Un conjunto de artículos producidos a principios del nuevo milenio (Diamond, 2004; Le- vitzky y Way, 2004; Schedler, 2004), considera que hay regímenes políticos nacionalesen donde se realizan frecuentemente elecciones y, sin embargo, ellas no alcanzan a delinear un régimen democrático, liberal y representativo. Las elecciones pueden llevarse a cabo en un proceso aparentemente competitivo. Incluso en un sistema de doble conteo o ante la pre- sencia de veedores internacionales pueden ser manipuladas o fraudulentas. Tampoco consi- deran que se pueda hablar de democracia ante la presencia de múltiples partidos políticos en el espacio público, ya que estos o sus candidatos pueden sufrir múltiples trabas o abusos para la libre competencia. De esta manera, subrayan que puede haber elecciones y compe- tencia partidaria sin democracia. Esto quiere decir que puede haber regímenes electorales au- toritariosdistintos a los regímenes electorales democráticos (Diamond, 2004), autoritarismos competitivos(Levitsky y Way, 2004), autoritarismos electoralesen vez de democracias electo- rales (Schedler, 2004). Por lo que queda desafiado el núcleo schumpetteriano de la demo- cracia como un método político, que ha acompañado su revitalización desde la post Segunda Guerra Mundial.
Recusan, además, una idea fundamental de las teorizaciones de la transición que imagi- naban dirección para el cambio político desde los gobiernos autoritarios hacia la democracia. Aunque la literatura sobre las transiciones reconocía la incertidumbre de los procesos, carac- terizaba instancias dentro de un régimen que mudaba hacia otro. Se señalaba que la recupe- ración de derechos individuales por lo general precedía a las garantías colectivas. La liberalizaciónera un proceso de redefinición y ampliación de derechos que protegían la vida individual y colectiva frente a actos ilegales y arbitrarios cometido por el Estado o por terceros. Seguidamente, la democratizaciónentrañaba unos procedimientos mínimos que no agotaban la democracia política, pero eran elementos necesarios: voto secreto, sufragio universal de la mayor cantidad de adultos, realización periódica de elecciones, libre competencia entre par- tidos políticos, libertad organizativa, rendición de cuentas del Poder Ejecutivo (O’Donnell, Schmitter, Whitehead, 1988/9). Estos nuevos trabajos, observan que los regímenes que han
transitado desde el autoritarismo a la democracia no han tenido “una” dirección de cambio político. La decadencia a gran escala de los autoritarismos ha legado unos regímenes políticos que no son claramente democráticos, ni convencionalmente autoritarios (militares o hege- mónicos), y que por lo general combinan ambos elementos. Por lo que son formas políticas híbridas (Karl, 1991), autoritarismos electoraleso competitivos(Diamond, 2004; Levitsky y Way, 2004; Schedler, 2004). Suelen ser animosos con las elecciones, pero parcialmente libres –como los llama Freedom House– o iliberales. Pueden tener problemas con las libertades ci- viles, el imperio de la ley y con el proceso electoral no cumpliendo con la “cadena de la elec- ción democrática” (Schedler, 2004). Por lo que las antiguas consideraciones sobre la liberalización y la democratización no estarían aseguradas por estos regímenes políticos híbridos (Diamond, 2004). La calificación de hibridez hace surgir una cantidad de términos com- puestos que pertenecen a una misma red conceptual que, nacida con la intención de nombrar esa mixtura (Levitsky y Way, 2004), amplían la gama de adjetivos calificativos: semi o pseudo democracia, democracia virtual, democracia electoral, democracia iliberal, democracia par- cialmente libre, semi-autoritarismo, autoritarismo blando, autoritarismo electoral, autorita- rismo competitivo, son términos que describen a partir de los atributos que poseen o de los que carecen las democracias que no se agotan en las elecciones y que son iliberales, o los au- toritarismos que sin ser cerrados poseen algún atributo democrático.
Por lo que este conjunto de trabajos no ofrece una teorización sobre el cambio político. Schedler construye una cadena de la elección democrática, que permite observar las variaciones que pueden ocurrir dentro de un régimen político (según qué premisa normativa se esté in- cumpliendo, qué norma democrática se esté violando y con cuál estrategia). Aunque su autor aclara que ni siquiera en las democracias avanzadas se cumplen perfectamente los pasos (es- labones dentro de la cadena), ella establece una diferencia entre el autoritarismo electoralpen- sado por el autor y las otras propuestas. Pareciera que en estos trabajos los conceptos elecciones sin democracia, autoritarismo competitivo, autoritarismo electoral, son orientativos y des- criptivos de realidades complejas dentro de regímenes políticos. Es por ello que los casos em- píricos bajo estudio se amplían y se ubican en distintas geografías, países, y determinados momentos de gobiernos en diferentes continentes: África, Asia, Eurasia postcomunista, Amé-
rica Latina. Al ser un concepto amplio, las tipologías clasificatorias se tornan laxas. Motivo por el cual un país puede moverse de clasificación típica. Por ejemplo, Venezuela puede ser híbrido o autoritarismo electoral; aunque Rusia y el México anterior a las más recientes elec- ciones nacionales persisten en la última clasificación.
Por lo que los términos autoritarismo electoral o competitivo, y toda la gama de adje- tivos calificativos mencionados, no le adicionan especificidad conceptual al vocabulario de la política comparada. Su novedad radica en mostrar que los gobiernos surgidos de la vo- luntad popular a través de elecciones pueden jugar varios juegos simultáneos haciendo co- existir instituciones y/o reglas democráticas, manipulables por actores hábiles. El autoritarismo es aquello quepervive y convive con lademocraciapor lo que reaparece la aso- ciación de ambos conceptos. Asimismo, todos se proponen des-identificar democracia y elecciones, pero terminan estrechándolas. Incluso, la mirada sobre la democracia o sobre las posibilidades de desafiar el autoritarismo están casi exclusivamente posadas en la arena de competencia, y en la relación gobierno/oposición. A pesar del paso del tiempo, no hay resignificación de la categoría régimen político, o una dimensión analítica que trascienda la expresión representativa que tienen las reglas de juego en relación a la selección de go- bernantes. Schedler es el único que menciona la importancia de la ciudadanía en los pro- cesos de variación de regímenes políticos, no tanto por el complejo y cambiante lazo contemporáneo que une a gobernados y gobernantes, sino por ser árbitros decisivos, como los militares o la comunidad internacional.