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desafíos en cuanto a políticas

ASPECTOS DE DISEÑO

Cobertura, costos, fuentes de financiación, beneficios, incidencia, compensación

Marco institucional Monitorear los resultados y los impactos distribucionales Instrumentos de la política ambiental

Es difícil valorar correctamente los beneficios que mejoran

el medioambiente y promueven la resiliencia, especialmente en el caso de ecosistemas de los cuales se desconoce el valor total de sus servicios llegan a tiempo para aportar a la toma de deci-

siones o las autoridades a cargo de definir las políticas no logran incorporar correctamente los resultados10. Además, los análisis distribu-

tivos siguen refiriéndose solo a los ingresos, utilizan herramientas económicas convencio- nales y se centran en mecanismos de transmi- sión, como precios y empleos. Debido a que ese tipo de análisis no da cuenta del panorama completo, proponemos tanto ampliar como profundizar el enfoque.

Principios clave

Los reglamentos y subsidios ambientales pue- den afectar las capacidades de las personas, tanto de manera individual o como parte de una familia o en su calidad de trabajadores, empresarios y agricultores (figura 5.1). Las políticas inciden en los recursos, las oportu- nidades y el protagonismo de las personas, y mediante ellos en la distribución de una serie de activos.

Tanto la equidad vertical como la hori- zontal son importantes. La primera aborda el trato que se da a los individuos a través de la distribución, por ejemplo, de qué manera un impuesto a la gasolina afectaría a quienes están en la parte baja de la escala de distribución en comparación con los que están en la parte alta. Por su parte, la equidad horizontal se refiere a las diferencias entre grupos o áreas.

Las principales prioridades para integrar la equidad en el diseño de políticas de economía verde son las siguientes:

Institucionalizar las dimensiones del bienes- tar no relativas a ingresos. El uso del Índice de Pobreza Multidimensional ayuda a entender mejor las desventajas y destaca los impactos de los cambios normativos en todas las dimensiones de las privaciones. Por ejemplo, cobrar más por el agua dismi- nuye el acceso, lo que perjudicaría la salud, mientras que si sube el precio del keroseno los hogares pueden volver a usar biomasa para cocinar, con daños tanto para la salud como para el medioambiente.

Comprender los efectos directos e indirec- tos. A los efectos directos les puede seguir una segunda ronda de cambios indirectos (recuadro 5.1).

Considerar mecanismos de compensación. Los países con sistemas bien desarrolla- dos de impuestos y transferencias pueden usar escalas de impuesto a la renta o bene- ficios sociales para compensar los efectos negativos. Por ejemplo, Sudáfrica otorga una rebaja al impuesto sobre la renta a los propietarios de tierras privadas y comu- nitarias que manejen parte de sus predios con alto valor en biodiversidad como un área protegida11. Pero ahí donde sea poco

probable que existan sistemas de ese tipo, se requieren compensaciones o exenciones alternativas.

Comprender los riesgos de fenómenos natu- rales extremos. Independientemente de que la probabilidad sea mínima, es fundamen- tal considerar las enormes consecuencias negativas de fenómenos climáticos extre- mos, especialmente para los más vulnera- bles, y reducir los riesgos12. Tales análisis

pueden revelar que invertir en la planifica- ción del uso de la tierra y los ecosistemas es un mecanismo de estabilización eficaz en función de los costos para grupos vulnera- bles frente a los riesgos climáticos, tal como lo demuestra la restitución de los mangla- res en Viet Nam13.

Por lo tanto, en lugar de aceptar o rechazar una política específica, es importante conside- rar una serie de diseños y determinar cuáles pueden mejorar los resultados en materia de equidad. Siempre hay restricciones de datos, análisis, capacidad y plazos, de manera que se requiere flexibilidad para lograr los principales objetivos.

