• No se han encontrado resultados

Breve introducción a los senderos del territorio muisca de Bosa

Aprehender es alimentar la capacidad de asombro, de contemplación y descripción. Una práctica pedagógica es rica en tanto quien dirige también aprehende de sus aprendices. Aprehender es no olvidarse de sorprender y sorprenderse con cada paso.

PenSamiento mUiSKanoba4, 2006.

Según los relatos de pobladores indígenas muiscas de Bosa, territorio ubicado al suroccidente de Bogotá, Colombia, la primera promoción de estudiantes del Colegio San Bernardino, se educó entre los años 1917 y 1920. Estos personajes, actualmente abuelos de la comunidad muisca, tienen entre 80 y 100 años, y aun- que varias de estas personas ya pasaron a ser ancestros, sus memorias cotidianas perduran en sus descendientes. Las veredas San José y San Bernardino, así como los barrios aledaños que hacen parte de la localidad séptima de Bogotá, albergan hoy dichas memorias. Ancestros y abuelos muiscas consideran la Escuela San Bernardino como un referente territorial, asociado a sus labores agrícolas. Sus relatos remiten a las primeras décadas del siglo xx, haciendo alusión primor-

dialmente a la estructura física de la Escuela, sus dinámicas escolares, tiempos y espacios cotidianos.

La época que aluden sus relatos, el territorio Muisca de Bosa se conocía en términos legales como municipio de Bosa, perteneciente a la jurisdicción del departamento de Cundinamarca, siendo en 1954 anexado al Distrito Capital de Bogotá. Posteriormente, el Decreto Ley 1421, de 1993 o Estatuto Orgánico de Bogotá reconoce a Bosa como localidad séptima Bogotá. A principios del siglo

xx, la actividad económica y cultural del entonces municipio de Bosa, se mezclaba

con el quehacer productivo y social del municipio de Soacha, colindante por el suroccidente. Esos nexos tienen huellas en la llamada época colonial donde Soacha se denominó “Suacha de Bosa”.

Los primeros estudiantes del Colegio San Bernardino5 evocan a Soacha como

el escenario donde iban a recolectar arcilla para la elaboración de piezas, cerámicas y paja para la fabricación de canastos. Desde allí, sus padres traían un pan llamado de vaso, cuya forma tiene similitud a una mogolla, que llevaban para merendar en

4 Esta palabra es una conjunción del idioma u’wa con el muisca. Traduce al castellano: Sangre del alma muisca. Hace alusión a la matriz cultural de la sabana de Bogotá que ha hecho posible las adaptaciones de prácticas cotidianas de origen chibcha, que confluyen territorialmente con saberes foráneos en las tierras altas y planas de la cordillera oriental de los Andes colombianos.

5 El Colegio San Bernardino IED, está ubicado en la carrera 89-C N° 79-51 sur, vereda San Bernardino. Territorio Muisca de Bosa (localidad séptima de Bogotá).

Memoria, Conflicto y Escuela

6 Con el término mutiversación queremos aludir a las conversaciones, intercambios de opiniones y versio-

nes que puedan surgir de múltiples fuentes de saberes y experiencias.

7 Los patrimonios territoriales aprehendidos en el recorrido por estos territorios los hemos compartido a su vez a las comunidades a través de tres descripciones. La primera fue una jornada de la memoria educativa en el territorio Muisca de Bosa, cuyo contenido puede ser consultado en http://www.youtube.com/user/ muiskanoba#p/u/10/Io5Tn9D3KSk. La segunda, a través de un artículo originalmente titulado: “Bosa: Territorio Escolar de Colombia” y publicado bajo el título: “Escuela en la localidad de Bosa. Tablero de nuestras primeras letras” (Huérfano et al., 2006). Y la tercera descripción la compartimos en el presente documento.

las onces. La historia del San Bernardino es evocada por la primera generación es-

tudiantil, desde una perspectiva acorde a las actividades económicas de comienzos del siglo xx, territorio de producción agrícola y de tradiciones indígenas.

Para el abuelo Rafael Tunjo (ahora de 96 años), estudiante de la primera genera- ción, el municipio de Bosa era reconocido por sus fincas dedicadas a la producción lechera y de hortalizas. En consecuencia, la cotidianidad escolar se discurría en torno a estas actividades y sus particularidades derivadas:

[...] Salíamos aquí de la finca a pie para la escuelita y nuestro pasatiempo era jugar en el río Tunjuelito y ayudar a nuestros padres en la finca cuando no te- níamos que estudiar. Esto es lo natal. Aquí nacimos. Aquí estamos todavía.

