ESTADOUNIDENSE.
El objetivo de este capítulo es mostrar los puntos de vista de Zbigniew Brzezinski sobre la crisis que atraviesa hoy la hegemonía de los Estados Unidos. Consta de tres secciones: la primera se ocupa de las orientaciones teóricas del autor, exponiendo brevemente los presupuestos elementales del realismo y los conceptos básicos del enfoque geopolítico, mencionando la relación de éstos con la formulación de política exterior estadounidense. La segunda sección se centra en las concepciones de Brzezinski sobre la naturaleza de la hegemonía global estadounidense obtenida tras el colapso de la Unión Soviética y sobre la estrategia que los Estados Unidos deberían implementar para preservarla en el siglo XXI. La tercera sección muestra las posturas de Brzezinski sobre los orígenes, manifestaciones y consecuencias de la actual crisis hegemónica estadounidense, basándose en su análisis de la política exterior de las administraciones Bush Sr., Clinton y Bush Jr. y de los desafíos que la administración Obama debe enfrentar en un contexto de transformaciones globales.
2.1 Orientaciones teóricas.
Al explorar los textos pos-Guerra Fría de Brzezinski en busca de sus orientaciones teóricas, es notable la nula alusión a alguna escuela de pensamiento de las Relaciones Internacionales. En realidad, tal alusión no es necesaria, pues el contenido de sus obras está claramente enmarcado dentro de la tradición realista y su propósito es eminentemente prescriptivo. La preocupación fundamental de Brzezinski no es la teorización, sino el análisis de la situación de los Estados Unidos en el complejo escenario internacional que ha sucedido a la contienda bipolar y la prescripción de políticas concretas que los líderes estadounidenses deberían adoptar con el objetivo de preservar la posición de dominio sin precedentes que su país ostenta. Lo que es igualmente notable, es que tales análisis y prescripciones son articulados a través de imágenes y conceptos geopolíticos. En otras palabras, la perspectiva general sobre la política mundial implícita en las obras de Brzezinski es el realismo y el método que le permite a nuestro autor seleccionar e interpretar los datos de la realidad y, sobre esa base, hacer prescripciones es la geopolítica.
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2.1.1 Realismo.
Cuando afirma que la política mundial se define como una incesante lucha por el poder, el realismo alega tomar al mundo como es, no como debería ser. Como E.H. Carr sostiene en el que es uno de sus textos fundacionales, “el realismo tiende a enfatizar la fortaleza irresistible de las fuerzas existentes y el carácter inevitable de las tendencias existentes e insiste en que la más elevada sabiduría yace en aceptar y adaptarse a esas fuerzas y a esas tendencias”.126 Los realistas se consideran como herederos de la antigua tradición intelectual de la Realpolitik y reclaman una distinguida genealogía que incluye a nombres como Tucídides, Maquiavelo y Hobbes.127
La centralidad y la longevidad que caracterizan al realismo dentro de la disciplina de las Relaciones Internacionales, más allá de su pretensión de ser la teoría de la política mundial que más se aproxima y adecúa a la realidad de un mundo imperfecto, son atribuibles a sus claras fortalezas descriptivas, explicativas y predictivas. Pero como Paul Viotti y Mark Kauppi explican, otra razón importante para la longevidad y centralidad del realismo, es que como imagen del mundo es la que más se aproxima a la de los hacedores de políticas y tomadores de decisiones, los practicantes del arte de gobernar (statecraft). Citan a Brzezinski, junto con Henry Kissinger, como ejemplos. “Efectivamente, el realista como académico habla en gran medida el mismo lenguaje que el realista como hombre de Estado: poder, fuerza, interés nacional y diplomacia”.128
Para William Wohlforth, “es sólo una leve exageración decir que el estudio académico de las relaciones internacionales es un debate sobre el realismo”.129 El propio desarrollo de la disciplina estuvo íntimamente asociado al esfuerzo de varios académicos realistas por cimentar a las Relaciones Internacionales como un campo autónomo de reflexión, más allá del derecho internacional o la historia diplomática. Este desarrollo, Stanley Hoffman sostiene, no fue posible sino en el contexto intelectual, político e institucional propiciado por el ascenso los Estados Unidos como superpotencia tras la
126 Edward Hallett Carr. The Twenty Years Crisis 1919-1939. An Introduction to the Study of International
Relations. Nueva York, Harper & Row Publishers, 1964. p. 10.
