no contenida en el enunciado

se activará en el llenado de los vacíos, en la intervención de lapsos o intersticios

con función deíctica y aún, por funcionamiento de los elementos subsumidos en el

enunciado como deixis, sintagmas proposicionales, interjecciones y demás.

La instancia de la acción aporta desde las facultades y competencias de su

función una afluencia de cargas semánticas que reverberan luego en el ambiente;

así es como una instancia contribuye en proyección al “otro” una construcción

colectiva en un entorno dinámico. Los ámbitos ya predispuestos no evitan que haya transformación sino que muestran una progresión que cambia los estados

desde el comienzo. La implicación mutua resuelve la actualización de las constantes semióticas en la situación dramática. La implicación de todos los

interactuantes en un cronotopo es la conditio sine qua non en la producción de la

diégesis dramática, veamos el siguiente fragmento:

Secretario.- Disculpe usted, señor gobernador, pero fuera hay un hombre armado, acompañado de unos indios armados, que solicita audiencia. Ha venido tres días seguidos.

Gobernador.- ¿Cómo dice que se llama?

Secretario.- (Irónico) José María Leiva. Capitán General de los ríos Yaqui y Mayo. Gobernador.- ¡Como si ese puesto existiera! Bueno, que pase. No podemos dejar

la antesala llena de indios tantos días.

Secretario.- (Muy servicial) ¿No desea el señor gobernador que mande a llamar un guardia para que presencie la entrevista? Los hombres están armados. Gobernador.- Los indios no asesinan así.

Secretario.- No fue mi intensión sugerir…, bueno, será porque no se atreven. Gobernador.- (Impaciente) Mándeles pasar.

En este fragmento perteneciente al texto dramático La paz ficticia de L. J.

Hernández, vemos que las deixis están inmersas en el enunciado: /fuera hay/; dichos elementos refuerzan desde el interior del enunciado el paradigma

contextualizante para el acontecimiento; aportan un sentido exógeno al enunciado

porque dirigen su sentido a la elaboración imaginaria o ideosesórea de un ambiente externo, donde hay un /fuera/, es porque además hay una relación de /adentro/; esto es, se actualiza una noción espacial dual. En la oposición implícita entre el /fuera/ y el /adentro/, la extensionalidad se lleva a cabo entre ambas referencias por medio de elementos deícticos que desde el enunciado dialogado

coadyuvan a este manejo dual del cronotopo. Deviene la vinculación entre las

subunidades contextuales en interrelación con el ambiente. Las enunciaciones están al servicio de un proceso que al mismo tiempo alimenta el carácter en cada