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B.3 Efecto crónico Variaciones a nivel sanguíneo.

Los estudios en sangre referidos al análisis del efecto crónico, como consecuencia de un entrenamiento más o menos largo, siguen presentando contradicciones en cuanto a las variaciones del perfil esteroideo.

En este punto conviene distinguir dentro del entrenamiento dos estados diferentes.

• Entrenamiento intenso y prolongado, se trabaja dentro de la zona óptima y respetando las recuperaciones.

• Sobreentrenamiento (overtraining syndrome), se ha definido pobremente la zona óptima de entrenamiento y se pasa el tope de dicha zona de forma sistemática, descendiendo el rendimiento (Mesas y Gutierrez,2001),

Las principales diferencias se dan en los estudios referidos al entrenamiento prolongado e intenso, sin haber llegado al sobreeentrenamiento.

El ejercicio físico exhaustivo puede conducir a reducciones significativas en los niveles de testosterona en plasma (Hakkinen 1989, Hakkinen y Pakkarinen, 1991), encontrándose disminuida la capacidad secretora del testículo durante el periodo de recuperación (Kujala y cols, 1990). También se observó que en un grupo de atletas que corrieron 1100 kilómetros en 20 días los niveles de testosterona en sangre descendieron (Schurmeyer y cols, 1984) y en otro grupo que corrió 400 km en 15 días también se observó un descenso de un 31% en los niveles plasmáticos de

testosterona y el ratio cortisol/testosterona se incrementó (Dressendorfer y Wade, 1991).

Tras un descenso en el volumen de entrenamiento en un programa de mejora de la resistencia (80% de lo normal) durante un periodo de dos semanas, se incrementó el volumen (200% del entrenamiento normal) durante un periodo de 11 días y se observó que los niveles de testosterona total y libre descendían y los de cortisol y LH no mostraron cambios significativos (Flynn y cols, 1997). En otro estudio se observa como los niveles plasmáticos de testosterona descienden y los de LH se incrementan, tras un periodo de 6 semanas de entrenamiento de la fuerza (Busso y cols, 1992).

Estos niveles plasmáticos de testosterona disminuidos también se han encontrado en maratonianos, levantadores de peso y luchadores (Wheelery cols, 1991, Strauss y cols 1985, Hackney y cols 1989)

Sin embargo, en otros estudios se ha comprobado que los niveles de testosterona no varían significativamente tras un periodo de entrenamiento ya sea de fuerza o de resistencia combinada con fuerza (Izquierdo M y cols, 2001, Hakkinen K y cols 2000, Brown G y cols, 2000).

Y por otro lado existen multitud de estudios que demuestran que los niveles plasmáticos de testosterona libre y total suben tras periodos de entrenamiento.

Así se observa en hombres y mujeres que prepararon una maratón durante 18-20 meses y en muestras sanguíneas se vio un aumento de los niveles de testosterona y cortisol (Keizer y cols 1989).

Estos mismos resultados, aunque con otros rangos, se dieron en un grupo de culturistas tras dos semanas intensas de entrenamiento (Fry y cols 1998). En un grupo de levantadores de peso que fueron supervisados durante dos años se observó como aumentaron sus niveles de testosterona, LH, FSH y T/SHBG (Hakkinen y cols, 1988).

En un entrenamiento de 10 semanas se observó en un grupo de atletas, como durante las primeras cinco semanas se elevaron los niveles de testosterona y cortisol, y en las cinco siguientes los niveles de testosterona cayeron en un 19%. (Mero y cols, 1997).

En otro estudio de 10 semanas, con jóvenes y personas mayores, se observó como los niveles de testosterona libre y total, de ambos grupos, se iban incrementando con el progreso del entrenamiento. En las personas mayores descendió el cortisol de forma significativa al final del periodo (Kraemer y cols,1990). En un estudio de ocho semanas con hombres y mujeres desentrenadas, y tras un entrenamiento general de fuerza se observó un incremento en los niveles de testosterona y un descenso en los de cortisol en ambos grupos (Kraemer y cols 1998).

Este incremento debido al entrenamiento intenso, en muchas ocasiones no va acompañado de un incremento en los niveles de LH (Harkonen y cols, 1990) y esto podría ser explicado por una disminución en la utilización muscular de la testosterona (Kraemer y cols, 1990).

Como hemos comprobado tampoco hay unanimidad respecto a las variaciones en las concentraciones de cortisol. Así unos dicen que se elevan los niveles tras un

periodo de entrenamiento (Mero y cols, 1997, Dressendorfer y Wade, 1991) y otros que disminuye (Fry y cols, 1998, Hedelin y cols 2000) o que no muestran cambios significativos (Flynn y cols, 1997). Otros estudios actuales (Lucía y cols, 2001; Viru y cols, 2001) ponen de manifiesto que el ejercicio intenso y prologado puede provocar una fatiga, un descenso y una disfunción en la actividad del eje pituitario- adrenocortical, con lo que todas las hormonas de origen suprarrenal podrían aparecer disminuidas.

Es en el sobreentrenamiento donde más unanimidad existe en cuanto a la variación de los perfiles esteroideos.

En este estado se han visto modificaciones en las concentraciones séricas de testosterona, cortisol y en la relación testosterona/cortisol, dicho radio indicaría el balance anabólico/catabólico (Hackney y cols,1990).. Se produce un descenso de esa ratio de hasta un 30% en deportistas que muestran signos de sobreentrenamiento (Marthurs y cols 1986, Johansson 1990)

Estos resultados se ven confirmados con estudios actuales en los que desciende significativamente la testosterona y sube el cortisol al entrar en una fase de sobreentrenamiento. Se ha comprobado en jugadores de balonmano, en militares especializados, en ciclistas profesionales y en remeros de élite (Gorostiaga y cols, 1999, Chicharro y cols, 1998, Hoogeveen y Zonderland, 1996, Vervoorn y cols, 1991)

La caída en la testosterona se puede explicar por el hecho de que sube el cortisol, como consecuencia del stress, y hay que saber que ambas hormonas competen por el mismo receptor muscular (Urhausen A y cols, 1995).

Dada las variaciones que existen entre unos estudios y otros, es preciso profundizar más en la respuesta hormonal tras el ejercicio para poder llevar a cabo una buena parametrización del entrenamiento y de las cargas de trabajo. Algunos autores plantean que los reguladores de las hormonas durante un periodo de ejercicio y durante un programa de entrenamiento no son los mismos, y por tanto no son conductas

habrá que tener en cuenta las diferencias individuales (Martin y cols, 2000; Uusitalo y cols, 1998).