La comprensión del mundo viviente, a la luz de las nuevas teorías científicas que vinculan esencialmente lo viviente con lo no viviente, ha necesitado apoyarse en una serie de principios de organización desconocidos en el campo de la química y por ende, en el de la biología. Nociones como información, código, mensaje, programa, comunicación, inhibición, represión, expresión y control, han sido
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Ayala Francisco, Ibídem, oág. 59.
necesarios para poder ir adentrándose en la lógica de su complejidad. Principios de organización apropiados que si se aplican vinculando estrechamente orden y desorden en un sistema abierto de reorganización permanente y complejo, permiten abrirse hacia una nueva concepción de la vida, más rica y esclarecedora que la visión mecanicista de ella y del Universo que aún ejerce un amplio dominio en la Cultura Occidental.
En esta nueva concepción, lo viviente sólo puede ser entendido como comunidad de seres vivos que ocupan un espacio y que constituyen con él una unidad global o ecosistema llamado hábitat. Dentro de esta unidad, el conjunto de tensiones, interacciones, interdependencias que allí aparecen, constituye, a pesar y a través de aleatoriedades e incertidumbres, una auto-organización espontánea. Constantemente, “dentro de ella se establecen y remodelan los equilibrios entre tasas de reproducción y de mortalidad y tales regulaciones, más o menos fluctuantes, se establecen a partir de estas interacciones. A partir de asociaciones, simbiosis o parasitismos se establecen complementariedades, que también aparecen para regular las relaciones entre animales de rapiña y presas, comedores y comidos. También se establecen jerarquías entre las diversas especies. Así pues, lo mismo que en las sociedades humanas, en las que no sólo las jerarquías sino también los conflictos y las solidaridades constituyen algunos de los fundamentos del sistema organizado, cabe incluir entre las complejas bases que sustentan lo viviente como comunidad o ecosistema.”116
Según la concepción mecanicista del universo y de la vida, el ser vivo evolucionaba en el seno de la Naturaleza y se limitaba a extraer de ella energía y materia y únicamente dependía de ella para su alimentación y necesidades físicas. Erwin Schrödinger, físico, Premio Nóbel de Física, 1933, y uno de los pioneros de la revolución biológica propuso la extraordinaria idea de que el ser vivo no se alimenta exclusivamente de energía, sino también de entropía negativa, es decir,
de organización compleja y de información. Esta proposición implica una enorme consecuencia teórica, pues postula que la relación sistémica con su hábitat no es una relación externa entre dos entidades cerradas, sino una relación integradora a nivel físico y químico entre dos sistemas abiertos que, constituyendo cada uno de ellos un todo por sí mismos, no dejan de formar parte el uno del otro. Cuando mayor es la autonomía de la que goza el sistema vivo, mayor es su dependencia con relación al otro sistema. Así, en el caso de los primeros organismos unicelulares, hay en su interior un orden y una organización cuya materialidad física y química ha surgido de su entorno, del cual debe admitir física y químicamente información/energía en estado de organización compleja, procesarla e incorporarla a su orden y organización y luego emitirla a su exterior. Esa admisión, incorporación y emisión es sustancialmente un circuito de organización e información/energía complejos al que Schrödinger denomina entropía negativa o negentropía, pues gracias a ese circuito el ser vivo pudo neutralizar su inevitable desgaste de energía por el hecho de ser-al-estar-en el mundo natural que comenzaba a ser un mundo viviente.
