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AUTO-DEDICARSE EN EL ASTRAL.

In document El Verdadero Arte de Las Brujas - Kate West (página 154-168)

Si todavía no lo has hecho, tendrás que crear el templo astral, porque este ritual tendrá lugar allí. Es posible que ya te hayan iniciado o que hayas llevado a cabo una auto-dedicación en el plano físico, pero te recomiendo que lo repitas en el templo.

Viaja hasta él como sueles hacerlo o como te he sugerido, tomando siempre las debidas precauciones. Una vez allí, prepáralo todo para una fiesta especial; enciende todas las lámparas o velas y pon flores o algún otro elemento decorativo. Coloca en el altar un poco de tu aceite favorito y, frente a él, un recipiente grande y bonito repleto de agua. No olvides verter el vino en el cáliz. Llama a la Diosa y al Dios para que re presenten allí para apoyarte, protegerte y guiarte. Cuando estés segura de que están junto a ti, pídeles que bendigan y consagren el aceite que tienes en el altar. Una vez hecho, añádelo al agua. Quítate toda la ropa y báñate de los pies a la cabeza. Mientras lo haces, recuerda que el agua se llevará consigo todos tus dolores y pesares, las preocupaciones y las molestias que sientas en el plano físico, de tal forma que quedarás limpia por dentro y por fuera. Lo siguiente que debes hacer es ungirte con el aceite y secarte al aire en la calidez del templo. Vuelve a vestirte y, si lo deseas, ponte ropa limpia. Si recuerdas cuál fue tu juramento o tu auto-dedicación, quizá quieras repetirlo en este momento. Coge ahora el cáliz con el vino y, ofreciéndoselo a la Diosa y al Dios, pídeles que bendigan toda tu magia. Bebe un sorbo y vierte el

resto en los límites de tu templo. Al finalizar este paso, dale las gracias a las deidades y, si te apetece, dedícate un rato a la meditación. Por último, recoge y limpia el lugar y regresa al plano físico como sueles hacerlo habitualmente.

Ahora que cuentas con algunas habilidades nuevas, ha llegado el momento de que retomes el tema del quinto elemento y que utilices tu capacidad y experiencia para acercarte más a la Divinidad.

Capítulo X

Espíritu: El Quinto Elemento

Como ya he mencionado anteriormente, el Espíritu es el quinto elemento. Mientras que el Aire, el Fuego, el Agua y la Tierra son los elementos mundanos, el Espíritu representa lo intangible y lo etéreo. Es, como podrás imaginar, el más abstracto tanto dentro como fuera de nosotros.

En el mundo que nos rodea, el Espíritu es la chispa de la vida, la diferencia entre lo que está vivo y lo que no. Los animales y las plantas tienen el suyo propio; y la tierra e incluso las piedras y los minerales, pues también ellos crecen y tienen una vida particular. En nosotros es aquello que nos hace únicos, que nos pertenece a cada uno. Pues no somos sólo la totalidad de cuanto nos ha acontecido, sino que tenemos una esencia propia, aunque ésta se haya visto influida por los acontecimientos que han sacudido nuestras vidas. Pero lo más importante es que el Espíritu es la Divinidad, sea cual sea tu manera de interpretarla. En algunos credos la encarna una deidad única o un dios; en otros puede tratarse de una serie de dioses y/o diosas, aunque también existen entidades sin género. Y aún unos terceros pinan que la Divinidad o el Espíritu no son un ser o varios, sino una fuerza o energía que está presente en todas las cosas. Resulta igual de difícil precisar qué pensamos al respecto los que practicamos la brujería. La mayoría de las brujas creen que la Divinidad es, a la vez, uno y muchos. Entiendo que te puede parecer contradictorio, pero míralo desde este punto de vista: para tus padres, tú eres su hijo o hija; para tu pareja eres una esposa, esposo, novia o novio. Si además eres madre o padre, tus descendientes te verán con otra personalidad. Si estudias, existe el «tú» que conocen tus profesores, y si trabajas, tus compañeros te verán como un empleado o un jefe, un superior o un subordinado. Y, sin embargo, tú solo eres «uno». Te pongo otro ejemplo: una bola de cristal de espejos refleja diferentes imágenes de un mismo objeto. Para las brujas, la Divinidad es un conjunto único, y sin embargo cada una de las diosas y de los dioses es distinto porque posee una personalidad, una presencia y una existencia que es singular y completa a su manera. Otras tantas piensan que la Divinidad no tiene ni género ni forma. Esto explica por qué nadie sabrá decirte quién es, por lo menos de una manera categórica, y cómo encontrarla o adorarla. Por eso es fundamental que

tengas tus propias ideas. Ésta es otra de las grandes libertades de la brujería y, al mismo tiempo, una de las tareas más complicadas. No tenemos sacerdotes que interpreten o intercedan por nosotros ante nuestros dioses; nadie nos dirá a quién, cómo y cuándo debemos adorarles, ni tampoco que nos explique si hacemos «bien» o «mal». No contamos con la sencillez y simplicidad de una estructura divina preconcebida. En la brujería somos nosotros los sacerdotes o sacerdotisas. Por eso denominan al nuestro «un credo de personas con ideas propias».

