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Aspectos psicológicos del individuo ciego

1. CEGUERA COMO REALIDAD

1.2. Aspectos psicológicos del individuo ciego

« Vio Dios que la luz era buena y la separó de las tinieblas (...) ».

GÉNESIS (1, 4).

En el individuo ciego parecen darse unas características psicológicas, que difieren notablemente del individuo vidente, o que no presenta alteración alguna en su visión30.

Si dentro de las acepciones que el diccionario usa para definir la

psicología, tomamos ésta como la: « Manera de sentir de una persona o

de un pueblo »; y si en concreto nos remitimos al sentir individual o colectivo del individuo invidente, vemos como ya desde los comienzos, los videntes, más numerosos que el individuo ciego, han apartado a este individuo « diferente » de su camino: con miedo, desconfianza, compasión, etc., y lo han incluido en sus mitos, considerándolo como un ser tocado por una culpa y un castigo divino, en la mayoría de las veces; y otras, poseedor además de ciertos dones. El vidente ha considerado en el ciego un particular mundo inscrito en lo « oscuro », y de cierta vinculación con el mal31.

Existe otra asociación de la oscuridad como símbolo negativo, la cual ha sido representada por las alegorías en el arte desde la Edad Media:

« (...) identificación inmediata e inconsciente: la de visión con Luz, Conocimiento o Saber, y la de ceguera con Oscuridad, Ignorancia e Incultura »32.

Puede decirse que a la dificultad añadida de afrontar el mundo desde la ceguera, el individuo ciego ha debido de enfrentarse desde siempre a percepciones o vivencias parecidas donde, pese a la compasión que pudiera rodearle - si ha logrado sobrevivir -, ha llegado a sentirse marginado, bien por causas ajenas o por decisión propia (automarginación en autodefensa). Todo esto ha sucedido en unas fronteras no demasiado claras donde no tiene sentido buscar un culpable: el mismo ciego se encontró falto de recursos para afrontar su carencia; y el desconocimiento por parte del vidente, de las causas físicas naturales motivo de esta ceguera, provocaron la superstición contra la

29 A lo largo de los textos, en contadas ocasiones se recogen atribuciones a diferentes épocas o

personajes acerca de algunas de estas enfermedades; consideramos que este apartado sobre el funcionamiento del órgano de la visión y sus diferentes patologías puede servir como referencia e introducción a un personaje genérico y ciego, representado en las obras de arte.

30 PAJÓN MECLOY, E.- 1974, Psicología de la ceguera. FRAGUA, Madrid, p. 38. 31 Diccionario de la lengua española, vol. II.

que se adoptaba la opción de relegarlo y marcarlo, con un estigma que lo rodeaba de cierta aureola de misterio33.

Esta situación comienza a ver su fin cuando en los siglos XVIII y XIX, Valentín Haüy y su alumno Braille, continuador de su tarea, demuestran que los ciegos son capaces de acceder a la cultura escrita, siendo por ello educables, momento en que empieza el ciego a perder la aureola mágica de la que lo rodeaban los mitos y alegorías. El error por entonces fue considerar que el ciego era un individuo más equiparable al vidente, pero con un sentido menos, lo cual no es cierto como queda demostrado desde 1933 con las investigaciones de Cutsforth, quien encuentra diferencias entre ciegos y videntes más allá del sentido meramente visual y las cuales afectan a todos los órdenes de la vida:

« La pérdida de la vista implica una actividad mucho más intensa por parte de los otros sentidos, para compensar la disminución de las sensaciones recibidas. Supone también alteraciones serias en la vida social, en el plano de las relaciones con los demás hombres, en el mundo del trabajo, etc. Por último, la personalidad del ciego se ve afectada en lo más íntimo hasta el punto de que para comprenderse a sí mismo, necesita un concepto distinto del que tendría siendo vidente »34.

