Nótese el uso de la palabra «porque» (gar) que introduce este nuevo párrafo, pues sugiere que Pablo está ahora dando una segunda razón sobre la cual basar su encargo Se trata de otro evento futuro; no la venida de Cristo, sino los días venideros oscuros y difíciles. Aunque el apóstol parece estar anticipando que la situación va a deteriorarse, surge también con claridad de este párrafo y de lo que ha dicho anteriormente que tal período ya había comenzado para Timoteo, y es a la luz de esta escena contemporánea que imparte recomendaciones adicionales.
¿Cuáles son las características de este tiempo? Una de ellas es que la gente no sufrirá la verdad. Pablo lo expresa dos veces en forma negativa y positiva: «no sufrirán la sana doctrina, sino… se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias» (3); «apartarán de la verdad el oído, y se volverán a fábulas» (4). En otras palabras, no pueden soportar la verdad y rehusan escucharla. Todo tiene que ver con los oídos, que en el griego se mencionan dos veces. Sufren de una condición patológica peculiar llamada «comezón de oír», o según Ellicot: «una comezón por oír cosas nuevas». Arndt y Gingrich explican que es una expresión figurada para describir esa clase de curiosidad que «busca descubrir información de interés y jugosa». Además, continúan, «esta comezón es aliviada por los mensajes de los nuevos maestros». En efecto, lo que las personas hacen es taponar sus oídos hacia la verdad (comp. Hch. 7:57) y abrirlos a cualquier maestro que alivie su irritación, satisfaciéndolos con su enseñanza.
Nótese que lo que rechazan es la «sana doctrina» (3) o «la verdad» (4) y que prefieren «sus propias concupiscencias» (3) o «fábulas» (4). De esta manera reemplazan la revelación de Dios con sus fantasías. El criterio con que juzgan a los maestros no es, como debiera ser, la palabra de Dios, sino sus propios gustos subjetivos. Además, esto se agrava, pues no escuchan primero para luego decidir si lo que han oído es verdad, sino que primero deciden lo que quieren oír y luego seleccionan los maestros que les hablarán a su gusto.
¿Cómo debe reaccionar Timoteo ante esta circunstancia? Uno supondría que esta situación desesperada lo haría callar. Si los hombres no pueden tolerar la verdad y rehusan escucharla, seguramente la prudencia aconsejaría callar. Pero Pablo arriba a la conclusión opuesta. Por tercera vez utiliza los monosílabos su de, «pero tú» (5; comp. 3:10, 14). Repite su llamado a que Timoteo sea distinto, que no se deje llevar por las corrientes que prevalecen en su tiempo.
A continuación siguen cuatro instrucciones precisas que parecen haber sido preparadas en forma deliberada para encuadrar en la situación particular en que se encontraba Timoteo y a la clase de personas a quienes él debía ministrar.
1. Ya que las personas son inestables en mente y conducta, Timoteo debe ser especialmente «sobrio en todo». Literalmente, nefo significa «ser sobrio» y figuradamente, «estar libre de toda intoxicación mental y espiritual», por ende, ser «bien equilibrados, autocontrolados» (Arndt y Gingrich). Cuando hombres y mujeres se intoxican con herejías mentales y novedades fantasiosas, el ministro de Dios debe permanecer calmo y sano.
2. Aunque la gente no escuche la sana enseñanza, Timoteo debe persistir en enseñarla y en estar preparado para «soportar aflicciones», como resultado de la verdad que no está dispuesto a abandonar. Cada vez que la verdad bíblica se torna impopular, los siervos de Dios son tentados a mutilar aquellos elementos que causan ofensa.
3. Ya que las almas están en una ignorancia lamentable acerca del evangelio, Timoteo debe hacer «obra de evangelista». No aparece con claridad si esta referencia es a un ministerio específico, como se desprende de los otros dos pasajes del Nuevo Testamento donde la palabra es utilizada (Hch. 21:8; Ef. 4:11). La alternativa sería interpretarla como aplicable a cualquiera que predica el evangelio y testifica acerca de Cristo. En cualquiera de los casos, Pablo le está recomendando a Timoteo que la predicación del evangelio sea la obra de su vida. La buena noticia no sólo debe ser preservada de distorsiones, sino también difundida.
4. Aunque las personas abandonaran el ministerio de Timoteo a favor de otros maestros que satisfacían sus caprichos, Timoteo debía «cumplir su ministerio». El mismo verbo se utiliza cuando Pablo y Bernabé completaron su servicio de ayuda a la iglesia en Jerusalén. Lucas lo describe en Hechos 12:25 diciendo: «cumplido su servicio». De la misma manera Timoteo habría de perseverar hasta que su ministerio estuviera cumplido.
De este modo, las cuatro instrucciones, si bien diferentes en su detalle, contienen el mismo mensaje general. Aquellos días, en que era difícil obtener atención para escuchar el evangelio, no debían desanimar a Timoteo ni apartarlo de su ministerio o inducirlo a acomodar su mensaje para satisfacer a sus oyentes y, menos aún, silenciarlo, sino por el contrario debían alentarlo a predicar más y más. De igual manera tiene que ser con nosotros. Cuanto más duros sean los tiempos y más sordos los oídos, más clara y persuasiva deberá ser nuestra proclamación. Tal como dijo Calvino: «cuanto más decididos estén los hombres a despreciar la enseñanza de Cristo, más celosos deberán ser los ministros piadosos en afirmarla y esforzados en preservarla entera, y con suma diligencia guardarla de los ataques de Satanás».