En la brujería, el concepto de la Divinidad se complica más aún debido a que a las diosas y a los dioses se les conoce por muchos nombres, en lugares y tiempos distintos. Antaño los seres humanos vivían diseminados en sus tribus y bautizaron e inventaron historias diferentes para sus deidades. Sus diosas y dioses predilectos eran, además, bastante desiguales; así, las personas que habitaban tierra adentro tenían menos relación con los dioses de los mares que las que lo hacían en la costa. Interpretaban estos poderes supremos con las palabras y costumbres de sus vidas, y transmitían estos conocimientos a sus descendientes de forma oral. Cuando los individuos empezaron a emigrar y a desperdigarse, se llevaron consigo su cultura religiosa y se encontraron con la misma u otras similares en las lo que variaba eran los nombres. A veces, las nuevas deidades se añadían a las creencias populares o los recién llegados seguían siendo devotos de los suyos, pero volviendo a bautizar a sus deidades con los nombres de los dioses de los lugares en los que se encontraban. En ocasiones eran los invasores los que traían consigo sus creencias e intentaban imponérselas a los oriundos. Como consecuencia de todo ello, algunos dioses y diosas surgieron y otros cambiaron. De igual modo, sus nombres, tanto ortográfica como fonéticamente, se han alterado. Las historias también se han transformado o combinado, aunque, en general, todas parten de una misma idea. Esto dio lugar al nacimiento de credos mezclados y a que muchos otros desaparecieran. Así que hoy tenemos muchísimas deidades, pese a que veamos que los temas se repiten hasta la saciedad en las historias y las leyendas. Y es de esta cultura variopinta de la que las brujas «extraen» a sus fuerzas omnipotentes, ¡aunque en realidad son los dioses los que escogen a placer!

Pero antes de que llegues a la etapa de empezar a trabajar con las deidades, es fundamental que entiendas que significa el espíritu, y para conseguirlo tendrás que conocerte y aceptarte al máximo. Porque si no sabes quién eres y te admites tal cual, ¿cómo podrás entender lo que es el gran Espíritu? En la brujería no pensamos que sólo unos poco pueden tratar con los dioses, sino que, a travñes de la concentración y de la perseverancia, todos podemos conseguirlo. Es posible que te parezca que algunos de los siguientes ejercicios no están relacionados con conocer a las deidades, pero son los que otras brujas y yo hemos probado y nos consta que funcionan.

A simple vista, el conocerte puede resultarte obvio, no obstante, todos somos un compuesto de nuestro auténtico «yo», la educación que hemos recibido y las experiencias que vivimos, cómo nos mostramos ante la gente y lo que ésta espera de nosotros. Para conocernos bien tenemos que ser capaces de identificar estos detalles por separado de forma que los entendamos y sepamos qué lugar ocupan en nuestro interior.

PRÁCTICA 1.

Divide un folio en dos columnas. La primera titúlala «Cosas que me gustan de mí» y la segunda «Cosas que no me gustan de mí». Recuerda que esto lo estás haciendo para ti y que no tiene por qué verlo nadie más. ¡Puedes y debes ser completamente honesta! Piensa, por ejemplo, en tu apariencia: en tu altura y constitución, en el color y la textura de tu cabello, en tu sonrisa, en tus ojos, etc. También en las cosas que has aprendido y los talentos que posees: si se te da bien cocinar, contar historias, las matemáticas, la jardinería, etc. Añade a la lista tus cualidades intrínsecas: que cuidas de los animales, que eres capaz de sentir empatía hacia los problemas del prójimo, que juzgas acertadamente cómo es la gente, que tienes paciencia con los más jóvenes, que eres independiente y sabes valerte por ti misma, etc. Como me consta que la gente suele ser más prolífica a la hora de encontrarse fallos que virtudes, por cada una de las cosas negativas que pongas, deberás añadir una positiva. No creas que terminarás las listas en un día, repásalas durante varios consecutivos. Una vez concluidas, déjalas reposar tres días. Revísalas después de este periodo de descanso. Como tienes que procurar ser objetiva, piensa en ellas como si fueran de otra persona o, si quieres, puedes hacer el ejercicio con un buen amigo en el que confíes.

