GOBERNANZA ENERGÉTICA GLOBAL Y CRISIS AMBIENTAL
S ISTEMA T IERRA
3.3. B ARRERAS PLANETARIAS : L OS LÍMITES DEL PLANETA
Nuestro planeta, el único del que se tiene certeza que es capaz de soportar la sociedad humana, se encuentra desestabilizado. Los humanos hemos rebasado los límites fundamentales para mantener el funcionamiento del Sistema Tierra169, y por su puesto
al ser humano como parte del mismo. De acuerdo con la propuesta de Rockström et al.
166 Fridolin Krausmann et al., «Growth in Global Materials Use, GDP and Population during the 20th
Century», ECOLEC Ecological Economics 68, n.o 10 (2009), p. 2696, disponible en:
http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0921800909002158. 167 Vid. Weisz H. y Steinberger J.K., «Reducing Energy and Material Flows in Cities», Curr. Opin. Environ. Sustainability Current Opinion in Environmental Sustainability 2, n.o 3 (2010), p. 185. 168 Fischer‐Kowalski y Haberl, «Social Metabolism: A Metric for Biophysical Growth and Degrowth», op.cit., p.128. 169 El Sistema Tierra comprende la atmósfera, océanos, tierra, criósfera y biósfera. Vid. Alan O’Neill and
Lois Steenman‐Clark, “The Computational Challenges of Earth‐System Science,” Philosophical Transactions: Mathematical, Physical & Engineering Sciences 360, no. 1795 (2002): 1267–1275.
170, existen nueve “barreras planetarias”171 que son las que permiten que la humanidad
siga “operando” de manera segura o sin riesgos, para dichas barreras se formulan una serie de variables de control que superadas podrían suponer una catástrofe para el sistema planetario. De acuerdo con esta aportación científica, en 2009 se habían rebasado tres172 de las nueve barreras propuestas, aunque ya se decía que al ser todas
las barreras interdependientes entre sí, la alteración de una de ellas podía suponer alguna variación en las demás. Una investigación más reciente (2015) demuestra que los valores alcanzados en tres de las barreras planetarias173 ‐entre ellas el cambio climático‐ durante los primeros análisis (2009), no han mostrado cambio alguno, además como resultado de dicha investigación Steffen et al., concluyeron que actualmente son cuatro174 las barreras planetarias que han sido superadas por las perturbaciones antropogénicas, de entre ellas además del cambio climático, la pérdida de bosques. 175
Cómo ya se ha mencionado en repetidas ocasiones, la economía mundial se basa principalmente en la explotación de fuentes fósiles para la obtención de energía necesaria para mantenerse y avanzar, así pues, resulta pertinente preguntarse si es posible continuar con este modelo de crecimiento, en el entendimiento de que existen límites biofísicos del planeta. El “desarrollo sostenible” es la respuesta que han dado algunos para responder este cuestionamiento. Jeffrey Sachs176 defiende que es posible
armonizar el crecimiento (en el sentido de una mejora material a lo largo del tiempo)
170 Johan Rockström et al., “Planetary Boundaries: Exploring the Safe Operating Space for Humanity,”
Ecology and Society 14(2):32 (2009), disponible en: http://www.ecologyandsociety.org/vol14/iss2/art32/.
171 (1)Cambio climático, (2)agotamiento del ozono estratosférico, (3)uso del suelo, (4)uso de agua dulce,
(5)diversidad biológica, (6)acidificación de los océanos, (7)exceso de nitrógeno en la biósfera y los océanos, (8)carga de aerosoles, y (9)contaminación química.
172 (1) Cambio climático, (2)pérdida de biodiversidad, y (3)cambios en los ciclos globales del nitrógeno. 173 (1)Cambio climático, (2)agotamiento del ozono estratosférico, y (3)acidificación de los océanos. 174 (1)Cambio climático, (2)integridad de la biósfera, (3)exceso de vertido de nitrógeno en los ríos y
océanos, y (4)cambios en el sistema tierra derivados por la pérdida de bosques.
175 Steffen et al., «Planetary Boundaries: Guiding Human Development on a Changing Planet», op.cit.,
p.736.
176 Jeffrey D. Sachs y Ramón Vilà (Traducción), La era del desarrollo sostenible (Barcelona, España: Deusto,
con la sostenibilidad ambiental si se da una respuesta seria y científica a las amenazas medioambientales, y que sólo mediante un cambio de actitud encaminada a respetar estos límites es que se podrá cumplir con los objetivos de erradicación de la pobreza, elevar los niveles de vida, garantizar la inclusión social, y proteger el medio ambiente tanto para las generaciones presentes como para las futuras.
