II. AUTO-ORGANIZACIÓN DEL SER VIVIENTE: UNIDUALIDAD GENO-
4. EL AUTOS Y LA SUPERACIÓN DEL GENETISMO Y DEL AMBIENTALISMO
Nos recuerda Morin cómo “sobre las ruinas de un imperio del Medio que creía explicarlo todo por los determinismos o influencias exteriores se despliega un omnipotente imperio de los Genes” (1980: 132). De este modo cada vez parecería más defendible que todo esté, si no determinado, sí al menos condicionado por los genes, y no sólo en relación a la biología celular, sino a todo ser viviente incluido homo. En concreto, los caracteres anatómicos del individuo, así como también sus aptitudes psíquicas para gozar, sufrir, reír, amar... estarían dependiendo de la singularidad genética del mismo individuo.
En el paradigma moriniano toda nueva idea, elucidante y esclarecedora de suyo, se vuelve mutilante cuando se hace simplificadora y reductora. Esto ocurre, según nuestro autor, con el gen al ser éste aislado, hipostasiado, reificado, fetichizado : “Elucidante en la genética, se vuelve mutilante en el genetismo” (ibíd.). El genetismo como ideología mutiladora/simplificadora fetichiza el “capital genético” y niega así las otras dimensiones de la auto-organización (parecidamente -según la sugestiva analogía moriniana- a como “la fetichización del capital económico impide que adquieran forma las otras dimensiones de la vida social” -1980: 133-). El gen de este modo aparece como la entidad explicativa, y ello debido -como atinadamente explica Morin- a que “asocia en sí la doble virtud físico-química e informacional” (1980: 132). Doble fundamento y doble determinismo : físico-químico el uno e informacional- cibernético el otro. El gen “blindado en su torre de marfil desoxirribonucleico” (ibíd.) resulta ser quien señorialmente determina, rige y ordena de un modo invariante y causal, de tal manera que la individualidad efímera “no es más que un producto programado
cuenta con el desorden/ruido, que no queda absorbido/anulado (la “Razón” no gana siempre; no todo lo real es racional, sino que más bien han de coexistir razón, ambigüedad, etc.).
cuya única finalidad concebible es asegurar la conservación y la reproducción óptima del gen” (ibíd.): soberanía absoluta de genos sobre fenon.
En consecuencia, el genetismo ignora/desprecia el ser y la existencia
individual, efímera y mortal, lo que le lleva a reificar la información/programa, de
modo que el gen se hace soberano y deja de ser un constituyente (de la auto- organización). Sin embargo, la noción de información-programa es algo vacío fuera del proceso organizador que, como hemos ya visto, precisa de la auto-(geno-feno)- organización. Morin señala muy bien en contra de la soberanía del gen que “todo el orden de la vida se juega en, por y quizá para lo efímero” (1980: 133)46. Es decir, que el
gen “no resuelve el misterio de la auto-organización, lo plantea en su complejidad” (1980: 134). El gen, que consiste en “una entidad molecular que constituye una inscripción informacional”, es necesario a toda organización, producción y reproducción viviente, pero no es suficiente. Las inscripciones genéticas son indispensables para tener, por ejemplo, los ojos que tenemos, pero no explican la visión que con ellos tenemos.
Hay que excluir cualquier determinismo simple/hipostasiado de genos, pero también de fenon; ni siquiera se trata de un mitad-mitad, un cincuenta por ciento de
determinación para cada uno, que no dejaría de ser un modo simplificador de entender. La doble determinación sólo se puede concebir como “geno-feno-causalidad verdaderamente compleja” (1980: 135), en la que “estos dos tipos de determinación... a la vez que se oponen, se complementan, se combinan” (ibíd.). Es decir que la polémica innato versus adquirido o patrimonio genético versus experiencia fenoménica no es concebible ya en términos de disyunción simple. De hecho, y a modo de ejemplo, la regresión de los programas de comportamiento innatos, los llamados “instintos”, que adviene con la “ascensión individualizante” de los primates, va acompañada de una progresión de los dispositivos innatos para el aprendizaje o adquisición/elaboración de estrategias de comportamiento. Morin se refiere a Mehler (1979), el cual señala
46 Podemos recordar que en el paradigma de complejidad lo que no se concibe es priorizar, definir soberanías y vasallajes... Como más adelante veremos, decidir sobre los fines -si el orden/universal es para el individuo o viceversa, por ejemplo- conlleva una cierta apuesta intelectual; apostar no se reduce al campo preciso o estricto de la acción o de la ética, sino que es algo “que ningún pensamiento puede evitar hacer”, leemos en La Méthode III: La connaissance de la connaissance (1986: 224).
justamente que tanto más rica será la disponibilidad para aprender cuanto más rico sea el aparato innato que lo permite (cfr. ibíd.).
De forma muy oportuna y exacta se refiere Morin a la manipulación genética para justificar, en el caso del hombre, la relación compleja entre genos y fenon, en particular la nueva recursividad que se da en dicha relación, la cual muestra experimentalmente la no omnipotencia de los genes. Efectivamente, “es la primera
vez47 en la historia de la vida que un ser fenoménico adquiere conocimiento, posesión,
control del gen y lo manipula para sus propios fines” (1980: 138). Y no se trata de “una
pura y simple inversión de causalidad” (ibíd.) que supondría a su vez caer en la reducción y en la simplificación, sino de “un enriquecimiento complejizador de causalidad” (ibíd.).
Resaltamos finalmente que genetismo y ambientalismo no sólo tienden a excluirse uno a otro, sino que tanto uno como otro niegan la autonomía fenoménica del individuo. Expresamente subraya nuestro autor que la lógica simplificadora aplasta al
autos, proceda ella del “imperio del Medio” o del “imperio de los Genes”. Lo cual
no equivale a defender una auto-causalidad ex nihilo:
el ser individual constituye una emergencia global que retroactúa sobre las determinaciones de su formación y las determina a su vez (1980: 140).
Se trata de no escapar a la complejidad y a la paradoja que supone defender a la vez la dependencia y la autonomía e incluso ésta en/por aquélla; en concreto, concebir que la autonomía viviente, en cuanto autos, necesita de la doble dependencia de genos y de
fenon. La siguiente cita, algo extensa, creo que no deja dudas a este respecto:
Es el cierre de genos lo que, al echarle el cerrojo a la entrada de la experiencia individual en el patrimonio hereditario, impide la invasión de los determinismos y alea exteriores y asegura la autonomía del ser respecto del entorno. A la inversa, es la apertura de fenon al entorno lo que permite al individuo, sobre todo si dispone de un aparato neurocerebral, constituirse una experiencia propia. Es este aparato neurocerebral cerrado/abierto el que utiliza los determinismos y alea exteriores para sus estrategias. Así geno-dependencia y eco-dependencia
nutren la producción y el desarrollo de la autonomía del ser individual, sin que éste deje de depender de ellas (ibíd.).
47 Es verdad que el virus que se “hospeda” en una célula de alguna manera controla y manipula a los genes de ésta, pero ni cabe concebir al virus como un ser propiamente ni afirmar que tenga un verdadero conocimiento del gen.