127 William Wohlforth.“Realism”. The Oxford Handbook of International Relations. Ed. Christian Reus-Smit
y Duncan Snidal. Nueva York, Oxford University Press, 2008. p.132
128 Paul Viotti y Mark Kauppi. International Relations Theory. Realism, Pluralism, Globalism and Beyond.
Needham Heights, Allyn and Bacon, 3ra. ed., 1999. pp. 82-83.
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Segunda Guerra Mundial.130 El fin de la alianza de tiempos de guerra con la Unión Soviética y la consiguiente apertura de una nueva era de rivalidades globales, contribuyeron para que el realismo se estableciese como la aproximación dominante a la teoría y la práctica de las relaciones internacionales en los Estados Unidos.131
A pesar de sus méritos como explicación de la política mundial y como guía para la formulación de la política exterior, el realismo no ha sido ni es visto con buenos ojos en los Estados Unidos. La lección central que se deriva del realismo –que ante todo un Estado debe buscar el poder de manera egoísta– choca con la visión que los estadounidenses tienen de sí mismos y con la que tienen sobre el rol de su país en el mundo.132 Para la cultura política norteamericana, cuyo rasgo distintivo es el excepcionalismo, siempre ha existido una tensión entre el sistema internacional (anárquico y proclive a conflictos) y los valores propiamente estadounidenses (libertad individual, gobierno representativo, libre mercado y auto-determinación nacional). “Impulsada por estos valores, la política exterior estadounidense evolucionó hacia una campaña moral apuntada no simplemente a proteger los intereses del país, sino a salvar al auto-destructivo sistema internacional de sí mismo”.133
Es así que los líderes estadounidenses han tendido a enmarcar las guerras en las que su país ha peleado y las intervenciones que su país ha emprendido, dentro cruzadas morales o contiendas ideológicas, no luchas por el poder. Pero como John J. Mearsheimer afirma, hay una brecha discernible entre la retórica pública y cómo se conduce en realidad la política exterior estadounidense. “Tras puertas cerradas […] las élites que elaboran la política de seguridad nacional hablan mayormente el lenguaje del poder, no el de los principios, y los Estados Unidos actúan en el sistema internacional de acuerdo a los dictados de la lógica realista”.134
¿Cuál es esta lógica? Según Mearsheimer, los realistas comparten tres presupuestos básicos sobre la política mundial:
130 Stanley Hoffmann. “Una ciencia social norteamericana: relaciones internacionales”, en Jano y Minerva.
Ensayos sobre la guerra y la paz. Buenos Aires, GEL, 1991. pp. 17-35.
131 W. Wohlforth. “Realism and the End of the Cold War”. International Security, Vol. 19, No. 3 (Invierno,
1994-1995). p. 91.
132 J. J. Mearsheimer. The Tragedy of Great Power Politics. Nueva York, W.W. Norton & Company, 2001. p.
22-23.
133 S. Hook y J. Spanier. Op. cit. p. xviii. 134 J. J. Mearsheimer. Op. cit. p. 25.
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1. Los Estados son los actores principales de las relaciones internacionales. Entre éstos, la atención del realismo se centra en las grandes potencias, porque son los Estados que dominan y moldean la política mundial y porque tienen la capacidad de causar las guerras más mortíferas.
