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LA AXIOLOGÍA DE LA CIENCIA Y EL CONTEXTO DE EVALUACIÓN

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IV El pluralismoaxiológico

IV. I EL PLURALISMO DE LAS CIENCIAS Y DE SUS MÉTODOS

IV.6. LA AXIOLOGÍA DE LA CIENCIA Y EL CONTEXTO DE EVALUACIÓN

Una última consideración sobre el contexto de evaluación. Hasta ahora hemos visto sus interrelaciones con los otros tres contextos. Sin embargo, el contexto de evaluación tiene su propia entidad, particularmente rele- vante por lo que respecta a la filosofía de la ciencia, ya que ésta ha de estar inmersa, parcial o totalmente, en el contexto de valoración de la actividad científica.

Los epistemólogos de inspiración empirista y neopositivista defendieron una filosofía de la ciencia que debía reducirse a pura epistemología y cuyo ámbito de trabajo era el contexto de justificación. Desde ese punto de vista, sólo recurrían a criterios epistémicos para reflexionar sobre la cien- cia, analizando y reconstruyendo las teorías científicas. Reducir las teorías científicas a sistemas formales, a poder ser axiomatizados, para luego poder estudiar las propiedades metateóricas correspondientes, y en concreto las propiedades sintácticas y semánticas, fue la base de su programa. Desde estos planteamientos, el contexto de justificación era el ámbito propio de los filósofos de la ciencia, mientras que el contexto de descubrimiento les correspondía a otros profesionales y estudiosos de la ciencia: historiadores, sociólogos, psicólogos, etc. El programa fuerte en filosofía racionalista de la ciencia, como denominó Newton-Smith a las propuestas de Popper, Lakatos y Laudan1", amplió este panorama de estudios, afrontando los pro-

blemas clásicos de la filosofía de la ciencia (cientificidad, demarcación, racionalidad, realismo, etc.) desde una concepción teleológica de la filosofía

de la ciencia, como la denominó Resnik. Los objetivos y las finalidades de la actividad científica determinan la metodología de la ciencia, y en buena medida la epistemología.

A partir de Kuhn, y sin olvidar el amplio desarrollo que han tenido en los últimos años las diversas escuelas de sociología del conocimiento cien- tífico, la filosofía de la ciencia ha de afrontar la pluralidad axiológica de la ciencia, en la medida en que los valores constituyen una componente estructural de los paradigmas y rigen la actividad de los científicos. Ya no basta con una justificación puramente epistémica de las teorías científicas. La ciencia es una actividad transformadora del mundo, y por consiguiente hay que analizar los valores que gobiernan la práctica científica.

El contexto de evaluación deviene así el ámbito por excelencia para la filosofía de la ciencia. Partiendo de esta perspectiva, caben dos líneas bási- cas de trabajo:

1. Estudiar la axiología de la ciencia tal y como ésta se produce empíri- camente en la actividad de los científicos, y ello tanto a nivel individual como a nivel de grupo, a nivel institucional o a nivel social. Este trabajo debe de ser llevado a cabo en colaboración con los historiadores y los soció- logos de la ciencia, así como con los expertos en la incidencia de la tecno- logía sobre la sociedad. Desde el momento en que, como aquí hemos pro- puesto, se consideran las propiedades metateóricas como valores, se produce un giro radical en la orientación de la filosofía de la ciencia. Los momentos históricos claves, pero también la ciencia contemporánea, pueden ser ana- lizados desde una perspectiva muy distinta a la de la concepción heredada.

2. La filosofía de la ciencia, sin embargo, no tiene por qué reducirse a la tarea anterior. O lo que es lo mismo, la filosofía de la ciencia no tiene por qué ser sólo un saber de segundo nivel (metacientífico). En la medida en que la filosofía de la ciencia incluya una Axiología, además de una Metodología y una Epistemología de la Ciencia, la filosofía de la ciencia tiene un segundo ámbito de estudio que ya no depende de cómo haya sido o sea la ciencia, sino de cómo debería ser.

Pudiera parecer que con ello volvemos a la concepción normativa de la filosofía de la ciencia, y en parte es cierto. Sin embargo, hay un matiz importante a subrayar. La filosofía de la ciencia no ha de ser normativa res- pecto a los contenidos de la ciencia, ni tampoco respecto a la metodología. Es imprescindible aceptar y promover el pluralismo metodológico de la ciencia, en lugar de regresar a los programas unificacionistas. Sin embargo, la filosofía de la ciencia sí puede analizar y promover nuevos valores, tanto epistémicos como prácticos, que puedan ser innovaciones axiológicas para los propios científicos.

De hecho, éste ha sido el papel histórico de muchos filósofos en rela- ción a la actividad científica: baste recordar a Bacon, a Descartes, a Locke o a Kant, por no remontarnos hasta el propio Aristóteles, quien generó una duradera Axiología de la Ciencia, que ha perdurado durante siglos. En la medida en que los filósofos de la ciencia, tras llevar a cabo minuciosos estu- dios empíricos sobre los valores vigentes en la actividad científica, sean capaces de analizar, recomponer y mejorar los sistemas de valores de los científicos en sus diversos contextos, la filosofía de la ciencia puede ser una actividad de primer orden en su relación con la ciencia, y no sólo una acti- vidad metacientífica. Cuando se pide la presencia de filósofos para evaluar tecnologías o para estudiar las consecuencias que determinadas innovacio- nes científicas pueden tener sobre la sociedad, no se busca una filosofía de la ciencia lastrada por el prurito cientifista, sino una que afirme resuelta- mente su voluntad transformadora del mundo desde su conocimiento de las diversas formas de saber que caracterizan a los seres humanos, y entre ellas el saber científico.

La filosofía de la ciencia no puede seguir reduciéndose a una epistemo- logía, ni debe de seguir ocupándose únicamente de los valores epistémicos. En la medida en que sepa vincular los valores propios de la actividad cien- tífica con los que rigen la actividad económica, política, artística o religio- sa, por mencionar sólo unas cuantas de las prácticas sociales de mayor influencia, la filosofía de la ciencia estará contribuyendo a vincular estre- chamente la cultura científica con otras formas de cultura humana. El pro- grama demarcacionista que trató de separar a los filósofos de los restantes gremios que se ocupan en estudiar la ciencia, así como de los científicos y tecnólogos, es un programa que debe pasar a la historia de la filosofía de la ciencia.

V

El conocimiento

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