Una distinción necesaria para entender cómo pueda desenvolverse el individuo ciego, es conocer el momento en que tuvo lugar esta ceguera, diferenciándose así, a los ciegos de nacimiento, de aquellos que sufrieron la pérdida de la vista siendo aún niños o ya adultos. Estos últimos presentan ventajas e inconvenientes respecto a los anteriores, encontrándose favorecidos por un mayor conocimiento de conceptos abstractos y del entorno que les rodea, pero teniendo como consecuencias negativas el gran cambio, que en ocasiones puede no ser gradual (como en el caso de ciertas enfermedades), sino brusco y repentino; lo cual requiere en ambos casos, una reestructuración completa de la vida del individuo que sufre la pérdida de la visión, lo que suele llevarle a depresiones35.

No podemos, en el espacio de la presente investigación, tratar de profundizar en la evolución y niveles madurativos que acontecen en los orígenes de la persona ciega, como sean los de prensión, motores, intelectuales, simbólicos, comunicativos o afectivos que caracterizan y conforman el ulterior desarrollo psicológico, de un adulto ciego. Aunque destacamos que, en estudios sobre el desarrollo psicológico de los ciegos como los realizados por Fraiberg (1977), se demuestra que, si el niño no presenta lesiones añadidas a la meramente visual, su desarrollo evolutivo sigue las fases de los niños videntes, aunque con enormes dificultades ya desde sus inicios. No obstante, estos niños terminan por valerse de los restantes sistemas sensoriales, como sean el tacto y el oído, los cuales

33 Íd. Op. cit., pp. 31 y ss.

34 PAJÓN MECLOY, E., Op. cit., pp. 37-38.

35 Éstas también suelen acontecer, y con mayor gravedad, a aquellos individuos que recuperan la

vista habiendo estado ciegos, pues este sentido es tan novedoso para ellos, que se sienten incapaces de organizar lo que ven, teniendo que reconocer los objetos mediante el tacto, y siguiendo un largo proceso hasta aprender a ver con el nuevo sentido. Ver Íd., Op. cit., p. 59; ROSA RIVERO, A.- 1981,

Imaginación y pensamiento en ciegos. UNIVERSIDAD COMPLUTENSE, Madrid, pp. 105-106; y

verá reforzados con la palabra posteriormente; siempre que tenga un adulto que entienda este proceso y pueda estimularle precozmente36.

Un mito que se tiene en torno al ciego es la creencia en un mayor desarrollo de los restantes sentidos, cuando se carece del de la vista. Sin embargo, los estudios demuestran que esto es falso: los sentidos restantes siguen funcionando igual que antes, pero a partir de que la

persona queda ciega se les presta más atención (a lo que se conoce por

compensación sensorial) porque de ellos depende la movilidad e interacción del ciego con el entorno; pudiendo destacar ahora en una mayor precisión en la atención auditiva sostenida y la memoria37.

El mundo onírico visual va desapareciendo con el paso de los años en los que se han quedado ciegos de un modo tardío, dando lugar a sensaciones táctiles y auditivas, de las que ahora se compone su mundo38.

En los ciegos de nacimiento (o los que se han quedado ciegos a edad temprana), existe una dificultad añadida que les acontece en un mundo de videntes: muchas nociones como sean las de dimensión, tamaño, peso, etc., pertenecen al mundo de los videntes, pues no pueden ser experimentadas directamente y las conocen mediante descripciones que provienen del mundo visual: son los llamados por Cutsforth

verbalismos39.

Las posturas del ciego y el andar también se adaptan, para evitar en la mayor medida, el sufrir daños en los posibles choques con objetos, desarrollándose además cierto « sentido del obstáculo », el cual parece servirse de los cambios acústicos o ecos de los sonidos, que permiten en ocasiones detectar paredes, etc., lo que necesita un silencio y condiciones particulares, que tampoco pueden generalizarse40.

Otra idea generalizada que, según los autores, se tiene de los ciegos, es que pueden tender a ser amables y risueños, circunstancia que puede ser debida al mayor grado de dependencia que requieren de los videntes, aunque esto puede suponer una generalización excesiva, pues como en el resto de las personas, estos comportamientos dependen también del

36 Ver FRAIBERG, S.- 1982, Niños ciegos: La deficiencia visual y el desarrollo inicial de la

personalidad. (Traducción: Jesús Fernández Zulaica). GABINETE TÉCNICO DEL SERVICIO

NACIONAL DE SERVICIOS SOCIALES, Madrid, p. 297; y cfr. ROSA RIVERO, A. y OCHAÍTA, E., Op.

cit., pp. 113, 166 y 167.