Sobre la viabilidad o no del desarrollo sostenible, existen posiciones pesimistas que sostienen que los estragos hechos al planeta no tienen marcha atrás y que el futuro que nos espera es realmente oscuro177. Por otra parte, como todo gran cambio, se empieza con la aceptación del problema, tal como ha sucedido por ejemplo con los movimientos por el reconocimiento de los derechos civiles de las mujeres. Si apelamos a un símil, es de reconocerse el esfuerzo político internacional (si bien, probablemente no suficiente) de admitir los límites planetarios e intentar hacer frente a la crisis ambiental. Algo tan elemental, como lo es el establecimiento de la noción de los límites biofísicos para la expansión económica, había estado fuera de las preocupaciones de la economía tradicional hasta la fundación de la International Society for Ecological Economics en 1989. Como destacan Martinez‐Alier y Muradian178 las aportaciones de la economía
ecológica son fundamentales en la tarea de pensar un nuevo sistema de gobernanza energética, y el derecho de la energía quizás sea la rama del derecho que más debe tener en cuenta la noción de límites biofísicos del planeta, en razón de los impactos relacionados a su actividad.
La decisión por la adopción o no de una política energética debería considerar los diversos avances a la teoría de la economía ecológica. Además del reconocimiento de los limites planetarios, nuevos conceptos como el de pago por servicios ecosistémicos, podrían contribuir en la traducción de demandas socioambientales a términos de economía política.
177 Vid. Jane. Jacobs, Dark Age Ahead (Toronto, Candá: Vintage Books, 2004); Martin J Rees y Joan Lluís
Riera Rey, Nuestra hora final: ¿será el siglo XXI el último de la humanidad? (Barcelona: Crítica, 2004).
178 Joan Martínez‐Alier y Roldan Muradian, «Looking forward: current concerns and the future of
ecological economics» (Cheltenham, UK: «Edward Elgar Publishing, Inc.», 2015), p. 473, disponible en: https://doi.org/10.4337/9781783471416.00023.
La economía ecológica invierte el orden de la evaluación económica, al afirmar que el estudio del mercado y de sus condiciones de funcionamiento debe ser realizado después del estudio de la ecología y de las instituciones sociales, porque esas esferas preceden y condicionan la esfera económica. En este sentido, se puede afirmar, tal como hace José Martinez‐Alier, que las externalidades preceden a las interinidades.179 La economía pasa a ser considerada, a partir de una analogía con la termodinámica, un sistema abierto que recibe influjos (energía y materiales) del exterior. Por esta razón, se puede decir que los límites planetarios afectan la actividad económica. Si la economía es un sistema abierto que está dentro del sistema mayor de la biosfera, y si crece a un ritmo más acelerado que la capacidad de resiliencia del ambiente para procesar los materiales expulsados del sistema bajo la forma de residuos, se termina por colapsar el flujo de materiales, y el crecimiento (que parecía artificial e ilimitado), encuentra sus límites biofísicos en la estructura limitada del planeta.
La economía ecológica permite también incorporar valores sutiles que no pueden ser convertidos en valor económico. Para la teoría económica clásica, todos los bienes pueden ser convertidos en valor económico, la teoría del consumo de la economía ecológica, sin embargo, por considerar un orden de valor en los bienes (orden de preferencias lexicográfico), excluye determinados de la posibilidad de conversión en moneda. Martínez‐Alier cita como ejemplo la sacralidad o la necesidad de agua para la vida humana.180 La inconmensurabilidad de los valores, una de las bases de la economía
ecológica, es un importante elemento de evaluación de las políticas energéticas, principalmente cuando los posibles afectados son diferentes culturas.
Otro recurso útil para ser considerado en la política energética es el denominado
demand‐side management181, que desplaza el foco de la política energética desde
nuevas fuentes de suministro hacia la búsqueda por alternativas de reducción de la
179 Joan Martínez‐Alier y Roldan Muradian, «Taking stock: the keystones of ecological economics»
(Cheltenham, UK: «Edward Elgar Publishing, Inc.», 2015), p. 2, disponible en: https://doi.org/10.4337/9781783471416.00005.
180 Ibídem, p.9.
181 Adrian J Bradbrook, «The Development of Renewable Energy Technologies and Energy Efficiency
Measures through Public International Law», en Beyond The Carbon Economy (Oxford: Oxford University Press, 2008), p.119.
demanda. Las políticas de eficiencia energética son un ejemplo de esta orientación política, cuyos principios generales están reconocidos explícitamente en el Protocolo del Tratado sobre la Carta de la Energía182. El objetivo en general de aplicación de estos recursos dentro de las políticas energéticas debería ser la eliminación de las externalidades, así como la garantía de respeto a los derechos intergeneracionales, o como bien resume Sachs, el “mantener el crecimiento dentro de los límites planetarios”183. Si hubiera éxito, el resultado asimilaría al
perseguido decoupling, del que obviamente distamos debido a la total dependencia de la economía global al uso de fuentes de energía no renovables.