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1.4. Procesos emocionales ante la muerte y el morir

1.4.1. Autoeficacia y Competencia Percibida

Antes de pasar a definir y desarrollar estos conceptos, es importante señalar que es reducido el número de trabajos que analizan el posible papel que algunos factores cognitivos pueden tener en la vivencia de la ansiedad ante la muerte. Así, por ejemplo, Tomer y Eliason (1996), han propuesto un modelo de ansiedad ante la muerte en el que las creencias personales sobre uno mismo (autoconcepto y autoestima) o sobre el mundo que nos rodea, junto con el significado de la muerte, son factores determinantes de la misma. Fortner y Neimeyer (1999), han observado que las personas que reportan baja autoimagen expresan elevados niveles de ansiedad ante la muerte. Por otra parte, Patton y Freitag (1977), observan en jóvenes estudiantes que los que presentan un locus de control externo, manifiestan mayores niveles de ansiedad ante la muerte; y Hayslip y Stewart (1987), en concordancia con el estudio anterior, señalan que el miedo a la muerte o al proceso de morir está relacionado con bajos niveles de internalidad sobre la salud general. Recientemente, Tang, Wu y Yan (2002), ha analizado además del locus de control de salud, las expectativas de autoeficacia en estudiantes universitarios chinos, observando que bajos niveles de estas variables correlacionan positivamente con altos niveles de ansiedad ante la muerte.

A partir de un análisis detallado de los estudios mencionados anteriormente, se desprende que el locus control y las expectativas de Autoeficacia, podrían ser algunos de los moduladores personales responsables de la adaptación a las situaciones de ansiedad y estrés. En este sentido, algunas investigaciones recientes también enfatizan en el papel de la Competencia Personal Percibida (o competencia personal CP), como un elemento implicado en la actuación de las personas ante situaciones de estrés. A continuación se van a definir y

justificar la introducción de estos dos procesos cognitivos (la Autoeficacia y la Competencia Percibida), en la presente investigación.

El concepto de Autoeficacia es una creencia sobre la propia capacidad para llevar a término una determinada tarea. Es un constructo cognitivo que pone en contraste los recursos personales con los requerimientos de la conducta instrumental a desarrollar. Un elemento importante de este concepto es su alta especificidad situacional, es decir, su dependencia respecto del contexto o las condiciones bajo las que se debe desarrollar la conducta.

En lo referente al concepto de Competencia Percibida, señalar que es un constructo más general que la Autoeficacia, puesto que se refiere a la creencia acerca del control que un sujeto dispone, a través de su propio comportamiento, sobre el entorno. La Competencia Percibida se diferencia de la Autoeficacia en tres aspectos muy importantes:

- Es transituacional, es decir, no evalúa el control percibido en un entorno concreto. - Es transconductual, en la medida en que no define cuáles son las acciones específicas que el sujeto ejerce sobre el medio.

- Es un reflejo global de dos elementos distintos, que se yuxtaponen: el control global que el sujeto cree que es capaz de ejercer sobre el conjunto de sus propias conductas; y el control que el individuo cree que sus conductas ejercen sobre los estímulos del entorno (Sanz, 1997).

Por otro lado, parece ser que cuando el contexto o las condiciones a las que se enfrenta el individuo, son precisas y están claramente definidas las contingencias entre las conductas y sus efectos, la Autoeficacia jugará un papel determinante en el proceso generativo de la conducta. Pero cuando la situación es ambigua, la Competencia Percibida es la que tendrá un papel decisivo. Es en esta situación ambigua donde la Autoeficacia es poco determinante, y tendrá un pequeño poder predictivo sobre el éxito comportamental y los resultados derivados del mismo (Sanz, 1997). No obstante, para Bandura (1982), la CP sin Autoeficacia difícilmente producirá resultados saludables, y, en cualquier caso, aunque probablemente la CP es necesaria, no es suficiente para producir un cambio conductual. Así pues, la Autoeficacia lleva implícito el control sobre la ejecución de la conducta, pero no sobre sus consecuencias, mientras que la CP se refiere al control de estímulos consecuentes, pero no al control que ejerce el individuo sobre la ejecución conductual.

