Dos son los ejes básicos del pensamiento de Ber keley: el análisis del lenguaje como metodología filo
BERKELEY Y LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL
Berkeley no fue solamente un hombre ingenioso, sino tam bién un promotor activo del progreso técnico. Aunque lo que conocemos como Revolución industrial se pondría en
marcha justo al final de su vida, la mentalidad que hizo posi ble y deseable esa Revolución industrial es la que se forjó en su generación. Aunque en el próximo capítulo se abordan algunos aspectos económicos y tecnológicos de la filosofía de Berkeley conviene, sin embargo, abordar aquí una grave deficiencia de la argumentación filosófica berkeleyana. No llega a ser una objeción insalvable, y Berkeley podría haber la sorteado con cambios menores en su argumentación sin tener que tocar el núcleo fundamental, pero es una limita ción importante para perfilar el alcance y proyección de su pensamiento.
La conciencia humana no solo ni principalmente com prende el mundo, también lo produce mediante la técnica y el trabajo. L a relación natural entre la mente y el mundo no se agota en la tarea de conocerlo e interpretarlo, o en la de actuar política y moralmente en él, sino que incluye, y de manera creciente, producirlo, fabricarlo o diseñarlo. No solo recibimos ideas de la realidad, sino que también inser tamos en la realidad nuestras ideas fabricando los objetos de un mundo en el que cada vez es más difícil no ver la condi ción de artefacto.
Esta limitación, de hondo calado en la filosofía de Ber keley es, en realidad, una limitación del conjunto de la fi losofía moderna. Cuando en algún lugar de sus respectivas obras tanto Descartes como Locke declaran que «hay algo» en la experiencia humana que nos mueve a creer en los cuer pos más allá de las impresiones sensibles, algo que ninguno de los dos alcanza a concretar, posiblemente se están refi riendo a la técnica y al trabajo como ingredientes esenciales de la relación entre el ser humano y el mundo, pero tampoco fueron capaces de formularlo.
Berkeley podría recordamos, con razón, que en su defini ción de realidad interviene la praxis humana, y esto es ya un
gran avance, lis verdad, pero parece claro que, además de funcionar como «<?/ hardware de un signo», la materia desem peña también la función de «material», «materia prima», in grediente o recurso consumible dentro de un contexto de producción tecnológica. Y este es un aspecto de la materia que el inmaterialismo descuidó.
En el tratamiento que Berkeley hace de la materia, pare ce claro que se le escapó esta otra nueva tierra incógnita y pasó por alto la producción como aspecto clave de la relación ser humano-mundo material. A fin de cuentas, un libro o un piano son tan artefactos como un reloj y, a la hora de com prender la naturaleza, preferir la metáfora de un relato o de una melodía a la metáfora de un engranaje es un cambio de modelo importante pero que no deja de ser, a fin de cuentas, un cambio de artefacto.
El mundo no es solamente «lo dado», también es «lo pro ducido» y, por tanto, no estamos aquí solamente para con versar y comprender sino también para trabajar y crear. L a noción de materia en la mentalidad del griego antiguo de la calle — no del gran pensador— comparte origen, de hecho, con la noción de «m adera» en un contexto tecnológico en el que la carpintería asignaba a la madera la función de ma terial básico para producir cualquier cosa producible por el hombre.
Pero es verdad, por otra parte, que se percibe una cierta injusticia en el hecho de dirigir precisamente a Berkeley este reproche, que valdría para todos los grandes pensa dores de su época, y no reconocer que cambiar de artefac to-modelo para entender el mundo no es algo trivial. El mundo antiguo entendía la naturaleza como un gigantesco organismo y lo específico de la modernidad es cambiar esta metáfora por la de algún artefacto. El inmaterialismo de Berkeley intenta cambiar el artefacto máquina de los carte-
sianos por el artefacto libro o melodía — o código binario, si se prefiere una versión más actual, y a pesar de que la idea de «binario» es de Leibniz y no de Berkeley— como mode lo de comprensión de universo. Newton, Leibniz o Galileo estarían, probablemente, de acuerdo con este cambio de paradigma.
En este sentido, la crítica de Berkeley a la noción moderna de materia contiene ya el germen de una crítica más profun da a una visión de la naturaleza en la que esta aparece como mero material o recurso para producir cosas. De hecho, nin guno de los grandes pensadores del siglo xvui — incluido Kant— llegó a vislumbrar este problema con tanta lucidez como lo planteó Berkeley.
Si la versión del «universo m áquina» triunfó sobre la del «universo libro» en el siglo xvm es, precisamente, porque Occidente se preparaba para una nueva era de producción industrial en la que la máquina iba a transformarlo todo. Berkeley intuyó este cambio y el hecho de que no lo inte grase en su crítica al materialismo no significa que no lo previese en absoluto. Tanto la innovación tecnológica como el papel crucial del trabajo en la realización social humana iban a desempeñar un papel muy importante en el pensa miento antropológico y social de Berkeley.
La defensa de una realidad física concebida como lengua je, en lugar de como máquina, podría llevar a pensar que la filosofía de Berkeley posee un carácter eminentemente teórico y contemplativo. Esto es un error. Berkeley insiste a menudo en que una visión mecanicista del universo consti tuye una refutación implícita de la libertad humana y, por tanto, de la posibilidad real de la que el ser humano dispone para escribir su propia biografía y la historia de su sociedad. En este sentido, la intención de la filosofía de la ciencia y la naturaleza de Berkeley guarda un notable parentesco con la
del filósofo y teórico de la ciencia Karl Popper (1902-1994) en su empeño por «abrir», filosóficamente hablando, nues tra imagen científica del universo. En definitiva, se trata de evitar el error de pensar que nuestras teorías y conjeturas científicas suprimen la necesidad de argumentación filosófi ca sobre la realidad o determinan nuestra historia política.