Capitulo II. Marco teórico
2.2. Bases teóricas
2.2.1. La investigación acción.
2.2.1.3. Bases pedagógicas.
2.2.1.3.1. Teoría de la fijación de metas.
En esta teoría se sostiene que la fijación de metas incrementa la praxis docente y es un estímulo a la investigación – acción docente y las metas difíciles, cuando son
colectivamente aceptadas, incrementan aún más tales desempeños. Esto se sustenta en que los estudios sobre fijación de metas han demostrado superioridad de las metas específicas y desafiantes como fuerzas motivadoras.
En general, se recomienda generar un amplio consenso participativo, de
compromiso e involucramiento en el establecimiento y ejecución de metas, en vez de una simple fijación burocrática, sobre todo cuando son previsibles resistencias para acometer los retos más difíciles (Pernalete,2005).
2.2.1.3.2. Teoría de las pedagogías participativas.
Este es un complejo de teorías con diferente grado de elaboración y ejecutoria práctica en las que el paradigma de la intensiva participación de los sujetos en el proceso educativo deviene relevante. Entre otras, nos referimos a la Escuela Activa (activismo, vitalismo, criticidad, responsabilidad, globalización) y Escuela Nueva (paidocentrismo,
libertad, espontaneidad, democracia, naturalismo, flexibilidad, intuitividad,
autodescubrimiento, autodisciplina), que con elevada concomitancia expresan Rousseau, Froebel, Rude, Ferriére, Dewey, Pestalozzi, Spencer, Key, Encinas, Claparéde, Decroly, Montessori, Freinet, Cousinet y otros, bajo el paradigma “aprender haciendo”.
2.2.1.3.3. Teoría de las escuelas socializadoras y colectivistas.
Que propician la educación en grupos, equipos o a la manera de micro sociedades, como en Claparéde, Rude, Natorp, Dewey, etc. La Pedagogía Personalizada, no Directiva y Humanista, que propone respeto al desarrollo original del niño, autonomía, creatividad, autorrealización y autoconfianza, propuestas sustentadas por Rousseau, Rogers, Maslow, Mounier, entre otros; Escuelas en Libertad, como en la Escuela Moderna o sin Muros de Ferrer, Summerhill de Neill, Educación No Represiva y otras; Pedagogía y Método de Proyectos, considerados por Kilpatrick, Cousinet, etc. ; Investigación Libre por
Experiencia, como en Tolstoi; la Escuela del Trabajo, como en Kerschensteiner, Makarenko, Encinas, Caro Ríos,etc.; la Educación Horizontal y en Confianza, Escuela Interactiva y Ecológica, donde se propone interactividad, adecuado clima socioemocional y continuidad, como sostienen Deci, Coleman, Harris, Beltrán y Bueno, Hameline, Brophy y otros; la Educación Compensatoria, orientada a redistribuir las condiciones educativas, como en Mayordomo, Coll, Francke y otros; las Escuelas democráticas, fundamentadas por Freinet, Dewey, Apple y muchos otros; elementos básicos del Paradigma pedagógico cognitivo, sobre todo de origen vygotskiano: aprendizaje como entes activos, dominación del ambiente, autoconstrucción de saberes, aprender a aprender, mediadores, factor lenguaje, zona de desarrollo próximo, influencia sociohistórico-cultural; Pedagogía
histórico-crítica, considerando la praxis transformadora, problematización de experiencias, conciencia crítica, dialogicidad, desescolarización, discusión controversial, etc., como en
Freire, Apple, Giroux, Mc Laren, Carr, Saviani, Miguel y Julián de Zubiría con su tendencia conceptualista, etc.
Resulta muy instructivo constatar los planteamientos antedichos en las obras originales de estos teóricos, como cuando se considera el cuestionamiento de una escuela separada de la vida y se propone una escuela como vida comunitaria y grupo social en miniatura (Dewey, 1971). La pedagogía, como ciencia de utilidad práctica y dialéctica, implica que la educación colectiva no se realice sólo a través de la colectividad primaria, sino en la colectividad social más amplia, donde se pasa, en una síntesis social más honda, a la vasta educación política (Makarenko, 1982). Y es esencial cuanto concierne a la libertad en materia de educación, puesto que un niño libre es propiamente una
personalidad, mientras un niño disciplinado es una criatura generalmente obligada a la insinceridad y que posee una doble personalidad: su yo verdadero y el generado por el modelo impuesto (Neill, 1967). Además, es sabido que la educación ortodoxa favorece a los que poseen mejores oportunidades, que la educación forzada liquida en la mayoría la voluntad por el aprendizaje independiente y que el conocimiento mercantilizado concentra sus beneficios en élites privilegiadas, por lo que es necesario sondear nuevas alternativas, tales como la desinstitucionalización de las escuelas o la desescolarización de la cultura (Illich, 1987).