El análisis de los interesados es fundamen- tal. Los factores relativos a la economía polí- tica y la influencia de diversos actores pueden afectar tanto el diseño como la implemen- tación de las políticas. Por ejemplo, la indus- tria del petróleo en Estados Unidos gastó casi US$1.500 millones en lobby federal en 201014.

Por su parte, la reforma propuesta en Tanza- nía a la producción, comercio y uso del carbón subraya las necesidades y la influencia de las redes de distribuidores-transportistas-mayoris- tas15. El diseño y la aplicación de las políticas

deben abordar tales influencias y sus potencia- les impactos.

Además de necesitar políticas industriales que

apoyen el crecimiento verde inclusivo, los países deben estar atentos a las dificultades

y los desafíos de la promoción estatal de algunos tipos de actividades económicas

Se requieren disposiciones institucionales que protejan contra la búsqueda de rentas y la corrupción oficial, y por sobre todo, contra intentos de distorsionar los datos científicos, infringir los principios de justa representati- vidad e invocar falsamente credenciales ver-

des para productos de consumo16. Además de

necesitar políticas industriales que apoyen el crecimiento verde inclusivo, los países deben estar atentos a las dificultades y los desafíos de la promoción estatal de algunos tipos de acti- vidades económicas. Las características de una nueva política industrial son pertinentes a las medidas destinadas a reducir la intensidad de las emisiones de carbono del desarrollo: limi- tar los incentivos a nuevas actividades, incor- porar disposiciones de expiración automática (de manera que los subsidios sean transitorios) y determinar puntos de referencia claros en cuanto al éxito. Lo anterior requiere contar con instituciones adecuadas, voluntad política y deliberaciones sistemáticas que involucren al sector privado17.

Experiencias de diversos países

Más países están recurriendo a análisis dis- tributivos para aportar al diseño de políticas ambientales. Los planes de Sudáfrica de apli- car impuestos ambientales como parte de sus reformas fiscales se sustentan en el análisis de diversas partes interesadas acerca de los posi- bles efectos cuantitativos y cualitativos18. Viet

Nam anunció nuevos impuestos luego de reali- zar evaluaciones de impacto que simulaban los efectos sectoriales y en los precios19.

Las políticas para impulsar cambios estruc- turales, como la fijación de precios a la conta- minación, inevitablemente tendrán ganadores y perdedores. Por ejemplo, algunas empresas reclamarán impactos adversos injustos. Las medidas de políticas destinadas a responder a tales inquietudes, como las exenciones y las compensaciones, son costosas en general y es necesario comprender los impactos distribu- tivos. También deben considerarse medidas alternativas, como consultas y comunicaciones públicas más eficaces20.

Los perfiles de consumo y producción pue- den moldear los efectos distributivos. Acá mos- tramos dos ejemplos del sector energético:

• En Ghana, el sector de la electricidad

estaba consumiendo el presupuesto de la nación. En 2002, el déficit de las empre- sas de servicios públicos llegaba al 11% del gasto gubernamental, o al 4% del PIB. Un análisis distributivo reveló que los subsi- dios beneficiaban principalmente a clien- tes urbanos de clase media: solo 7% de los pobres rurales contaba con luz eléctrica. La falta de electrificación rural en las regiones más pobres del Norte justificaba recortar los subsidios, despertar conciencia pública sobre la eficiencia energética e intensificar los esfuerzos por mejorar la eficacia del mercado21.

• En la República Democrática Popular Lao,

que experimentara una rápida expansión del acceso a servicios de energía moder- nos después de fines de los años ochenta, se incorporaron aspectos de equidad fun- damentales en el diseño de los progra- mas. Un componente de “poder para los pobres” contempla créditos sin intereses para conectar a los hogares pobres a la red, beneficiando especialmente a familias encabezadas por mujeres. Las comunida- des locales y los hogares rurales también reciben apoyo para usar la electricidad con fines de generación de ingresos22.