2. El comportamiento de los Estados depende principalmente de su entorno, no de sus características internas. La estructura del sistema internacional, que afecta a todos los Estados, define en gran medida sus políticas exteriores. Todos los Estados actúan de acuerdo a la misma lógica, más allá de su cultura, su régimen político o sus gobernantes. Lo que caracteriza la estructura del sistema internacional es la anarquía, es decir, la ausencia de una autoridad por sobre los Estados. Esta ausencia implica que, al faltar en el sistema internacional una suerte de gobierno mundial con la capacidad de mantener el orden y de hacer cumplir reglas y convenios, todos los Estados se ven obligados a velar por su integridad e independencia por ellos mismos (self-help situation).135
3. Los Estados compiten por el poder y los cálculos alrededor de esta competencia dominan su pensamiento y determinan su comportamiento. Esta competencia puede incluir el recurso a la guerra, la que es un instrumento de política aceptable. Esta competencia, además, es un juego de suma-cero, haciéndola intensa e implacable. Aunque no existe un consenso al respecto, se puede decir que el realismo considera al poder como el agregado de capacidades mensurables, tangibles e intangibles, que permiten al Estado A influenciar y/o coaccionar el comportamiento del Estado B. Aunque indicadores económicos, demográficos, territoriales y de otro tipo suelen ser incluidos, el énfasis es en lo militar, pues el uso de la fuerza es la ultima ratio de la política internacional.136
¿Qué lugar ocupa el realismo en el pensamiento de Brzezinski? Ante todo es necesario resaltar la diferencia entre el realista como académico, cuya principal preocupación es la teorización, y el realista como policymaker, es decir, como parte del liderazgo político de un Estado, cuya función es la conceptualización y conducción de su política exterior. Sobre esto, resulta pertinente tener en cuenta el debate entre el teórico Mearsheimer y el ex-consejero de seguridad nacional Brzezinski alrededor del ascenso de
135 P. Viotti y M. Kauppi. Op.cit. pp. 68-71. 136 J. J. Mearsheimer. Op. cit. pp. 17-18.
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China, recogido por la revista Foreign Policy. De manera fundamental para el tema que nos ocupa en este instante, Brzezinski opina: “como un académico ocasional, me impresiona el poder de la teoría. Pero la teoría –por lo menos en las relaciones internacionales– es esencialmente retrospectiva. Cuando sucede algo que no corresponde con la teoría, ésta se cambia”. Añade: “el comportamiento de las grandes potencias no está predeterminado”.137
Si tuviésemos que ubicar a Brzezinski dentro de alguna sub-escuela realista, el llamado realismo neo-clásico parece ser la más apropiada. Como Wohlforth explica, el intento por parte de los académicos realistas de formular una explicación parsimoniosa y universal del comportamiento político internacional138, acabó desvinculando a la reflexión teórica del análisis concreto de la política exterior. El realismo neo-clásico buscaría rectificar este desbalance entre lo general y lo particular, aceptando el poder explicativo de la teoría, pero aplicándola selectivamente según los ámbitos o casos específicos a analizar. Hasta qué punto tal o cual explicación teórica es aplicable, depende de la lectura del contexto por parte del analista. La teoría, para el realismo neo-clásico, “facilita la realización de los experimentos mentales claves que yacen en el centro del análisis de la política exterior, al ayudar a los analistas a enmarcar sus evaluaciones de las limitaciones e incentivos externos que los Estados enfrentan”.139
Brzezinski manifiesta con respecto a su imagen del mundo y de la política: “no sé si soy un realista o un idealista, no me clasifico a mí mismo. Me parece que si estás involucrado en la conducción de los asuntos de Estado, tienes que aceptar las realidades del poder. El poder es una amenaza pero también una herramienta”. Sigue Brzezinski: “si eres inteligente y tienes el tipo de poder que se necesita, lo utilizas de tal manera que promueva tu seguridad nacional y tus intereses, pero eso no es suficiente. El poder tiene que ser impulsado por principios y ahí es donde entra el elemento de idealismo”. Para Brzezinski, el poder no es un fin en sí mismo, sino un medio para alcanzar fines humanamente relevantes. Quién formule y conduzca la política exterior norteamericana debe preguntarse siempre cuál debe ser el propósito y el legado del poder de los Estados Unidos. “Intentas encontrar el equilibrio entre el uso del poder para promover la seguridad nacional y los
137 Zbigniew Brzezinski y J. J. Mearsheimer. “Clash of the Titans”. Foreign Policy, No. 146 (Enero/Febrero,
2005). pp. 46-49.