Todas estas bases teóricas seleccionadas, de esencial concomitancia con nuestras variables en estudio (desempeño docente y logro académico de los alumnos), tienden a enfatizar en la praxis pedagógica, componentes como libertad, creatividad, solidaridad, democracia participativa, conciencia crítica y transformadora, dialogicidad, discusión controversial, problematización, investigación, etc.
2.2.1.3.4. Teoría de la educación democrática.
El ideario de este sistema de concepciones es sintetizable en las siguientes consideraciones:
• La democratización de la educación peruana constituye un imperativo ético, sociopolítico y profesional de naturaleza estratégica;
• La democracia, como valor consustancial a la educación, posee un gran potencial humanizador, por lo que constituye una aspiración consensual de nuestra época; • La democratización de la educación es un proceso lento, contradictorio y difícil; • La democratización educativa es susceptible de enseñarse, aprenderse y construirse,
por lo que tiene un valor esencialmente pedagógico de naturaleza teórico-práctica; • La democracia educativa debe elevar los niveles y calidad de participación,
autonomía y eficiencia pedagógica de los procesos educativos en general y, en especial, de las condiciones para un cambio educativo profundo;
• La democratización educativa se puede lograr en el proceso mismo de vertebrar amplios consensos y cambiar la mentalidad de los sujetos de la educación, así como su praxis;
• Se asume la democracia educativa en un triple sentido simultáneo: como principio o fundamento, como medio y como finalidad;
• Un contenido esencial de la democracia educativa es la participación activa y consciente de todos los sujetos de la educación en la toma de decisiones educativas relevantes, muchas de las cuales tienen directa relación con los diversos
componentes del desempeño docente y la calidad del logro académico de los alumnos;
• Una paradoja de la educación democrática en el Perú es que se trate de forjarla en el marco, o a partir de una cultura antidemocrática. Y que se trate de hacer
pedagogía democrática a través de medios impuestos, es decir, antidemocráticos; • La democracia educativa debe procesarse en el marco de una cultura democrática
de participación;
• La educación democrática es un derecho humano universal y, como tal, debe alcanzar todas las manifestaciones de la vida escolar, que es la única que se estudió
en este trabajo; • La educación democrática se asume como utopía alcanzable, es decir, como desafío
y construcción social permanente;
• La educación democrática es demopedia, es decir, educación política. Por tanto, la educación democrática debe entenderse como un movimiento de fuerzas sociales y políticas con proyecto;
• Principios importantes de la Educación Democrática, son la transformación social, justicia, integralidad, cientificidad, unidad teórico-práctica, continuidad y
axiologicidad;
• Contenidos fundamentales de la Educación Democrática son los derechos humanos, la solidaridad, la libertad, el trabajo, ecología y desarrollo sostenible, interculturalidad, tolerancia, identidad cultural, progreso y desarrollo social, patriotismo y soberanía nacional, equidad, participación, creatividad, criticidad, etc.;
• Elementos de gestión en la Educación Democrática, son la unidad teórico-práctica, conducción colectiva y democrática, proceso pedagógico socializador,
interdisciplinariedad, coeducación para todos, autodesarrollo personal y colectivo, autogobierno, educación compensatoria, etc.;
• La educación democrática es un indicador ideológico, pedagógico, organizativo y socio ambiental de la praxis educativa;
• Al margen de los diversos tipos de gestión, calidad pedagógica y otros, el común denominador es que alumnos, padres de familia, muchos docentes y la comunidad, no participan de la toma de decisiones educativas relevantes;
• Un aspecto de la Educación Democrática, es “abrir la escuela a la comunidad”, es decir, una política de “escuelas abiertas” o elevados índices de apertura a la participación de las organizaciones de base o núcleos básicos de participación popular;
• La Educación Democrática recoge los aportes de la democracia clásica antigua, el impulso del Renacimiento y del Humanismo de los siglos XV y XVI, así como los aportes modernos y contemporáneos ya mencionados;
• A mayor democracia educativa y participativa bien orientada, los resultados educativos en general tienden a ser mejores que en los casos en los que predominan la estandarización y el autoritarismo;
• La Educación Democrática no sólo debe entenderse como ampliación de cobertura educativa, igualdad de oportunidades o equidad, libertad y autonomía,
descentralización, no discriminación, electividad de cargos o desarrollo de algunos contenidos pedagógicos selectos, sino también y sobre todo, como construcción del autogobierno y participación protagónica, activa y consciente en la toma de
decisiones educativas esenciales (verbigracia, sobre desempeño docente y logro académico de los alumnos);
• El despliegue de todas las potencialidades humanas es mayor y más auténtico en ambientes educativos democráticos y no en los autoritarios;
• La democracia educativa debe construirse desde abajo, desde los sujetos educativos concretos;
• Si las escuelas fueran verdaderamente democráticas, no generarían tanta estandarización o masificación cultural;
