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CAPITULO 3: Análisis del caso: la(s) juventud(es) según el municipio de Jesús María.

3. b.1.1 Conceptualizaciones, representaciones e imágenes respecto a la(s)

El ex intendente de Jesús María afirma que los jóvenes son personas que van en una franja etaria entre los 15 y 25 años. Dentro de este sector identifica tres grupos: los escolarizados (de 15 a 18 años), los que terminaron el secundario y estudian en la universidad o trabajan, y aquellos jóvenes que no estudian ni trabajan. En este sentido su clasificación general parte de entender el universo de jóvenes como aquellos, según sus palabras, “que están dentro del sistema (estudian y/o trabajan) y los que están fuera del sistema”.

Cuando indagamos respecto de cuáles son las características de la juventud jesusmariense y sus particularidades respecto a otras ciudades, él indica:

“los jóvenes de Jesús María son como los jóvenes de cualquier rincón del mundo (…) en este contexto social, político y económico que vive el mundo,…un sector absolutamente dinámico de la sociedad…con un sinnúmero de inquietudes y en un proceso de cuestionamiento de los estándares de vida que tenemos (…) la esencia del joven me parece que es la misma en todos lados, hay un vuelta, si se quiere, a la actitud rebelde que siempre tuvo la juventud (…) Esta esencia de rebelde de la juventud me parece que es inalterable en cualquier rincón del mundo” (Ent. 01).

Una de las primeras coordinadoras del programa nos decía, en igual sentido que el intendente: “…es una población que está totalmente abierta, que tiene muchísimas

iniciativas, y que demanda por parte de los adultos ser escuchados y que le demos un poco de elementos para poder efectuar esta creatividad (…) el potencial lo tenemos innato todos, la participación, la creatividad, la tienen todos los jóvenes, lo que hace la diferencia es la contextura urbana, todo lo demás, somos todos iguales (…) en un lado se puede potenciar un poco más que en otro, pero los valores y todo lo demás están instaurados ya socialmente” (Ent. 02).

El ex intendente Gatica asocia, además, la rebeldía juvenil con una mayor capacidad de interesarse por los problemas sociales, culturales y políticos de su sociedad, “con una mirada

amplia, fresca, sin tabúes, rompiendo moldes” (Ent. 01) sobre las mismas, siendo un contexto donde la juventud posee mayor protagonismo. Identifica al “movimiento juvenil” con las preocupaciones sobre sustentabilidad medioambiental, igualdad de género, la mejora en la calidad educativa y la lucha por los derechos en un sentido amplio.

Plantea que los jóvenes poco a poco se involucran en los problemas cotidianos de la realidad, sobre todo en los que los afectan directamente, y que es imposible encorsetar al joven con un tema, a diferencia de otras épocas donde los adultos pretendían que los jóvenes se preocuparan solamente por su esparcimiento.

Esta visión activa y participativa de las y los jóvenes, entendiéndolos con capacidad de acción e intervención en la dinámica de la realidad, junto al disparador central de madres con hijos/as

con problemas de adicciones que generó la preocupación del intendente y promovió la voluntad de que el Estado intervenga en la temática, permiten comprender en primera instancia cómo se delinearían las principales intervenciones estatales: en primer lugar la acción tutelar del Estado de contener y prevenir las situaciones de riesgo ante adicciones, y la de propiciar espacios en los que los y las jóvenes puedan desplegar su “mirada fresca”.

En la misma sintonía que el intendente, y reforzando la idea de que las y los jóvenes poseen una amplia vocación participativa, quien fuera coordinadora durante toda la primera etapa manifestaba que:

“Los temas centrales, como que ahora todo el mundo asocia la juventud al tema de la adicción, por parte de los adultos es eso, como que están vacíos de proyectos y bueno… lo único que hacen es tratar de divertirse con cosas banales, pero vos cuando estás del otro lado te pones en la piel del joven, te das cuentas que tienen un montón de ideas (...) lo que quieren es ser ciudadanos, quieren ser solidarios, quieren hacer cosas por los otros (…) desde una acción solidaria hasta una propuesta ciudadana” (Ent. 02).