Mira primero la lista de las cosas positivas y reflexiona acerca de cada una. Algunos de estos atributos serán naturales, mientras que otros los habrás aprendido o adquirido con el paso del tiempo. Felicítate por ambos y piensa cuántos de ellos has cambiado a propósito.

Ten cuidado de no confundirlos con aquellos que alteraste para satisfacer a los que te rodean: está bien que escuches las opiniones de los demás, pero no que te conviertas en una esponja. Y aunque a veces la sociedad obliga a las mujeres a expresarse en voz baja y a que los hombres no muestren sus emociones, estos

rasgos se transforman en algo negativo cuando tratan de imponerse a nuestras verdaderas naturalezas. Con esto no pretendo aconsejarte que digas y hagas siempre lo que te vengan en gana, pero sí que seas consciente de lo que sientes realmente.

A continuación, échale un vistazo a los defectos y, con mucho cuidado, divídelos en las siguientes categorías:

Las cosas que son positivas pero que el resto puede no aprobar, por ejemplo: tener los pies grandes, el pelo rizado, ser temperamental, etc.

Las que, según tu criterio, están mal, con las que no necesitas vivir y que podrías cambiar: ser desordenada, irascible, no saber cocinar, etc. Junto a cada una de ellas anota los cambios que te gustaría hacer y revísalos de vez en cuando. Te encargarás de transformar en los próximos meses.

Las que sencillamente forman parte de tu verdadero «yo», que no responden a las expectativas o están en desacuerdo con lo que a los demás les gustaría, como ser bajito o rechoncho, ser de lágrima fácil, etc. Estas cosas tendrás que acabar aceptándolas en lugar de intentar cambiarlas. Recuerda que, a pesar de lo malas que creas que son, forman parte de ti. A medida que avances en este capítulo verás que compartes estos defectos con más de una deidad. Y no sólo eso: ellas tienen algunos que son muchísimo peores de los que tendrás tú jamás.

El contenido de estas categorías puede variar dependiendo de la cultura de la sociedad en la que vivas, al igual que lo hacen las historias de las deidades. Céntrate en lo que crees que está bien para ti y déjate guiar por tu instinto; no permitas que te influyan cosas del exterior como los anuncios o las críticas de aquellos con los que vives, estudias o trabajas. Aprende a ignorarlas y concéntrate en lo que eres realmente. Y con esto no te estoy diciendo que debas comportarte como un ser antisocial que se deja llevar sólo por sus impulsos; sobrevivimos en este mundo haciendo lo que sabemos que está bien y adaptándonos a lo que la sociedad nos impone. No obstante, en ocasiones no nos queda más remedio que dominar nuestros sentimientos para poder seguir adelante, y tenemos que darnos cuenta de esto, incluso aunque no podamos remediarlo. Ésta es una de las claves para aprender a reconocer y a entender la Divinidad, tanto dentro como fuera de ti. A ciertas personas les cuesta horrores hacer este ejercicio, sobre todo porque son incapaces de admitir que tienen virtudes. Esto ocurre porque a mucho sólo nos enseñan lo que hacemos o tenemos mal y nunca lo positivo. También se nos dice que hablar acerca de lo listos e ingeniosos que somos no está «bien». Y la cosa no acaba aquí, porque los anuncios, en la prensa, las revistas, la televisión y la radio, se dedican casi exclusivamente a convencernos de que nunca seremos lo «bastante

buenos»… ¡a menos que compremos los productos que nos ofrecen! Por todo ello resulta más sencillo fijarnos en lo malo, en lo que no podemos hacer o tener. Pero para ser una persona equilibrada tienes que sentirte a gusto contigo y aprender, claro que sí, a valorar tus puntos positivos. El siguiente ejercicio es uno que suelo hacerles a los recién llegados a mi coven. Te conviene, además, repetirlo siempre que tengas la sensación de que no das la talla.

PRÁCTICA 2.

Escribe una lista de tus virtudes; que no tenga menos de cuarenta entradas. Una vez más, ten en cuenta los atributos físicos, los talentos naturales, las cosas que has aprendido y algunas otras. Los detalles pueden ser tan mundanos como «hacer un buen té», o tener relación con la brujería, como «haber aprendido a leer las cartas del Tarot». Asegúrate de incluir todo aquello que te gusta de ti y lo que se te da bien. Repasa y piensa en eso que no suele considerarse «bueno», como por ejemplo la fuerza física en una mujer o la simpatía en un hombre. Revisa la lista todos los días durante una semana. Si la amplías hasta que cuente con unas cien entradas, entonces habrás conseguido lo que les pido a mis coveners. Cuando creas que la has terminado, guárdala bien para que puedas echarle un vistazo siempre que necesites recordarte que tienes destrezas y talentos que para ti son muy especiales.