138 Véase, Kenneth Waltz. Teoría de la política internacional. Buenos Aires, GEL, 1988. 139 W. Wohlforth. Art. cit. pp. 140-141.
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intereses y tratar de mejorar la condición humana. No es fácil hacer las dos cosas al mismo tiempo”.140
2.1.3 Geopolítica.
Como la definen Graham Evans y Jeffrey Newnham, la geopolítica es “un método de análisis de política exterior que busca entender, explicar y predecir el comportamiento político internacional primariamente en términos de variables geográficas”.141 Basándonos en las obras de Brzezinski, podemos definir a la geopolítica como un método de análisis de la política mundial anclado en la imagen realista, que pone el acento en el control territorial, esferas de influencia y zonas geográficas claves como el elemento central en la lucha por el poder entre los Estados.
Para Brzezinski, los Estados son las unidades básicas del sistema internacional y la competencia entre éstos, basada en la territorialidad, domina los asuntos mundiales. En esta competencia, la situación geográfica de un Estado constituye el punto de partida para definir sus prioridades externas y el tamaño de su territorio es uno de los principales indicadores de su estatus y poder. Aunque es posible argumentar que la habilidad económica y su traducción en innovación tecnológica son en la actualidad un criterio clave para determinar el poder de un Estado, la situación geográfica de ese Estado tiende aún a definir sus prioridades inmediatas. Cuanto mayor sea el poder militar, económico y político de un Estado mayor será el radio, más allá del territorio de sus vecinos cercanos, de sus intereses vitales, influencia y participación.142
Como explica Klaus Dodds, con el crecimiento de las universidades, el establecimiento de la geografía como disciplina académica y un escenario internacional cambiante (surgimiento de una economía global, aparición de nuevas grandes potencias, disputas coloniales y aumento de las tensiones intra-europeas), confluyeron a finales del siglo XIX y comienzos del XX, los elementos necesarios para que emerja un modo de conocimiento con la aspiración de descubrir las leyes de la política mundial con fundamento en las realidades eternas de la geografía. En este periodo fundacional de la geopolítica, aparecen nombres como los del sueco Rudolf Kjellen y el alemán Friedrich
140 Z. Brzezinski y Brent Scowcroft. America and the World. Conversations on the Future of American
Foreign Policy. Nueva York, Basic Books, 2008. pp. 241-242.
141 G. Evans y J. Newnham. “Geopolitics”. Op. cit. p. 197.
142 Z. Brzezinski. El gran tablero mundial. La supremacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos.
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Ratzel, quienes buscaban dar una base racional a las pretensiones expansionistas de Alemania; del norteamericano Alfred Thayer Mahan, quien tuvo una influencia decisiva en el desarrollo del poder naval de los Estados Unidos durante el gobierno de Theodore Roosevelt; y del británico Halford Mackinder, cuya preocupación era el declive relativo de Gran Bretaña, la principal potencia marítima de la época, frente a las potencias terrestres más poderosas, Rusia y Alemania.143
Es Mackinder quien introduce algunos de los conceptos geopolíticos más influyentes y perdurables, en particular, la noción de Eurasia como el centro de gravedad de la política mundial. En una ponencia presentada ante la Royal Geographic Society de Londres en 1904, Mackinder elabora la conocida como teoría del heartland, la que afirma que el control de la zona central de Eurasia supondría para la potencia que lo hiciera, el trampolín hacia el dominio mundial. En su ponencia, titulada “The Geographical Pivot of History”, Mackinder adopta una perspectiva macro, temporal y espacialmente hablando, para explicar cómo las tendencias profundas de la historia, la geografía y el cambio tecnológico, están inclinando el balance de poder mundial de las potencias marítimas a las terrestres, regresando a la norma de los siglos previos a la era de los descubrimientos.