La Escuela de San Bernardino se configura en el árbol que marca el sendero de la memoria educativa en la localidad de Bosa. Sus hechos y personajes, procesos y especímenes, revelan la historia pasada y presente que se cruza como una cons- tante. La tercera generación estudia en el ahora llamado “Colegio San Bernardino IED”, es decir, los nietos y bisnietos de la primera generación san bernardina.

Seguimos cinco senderos multiversantes6 compuestos por los aprehendizajes de

saberes, los territorios, la alimentación y las construcciones y elementos escolares. en busca de estos senderos por las instituciones San Bernardino, La Concepción y Leonardo Posada Pedraza7. De esta manera respondimos a un saber que circula en

las conversaciones habituales de los habitantes de este territorio:

[Bosa] es una localidad que guarda en sus adentros, como una caja de la me- moria nacional, el paisaje, las voces, los sueños, los contrastes, las miradas, las costumbres y los usos de cada rincón de la geografía nacional: Bosa. Su vida, sus tiempos, su territorio… su gente, la hacen una enciclopedia de Colombia, que muchos capitalinos deberían consultar. […] Bosa es una enciclopedia, una estampa de la vida colombiana. Sus capítulos no están todos escritos, pero sí gráficos, están ahí, ávidos de lectura […] (Bosavoz, 2002).

La relación territorio-Escuela-territorio nos fue compartida por abuelos muis- cas con quienes conversamos, aflorando en sus palabras los arraigos, como los testimonios sobre la relación directa que establecen las personas con su Colegio y

con su territorio. Allí se mueven, viven, relacionan, conviven, tienen imaginarios, recuerdos y memorias cotidianas que se inscriben en el pasado y en el presente (Panqueba, 2004). Sus relatos interculturales están inscritos en unos tiempos y espacios definidos, concibiéndose como territorio en sí mismos, lo cual refleja criterios propios de Escuela y de ciudad.

El actual Colegio San Bernardino es nuestro punto de partida. Allí habitan comuneros muiscas junto a otras personas que se han asentado en las veredas San José y San Bernardino como de los barrios aledaños El Triunfo, Vega Baja, Po- treritos, La Concepción, Ciudadela El Recreo, La Independencia y Santafé, entre otros. El edificio actual del Colegio ocupa el espacio que en tiempos anteriores albergó una construcción de bahareque y paja, conocida como Escuela Rural San Bernardino. Allí, la población muisca a finales de la década de 1920 asistía a clases. Los pasos que el Colegio San Bernardino camina junto a la comunidad muisca, dan cuenta de las intersecciones pedagógicas, coartadas por la estructura rígida que la educación ha implantado sobre estos territorios.

Acudimos después al Colegio La Concepción, porque es allí donde se continúan los pasos marcados por el San Bernardino hasta cierto punto del sendero. Esta institución toma vida propia desde sus dinámicas cotidianas, principalmente entre los barrios Divino Niño, La Concepción y Bosanova. Sus gentes, conscientes de conseguir una educación para sus hijas, poco a poco materializaron deseos y sueños a través de luchas en sus propios territorios, donde se entremezclan las vivencias rurales, urbanas, de violencia, desplazamiento y marginación social, económica y cultural. Un escenario donde las comunidades trabajan por la subsistencia de la educación para sus descendientes, a través de renovadas estrategias de liderazgo y acciones cotidianas.

Por último, el sendero nos lleva al Colegio Leonardo Posada Pedraza, conce- bido en el año 2002 e inaugurado en el 2005, que se convirtió en un “hijo” que creció de manera tangencial a su “papá”, el Colegio San Bernardino, y aunque el territorio de esta última institución ha sido de naturaleza rural y de crecimiento poblacional paulatino, el Leonardo Posada Pedraza, producto de la expansión urbana es debido a la invasión de hombres y mujeres que se dedicaban a cultivar la tierra, a pastorear sus vacas y ovejas, y a criar aves de corral y otros animales aptos para completar su alimentación familiar. A partir del trazado de un Plan de Ordenamiento Territorial8, el espacio fue designado a la construcción de proyectos

de vivienda de interés social, creando la necesidad de una institución educativa que cubriera sus requerimientos.

8 “En el plan de ordenamiento territorial –POT–, el territorio [que conforma la localidad de Bosa] fue de- clarado urbano, con proyección de grandes proyectos de vivienda de interés social” (Secretaría de Salud Distrital, 2004: 4).

Memoria, Conflicto y Escuela

ATA. Categorías económicas e