Si bien es posible derivar algunas lecciones de esas intervenciones, los efectos son siempre específicos al contexto y requieren un análisis de las condiciones locales.

La comprensión del fenómeno puede verse perjudicada por la falta de datos. El análisis conjunto de los impactos en términos de equi- dad y desarrollo humano requiere información tanto individual como de hogares, además de datos cualitativos, para formar capacidades estadísticas. Lo anterior pone énfasis en lo importante que es continuar mejorando la des- agregación de los datos, especialmente en los países en desarrollo.

Las evaluaciones ex ante deben ir seguidas de una supervisión de los resultados. En Bangla- desh rural, se estima que los sistemas de energía solar residencial desplazan el uso del keroseno en un porcentaje que equivale a 4% del total de emisiones de carbono anuales23. Por su parte,

Reconocer constitucionalmente el derecho igualitario a un ambiente limpio promueve la equidad toda vez que dicho acceso no se restringe

solo a quienes puedan costearlo energía solar —cercanos a los US$400 millo-

nes y asignados por medio de una entidad pri- vada de microcrédito— son efectivamente pro- gresivos cuando se focalizan correctamente, puesto que los dos últimos grupos de ingreso gastan alrededor de tres veces más en keroseno que los dos primeros. Los beneficios también incluyen mejor iluminación (lo que favorece la educación de niños y niñas) y reducción de la contaminación intradomiciliaria, lo cual tiene ventajas evidentes para la salud.

Empoderar a las personas para generar cambios

Este Informe promueve el empoderamiento

para conseguir mayores beneficios ambienta- les y de equidad y como un resultado valioso en sí mismo. ¿Qué significa esto en la práctica? Consideramos dos ámbitos donde una mejor participación y representación tiene un gran nexo con la sostenibilidad: el legal, con insti- tuciones adecuadas y derecho a un medioam- biente limpio y seguro; y el político, con más participación y rendición de cuentas.

Un medioambiente limpio y seguro: un derecho, no un privilegio

Una idea poderosa que se funda en el marco planteado en el capítulo 1 es que todas las per- sonas, tanto las que habitan ahora en el planeta como las que están por nacer, tienen derecho a un medioambiente limpio y seguro. Pese a la lentitud del progreso para garantizar tales derechos a nivel mundial24, las Constitucio-

nes de por lo menos 120 países abordan nor- mas ambientales o la obligación del Estado de

impedir daños al medioambiente25. Además,

en muchos países donde los derechos ambien- tales no son explícitos, se considera que las dis- posiciones constitucionales generales sobre los derechos de las personas incorporan el derecho fundamental a un ambiente limpio, seguro y saludable. Tal prerrogativa se desprende del derecho de estas a salud e integridad física y a disfrutar del entorno natural.

Amartya Sen, Martha Nussbaum y otros han puntualizado la estrecha relación que existe entre el enfoque de las capacidades y los enfoques basados en los derechos al desarrollo humano26. Pero a diferencia de la propia idea

de libertad o capacidad, el reconocimiento de los derechos humanos también involucra cier- tas obligaciones. Pese a dichas obligaciones, los derechos humanos no son equivalentes a los derechos legales, aunque pueden impulsar leyes y con ello sentar las bases para acciones legales. Algunos derechos son de carácter pro- cesal, como el derecho a la información que se analiza más adelante, y deben comprender aspectos tanto de oportunidades como de procesos27.

Reconocer constitucionalmente el derecho igualitario a un ambiente limpio promueve la equidad toda vez que dicho acceso no se res-

tringe solo a quienes puedan costearlo28. Y

materializar tales derechos en el marco jurídico puede influir en las prioridades y la asignación de recursos de los gobiernos.

Los países aprenden cada vez más

Muchos países de la UE reconocen derechos ambientales fundamentales como una atri- bución natural, es decir, como prerrogativas universales inherentes. La Ley sobre Derechos Humanos del Reino Unido incluye la prerro- gativa de gozar de un medioambiente limpio29.