• La antidemocracia educativa es un caso de alienación, porque el sujeto educativo se aliena, es decir, pierde el control de las condiciones en que actúa, de los productos de su acción y de sí mismo, esto es, pierde el sentido de su propia identidad como individuo;
• La educación democrática tiene carácter político porque implica toma de decisiones y es liberadora; es filosófica porque es humanista; es pedagógica porque enseña y se aprende valores; y es social porque solidariza;
• El sistema educativo antidemocrático es un caso de reificación, pues trata de cosificar o hacer ver como naturales al autoritarismo, la exclusión de la toma de decisiones y la dependencia;
• La escuela debe ser un activo agente de cambio social, creando una comunidad ideal de comunicación, investigación, discusión controversial, problematización, criticidad, dialogicidad y compromiso político con la libertad y la democracia; • Condición clave para una plena participación en la democracia educativa es el buen
acceso y dominio de información, nivel conciencial y capacidad o potencial general de los miembros de base, lo cual implica realizar un buen proceso de educación compensatoria o preparar las condiciones previas;
• La democratización de la educación ha sido una meta constante de las sociedades contemporáneas, pero mucho más en el aspecto cuantitativo (mayor cobertura de los servicios educativos) que en el cualitativo, verbigracia, la participación en la toma de decisiones educativas trascendentes;
• Lo ideal sería que la democratización educativa sea parte de un movimiento social generador de un clima y cultura participativa que desarrolle la capacidad de tomar decisiones democráticas colectivas, previa formulación de una nueva concepción de educación y una nueva concepción política global de hombre, sociedad y país; • El desarrollo unilateral de un aspecto de la democratización educativa como es el
mayor acceso a la educación, ha conllevado masificación y disminución de calidad, afectando otros aspectos de dicha democracia como son la equidad y la identidad (Del Castillo, 2002).
Todo el anterior desarrollo se halla directamente ligado a la construcción relativa de una cultura democrática, en la medida que cualquier propuesta de política educativa, para ser realmente eficaces, requieren de un contexto democrático (Foro Educativo, 2000). Por lo demás, se debe establecer una relación sinérgica entre educación y la práctica de una democracia participativa, puesto que la práctica de mecanismos como la negociación y concertación, constituye en sí misma un factor de aprendizaje democrático en la gestión de las instituciones educativas, además del hecho que la autonomía estimula marcadamente la tendencia hacia la innovación (UNESCO, 1996).
Aunque las ventajas educativas de una sociedad democrática son múltiples y evidentes, Dewey asignaba razones más profundas al papel de la democracia en la educación, en la medida que una escuela democrática que enseña en condiciones de la mayor participación posible en la experiencia viva, está destinada a cumplir un decisivo rol en la reconstrucción del orden social: educación y política son una misma cosa, así como también lo moral y social en materia de democracia educativa, son una misma cosa en la concepción de Dewey (Chateau, 1993). Asimismo, se sabe que la práctica de la
democracia contribuye a desarrollar la capacidad para tomar decisiones individuales y colectivas en la búsqueda de hacer del educando un sujeto de su propia historia; ayuda a
entender la democracia como autogobierno del pueblo, a desarrollar el liderazgo colectivo, las relaciones sociales de solidaridad y reciprocidad que cuestionan las relaciones de dominación predominantes en la sociedad, considerándose que son dos las dimensiones interconectadas en la práctica de la democracia educativa: la democracia en la gestión y administración de los procesos educativos y la democracia como método en los procesos de enseñanza y aprendizaje (Morillo, 1994).
En materia educativa, el factor autonomía y libertad es decisivo, por cuanto su opuesto, es decir, la concepción y praxis autoritaria de la existencia, es francamente cuestionable, no sólo por su clamorosa ineficacia, sino también por su inmoralidad, puesto que niega la dimensión humana de la libertad, la diversidad y la apertura de posibilidades (Mayhua, 1999). Algo similar ocurre con otros aspectos esenciales de la dinámica
educativa escolar como la democratización, el currículo y la toma de decisiones
educativas, que requieren, entre otras medidas, su correspondiente descentralización. Sobre la base de reconocer que el currículo no es neutro y que más bien constituye una
elaboración histórica y socialmente construída, ya no se trata que sólo grupos minoritarios o élites privilegiadas participen en la determinación de la concepción curricular a
implementarse, sino que sea materia deliberativa de los diversos grupos de la sociedad (Magendzo, 1992). Requiere enfatizarse lo anterior, dado que en muchos casos los diversos sectores de la comunidad educativa disponen de canales y mecanismos de representación, pero con frecuencia, tales poderes hipotéticos son muy escuálidos o silenciados, y en otros casos, no se ejercen debido a múltiples condicionantes externos e internos en contra, por lo que el termómetro de la democracia en educación, marca temperaturas muy bajas (Martínez, 1999).