A veces ocurre, después de hacer el ejercicio, que descubres que hay una serie de cosas que te gustaría hacer o aprender. Apúntalas y escoge tres que creas que podrás llevar a cabo en los próximos meses. Tu vida y tu magia se beneficiarán si pruebas y aprendes habilidades nuevas.

Ya habrás notado que encuentro muy útil escribir listas. Es fácil olvidarse de algo que piensas, sobre todo si con la idea no te sientes precisamente cómoda, ¡pero no puedes pasar por alto lo que has escrito! No obstante, a algunas personas les molesta sobremanera escribir sus sentimientos, normalmente porque les preocupa que alguien pueda encontrar el papel y descubrir sus secretos. Pero puedes evitar que esto ocurra si actúas con normalidad cuando hagas estos ejercicios y si lo escribes todo en un libro especial que guardes a buen recaudo. Si reaccionas de una forma extraña y te niegas a darle una explicación a la gente que te rodea, lo más probable es que acabes despertando su curiosidad. Éste es un

aspecto común de la naturaleza humana y demuestra además que se preocupan por ti, por lo que te sucede y por si pueden contribuir a que te sientas mejor. No utilices el típico diario a menos que estés segura de que lo respetarán y no cotillearán en su interior. Encuentra un buen lugar en el que guardar tus apuntes. La forma más sencilla es poniéndolo entre cosas parecidas. De modo que, si estás usando un cuaderno, ponlo junto a otros del mismo estilo. Uno de los sitios menos recomendables es el ordenador, sobre todo si no eres su única dueña. En caso de que no te satisfaga ninguna de estas opciones, escribe las listas y luego tíralas. Ponerlas por escrito te ayudará a recordarlas. ¡De ahí lo de pasar apuntes cuando estás estudiando! En realidad, es casi una manera de hacer magia.

Al mismo tiempo que empiezas a descubrir quién eres, fíjate también en qué elementos de la Divinidad están a tu alrededor. Dedica tiempo a contemplar la chispa de la vida en el mundo. Si tienes mascotas, te será de gran ayuda observar cómo se comportan. Como tienen pocas reglas sociales, siguen sus propios instintos y, por lo tanto, actúan como son en realidad. Los gatos son el mejor ejemplo. En mi casa tenemos dos gatos adultos y una gatita. A ésta le apetece jugar cuando su madre no quiere y ella es muy explícita a la hora de hacérselo entender. El papá gato suele mediar a favor de su hija, aunque es evidente que la situación no le importa demasiado. Por esto sabemos que los gatos tienen algo parecido a un «sentido del deber» pero que son igualmente conscientes de lo que prefieren hacer. Así, cuando nosotros hacemos «lo correcto», no siempre es lo que nos gustaría y, por lo tanto, deberíamos tener muy en cuenta cuáles son nuestros verdaderos sentimientos. Aprenderás mucho del mundo natural si lo observas, y si no puedes interactuar con él directamente, te irá bien ver los documentales.

El conocimiento que reúnes acerca de ti misma también te puede servir para comprender a los demás. Para una bruja es fundamental saber la diferencia entre lo que las personas dicen y lo que sienten en realidad. Esto no es sencillo porque la mayoría se dedica a ocultar lo que piensa y siente de verdad. Aunque conocerás razonablemente bien a aquellos que estén muy cerca de ti o a los que conozcas de caso toda tu vida, casi nunca sabrás qué secretos esconden. Los ancianos, por ejemplo, te dirán una cosa a la cara y otra completamente distinta cuando te hayas dado la vuelta. Y no es porque tengan dos caras, sino por lo que les enseñaron en su juventud. En los «programas del corazón» en televisión se exageran los sentimientos y se discute abiertamente acerca de ellos. Para que el espectador pueda apreciar todos los detalles de la historia, vemos esas emociones con una claridad ajena al mundo real. Te puede merecer la pena ver uno de estos programas para reflexionar sobre cómo reaccionaría una persona normal en una situación parecida o lo que tú sentirías y harías en circunstancias similares a las suyas.

Conocerse y comprenderse puede parecerte que tiene poca relación con las deidades, pero, como ya te he dicho, la Divinidad es la chispa de la vida que puedes encontrar en todos los seres vivos. Es más: el Espíritu, que como ya sabes es el quinto elemento, está dentro y fuera al mismo tiempo. Debes entenderlo y mantenerlo equilibrado para que funcione correctamente. Los ejercicios que te planteo son sólo los primeros pasos que darás para conocerte, porque éste es un proceso que te llevará toda una vida.

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