ANÍBAL NÚÑEZ Y EL PROBLEMA GENERACIONAL
1.1. BREVE JUSTIFICACIÓN DEL CONCEPTO DE “GENERACIÓN”.
Antes de entrar en sucesivos capítulos en el análisis textual (temático y formal) del objeto de estudio de este trabajo, la obra poética de Aníbal
Núñez, quiero decir que, respecto a esta Primera Parte
y al único capítulo que la conforma, no me incumbe en él realizar un examen pormenorizado del contexto (histórico o literario) más reciente, porque en relación con dicho contexto, éste se irá encajando en el estudio textual del objeto a medida que ello sea necesario, para tener una mayor y mejor perspectiva de él.
Sin embargo sí creo indispensable proporcionar un espacio histórico y social donde situar un tiempo, el de producción poética de Núñez, que ayude a contextualizar sus poemas, trabajos teóricos y traducciones. Por esta razón me parece interesante tener en cuenta el concepto de “generación”.
No obstante, el interés por el método histórico y sociológico y, concretamente, por el concepto de “generación”, ha ido decreciendo mucho a lo largo del siglo XX, hasta caer, a principios del XXI, en el descrédito. Este escepticismo hacia la referencia histórica y sociológica habría que situarlo a finales del siglo XIX, cuando la validez científica de la aplicación de la ciencia histórica y sociológica al estudio de la obra literaria comienza a entrar en crisis.
Las primeras críticas al estudio histórico y sociológico de la obra literaria las hicieron todos
aquellos estudiosos que sólo pretendían el estudio textual de la obra literaria, dejando a un lado el del contexto. El Formalismo de las tres primeras décadas del siglo XX, primero, y el Estructuralismo de los años 60 y 70, después, dieron al traste con el método histórico y sociológico, quedando reducido a las dos o tres líneas que se le dedican en los libros de texto de las enseñanzas medias españolas (y muchas veces ni eso).
En este momento, principios del siglo XXI, el concepto de “generación” y su estudio parecen ser poco pertinentes y no tienen buena acogida, sobre todo — repito— desde el Estructuralismo de los 60 y 70 del pasado siglo, en los que Núñez está produciendo la mayor parte de su obra poética. Así se explica que Mari Pepa Palomero, en su antología Poetas de los 70, se exprese en estos términos tan categóricos: “el método de las generaciones no nos satisface a nadie pero todos lo utilizamos; de alguna manera debemos acotar el campo de estudio” (PALOMERO 1987: 7).
En relación con este persistente declive de la ciencia histórica y sociológica, éste se produce por varias e importantes causas. En primer lugar, el Positivismo decimonónico se había venido desarrollando en extremo, apoyándose sobre todo en “sumas” donde el exceso de datos probados se iba acumulando progresivamente. Así, lo que primero fue siendo una objetividad científica en lo que a un cotejo se refiere, para dar, por ejemplo, validez a una determinada hipótesis, acabó siendo un caldo de cultivo para una arbitraria y sin medida especulación
subjetiva. Al final, el hecho histórico se encajaba en el estudio científico de manera que terminaba apoyando el objetivo final al que se dirigía el propio estudio literario.
En segundo lugar, si la historia se apoyaba en contextos —en diacronías más que en sincronías—, su negación implicaba que se prefiriera estudiar el texto a través de un criterio “sin historia”, “sin sociedad”, obviando todo lo que fuera extralingüístico (por ejemplo en el estudio poético), lo que después se acabaría interpretando como impropio de su naturaleza, desechándolo por espurio.
La ciencia histórica y sociológica, pues, termina fragmentando el tiempo en secuencias, algo que no lleva a cabo el Formalismo ni el Estructuralismo, porque estos sólo centran su objeto de estudio en el espacio material de la obra, en el conjunto de relaciones entre sus elementos. El texto se percibe así como totalidad. Por tanto, la materia literaria — poética— se paraliza, se fija estática, sin la intromisión del tiempo. El poema se queda sin circunstancia, sin antecedentes ni consecuentes.
La Ciencia ha estado expuesta a una disyuntiva: aplicar —o no— un determinismo científico en relación con el objeto de estudio. Además, se enfrenta al constante problema de definirse a través de la relación causa-efecto en que se fundamenta. Si opta por exponer que el universo físico responde concretamente a un encadenamiento de causas y efectos, ello significa que se pueden analizar, confrontar y explicar los hechos de un pasado (por ejemplo muy
antiguo) mediante un mismo principio que pudiera utilizarse para arrancarle a ese pasado y a este presente una predicción de hechos futuros, lo que acaba produciendo una Ciencia de lo posible y de lo previsible, con muy poca posibilidad para el azar o para una circunstancia intempestiva que desordenase lo que debiera ser orden tras orden.
Sin embargo, si la Ciencia elige decir que el universo físico responde al caos, el azar aumentaría mucho y un hecho tercero no se correspondería con un hecho segundo, lo que produciría finalmente una Ciencia poco probable y poco previsible. Por eso, cuando aludía más arriba a las “sumas” de datos y hechos probados del Positivismo científico, a lo que me quería referir es que si se produce una sucesión de hechos abundante, la posibilidad que se tiene de conocer esa sucesión decrece mucho, con lo que puede llegar un momento en el que no se pueda ya tener ni siquiera la posibilidad de conocerla. Además, si la cadena de causas tendiera a ser infinita, también el grado de subjetividad aumentaría, con la consiguiente probabilidad de un objetivo muy interesado. Esto será, a modo de premisa, el primer motivo por el que bastantes miembros de una hipotética nueva generación —a la que podría pertenecer Núñez— eviten la fijación generacional dentro de la investigación literaria, por lo que tiene de metodología histórica y sociológica que termina contribuyendo a la creación de un ámbito abierto para la subjetividad.
En el intento de proponer siempre la objetividad, el texto —y no el contexto—, un miembro de
esta posible y nueva generación (de Núñez), como es concretamente Guillermo Carnero, señalará, en 1971, que “No creo que se deba exigir al crítico un enjuiciamiento cabal de la obra de sus contemporáneos: carece de la necesaria perspectiva. La labor de la crítica deber ser informativa. Nadie le pide que oriente” (Federico CAMPBELL 21994: 46).
Optar por uno de estos dos métodos de estudio para analizar el objeto de estudio de este trabajo, la
obra poética de Aníbal Núñez, conlleva descartar el
otro método, lo que supone que el estudio de la obra literaria quede coja, sin el debido equilibrio. Por eso si se prefiere el método histórico y sociológico, y usar el estudio del contexto además del concepto de “generación”, dicho estudio puede suponer en un principio un exceso de generalidad; y, al contrario, si sólo se emplea el método textual, el estudio puede llegar a acumular un importante predominio de la forma como idea total.
Por todo esto creo necesario utilizar ambos métodos para equilibrar lo que a uno y a otro le falta con lo que ha cada uno le sobra, lo que me parece razonable. De ahí que en este capítulo, concretamente, termine acercándome más a la ciencia histórica y sociológica, al contexto, antes que al texto, como haré en capítulos sucesivos, en los que tampoco, cuando proceda, evitaré la alusión contextual para situar los libros y poemas de Núñez.
Por otra parte, lo que sí he intentado en este capítulo es establecer un cambio de intención: que el método histórico y sociológico que analiza el
concepto de “generación” sea ante todo un útil de estudio, si no imprescindible, sí interesante cuando se trata de llevar a cabo un trabajo de investigación acerca la obra poética de un autor, Aníbal Núñez, tan poco estudiada, y que es conveniente situarla en un tiempo.