37 Ver LICKEFFET y ENGLISH, C.- 1918, Los ciegos: Estudio psicológico. INSTITUTO NACIONAL DE

SORDOMUDOS Y DE CIEGOS, Madrid, p. 26; PAJÓN MECLOY, E., Op. cit., p. 66 y ROSA RIVERO, A., Op. cit., pp. 98 y 103.

38 Ver PAJÓN MECLOY, E., Op. cit., p. 67 y CUÉLLAR GARCÍA REYES, C., Op. cit., p. 22. 39 Íd., Op. cit., pp. 22-23 y ROSA RIVERO, A., Op. cit., p. 107.

Mª Ángeles Núñez Blanco describe este déficit sensorial del siguiente modo: « (...) las experiencias táctiles tienen limitaciones derivadas de la necesidad del contacto directo con el objeto para que se produzca la percepción. Muchos objetos son por sí mismos inaccesibles al tacto (sol, astros, nubes); otros son demasiado grandes (montañas, edificios, etc.) o demasiado pequeños y frágiles (hormigas, pompas de jabón) por lo que su conocimiento es imposible a través de una vía directa; en algunas ocasiones el objeto sólo posee unas partes accesibles al tacto, mientras que otras partes permanecen inalcanzables (árboles, animales muy grandes) lo que provoca, a veces, que las personas ciegas adquieran sólo un conocimiento parcial de los objetos». CHECA BENITO, F. J. y cols.- 1999, Aspectos

evolutivos y educativos de la deficiencia visual. ONCE, Madrid, p. 77.

40 Sentido éste discutido, pero que parece haber dado lugar a ciertas ayudas electrónicas basadas en

la acústica que, situadas en el bastón, han de ser interpretados por el ciego; aunque estos aparatos resultan costosos y no parecen mejorar demasiado las ventajas del bastón. Ver ROSA RIVERO, A. y OCHAÍTA, E., Op. cit., pp. 223-224.

estado anímico; encontrándose en ellos una tendencia, también, hacia el aislamiento, que rechaza esta dependencia41.

Bajo los tintes de una psicología profunda, de raíces freudianas, Pajón elaboró una teoría de la psicopatología propia de los invidentes, donde destacan: un sentimiento de soledad o tendencia a la huída (lo que, quizás, explique el vagabundeo y nomadismo, que desde la historia le ha sido atribuido al ciego); una tendencia al conocimiento o epistemológica que a menudo les lleva a idear inventos y numerosas empresas que abandonan antes de ser acabadas; ciertas ideas, tanto de destrucción como de regeneración, que cursarían con fases de sadismo en un principio, el cual vendría seguido de un « duelo reparador »; así como los complejos de castración y de prostitución: siendo el primero vivido como la inferioridad que supondría la castración (impotencia), como la que siente el ciego ante los demás por los que se siente amenazado; suponiendo el segundo los sentimientos de inferioridad del ciego que se siente humillado, ante la superioridad que atribuye al vidente y desea venganza. Es en esta posición donde el ciego se niega a usar bastón o a reconocer su ceguera, sintiéndose humillado ante la ayuda que pueda precisar, la cual rechaza. El sentimiento de culpabilidad, que no tiene por qué ir unido a un sentido negativo de la misma, resume las tendencias anteriormente descritas y suele ser pasajero, siendo finalmente reparador42.

De las características y teorías expuestas en este apartado, que se pueden ajustar en mayor medida a las vivencias del ciego sobre sí mismo, y cómo éste ha sido interpretado, podemos ver que las adaptaciones que requiere el ciego para sentirse integrado en la sociedad, pueden cursar paralelas con los sentimientos de temor, inseguridad y angustia, que no favorecen en nada su integración, y sí el aislamiento. Así, la desconfianza y el temor que ha suscitado el ciego a lo largo de los tiempos, no viene a ser sino una paradoja: el poder que falsamente le ha sido atribuido de temor y recelo, no vienen a ser sino los sentimientos del propio ciego; el cual no necesitaba sino cierta comprensión de su deficiencia por parte del vidente, para no llegar a actitudes egocéntricas (de explotación de su defecto o desinterés por su entorno), pues « su ceguera ya le exime de cualquier otra obligación: ha pagado ya su tributo a la sociedad », que no hace sino marginarle43.