Y si bien el Convenio Europeo de los Derechos Humanos no menciona los derechos ambienta- les, establece que el daño ambiental grave puede violar la disposición sobre el respeto a la vida privada y familiar30. Suecia reconoce el dere-

cho constitucional al acceso público mediante su política de “no intervenir-no destruir”: las personas pueden desplazarse libremente por el campo siempre y cuando no causen inconve- nientes a otros31.

La Constitución de 2010 de Kenya otorga el derecho a un medioambiente limpio y exige al gobierno la preservación de sus recursos naturales32. Por lo menos 31 otros países afri-

canos expresan derechos ambientales en sus Constituciones, y otros —como Etiopía y Namibia— también ponen hincapié en que el desarrollo económico no debe dañar el medioambiente33.

En gran medida, la aplicabilidad de los derechos ambientales no ha sido puesta a prueba en África, salvo en Sudáfrica. Algu- nos países tienen impedimentos estructurales. En Camerún, por ejemplo, los ciudadanos no

Además del reconocimiento legal de derechos igualitarios

a un medioambiente limpio y que funciona bien, se requieren instituciones propi­ cias, entre ellas un poder judicial justo e independiente y el derecho a recibir información del gobierno

tienen la facultad de apelar al consejo constitu- cional nacional, situación que limita el poder de ejecución34. En Namibia, en tanto, solo se

pueden ejercer derechos ambientales desde el ámbito de lo privado, lo que impide interponer demandas de interés público35.

Varios países de América Latina, entre ellos Chile, Costa Rica, Ecuador y Perú, tie- nen derechos ambientales ejecutables jurídica- mente. La Corte Suprema chilena anuló una licencia de explotación forestal emitida por el gobierno por haber sido aprobada sin eviden- cia suficiente de su viabilidad ambiental. Esta situación violaba el derecho de todos los chi- lenos —no solo de quienes se veían afectados directamente— a vivir en un ambiente sin contaminación36.

Muchas Constituciones de países latinoa- mericanos reconocen derechos ambientales a los pueblos indígenas37. Paraguay les garantiza

la defensa del Estado contra la degradación del

hábitat y la contaminación ambiental38. En

Guyana, el reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas incorpora atribuciones ambientales39. La proyectada Ley de la Madre

Tierra de Bolivia lleva este reconocimiento un paso más allá para otorgarle al mundo natu- ral los mismos derechos que a las personas. La propuesta está muy influenciada por el resur- gimiento de una visión de mundo basada en la espiritualidad indígena andina que pone al medioambiente y a la deidad de la Tierra, la Pachamama, en el centro de la vida40.

En los países asiáticos, India destaca en cuanto a permitir a individuos agraviados cuestionar al Estado por la acción o falta

de ella en relación con el medioambiente41.

Según la interpretación del poder judicial del país, los derechos ambientales consagrados en la Constitución protegen también la salud pública. Por ejemplo, los defensores del medio- ambiente plantearon con éxito que las leyes ambientales obligaban al gobierno a reducir la contaminación del aire en Nueva Delhi para proteger la salud pública, en virtud de lo cual se decretó una orden que requería la conver- sión de los buses urbanos de diesel a gas natu- ral comprimido42.

Bhután es pionero en situar la conserva- ción ambiental en el centro de su estrategia de

desarrollo y así reflejar sus normas y cultura tra- dicionales43. El artículo 5 de la Constitución

de 2008 pone énfasis en la responsabilidad de todos los butaneses de proteger el medioam- biente, conservar su biodiversidad e impedir la degradación ambiental. También contempla que por lo menos 60% del país debe mantener su cubierta forestal a perpetuidad.

