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Aunque mantiene el texto transmitido por los manuscritos, supone aquí Heuse una laguna que ya había sido detectada por otros estudiosos y que pro­

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verías la mayor parte de las veces que son más vigorosos y más capaces de esforzarse, que se fatigan menos en los traba- 10 jos, que enferman más raramente, que soportan con más faci­

lidad la helada, el calor, el insomnio, toda esa clase de cosas. Así es que aunque el alimento suntuoso y el sencillo dieran v i­ gor al cuerpo en la misma medida, ha de elegirse en todo caso el sencillo, por ser éste más propio de sensatos y convenir más 15 al hombre bueno, igual que es más adecuado para los hombres ios decentes el alimento más accesible que el más inaccesible y el que no requiere esfuerzos que el que los requiere y el que ya está dispuesto para ser comido que el que aún no está dispues­ to.

Resumiendo: por decir todo sobre el alimento, afirmo que 5 es preciso hacer de la salud y la fuerza su objetivo, porque sólo con esos fines se ha de comer, lo cual no necesita de ninguna suntuosidad. Y que al comer hay que preocuparse del orden y el comedimiento adecuados y de destacamos en la mayor me­ dida por no mancharnos y por comer sin premura.

XIX

10 DEL

SO BRE EL ABRIGO DE MUSONIO

Eso dijo sobre el alimento. Pero también consideraba ade­ cuado buscar para el cuerpo un abrigo razonable, no suntuoso 106 ni excesivo. Enseguida dijo que había que usar el vestido y el calzado de la misma manera que una armadura, para salva­ guarda del cuerpo, no para su exhibición. Igual que las armas más hermosas son las más fuertes y las más capaces de salvar 5 a quien las usa, no las más vistosas y brillantes, así el vestido y el calzado más útiles para el cuerpo son los más resistentes y

no los que pueden atraer las miradas de los insensatos. Es pre­ ciso que el abrigo muestre al abrigado mejor y más fuerte de lo 10 que es, y no más débil y peor. Algunos, buscando por medio de los vestidos la lisura y la blandura de la carne, hacen peores los cuerpos, en tanto que efectivamente el cuerpo entregado a la m olicie y blando es mucho peor que el duro y esforzado. Sólo los que mediante el vestido se hacen vigorosos y resisten- ls tes benefician a lo abrigado. Por eso de ninguna manera está bien ni abrigar el cuerpo con muchos vestidos, ni colgarse cintas, ni ablandar las manos y los pies con envolturas de fiel­ tro o de tejidos — al menos, los que no estén enfermos— . Y 107 tampoco está bien no gustar del frío y el calor, sino que hay que pasar un frío comedido en invierno y exponerse al sol en verano y vivir en casa66 lo menos posible. Y ha de preferirse usar una sola túnica a necesitar dos y mejor que usar una, no 5 necesitar ninguna, sino sólo el manto. Y mejor: quien sea ca­ paz, ir descalzo que calzado, pues cabe que el ir calzado esté próximo al ir atado67 y que el ir descalzo ofrezca a los pies una gran libertad de movimientos y agilidad cuando estén ejercita- 10 dos. De ahí que podamos ver a los recaderos por las calles sin usar calzado y, entre los atletas, a los corredores, que no po­ drían mantener la velocidad si hubieran de correr con calzado. 15

Puesto que las casas las construimos también con el fin de conseguir abrigo, afirmo que también éstas han de construirse mirando la necesidad del uso, como resguardar de la helada, resguardar del calor excesivo, y que quienes lo necesiten ten­ gan una protección frente al frío y los vientos. En general, lo ios

66 Musonio emplea aquí el término skiatrophetslhai, literalmente «criarse o vivir a la sombra», es decir, en la casa; siendo en la Antigüedad la vida re­ cogida propia de las mujeres, el término toma también el significado de «llevar una vida muelle o afeminada».

67 Juego de palabras difícilmente traducible entre dedésthcii, «ir atado» y hypodedéslhai, «ir calzado».

que nos proporcionaría una cueva natural que fuera una guari­ da adecuada para el hombre es lo que ha de proporcionamos la casa, con espacio de sobra como para tener un almacén con- 5 veniente para el alimento humano. ¿Por qué los patios con pe­ ristilo? ¿Por qué las paredes con pinturas? ¿Por qué los techos recubiertos de oro? ¿Por qué las piedras suntuosas, unas apli­ cadas al suelo, otras colocadas en los muros, algunas [piedras], 10 incluso, traídas de muy lejos y con muchos gastos?68 ¿No son todas esas cosas, sin las cuales es posible vivir y gozar de sa­ lud, excesivas e innecesarias, y dan, además, muchos proble­ mas y cuestan mucho dinero con el cual se podría beneficiar a muchos hombres, tanto pública como privadamente? ¡Y cuán- 109 to más glorioso el beneficiar a muchos que el vivir suntuosa­

mente! ¡Cuánto más honesto gastar en los hombres que en maderas y piedras! jCuánto más útil conseguir muchos ami­ gos, como le ocurre al benefactor de buena voluntad, que ro­ dearse de una gran casa! ¿Qué pago podría uno obtener del

5 tamaño o la belleza de una casa como el de favorecer de su pe­ culio a la ciudad y a los ciudadanos?

XX

DEL

SO BRE EL MOBILIARIO

10 DE MUSONIO

Acorde y emparentado con la suntuosidad de la casa pare­ ce estar lo relativo al mobiliario de la casa, los lechos y las m e­ llo sas y las mantas y la vajilla y esas cosas que superan comple­ tamente lo requerido por el uso y van más allá de lo necesario: lechos de marfil y de plata o, jpor Zeus!, de oro; mesas de materiales semejantes; mantas teñidas de púrpura o de otros

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