En esta era precedente, hordas de guerreros nómadas montados a caballo, aprovechando su movilidad, recorrían con libertad la vasta planicie central euroasiática amenazando constantemente a Europa, la que quedó marginada a la periferia occidental de Euro-Asia. Pero desde finales del siglo XV y en los cuatro siglos posteriores –la era de Colón– Europa pudo rodear y controlar el continente euroasiático en base a su dominio de los mares. Esto les otorgó a los europeos la posibilidad de dominar el mundo entero. Sin embargo, a comienzos del siglo XX, con una red de ferrocarriles atravesando el área pivote de Euro-Asia, es decir, todo el espacio entre Alemania y Siberia Central, la era de dominio de las potencias marítimas europeas podría estar llegando a su fin. Los ferrocarriles harían posible la movilización de los enormes recursos naturales y demográficos de esta vasta región central, haciendo concebible la conquista de alguna de las periferias costeras euroasiáticas (Europa Occidental o Asia Oriental). Sobre la base de un poder consolidado
143 Klaus Dodds. Geopolitics. A Very Short Introduction. Nueva York, Oxford University Press, 2007. pp. 24-
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en Euro-Asia, la creación de un imperio mundial sería una posibilidad real. Esto podría suceder si Rusia y Alemania se aliaran o si China y Japón hicieran lo mismo.144
Mapa 1. El modelo de Mackinder.145
Escrito con el objetivo de influenciar las negociaciones de Versalles tras la Primera Guerra Mundial, Mackinder publicó en 1919 el libro Democratic Ideals and Reality. En éste, el geógrafo británico propone la creación de Estados tapón (buffer states) en toda el área de Europa Oriental, para que separen a alemanes y rusos, impidiendo de esta manera que una Alemania resurgida pudiese tener acceso a los recursos de la zona central de Eurasia, controlados entonces por una Rusia sumamente debilitada. Reemplazando lo que en 1904 bautizó como Euro-Asia por el término isla mundial y área pivote por heartland, Mackinder enuncia su célebre advertencia:
Quien gobierne Europa Oriental dominará el heartland: Quien gobierne el heartland dominará la isla mundial: Quien gobierne la isla mundial dominará el mundo.146
144 Halford Mackinder. “The Geographical Pivot of History”. The Geopolitics Reader. Ed. Gearóid Ó
Tuathail, Simon Dalby y Paul Routledge. Nueva York, Routledge, 1998. pp. 27-31.
145 Mapa extraído de Mark Polelle. Raising Cartographic Consciousness: The Social and Foreign Policy
Vision of Geopolitics in the Twentieth Century. Nueva York, Lexington Books, 1999. p. 57.
146 H. Mackinder. Democratic Ideals and Reality. A Study in the Politics of Reconstruction. Washington D.C.,
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Las posturas de Mackinder tuvieron poco impacto en la política exterior británica de su época. Sus tesis, paradójicamente, fueron de influencia mayúscula para la escuela geopolítica alemana del periodo de entreguerras, en particular para Karl Haushofer, académico y ex-militar con conexiones personales con el Partido Nazi y fuente de inspiración para la doctrina hitleriana del Lebensraum o la búsqueda del espacio vital para el pueblo alemán.147 Los conceptos de Mackinder también fueron de gran influencia para el sociólogo norteamericano de origen holandés Nicholas Spykman, quien a largo de la década de los treinta hasta su muerte prematura en 1943, fue uno de los más destacados precursores del realismo y la geopolítica en los Estados Unidos.148
Con los norteamericanos participando ya en la Segunda Guerra Mundial, Spykman publica en 1942 America’s Strategy in World Politics, con el propósito de desarrollar una estrategia global para los Estados Unidos en base a las implicaciones de su ubicación geográfica. En términos geopolíticos, sostiene Spykman, los Estados Unidos pueden considerarse como una potencia insular, pues están rodeados por el Atlántico y el Pacífico