Esta necesidad de unificar Competencia Percibida y Autoeficacia, la encontramos en el constructo de Competencia Personal propuesto por Wallston (1992), que se define como la creencia individual y generalizada de que uno mismo es capaz de salir airoso de las situaciones estresantes a las que se ve sometido. La CP combina expectativas de competencia (la persona se siente, en general, capaz de emitir secuencias de actos complejos), y de contingencia (la persona cree que tales conductas le permiten controlar la vida), de manera que ocupa, en el contexto de las variables disposicionales, el papel de las expectativas de eficacia y de resultados en el de las variables personales específicas. (Blasco et al. 1999; Fernández-Castro et al., 1998; Skinner, 1996). En otras palabras, si uno cree que puede llevar a cabo la conducta, y que esta acción realmente conducirá a unas consecuencias determinadas, la probabilidad de emitir la conducta aumentará. Al parecer, la CP podría ser mejor predictor del comportamiento que el locus de control, ya que una elevada CP implica un locus de control interno, mientras que un locus de control interno no significa necesariamente que el sujeto crea estar controlando exitosamente su vida (Blasco et al., 1999).

Para Fernández-Castro et al. (1998), el constructo de Competencia Personal propuesto por Wallston, puede ser un concepto especialmente útil para comprender mejor por qué unas personas se ajustan bien a situaciones estresantes minimizando su impacto sobre la salud, mientras que otras no. En esta línea, Limonero et al. (2003), en un estudio sobre la influencia de la Inteligencia Emocional y la Competencia Percibida en la ansiedad ante la muerte en estudiantes de Psicología, corrobora la sugerencia anterior. Es decir, los alumnos con un nivel alto de Competencia Percibida, presentaban menos ansiedad ante la muerte que los alumnos con puntuaciones bajas en este concepto.

Como señala Neimeyer (1997), aunque es cierto que los humanos tememos a la muerte, no está claro de que sirve entender dicho miedo a la hora de afrontar la realidad de nuestra condición existencial. Es decir, quizás sería mejor preparar a las personas a afrontar la muerte en lugar de averiguar el nivel de ansiedad y miedo que genera la muerte. Esta preparación se hace más patente cuando nos referimos a la capacidad de afrontamiento que pueden presentar los sujetos que trabajan con enfermos al final de su vida. En este contexto, la Competencia Personal y la Autoeficacia, pueden ser estrategias válidas para afrontar la muerte y ayudar a los profesionales a desarrollar estrategias de intervención más efectivas.

En este sentido, Bugen (1980-1981) y Robbins (1992), estudiaron respectivamente, la importancia de la Competencia Percibida ante la muerte y de la Autoeficacia frente a la

muerte relacionada con los hospice, en los cursos de educación sobre la muerte que imparten a profesionales que atienden a enfermos terminales. A través de estos cursos, intentan demostrar que el afrontamiento es una consecuencia deseable tras una experiencia en educación sobre la muerte.

En nuestra investigación se ha utilizado la Escala de Competencia Frente a la Muerte de Bugen y la Escala de Autoeficacia Frente a la Muerte de Robbins y la Escala de Competencia Personal de Wallston. Como se verá en el análisis de los resultados, estos constructos cognitivos tienen una relación directa con el afrontamiento de la muerte. Es decir, la capacidad de afrontar la muerte en el futuro profesional de Enfermería, vendrá determinada, entre otros factores, por el nivel de Competencia Personal y de Autoeficacia que se necesita para trabajar con enfermos al final de su vida.

Limonero (2003), remarca que junto a la Competencia Personal Percibida y la Autoeficacia, existen otros dos elementos personales que pueden ayudar a afrontar la ansiedad y el estrés que genera el trabajar con enfermos al final de su vida. Un elemento es la experiencia previa que está relacionada con los aprendizajes previos ante las mismas situaciones de estrés. Las reacciones de estrés son menores si el sujeto ha tenido una experiencia previa similar. Y el otro, son los rasgos de personalidad. Por ejemplo, las personas muy optimistas tienden a ver los aspectos positivos de los sucesos o momentos negativos, haciendo que el impacto de lo negativo sea inferior o más controlado.

Veamos a continuación otro concepto que puede incidir en la capacidad de afrontamiento de la muerte en los profesionales de Enfermería a la hora de atender a enfermos en el proceso de morir, como es la Inteligencia Emocional.

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