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Bosques de Austrocedrus chilensis (Ciprés de la Cordillera)

Según Donoso (1981), A. chilensis se ubica a lo largo de la cordillera de los Andes desde los 34° 45’ hasta los 38° S, para luego volver a aparecer entre los 42° y 44° S, concordando relativamente con la distribución observada por Hueck (1978) entre los 36º30´ S y los 43º55´ (Figura 4.2.1). Al norte del paralelo 35°, los rodales de A. chilensis ocupan principalmente las exposiciones norte entre los 900 y los 1.800 metros de altitud. Al sur crecen en altitudes que fl uctúan entre los 400 y 700 m.s.n.m. (Donoso, 1981). A. chilensis se presenta en más de una región vegetacional, incluyendo las regiones de la estepa alto-andina, bosque caducifolio y bosque andino-patagónico (Gajardo, 1994).

Los bosques de A. chilensis son en general muy puros en cuanto al dosel superior, pero cuando hay alteraciones que afectan la dinámica sucesional forestal la fi sonomía es diferente, tomando el aspecto de un bosque mixto. A. chilensis se quema en forma rápida, probablemente debido al conte-nido resinoso de su follaje (Donoso, 1997), siendo el fuego el disturbio más importante que afecta este tipo de bosques (Urretavizcaya & Defossé, 2004). Actualmente esta especie se encuentra en la categoría Vulnerable según la Lista Roja de la UICN (Barría, 2007).

Bustos-Schindler et al., (2007) intentan explorar las relaciones de los factores antropogénicos con la frecuencia de incendios en bosques de A. chilensis en cuatro localidades de la cuenca andina del río Cachapoal, revisan la historia de incendios de esta cuenca mediante el fechado de rodelas con cicatrices producto del fuego, revisión histórica y entrevistas semiestructuradas, encontrando evidencias que permiten relacionar estrechamente las actividades de origen antrópico con la presen-cia y frecuenpresen-cia de incendios. Barría (2007), por su parte, caracteriza la estructura y regeneración de bosques de A. chilensis afectados por intervenciones antrópicas ocurridas en el sector «Los Corrales de Urriola» (34º27’S), en la Reserva Nacional Río de los Cipreses. Las características estructurales encontradas, sumadas a la edad de los árboles (< 250 años), sugieren el establecimiento de la rege-neración en respuesta a frecuentes perturbaciones de pequeña escala, causados por incendios de baja intensidad. Evidencias de alteración antrópica por incendios y explotación se presentan en todo el sector de Urriola, el fuego al parecer actúa como el factor más relevante en el control de la dinámica poblacional de A. chilensis en la Reserva Nacional Río Cipreses, alterando la estructura y composición del rodal.

Según Donoso (1997), hay evidencias de que A. chilensis recoloniza en el largo plazo las zonas incendiadas. Esta regeneración se efectúa sólo a partir de semillas, no hay evidencias de que se pro-duzca vegetativamente (Raff aele & Veblen, 1998; Gobbi & Sancholuz, 1992) y poco se sabe sobre los procesos sucesionales post-fuego. Gobbi y Sancholuz (1992), ofrecen una primera evaluación de la regeneración post-fuego de bosques puros de A. chilensis quemados 15 años previos a la publicación de su trabajo. En éste, se caracterizan los estadios sucesionales, se analiza la infl uencia del suelo y agua sobre la germinación e implantación de radículas y se evalúa la dispersión de propágalos a través del banco de semillas. Dichos autores, al estudiar sectores antiguos incendiados en las cerca-nías de San Carlos de Bariloche, que corresponden a bosques puros de A. chilensis, no encontraron renovales ni rebrotes, a pesar de que los sitios tenían diferentes grados de cobertura. La cobertura eventualmente daría sombra y protección a los renovales, evitando su desecación y por tanto facili-tando la regeneración debido a las condiciones microambientales que se generan bajo ella (Raff aele & Veblen 1998; Gobbi & Sancholuz, 1992). Raff aele & Veblen (1998), obtienen resultados similares. Ellos declaran que tres años después de ocurrido el incendio en el Parque Nacional Nahuel Huapi (41º 14` S, 71º 24` W) en Argentina ocurrido el año 1992, no existen indicios de plántulas de A. chilensis. Gobbi & Sancholuz (1992), atribuyen la carencia de regeneración a la ausencia de semillas en las zonas incendiadas, según ellos, ésta sería la variable decisiva pero la humedad también parece ser de importancia. Urretavizcaya y Defossé (2004), llegan a una conclusión bastante parecida pos-tulando que la regeneración de A. chilensis en zonas incendiadas es muy lenta y depende de una serie de factores ambientales bióticos y abióticos entre los cuales la disponibilidad de semillas parece ser extremadamente importante. En su estudio, Urretavizcaya y Defossé (2004) intentan determinar la dinámica del banco de semillas de A. chilensis en dos sitios de su distribución sur (Trevelin, 43º12’S, 71º31’W, y El Bolsón 41º59’S, 71º33’W), para distintos niveles de daño provocado por el fuego en