Podemos relacionar estas definiciones con las que analizamos anteriormente en el capítulo del marco analítico para interpretar a la(s) juventud(es).

Afirmar que las y los jóvenes son iguales en todos lados, que poseen los mismos valores, una esencia universal–rebelde que es inalterable, es definir a La Juventud como una homogeneidad. Una entidad que en términos de Margulis (2001) es una definición de carácter “tradicional” y conservadora, estática y positivista, que define a las y los jóvenes como un momento en el desarrollo biológico-humano, que se identifica con lo etario: una etapa en la vida corporal que “debe” transcurrir para llegar a “ser” adulto y que le ocurre a todos los jóvenes en todas las sociedades del mundo. Este encorsetamiento impide comprender la multiplicidad, pluralidad, diversidad, flexibilidad y dinamismo del mundo juvenil (Quapper, 2001).

“El mito de la juventud homogénea consiste en identificar a todos los jóvenes con algunos de ellos (…) coinciden en presentar a toda la juventud como un conjunto monocromático de personas” (Braslavsky, 1986: 13).

Además, esta caracterización integra las cuatro versiones “adultocéntricas” y conservadoras que define Quapper (2001) respecto a lo juvenil y que ya expusiéramos en el Capítulo 2. Asimismo

se trata de valoraciones positivas de las personas jóvenes. En este sentido, otra de las coordinadoras durante el primer mandato afirma que los adultos:

“Ciudadanamente no los estamos teniendo en cuenta [a los jóvenes], pero es una población que quiere introducirse y crear espacios y muchos pretendemos que participen en la medida que nosotros diseñamos y no les estamos permitiendo a los jóvenes diseñar sus verdaderos canales de participación” (Ent. 02).

Finalmente puede agregarse que este deber ser impuesto desde el adulto hacia los jóvenes se relaciona con la categorización que realiza Braslavsky (1986) respecto a la juventud utilizando las metáforas de los colores, definiéndola como una Juventud Blanca, ya que “… ve en ella a los personajes maravillosos y puros que salvarían a la Humanidad de la entropía, que podrían hacer todo lo que no hicieron sus padres, incluso construir una Argentina democrática. Ellos serán los participantes, los éticos” (Braslavsky, 1986: 13).

Sin embargo se observa también cómo estas definiciones monolíticas positivas modificaran sus colores y se irán convirtiendo en visiones que “niegan y negativizan” a la Juventud (Chaves, 2005).

Una manifestación de las conceptualizaciones de carácter negativo respecto a la adolescencia se realiza en un documento de presentación de un proyecto de intervención en un barrio de sectores populares de la ciudad, diseñado por el equipo:

La adolescencia es un período evolutivo que lleva al individuo a redefinirse. Como etapa de crisis vital puede desorientar y sorprender por los cambios que se producen en lo físico, lo psíquico y lo social.

Este es un período que supone la elaboración de pérdidas y la decisión frente a cambios, como una oportunidad para crecer y mejorar.

Es la edad donde se establece la identidad, implicando lo personal, lo familiar y lo social; por lo que resulta imprescindible que el joven descubra sus capacidades y potencialidades; recuperando ámbitos sociales de desarrollo como matrices de identidad positiva:

- En la familia como sujeto-hijo,

- En su grupo de pares como compañero valorado,

- En la comunidad como poblador, trabajador arraigado en su realidad social y como ciudadano con derechos a la participación y al protagonismo (Documento institucional programa Jóvenes Ciudadanos, 2004:6).

Podemos observar cómo en las definiciones del joven como sujeto activo y rebelde se comienzan a incluir visiones de la juventud como un momento vital y con situaciones de crisis, con lo cual se vuelve fundamental el acompañamiento de otros actores sociales.

A continuación desarrollaremos cómo se define el acompañamiento que debe realizar el Estado respecto a la cuestión juvenil, profundizándose las conceptualizaciones de la juventud como etapa de carencias y de riesgo.