41 Ver LICKEFFET Y ENGLISH, C., Op. cit., p. 29; GARCÍA Y GARCÍA DE LA TORRE, J. M.- 1968, Los

ciegos somos así. EDITORIAL CIENTÍFICO-MÉDICA, Barcelona, pp. 27-28; y PAJÓN MECLOY, E., Op. cit., p. 181.

42 Pajón relaciona este sentimiento de soledad con el mito de Orestes, hijo de Agamenón y

Clitemestra. Siendo niño es abandonado por su madre, quien junto con su amante, asesina a su esposo. Orestes se salva de la muerte gracias a su hermana mayor Electra, quien lo lleva a Fócide, siendo criado por su marido Estrofio, junto al hijo de ambos. Con el tiempo Orestes vuelve a su tierra para vengarse. Su propia familia no le reconoce cuando viene anunciando su propia muerte, lo que Pajón atribuye al olvido en que se tiene al marginado. Íd, Op. cit., pp. 71-181; GRIMAL, P.- 1981 (6ª edición), Diccionario de mitología griega y romana. (Traducción: Francisco Payarols). PAIDÓS, Barcelona, p. 389 b y CUÉLLAR GARCÍA REYES, C., Op. cit., pp. 28 y ss.

43 « (...) esa separación se debe, en parte, al desconocimiento de ambos grupos: el ciego recibe una

educación inadecuada que distorsiona su personalidad y le impide acercarse a la sociedad de manera menos traumática. La sociedad, a su vez, mantiene unas ideas prefabricadas que bloquean su capacidad de comprensión y su enfoque del tema desde otros ángulos, adoptando posturas intransigentes e inamovibles ». Íd., Op. cit., pp. 31 y ss.

Quizá el mayor problema al que se haya enfrentado el ciego desde siempre, haya sido el rechazo de la sociedad a ofrecerle un trabajo, al desconfiar de su rendimiento (siendo otra vertiente la del abuso, haciéndoles trabajar por exiguos sueldos); cuando puede ser este trabajo el que les integre en la sociedad, el que compense y haga desaparecer el sentimiento de inferioridad y marginación, por uno de superación en su trabajo; quizá al que dediquen mayor entusiasmo que el vidente, dado el mayor esfuerzo realizado por conseguirlo44.

Por último, podemos añadir que la carencia de vista no es tan importante, como la integración que pueda sentir este individuo en la sociedad, pudiendo el individuo ciego encontrarse apartado de los demás, inclusive, en la búsqueda de su definición, la cual, como recoge Vygotski:

« (...) tanto en el aspecto pedagógico como psicológico se ha planteado generalmente desde el punto de vista estrictamente físico, médico. El defecto físico se ha estudiado y compensado como tal: la ceguera ha significado simplemente la falta de visión, la sordera de audición, como si se tratara de un perro ciego o de un chacal sordo. En este caso se ha perdido de vista que, a diferencia del animal, el defecto orgánico de la persona, puede influir en la personalidad directamente, porque el ojo y el oído del hombre, no son sólo sus órganos físicos, sino también los órganos sociales, porque entre el hombre y el mundo se encuentra, también, el medio social que refleja y dirige todo lo que parte del hombre hacia el mundo y del mundo hacia el hombre. En el hombre no existe la relación directa, asocial y pura con el mundo. La falta de la visión o de la audición significa por eso, ante todo, la desaparición de funciones sociales muy importantes, la transformación de las relaciones sociales y la destrucción de todos los sistemas de conducta (...) »45.

44 Ver MONTORO MARTÍNEZ, J.- 1991, Los ciegos en la historia. ONCE, vol. II, Madrid, p. 39; y

PAJÓN MECLOY, E., Op. cit., p. 184.

1.3. CIEGOS COTIDIANOS: MÚSICOS, POETAS, ADIVINOS Y