ciado a mayores intensidades de incendio y la necesidad de lluvias de semillas para incrementar la viabilidad de éstas. La cantidad de semillas que germinan, a su vez se vieron fuertemente afectadas por el parasitismo de insectos. Todo en conjunto es negativo para la regeneración de A. chilensis si se suma el hecho de las escasas densidades de semillas encontradas en ambos sitios y que la lluvia de semillas no ocurre todos los años.

Según Letourneau (2006), se ha comprobado que A. chilensis requiere inicialmente para su germi-nación y establecimiento el efecto protector de especies arbustivas, y también que con posterioridad estos mismos arbustos pueden afectar negativamente su crecimiento. El signo e intensidad de las interacciones pueden variar en relación a las condiciones climáticas y al estadio de vida de los indivi-duos involucrados. Se desconoce como estos factores pueden afectar el crecimiento y supervivencia de los renovales de A. chilensis. Es por esto que en el estudio de Letourneau (2006), efectuado en el Campo Forestal Gral. San Martín de INTA, Argentina (42°00´ S; 71°30´ W), se pretende estudiar la intensidad de la interacción entre A. chilensis y los arbustos, en la etapa comprendida entre el estadio en que las plántulas se encuentran establecidas hasta que sobresalen del dosel predominante. Gobbi & Sancholuz (1992) presentan antecedentes de estudios que mencionan la aparición de renovales de A. chilensis bajo arbustos, incluyendo un estudio que registró una regeneración natural de 4500 plántulas/ha en sitios quemados un año después del incendio ocurrido en el Parque Nacional Lago Puelo, en la provincia de Chubut, Argentina.

4.3 Región del Bosque Caducifolio

Esta región se extiende desde el sur de la Región de Valparaíso hasta el norte de la Región de los Lagos (33 a 41º de latitud sur) (Figura 4.3). Domina el clima templado con sequía estival, la que dis-minuye de norte a sur. La principal característica de esta región es la presencia de especies caducifo-lias del género Nothofagus, las que se mezclan con elementos esclerófi los en el norte y con elementos laurifolios en el sur (Gajardo, 1994).

Según la clasifi cación de Gajardo (1994), esta región se divide en tres sub-regiones (Figura 4.3): Bosque Caducifolio Montano

Bosque Caducifolio del Llano •

Bosque Caducifolio Andino •

Los estudios registrados referentes a esta región vegetacional se centran en especies del género Nothofagus. Sin embargo, debido a que en su mayoría están asociados a especies presentes en otras regiones, como Austrocedrus chilensis (región de la estepa alto andina), Araucaria araucana (región del bosque andino patagónico) y Fitzroya cupressoides (región del bosque siempreverde y de las turberas), sólo existen estudios desarrollados en Nothofagus glauca que corresponden exclusivamente a esta región, específi camente a la sub-región del bosque caducifolio montano.

Figura 4.3: Región del Bosque Caducifolio. Las sub-regiones achuradas no registran estudios científi cos.