Incluso si los derechos otorgasen solo lo que Emmanuel Kant llamó obligaciones imperfec- tas, igual empoderan a grupos e individuos para tomar medidas concretas en pos de proteger su medioambiente. En palabras de Amartya Sen: “Debido a la importancia de la comunicación, la promoción, la exposición y el debate público informado, los derechos humanos pueden ejer- cer influencia sin necesariamente depender de leyes coercitivas”44. En efecto, los derechos

humanos procesales vinculados con la protec- ción ambiental suelen recibir más atención que los derechos humanos fundamentales45.

Instituciones propicias

Además del reconocimiento legal de derechos igualitarios a un medioambiente limpio y que funciona bien, se requieren instituciones propi- cias, entre ellas un poder judicial justo e inde- pendiente y el derecho a recibir información del gobierno. Por ejemplo:

• En Estados Unidos, los grupos conser-

vacionistas han utilizado la información sobre los niveles de emisiones para inter- poner acciones de perjuicio público contra algunas empresas privadas46.

• La campaña One Million Acts of Green (Un

millón de actividades verdes), lanzada por Cisco en asociación con Canadian Broad- casting Corporation y Green Nexxus de Canadá en 2008, usa la televisión, Face- book

®

, Twitter

y otros recursos en Inter- net para involucrar a los canadienses en foros sobre temas ambientales y estimular actividades ecológicas. La iniciativa consi- guió casi dos millones de proyectos verdes en el plazo de un año47.

Como telón de fondo, es fundamental con- tar con un contexto institucional propicio para las libertades civiles. Sin embargo, los datos recientes aportados por Gallup revelan que la mayoría de las personas en cerca de la mitad

La comunidad internacional reconoce cada vez más el derecho a acceder a información

medioambiental. Ello a su vez sirve de

res paldo para una interpretación bastante

amplia del derecho a información consagrado

en las Constituciones nacionales de unos 140 países encuestados no confía en el

sistema judicial y los tribunales48, situación que

subraya la importancia de ampliar las refor- mas y mejorar el marco para hacer cumplir los derechos.

El derecho a contar con información pública se está generalizando. Por lo menos 49 Constituciones nacionales lo reconocen y unos 80 poderes legislativos han promulgado leyes sobre el tema. La Constitución sudafricana de 1996 garantiza a todos “el derecho a acceder a información que esté en poder del Estado y de un individuo que se requiera para el ejercicio o protección de algún derecho”. Por su parte, las cortes supremas de Argentina, Canadá, Fran- cia, India, Israel y la República de Corea han planteado que las garantías constitucionales sobre la libre expresión reconocen implícita- mente el derecho constitucional de acceso a información49.

Pero las leyes son solo un primer paso; su puesta en práctica y cumplimiento son igual- mente importantes. Las organizaciones de la sociedad civil son cruciales para efectos de la aplicación, ya que ayudan a los ciudadanos a comprender y usar el derecho legal de acceso a información, capacitan a los funcionarios públicos sobre los mecanismos de divulgación y supervisan la adopción efectiva. Una organi- zación no gubernamental (ONG) de Bulgaria, el Programa de Acceso a Información, propor- cionó asistencia legal y difundió información al público en general sobre la ley del derecho a información y el alcance de las facultades de la ciudadanía50.

La divulgación de información es un aspecto muy importante para la protección del medioambiente y el empoderamiento de los ciudadanos. Garantizar que quienes conta- minan entreguen datos sobre emisiones y des- cargas puede reducir las infracciones y com- plementar las regulaciones. La estrategia de divulgación pública implementada en Colum- bia Británica tuvo mayor impacto en las emi- siones y el cumplimiento de las normas que las sanciones impuestas tradicionalmente por el Ministerio del Medioambiente de Canadá. También influyeron la fijación de normas más estrictas y sanciones más duras, lo cual indica que tanto la información como la regulación

pueden reducir las emisiones51. En China,

los programas de clasificación y divulgación pública del desempeño ambiental de las empre- sas han llevado a los establecimientos a reducir la contaminación atmosférica y del agua, mejo- rando así la competitividad de las empresas en