En el caso de la sociedad humana, esa autonomía es supuestamente mayor y en la sociedad moderna, llega a ser de una complejidad paradójica. La individualidad, hoy consagrada ideológicamente, es lo más emancipado y a la vez, lo más atado a la sociedad de todo cuanto existe. El desarrollo y mantenimiento de su autonomía están articulados a un gran número de dependencias educativas que pueden ir de los 3 hasta los 30 años, a una prolongada e inevitable socialización que de alguna manera lo acompaña y exige a lo largo de la vida, a una dependencia técnica que se convierte en prolongación permanente de su cuerpo activo117. Y esto, sin que tratemos el tema de la sociedad humana como sistema dentro del hábitat en que vive sistémicamente. La dependencia/independencia humana se encuentra en dos niveles superpuestos e interdependientes, el del sistema social y el del sistema natural, una realidad de interdependencia que paradójica y tardíamente, el ser humano apenas comienza a descubrir. “La
especie humana ya no es una entidad cerrada respecto a esta totalidad compleja, sino un sistema abierto que goza de una relación de autonomía/dependencia organizativa en el seno del ecosistema”118
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Así, el ser viviente al vivir en su hábitat no sólo consume energía sino también, consume organización compleja e información, como bien lo descubriera Schrödinger. La biología y la etología nos están introduciendo a una nueva visión de lo viviente en el que animales y vegetales se intercomunican de alguna manera, es decir, entre ellos, la información va y viene como parte esencial del diario vivir. En todas las investigaciones que se viene haciendo al respecto emergen las nociones de comunicación y de territorio. Microorganismos, animales y vegetales se comunican, es decir, se expresan de forma que determinados comportamientos específicos son recibidos e interpretados como mensajes. Estos mensajes pueden ser químicos, como redes moleculares que se acoplan, se alteran o se desacoplan, sonoros como el canto de las aves y de los insectos, visuales como gestos y mímicas, olfativos, mediante secreción de substancias químicas, feromonas que comunican un determinado mensaje al vecino o a la pareja o una planta a un insecto cuando siente la necesidad de polinización. Esta capacidad de comunicación cubre un complejo campo semiótico que desborda el simple marco de la reproducción de la especie, como siempre se creyó. En el caso de los animales, se sabe ahora que ella abarca una inmensa variedad de relaciones interindividuales como sumisión, intimidación, protección, rechazo, elección, amistad, desplazamiento etc., que están relacionados con fenómenos básicos de organización para la supervivencia tales como la regulación demográfica y la adecuación y protección del territorio para el sostenimiento del
117 Al respecto, Morin en la citada obra asevera que “en efecto, la autonomía supone la complejidad, la cual a
su vez presupone la existencia de una gran riqueza de relaciones de todo tipo con el medio ambiente, es decir, depende de interrelaciones que se corresponden con gran exactitud a las dependencias que son las condiciones de la relativa independencia. La sociedad humana, lo más emancipado que existe respecto a la Naturaleza, recibe su autonomía de múltiples dependencias. Cuánto mayor es la complejidad del orden eco sistémico, más apto es éste para proporcionar a la sociedad una enorme riqueza y diversidad de objetos y de productos para alimentar la riqueza y diversidad del orden social, es decir, su complejidad”. Pág. 31.
bienestar119. Éste, es un referente espacial de una organización multidimensional de la vida animal, es decir, no sólo de ordenación de la esfera de actividades de un individuo, pareja o grupo, sino también de sensibilidad sobre el estado de las condiciones del territorio en tanto comodidad y salubridad. Un referente paradójica y peligrosamente olvidado por el ser moderno que vive insensibilizado bajo el axioma pitagórico de que “todo es número”, es decir desde una visión y concepción reduccionista y antropocentrista del ser-al-estar-en, con el demencial objetivo de medir, apropiar, dominar, controlar y explotar el mundo natural del cual surgió.
Olvida, por ejemplo, que las condiciones de bienestar de un hábitat constituyen una red de información asequible a todos los seres que lo habitan. El deterioro de las condiciones de salubridad que, por ejemplo, puede ser fatal para un sector de su población hasta el punto de ocasionar su extinción, es información en red múltiple para toda aquella diversa población del hábitat articulada por la cadena alimenticia, la cual procederá a alejarse temporalmente del lugar en deterioro, hasta tanto la causas del deterioro cesen, como sería el caso de una glaciación, un incendio, una inundación. Esas condiciones de bienestar fueron información básica para que las cianobacterias salieran del lodo en búsqueda de lugares bañados por la luz solar. Ese ha sido igualmente el motivo de las migraciones iniciales del homo sapiens desde su lugar de origen, el África centro-oriental, hacia los diferentes territorios del planeta. La destrucción parcial o total de la salubridad
y comodidad de un hábitat es la destrucción parcial o total de redes de información acerca del bienestar del mismo. El cambio de lo habitual en la luminosidad, la temperatura, la humedad y el aroma del aire o en la transparencia y densidad del agua o en la firmeza y salinidad del suelo de un hábitat, es una información en red sensible que se interpreta como peligro y alerta dentro de su hábitat. Una información de alerta, evidente hoy en día, pero que la sociedad occidental, especialmente la industrializada, se niega a reconocer, obcecada por su ansiedad irrefrenable de acumular riqueza material. Admitirlo sería reconocer el fracaso de sus paradigmas fundamentales. El ethos, maravillosamente planteado por Aristóteles ha sido ideológicamente enterrado.
La vida en sociedad, aunque desigual y diversamente desarrollada, es una de las formas fundamentales más ampliamente difundidas de la auto-organización de los sistemas vivos. En el caso contemporáneo de la especie humana, es preciso entenderla ahora como una bifurcación del fenómeno social natural que peligrosamente atenta sobre el mismo. En otras palabras, ni la comunicación, ni el símbolo, ni el rito son exclusivos del ser humano, sino que todos ellos hunden sus raíces en la profundidad espacio temporal de la coevolución de las especies. Y también, la noción de territorio y de sociedad ha dejado de considerarse como invención humana. En estas nociones, no existe una compartimentación en categorías rígidas, ni una frontera clara entre lo biológico, lo social y lo individual, sino una unidad y pluralidad al unísono y una confusión en el origen y distinción en los desarrollos.