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Capítulo 2. El estado actual

2.3. Breve apunte sobre el vacío poblacional

Es un tema que no afecta directamente al desarrollo de esta Tesis pero sí lo obstruye en cuanto es una evidencia del problema que aún hoy palpita en su propio significado. Por una parte, dificulta la determinación de la cronología de la Edad del Bronce de la región en estudio, también dificulta la interpretación de los yacimientos y, por otra, constituye la perduración de estudios difusionistas orientales como marco de lectura de la evolu- ción.

Escacena sitúa el vacío entre los siglos XIII a.C. y el IX a.C. (cal. X a.C.), cuyos marcadores son, en la primera cronología dada, la cerámica micénica de Montoro entendida como primeros contactos esporádicos y, en la segunda, todas aquellas procedentes de los co- merciantes conocidos: griegos, fenicios y chipriotas, ya con un valor constante y perma- nente. Entre estas dos fechas de doscientos años, sitúa el vacío poblacional que coincide básicamente con la etapa que a lo largo y ancho del Mediterráneo ha sido denominada “Edad Oscura” (Escacena, 2008: 320). Sin embargo, esa Edad Oscura no lo es hoy tanto. Se puede entender que científicamente se dé un vacío cultural. Pero es verdad que el hia- to cultural en arqueología no es un concepto nuevo. Recordemos que la interpretación de Bosch Gimpera de las incineraciones por las que Siret realizó la primera ordenación cronológica del Bronce Final del Sureste –también por los hallazgos metálicos de tipolo- gía atlántica- y en base a la comparativa con los campos de urnas situados en las regiones catalanas y aragonesas, dejaba un vacío de más de 500 años. Ello fue posible debido a tres faltas de reconocimiento:

1. La posibilidad de que llegasen materiales desde el Atlántico y con ello la existencia de un comercio propio.

2. Dado que el número de objetos era escaso, se consideraban más casual que delibe- rados.

3. Identificar la cultura Cogotas I con pueblos de origen extrapeninsular.

Dado que el Sudeste fue la primera región en la que se iniciaron las investigaciones del Bronce es, desde la comparativa y perspectiva dada por Bosch Gimpera, que no sólo se presentaba un hiato, sino que estaba apoyando la creación de la dicotomía racial o étnica entre la masa indígena y las filtraciones que a través de la Meseta se estaba produciendo bajo una dirección económica que no tiene nada de occidental (Maluquer de Motes 1968:66).

Estas mismas características son las que se presentan para definir el hiato de nuestro periodo y para ello:

1. Se rechaza la existencia de relaciones comerciales directas entre las tierras pertene- cientes al Mediterráneo Occidental. Todos los contactos son atribuidos a la zona cen- tral de éste y a las zonas orientales. Contemporáneamente, la existencia del comercio Atlántico parece no constituir ningún elemento digno de ser interpretado dentro de un contexto que describa el tipo de sociedad fuertemente estructurada en su com- plejidad.

2. Se crea una excesiva dependencia del comercio fenicio como explicación de la de- finición socio-cultural del área interesada que implica una continuidad en las con- cepciones de desarrollo e incluso mentales de los habitantes, de la imagen del “buen salvaje” de hace casi medio siglo.

3. Se rechazan otras características autóctonas como la existencia del comercio desde tempranos momentos y se paralelizan los fenómenos peninsulares, como el caso de las estelas (Celestino Pérez, 2001), con los cultos orientales que se desarrollaron en época más tardía.

Y ello, aun cuando los análisis que ofrecen las cronologías y los hallazgos que se sitúan en el Guadiana (Monge 2005), la Sierra de Huelva (Hurtado, 2007) y la costa del Atlántico (Torres, 2008) indican lo contrario.

Sin embargo, es mucho más difícil de aceptar un vacío poblacional, aunque a veces es convertido en una crisis demográfica, atenuando un poco la extrema dimensión de va- cío. En realidad, Escacena, (Escacena y Lazarich, 1990-1991) vuelve a sacar a la palestra la pregunta clave de esta discusión al situar en el centro de la cuestión la presencia/ausen- cia de formas cerámicas campaniformes como el fósil que determina la propia ausencia/ presencia humana.

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Las relaciones comerciales marítimas entre Andalucía occidental y el Mediterráneo central en la segunda mitad del II milenio a. C.

a aquellas estratigrafías que presentan un vacío poblacional, por un lado y, por otro, al neto cambio cultural que se observa entre el periodo Calcolítico y el inicio de la Edad de Bronce (Escacena, 2015), cambio que el autor define más como producto de reemplazo por grupos culturales de procedencia diversa que de continuidad, basándose en los da- tos del Cerro de San Juan, en Coria del Río, Sevilla. En cualquier modo este reemplazo, que se realizaría en pequeños hábitats dispersos, podría estar indicando otro vacío en el que, al aspecto humano, se le debería de relacionar con el estructural del territorio. La exégesis conceptual del vacío, hasta el día de hoy, permanece no solamente no defini- da, sino que ha creado una gran brecha entre el esplendor cultural desarrollado durante el Calcolítico y una población de la Edad del Bronce que sufre, o de una súbita incapa- cidad para reproducirse, o de una súbita también incapacidad para continuar su propio desarrollo social y económico. Una interpretación propia de finales del siglo pasado que llegó, explícitamente, a definiciones como la dada por Alvar (1981: 191), en la que los términos vacío y dudosa capacidad se convirtieron en sinónimos.

Lo cierto es que, sea hiato que vacío, no puede hacerse de ello un puente que enlace, fra- ternalmente, el desarrollo de la historia peninsular con el colapso oriental producido por las graves sequías padecidas y las evidencias del abandono de sus aldeas y actividades. Las cronologías que ofrecen la arqueología, no hablan de una concordancia oriente/occi- dente en la crisis oriental como causa de la búsqueda de otros espacios vitales. Investiga- ciones llevadas a cabo como las de Pérez Largacha (2003) establecen la crisis oriental en 1200 a.C., momentos en los que se comprueba, para esta área, la existencia de nomadis- mo y la aparición de los Pueblos del Mar, poblaciones a los que el autor entiende como consecuencia, y no la causa, de cambios que se están experimentando. Pero, de forma contraria a lo que está ocurriendo en la cuenca oriental, en 1200 a.C., el Mediterráneo Oc- cidental experimenta un auge espectacular tras unos siglos de aparente ralentización. La evidente alternancia existente entre Oriente y Occidente de una crisis que recorre el mar Mediterráneo de Occidente a Oriente, obliga a no dejar sin solución nuestra particular época oscura, así como a sesgarla de determinismos cronológicos orientales.

CAPÍTULO 3