A fi nales del siglo pasado han aparecido propuestas de reemplazar los distintos códigos por un código unifi cado tentativamente llamado Biocódigo. Se mencionan cinco argumentos a su favor: el cambio conceptual de los reinos, la unidad de la bio- logía, la imagen de fragmentación de la biología que ofrecen los códigos por separa- dos, el problemas de los protistas que son tratados en códigos diferentes y la necesi- dad de tener un sistema más simplifi cado (Kiesling. 1998). Sin embargo, este intento de unifi car reglas se enfrenta con una práctica ya realizada durante cientos de años, en la cual se ha nombrado una buena porción de los organismos, por lo que muchas de las propuestas de unifi cación chocan contra la estabilidad de la nomenclatura.
También existe una propuesta más radical que propone reemplazar las clasifi - caciones tradicionales por las resultantes del análisis cladístico o también llamado sistemática fi logenética en sus inicios, que plantea clasifi caciones que refl ejen la genealogía (fi logenia) y la creación de un código para regir a las misma que se lo llama Filocódigo (Phylo Code en inglés).
La cladística acepta solamente aquellos grupos taxonómicos que coinciden con la representación del árbol evolutivo, también llamado cladograma, que surge de dicho análisis. La misma produjo grandes ventajas y cambios en los estudios siste- máticos, como opina Mishler, B. (2009)
“La revolución fi logenética ha mejorado la investigación en todas las áreas de biología, más allá de clasifi cación. La Filogenia proporciona un marco conceptual para el estudio de la variación biológica en una serie asombrosa de rasgos.” p. 63).
O los científi cos argentinos Morrone, J. et al. (1992)
“El cladismo…ha generado una verdadera revolución en la clasifi cación bio- lógica. Este método propicia una fecunda interacción con ramas de la biolo- gía tales como la biogeografía, la biología evolutiva y la ecología. Se ha trans- formado además en una efi caz herramienta utilizada cuando se plantean estrategias de conservación de la diversidad biológica. “(p. 26)
El problema que surge se basa en el distinto concepto de monofi letismo que tiene la cladística con la taxonomía clásica o “darwiniana”. La cladística defi ne a una agrupación como monofi lética cuando está compuesta por todos los miembros que surgieron del taxón ancestral, en cambio en la taxonomía clásica se acepta que algunas agrupaciones puedan realizarse dejando algunos taxones descendientes del ancestro común afuera del grupo. Para los cladistas este tipo de agrupación son consideradas parafi léticas y no son aceptadas. Esta manera de agrupar del cladismo lleva a la desaparición o ruptura de grupos tradicionalmente aceptados, como el de las aves o peces. Taxónomos darwinianos como Mayr (1998) se resisten a este tipo de cambios y prefi eren llamar a las agrupaciones cladísticas “cladones” ya que la clasifi cación no se basaría en taxones, sino en clados. Entre las razones nomencla- turales que se oponen a la propuesta de clasifi cación y de creación del Filocódigo los científi cos españoles Carrión J. y Cabezudo, B. (2003) opinan que
“…la introducción de la nomenclatura fi logenética en la botánica implicaría una gran confusión, como ya se observado cuando se ha intentado en pája- ros y mamíferos...
El lado legislativo de la nomenclatura fi logenética, como se traza en el Phylo Code, abre un escenario de pesadilla para el futuro de la sistemática. Hasta la fecha, los taxónomos han dado nombre a unos 1,7 millones de especies. Si incluimos todos los nombres genéricos y supragenéricos, las entidades taxonómicas llegan a los 3 millones. Lo que pretende el Phylo Code es que cada una de ellas sea redefi nida y situada en un registro global sobre la base de criterios de fi logenia cladística.”(pp. 167-168).
¿Por qué algunos taxones cambiaron de nombre?
Revisión y nomenclatura.
Las plantas habitualmente conocidas como “palo borracho” de fl ores rosadas, comúnmente utilizadas en paseos públicos, tenían hasta no hace mucho el nombre científi co de A. St. Hil, pero en la bibliografía actualizada la encontramos con el nom- bre de (A. St. Hil) Ravenna. ¿Por qué el cambio de nombre? ¿Por qué un autor se cita entre paréntesis? Lo que ha sucedido aquí es que el género ha sufrido una revisión.
Una revisión busca detectar ordenar y resolver problemas nomenclaturales que puedan existir en un taxón ya conocido. En general se analiza el grupo en revisión con nuevas concepciones teóricas, como ocurre con la cladística. O con nuevos da- tos, que pueden basarse en el análisis de caracteres macro morfológicos, o análisis ultramiscroscópicos, como la estructura del polen o esporas en el caso de las plan- tas. O con nuevas herramientas, como los análisis serológicos, bioquímicos y, los más frecuentes, análisis de material genético. Las revisiones refl ejan perfectamente la idea de que la clasifi cación taxonómica es un modelo y como tal es susceptible de ser cambiado ante nuevas evidencias en un proceso continuo que busca ampliar y mejorar los trabajos anteriores.
Cuando hay un cambio en la posición taxonómica del grupo estudiado, las re- visiones frecuentemente llevan a cambios de nombres. Por ejemplo, en el caso de una especie de amplia distribución geográfi ca que presenta una variación fenotípica notable y cuyos fenotipos fueran clasifi cados y nombrados como dos especies dife- rentes, luego de una revisión se unifi can bajo un mismo nombre.
Volviendo al caso antes citado, durante mucho tiempo el carácter diferencial entre los géneros y estaba dado por la disposición de los estambres. En el primer caso las fl ores constan de cinco estambres libres, en cambio en los estambres se unen formando un tubo y en la base del mismo se encuentran otros cinco apéndi- ces en forma de estambres estériles (estaminodios). Revisiones posteriores dieron cuenta que existen ejemplares con caracteres intermedios entre las dos formas e incluso, caracteres intermedios presentes en fl ores de un solo ejemplar, por lo que la diferencia entre y no se justifi caba. Por lo tanto, siguiendo al Código de Botánica se volvió al nombre genérico más antiguo, en este caso , se conservó el epíteto espe- cífi co –speciosa- y, obligatoriamente se cita entra paréntesis el nombre del antiguo autor que la asignó a otro género –A. St. Hil.-, seguido del nombre del nuevo autor
– Ravenna-. Así tenemos el nuevo nombre con la citación correcta del autor: (A. St. Hil) Ravenna.